EE.UU. intensifica campaña contra Julian Assange

por Barry Grey
27 abril 2017

El World Socialist Web Site condena los planes reportados por el Departamento de Justicia de los EE.UU. para presentar cargos de espionaje y emitir una orden de arresto contra el fundador de WikiLeaks, Julian Assange.

El jueves pasado, CNN reportó, citando a funcionarios estadounidenses no identificados, que el Departamento de Justicia bajo Trump está preparándose para acusar a Assange basándose en supuesta “evidencia” de que WikiLeaks le asistió activamente al excontratista de la Agencia de Seguridad Nacional, Edward Snowden, en el lanzamiento de documentos clasificados que revelan las amplias e ilegales operaciones de espionaje de la agencia.

En una conferencia de prensa este jueves, el fiscal general de EE.UU., Jeff Sessions, validó el reporte indirectamente, diciendo, “Ya hemos empezado a mejorar nuestros esfuerzos [contra gente que revela información clasificada del gobierno] y cuando tengamos un caso, encontraremos una manera de encarcelar a algunas personas”.

Existe una urgencia enorme para formar la campaña más amplia posible en defensa de Assange. Hay una gran posibilidad de que una orden de arresto anteceda un asalto contra la Embajada de Ecuador en Londres, donde Assange ha sido obligado a refugiarse por los últimos cinco años, o una operación de secuestro o asesinato por parte de la CIA.

El único “crimen” de Assange ha sido publicar información sobre las actividades criminales del gobierno estadounidense en Iraq, Afganistán y en todo el mundo, junto con las acciones antidemocráticas perpetradas por la élite política estadounidense dentro del país —en otras palabras, llevar a cabo su misión de periodismo serio y de principios—.

EE.UU. y sus aliados en todo el mundo, con el apoyo pleno de los medios de comunicación corporativos, han amenazado y perseguido a Assange, confinándolo al edificio diplomático bajo amenaza de arresto inmediato si toma un paso afuera. Algunos políticos estadounidenses y agentes de inteligencia han promovido su asesinato. El gobierno de Obama y el británico intentaron utilizar acusaciones falsas de abuso sexual hechas por Suecia para desalojar a Assange, y así extraditarlo a EE.UU., enfrentando una cadena perpetua o la pena de muerte.

En febrero del 2016, un panel de la ONU sobre derechos humanos declaró que la persecución de Assange equivale a una “detención arbitraria” en violación del derecho internacional. Tanto EE.UU. como Reino Unido y Suecia han simplemente ignorado esta decisión.

Durante y después de la campaña electoral del 2016 en EE.UU., Assange fue llamado un agente ruso como parte de la campaña que ha encabezado el Partido Demócrata en complot con la CIA para instigar una fiebre de guerra contra Rusia y atacar a Trump desde la derecha por ser “demasiado suave” con el presidente Putin y el Kremlin. La administración de Obama, la campaña de Clinton y las agencias de inteligencia alegaron, sin prueba alguna, que Moscú había accedido a las cuentas de correos electrónico de Clinton durante su campaña y se los había entregado a WikiLeaks.

WikiLeaks y el Kremlin negaron tal involucramiento del gobierno ruso como fuente de los correos filtrados, cuyo contenido —sobre los esfuerzos sistemáticos de la cúpula del Partido Democrático para sabotear la campaña primaria de Bernie Sanders y sobre los millonarios discursos de Clinton con los bancos de Wall Street— fue ignorado por los medios de comunicación, quienes apoyaron abrumadoramente la campaña de Clinton.

Ahora, bajo Trump, la vendetta contra Assange se está intensificando y transformando en un ataque directo contra las libertades de expresión y de prensa garantizadas por la Primera Enmienda. La semana pasada, el director de la CIA, Mike Pompeo, dio un discurso extraordinario en el Centro de Estrategia y Estudios Internacionales en Washington, donde etiquetó a WikiLeaks como “un servicio de inteligencia hostil, no-estatal frecuentemente instigado por actores estatales como Rusia”.

Pompeo, quien argumentó en noviembre a favor de la muerte de Snowden, declaró que Assange “no tiene libertades garantizados en la Primera Enmienda”. Dijo que aquellas organizaciones de noticias que revelen secretos y crímenes del gobierno serán “enemigos” de EE.UU., y que los que revelen información secreta de los crímenes de Estados Unidos son culpables de “traición”.

Esta es una fórmula para suprimir a todas las agencias de noticias, periodistas y organizaciones que rechacen lo que sale en los medios corporativos que funcionan como instrumentos de propaganda y portavoces para las mentiras del gobierno. En su discurso, Pompeo incluso se tomó la molestia de aplaudir a “las organizaciones de noticias legítimas como el New York Times y el Washington Post ”, que sirven como sirven las órdenes de la CIA, llamándolos “comunicadores de la verdad extraordinarios”.

En efecto, Pompeo declaró que cualquier oposición a la clase dominante —su programa de guerra, austeridad y dominio de la oligarquía financiera sobre todo el sistema político— como un acto de traición e ilegal. Será la CIA quien determine cuál tipo de expresión es legal y cuál es criminal.

Los comentarios del director de la CIA y las preparaciones para el arresto de Assange están vinculados a la frenética campaña de parte del gobierno de Trump, con el apoyo total del Partido Demócrata y las medios de comunicación, para intensificar las guerras actuales y lanzar nuevas, sea contra Corea del Norte, Irán o hasta Rusia o China.

Esto sigue la última revelación de WikiLeaks. El mes pasado se presentó una enorme filtración de documentos sobre el programa de vigilancia de la CIA, sus tácticas de guerra cibernética y hacking hacia la población estadounidense y mundial. Los documentos revelan, entre muchas cosas, que el programa de la CIA llega a controlar iPhones de la Apple, el sistema de operación de Android y dispositivos de Microsoft Windows para convertirlos en dispositivos de monitoreo. WikiLeaks ha prometido publicar otra filtración aun más grande sobre la CIA.

Pompeo dirige una agencia que no tiene rival cuando se trata de crimen, ilegalidad y asesinato. Ha supervisado asesinatos, golpes de Estado, entrenado y armado a escuadrones de la muerte fascistas, instalado dictaduras títeres y manejado un programa de tortura contra detenidos en sus “sitios negros” secretos alrededor del mundo. La cantidad de gente asesinada por la CIA y sus aliados en su historia de 69 años, sobrepasa las decenas de millones. Por eso merece su sobrenombre de “Asesinato Inc.” (Murder Inc.).

La acusación del gobierno y la prensa corporativa de que Assange es un traidor que debe ser silenciado para “proteger al pueblo estadounidense” de los terroristas es una mentira completamente despreciable. Se conoce muy bien que la CIA ha armado y financiado a una gran cantidad de organizaciones terroristas islamistas con raíces en Al Qaeda con el propósito de avanzar sus intereses neocoloniales y guerras de cambio de régimen en Afganistán, Libia, Siria y más.

Pompeo, con su diatriba histérica, dejó claro que la ofensiva contra Assange y otros filtradores como Edward Snowden y Chelsea Manning constituye un ataque principalmente contra los derechos democráticos de toda la población estadounidense. Este es el componente doméstico de una política exterior belicista cada vez más imprudente. Pompeo y los políticos de los dos partidos en el poder conocen bien que existe una amplia y profunda oposición popular hacia la guerra, además de un apoyo generalizado, particularmente entre los jóvenes, hacia Assange y otros que se han atrevido a revelar los secretos del gobierno estadounidense.

La meta del gobierno es utilizar a Assange como un ejemplo para intimidar toda oposición política y dejar un precedente para imponer formas dictatoriales de gobierno cada vez más agresivas y abiertas.