Cientos de miles participaron en la “Marcha por la Ciencia”

por Bryan Dyne
1 mayo 2017

Centenares de miles de científicos, investigadores, trabajadores y jóvenes participaron en la “Marcha por la Ciencia” del 22 de abril. La manifestación principal se llevó a cabo en Washington DC, con demostraciones y marchas análogas en más de 600 localidades alrededor de todo el mundo, con personas de al menos 130 países, abarcando 6 continentes. Fue la manifestación por la ciencia más grande del mundo hasta la fecha.

El impulso inicial para la marcha se dio cuando el gobierno de Trump eliminó toda referencia al cambio climático del sitio oficial de la Casa Blanca minutos después de su inauguración. Los científicos estadounidenses vieron esto como el comienzo de una arremetida inicial en un ataque mucho más amplio contra la ciencia, lo que llevó a la creación del grupo Marcha por la Ciencia en Facebook, donde hacen un llamado a manifestarse en Washington, DC, reflejando las protestas contra el gobierno de Trump antes, durante y en las semanas que siguieron sus primeros días.

En términos más generales, la Marcha por la Ciencia refleja el sentimiento generalizado anti-Trump en la mayoría de la población en Estados Unidos y alrededor del mundo. El hecho de que el grupo de Facebook haya atraído a más de 830.000 miembros demuestra cuántas personas, tanto científicos como no científicos de todos los rincones del mundo, están buscando una vía para oponerse a la administración de Trump y sus políticas reaccionarias.

Una medida de esto es el hecho de que la marcha ha sido respaldada por prácticamente todas las organizaciones estadounidenses con una orientación hacia la ciencia y varias instituciones científicas internacionales, incluyendo la Asociación Estadounidense para el Avance de la Ciencia, la Sociedad Planetaria, la Unión de Científicos Preocupados y la Boletín de Científicos Atómicos. Las notables excepciones son las agencias científicas oficiales de varios gobiernos, como la ESA o la NASA, aunque sin duda, un número de individuos de estas organizaciones apoyan y participarán en las marchas.

El evento fue dirigido por tres copresidentes honorarios, la Dra. Mona Hanna-Attisha, Bill Nye “el Científico” y la Dra. Lydia Villa-Komaroff, quienes han estado involucrados de algún modo en la defensa pública de la ciencia. La Dra. Hanna-Attisha luchó por exponer el envenenamiento del agua con plomo en Flint, Bill Nye se ha pronunciado repetidamente contra los negadores del cambio climático y la Dra. Villa-Komaroff ha sido una pionera en el campo de la biotecnología.

A pesar de esto y a pesar de los orígenes en oposición a Trump de la Marcha por la Ciencia, los organizadores se han esforzado mucho para evitar cualquier discusión de las políticas anticientíficas de varios funcionarios del gobierno de Trump, como el administrador de la Agencia de Protección Ambiental, Scott Pruitt, el secretario de Energía, Rick Perry, y Trump mismo. No se mencionan las políticas que permiten la destrucción del medio ambiente, los ataques contra la educación pública o las diversas formas de censura a las que suelen enfrentarse los científicos estadounidenses e internacionales, y mucho menos el creciente peligro de una guerra nuclear y la amenaza existencial que esto plantea para toda la vida en la Tierra.

Estas limitaciones se resumen en la declaración de que los ataques a la ciencia “no son una cuestión partidista”. Si bien la declaración de la misión Marcha por la Ciencia señala correctamente que la ciencia ha sido atacada tanto por republicanos como por demócratas, no explica la naturaleza de esta cuestión.

Esto es particularmente llamativo cuando se considera que uno de los tres copresidentes honorarios para el evento es la Dra. Mona Hanna-Attisha, directora del programa de residencia pediátrica del Centro Médico Flint Hurley, y la primera persona en revelar que se había duplicado y hasta triplicado el nivel de plomo en la sangre de los niños en Flint desde abril del 2014. La ciencia detrás de la intoxicación por plomo se ha entendido por décadas, en particular el efecto potencialmente mortal que tiene, especialmente en los niños.

Esto se ha convertido en un tema intensamente político para los residentes de Flint, que están indignados por el hecho de que este problema era conocido por las autoridades de la ciudad y el estado, pero ignorado por el gerente de emergencia, Darnell Earley, quien fue nombrado por el estado para reducir los costos de gestión de la ciudad a fin de pagar el servicio de la deuda a los bancos de Wall Street. La propia Dra. Hanna-Attisha fue atacada por funcionarios de la ciudad y del estado por presuntamente manipular los datos a medida que los residentes se enfermaban y morían.

Las fuerzas que han suprimido los datos de envenenamiento por plomo en Flint pueden trazar su herencia política a aquellos que han negado los peligros de un invierno nuclear por casi cuatro décadas, los que atacaron la teoría de la evolución durante el Juicio de Scopes (en inglés referido como Scopes Monkey Trial ) de 1925, así como los métodos reaccionarios utilizados para suprimir la idea de Copérnico de que la Tierra gira alrededor del Sol. En cada uno de estos casos, los científicos amenazaron intereses materiales y políticos y fueron atacados con fuerza.

El desafío no es meramente la “celebración de la ciencia”, sino el de asociar los ataques a la ciencia con los ataques más amplios contra todos los aspectos progresistas de la sociedad moderna por el capitalismo, un sistema social y económico en el que toda actividad humana se encuentra subordinada al afán de lucro. Como tal, los científicos y sus partidarios deben conectar la defensa de la ciencia con la lucha de la fuerza social más progresista de la sociedad, la clase obrera, contra la élite corporativa.