La reunión de Trump y Putin profundiza divisiones entre grupos de poder en EE.UU. sobre Rusia

por Barry Grey
11 julio 2017

El presidente estadounidense, Donald Trump, y el presidente ruso, Vladimir Putin, se reunieron durante más de dos horas en la cumbre del G-20 en Hamburgo, en medio de una creciente amenaza de un enfrentamiento militar entre las dos mayores potencias nucleares del mundo. Después de la reunión, que duró mucho más de la media hora que se había previsto, el secretario de Estado estadounidense, Rex Tillerson, y el ministro ruso de Relaciones Exteriores, Serguéi Lavrov, en declaraciones separadas anunciaron un acuerdo sobre un alto al fuego y el establecimiento de una llamada “zona de distensión” en el suroeste de Siria.

Lavrov dijo que el alto al fuego entraría en vigor el 9 de julio al mediodía de Damasco. Tillerson lo llamó un “acuerdo definido” y agregó que los dos líderes tuvieron una “larga discusión sobre otras áreas en Siria en las que podemos trabajar juntos”.

En una conferencia de prensa conjunta con el primer ministro japonés, Shinzo Abe, después de su reunión con Trump, Putin dijo que otros temas discutidos incluyeron Ucrania, ciberseguridad y la lucha contra el terrorismo.

En cuanto a Corea del Norte, Tillerson reconoció que no hubo acuerdo, y les dijo a los reporteros: “Los rusos lo ven un poco diferente que nosotros, así que vamos a continuar esas discusiones y pedirles que hagan más”. Sin embargo, indicó que Trump y Putin tuvieron una “química positiva” en su primera reunión, y dijo que sus discusiones fueron “muy constructivas”.

El secretario de Estado estadounidense dijo que Trump dio comienzo a la reunión discutiendo las acusaciones sobre la presunta interferencia rusa en las elecciones estadounidenses del 2016. Trump, según Tilleron, insistió en volver a dicha cuestión varias veces y presionó “con firmeza”. Pero, después de que Putin insistiera, como lo ha hecho antes, que no hubo ninguna intromisión rusa, los dos aceptaron hablar sobre otros temas. “Creo que en lo que los dos presidentes se enfocaron, y creo que correctamente, es en cómo avanzar”, dijo Tillerson.

Este resultado de la reunión, el cual ha dominado a la prensa estadounidense por varios días, sólo exacerbará la guerra política dentro del Estado y la clase gobernante estadounidenses en cuanto a la política del país hacia Rusia. Este conflicto interno que ha persistido por casi un año se centra en posiciones divergentes pero igualmente reaccionarias y belicistas en la política imperialista estadounidense.

Trump representa una facción que quiere alejar a Rusia de China e Irán para enfocar la agresión estadounidense en China. Sus oponentes, los sectores dominantes del aparato de inteligencia, en alianza con el Partido Demócrata y una sección de republicanos, quieren intensificar la confrontación con Rusia tanto en Siria como en Europa del Este. Estos últimos ven la neutralización de Rusia como una precondición esencial para rendir cuentas con el rival principal del imperialismo estadounidense, China.

Los demócratas, trabajando mano a mano con la CIA, han estado llevando a cabo una campaña histérica con base en acusaciones inventadas de que el gobierno ruso intervino en las elecciones estadounidenses a favor de Trump, cuya campaña supuestamente coludió con Moscú. Una indicación de su respuesta a la reunión del viernes entre Trump y Putin fue proporcionada por el líder de la minoría del Senado Charles Schumer (demócrata de Nueva York). Schumer calificó la reunión de “desgracia”. En su comunicado manifestó: “El presidente Trump tenía la obligación de plantear la interferencia de Rusia en nuestras elecciones con Putin, pero también tiene la obligación de tomar la palabra de nuestra comunidad de inteligencia en vez de la del presidente ruso”.

Nicholas Kristof, cuya especialidad en el consejo editorial del New York Times es la autoría de artículos de propaganda que buscan encubrir guerras imperialistas estadounidenses detrás del atuendo de “los derechos humanos”, publicó una columna mccartista después de la reunión que comenzó con una lista de viejas acusaciones y, en gran medida, sin fundamentos contra Putin:

“En Hamburgo, Alemania, el presidente Trump está arremetiendo contra la prensa libre que lo cubre, mientras que se pone tierno con el líder de un país que atacó las elecciones estadounidenses y francesas, invadió Ucrania, ayudó a masacrar a civiles en Siria, estuvo involucrado en el derribamiento de un avión de pasajeros civiles sobre Ucrania, que asesina a críticos, y que brutaliza a los gays en Chechenia”.

El continuo frenesí en los medios de comunicación y entre los demócratas, dirigido contra la supuesta “suavidad” de Trump hacia Rusia y el presidente sirio, Bashar al Asad, realmente empezó el jueves tras la conferencia de prensa conjunta en Varsovia de Trump con el presidente polaco, Andrzej Duda. A pesar de que el discurso de Trump en el monumento que conmemora el Levantamiento de Varsovia de 1944 contra la ocupación alemana— una diatriba con rasgos fascistas en la que presentó al Islam como una amenaza a la civilización occidental y elogió a Dios, a la nación y a la “voluntad de sobrevivir”— recibió críticas positivas, su rueda de prensa fue en cambio condenada rotundamente.

Esto se debe a que Trump volvió a cuestionar las afirmaciones de las agencias de inteligencia estadounidenses —hechas sin ningún fundamento— de que el gobierno ruso realizó un ciberataque contra los correos electrónicos del Partido Demócrata y la campaña electoral de Hillary Clinton y filtró información perjudicial para ella a WikiLeaks para favorecer a Trump.

Respondiéndole a la corresponsal de NBC, Hallie Jackson, Trump dijo: “Creo que fue Rusia, pero creo que fueron probablemente otras personas y/o países, y no veo nada malo con esa declaración. En realidad, nadie sabe”.

Lo que enfureció particularmente a los críticos de la élite política en Washington fue el hecho de que Trump mencionara el ejemplo de los falsos informes de inteligencia sobre las inexistentes armas iraquíes de destrucción masiva que se usaron para justificar la invasión y ocupación de Irak.

Esto provocó el desfile de políticos demócratas y comentaristas en los noticieros por cable el jueves denunciando a Trump por “menoscabar” a las agencias de inteligencia de EE.UU., en suelo extranjero.

Adam Schiff, el demócrata de mayor rango en la Comisión de Inteligencia de la Cámara de Representantes, declaró: “Los comentarios del presidente hoy está poniendo de nuevo en duda si Rusia estaba detrás de la flagrante interferencia en nuestras elecciones y sugiriendo —en contra de sus agencias de inteligencia— que en realidad nadie sabe, minando directamente los intereses estadounidenses”.

CNN entrevistó al exdirector de Inteligencia Nacional, James Clapper, quien dijo que las agencias de inteligencia “no vieron ninguna evidencia de que alguien estuviera involucrado en esto aparte de los rusos”. Clapper denunció a Trump por no tomar una línea dura con Rusia, diciendo que esto alentó a Putin a “seguir haciendo lo que está haciendo”.

CNN publicó un artículo el jueves, programado para la víspera de la reunión de Trump con Putin, titulado “Rusia intensifica los esfuerzos de espionaje después de las elecciones”. El artículo, de manera típica, citó, con una excepción, a funcionarios estadounidenses “activos y retirados”, quienes hicieron afirmaciones inconclusas sobre un aumento de espionaje ruso, que no sólo carecía de fundamentos, sino que carecía de hechos específicos. Esta pieza de propaganda obviamente plantada promueve una política más agresiva hacia Rusia, haciendo alusión a una acción militar.

“Los funcionarios dicen que creen que uno de los mayores adversarios estadounidenses se siente envalentonado por la falta de una respuesta de represalia significativa de los gobiernos de Trump y Obama”, escribió CNN. Este artículo fue citado a lo largo del día como prueba autoritaria de que, al consentir a Putin, Trump está amenazando la “democracia estadounidense” y socavando los intereses estadounidenses en todo el mundo.