Estados Unidos masacra a cientos de civiles sirios cada semana en Raqqa

por Jordan Shilton
28 agosto 2017

La ofensiva respaldada por Estados Unidos contra el bastión de Estado Islámico (EI) en Raqqa está cobrando cientos de vidas de civiles cada semana, incluyendo a docenas de mujeres y de niños. Los aviones de combate y las tropas terrestres estadounidenses están empleando una fuerza indiscriminada contra las concentraciones civiles donde todavía hay un estimado 25.000 personas atrapadas, mientras que 270.000 ya huyeron.

Según Airwars, que monitorea los ataques aéreos de la coalición encabezada por EE. UU. en Siria e Irak, un total de 725 civiles han perdido sus vidas en los dos meses y medio desde que la ofensiva en Raqqa comenzó en el mes de junio. Por su parte, el Observatorio Sirio para los Derechos Humanos, un grupo de monitoreo basado en Reino Unido y asociado con la oposición al Gobierno de Asad, reportó que murieron 168 civiles por fuego de artillería o aéreo sólo entre el 14 y el 22 de agosto.

La situación humanitaria es tan crítica que la Organización de Naciones Unidas apeló ayer a que se pausaran las operaciones militares para que escapen los civiles. Un funcionario en Washington rechazó categóricamente la petición, declarando que tal pausa le permitiría a EI “acumular sus defensas y así poner en riesgo a más civiles” y “reforzar sus tácticas de utilizar a civiles como escudos humanos”.

El imperialismo estadounidense está determinado a consolidar sus intereses geoestratégicos y económicos en Siria, Irak y en la región, a costa de sus rivales incluso si eso significa dejar centros urbanos enteros en ruinas y masacrar a decenas de miles de civiles inocentes. Mientras que la propaganda oficial de Washington indica que lo que EE. UU. quiere es destruir a EI, la razón principal por la que han destruido ciudades tan pobladas como esta durante el último año ha sido asegurar que fuerzas apoyadas por EE. UU. controlen las áreas de mayor importancia estratégica en el este de Syria y oeste de Irak antes de que las milicias pro-Asad, con el respaldo del poder aéreo ruso y de soldados iraníes, lo hagan.

Un reporte publicado el jueves por Amnistía Internacional (AI) develó que las tropas terrestres de EE. UU., supuestamente enviadas sólo para “asesorar” a las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS) controladas por los kurdos, han estado disparando proyectiles indiscriminadamente hacia Raqqa. En un solo incidente documentado por el grupo, doce proyectiles golpearon un edificio residencial, matando a doce civiles, incluyendo a un bebé. “Si vives o mueres depende de suerte porque no sabes dónde impactará el siguiente proyectil”, le comentó un residente a AI.

Donatella Rovera, asesora general de AI sobre respuesta a las crisis, señaló que el asalto respaldado por EE. UU. estaba ayudando a crear un “laberinto mortal” para los habitantes de la ciudad, quienes han estado siendo bombardeados desde todos los flancos. Rovera también acusó al Gobierno de Asad por bombardear los pueblos al sur de Raqqa.

Según los reportes, alrededor del sesenta por ciento de la ciudad ha sido recapturada por las FDS, encabezada por las Unidades de Protección Popular kurdas (YPG, por sus siglas en kurdo) que han sido armadas por EE. UU. Sin embargo, incluso en las áreas bajo control de esta milicia, los combatientes de EI han podido montar contraataques.

La horrible matanza de civiles en Raqqa está sucediendo tan sólo meses después de que las fuerzas iraquíes respaldadas por EE. UU. y dependientes de sus fuerzas aéreas asolaran gran parte de la ciudad de Mosul al norte de Irak. Los aviones estadounidenses emplearon una fuerza devastadora reiteradamente contras las zonas residenciales y recurrieron frecuentemente a lanzar municiones sin sistema guiado de precisión contra francotiradores de EI. Algunas estimaciones calculan que murieron hasta 40.000 civiles en la ciudad iraquí, además de que han salido numerosos informes de abusos de los derechos humanos por parte de las fuerzas iraquíes, incluyendo ejecuciones sumarias.

Estos crímenes viciosos contra poblaciones de Siria e Irak que han sufrido tan prolongadamente constituyen crímenes de guerra y violaciones claras del derecho internacional, el cual prohíbe apuntar a civiles ni atacar indiscriminadamente áreas urbanas. Estos actos no sólo implican a los altos mandos del Gobierno de Trump, sino también a los de Obama, cuyo gobierno presidió los primeros dos mandatos continuamente en guerra e inició la ofensiva en Mosul.

La inminente eventualidad de que el EI sea expulsado del último centro urbano importante que controla no dará paso a una disminución de las intervenciones militares estadounidenses en Siria, sino todo lo contrario. Las fuerzas especiales estadounidenses y británicas han estado entrenando a rebeldes islamistas sirios en el sureste del país para utilizarlas como fuerzas indirectas y retomar con ellas el territorio de Estado Islámico al norte, previniendo así que las tropas de Asad lo controlen primero. La región a lo largo de la frontera este de Siria cuenta con una gran importancia estratégica, ya que le permitiría a Irán establecer un enlace territorial entre su capital de Teherán, la capital siria de Damasco y su aliado en Líbano, Hezbolá. El Gobierno de Trump, el cual ha demonizado a Irán como el principal financiador del terrorismo en la región, considera que tal panorama es inaceptable.

Un artículo publicado el jueves en la revista Foreign Policy, bajo el título “¿Tiene Trump la intención de frustrar las ambiciones de Irán en Siria?”, arroja luz sobre algunas de las discusiones que se están llevando a cabo en los círculos de decisión estadounidenses. “El presidente arriesga ser recordado en la historia como el hombre que derrotó a Estado Islámico sólo para volver a Oriente Medio seguro para una hegemonía iraní”.

El autor, John Hannah, fue el asesor de Seguridad Nacional de Dick Cheney bajo el Gobierno de Bush y ahora es un alto miembro del centro de pensamiento Foundation for Defense of Democracies. Alegando que Israel se siente amenazado por la posibilidad de un corredor iraní que llegue hasta el Mediterráneo, Hannah sugiere que el principal objetivo de Trump en Siria debería ser “prevenir un giro fundamental en la balanza de poder a favor de los enemigos más empeñados de EE. UU. en una región que por mucho tiempo ha sido considerada vital para los intereses estadounidenses”.

El uso irrestricto de las fuerzas armadas de Washington no se limitará a Irak y Siria. El lunes pasado, ante una audiencia de soldados uniformados, el mandatario estadounidense alardeó que los comandantes serán dotados con el poder total de tomar decisiones en cuanto a emplear una fuerza abrumadora para “obliterar” a enemigos en Afganistán. El saldo de cientos de miles que ya han perdido su vida en el empobrecido país de Asia Central inevitablemente sumará a decenas de miles de civiles más, en una guerra de ocupación neocolonial encabezada por Estados Unidos que se ha prolongado por dieciséis años.

Trump y su secretario de Defensa, James Mattis, han utilizado un lenguaje igual de inflamatorio en sus amenazas contra Corea del Norte. Después de que Trump le advirtiera a Pyongyang que se estaba enfrentando ante “el fuego y la furia” de EE. UU., Mattis silenció cualquier duda en cuanto a la magnitud de la embestida que está siendo preparada contra Pyongyang al proclamar que una guerra contra Corea del Norte llevaría a la “destrucción de su pueblo”.

La erupción de violencia imperialista estadounidense en formas aún más sangrientas desmiente de forma devastadora a todas esas fuerzas políticas que se han pasado el último cuarto de siglo retratando a Washington como el defensor de los “derechos humanos” y la “democracia”. Los demócratas, con los “liberales” del diario New York Times al frente, ofrecieron la propaganda necesaria para justificar la Guerra de Irak en el 2003, el bombardeo de Libia con el que ocasionaron un cambio de régimen en el 2011, bajo el pretexto de la fraudulenta “responsabilidad de proteger”, y para armar a las milicias rebeldes islamistas en siria en nombre de apoyar a la llamada “oposición “democrática”. Fueron apoyados por muchos grupos de pseudoizquierda que incluso llegaron a retratar los eventos en siria como una “revolución” y le pidieron a EE. UU. y a sus aliados europeos imperialistas intervenir más decisivamente del lado de “los rebeldes”.

El año pasado, la prensa corporativa denunció incesantemente a Rusia y al régimen de Asad por cometer crímenes de guerra violar el derecho internacional durante su ofensiva para expulsar a los yihadistas islamistas armados por EE. UU. del este de Alepo. Los cientos de civiles que murieron o quedaron mutilados por el asalto conjunto de Rusia y Siria palidecen en comparación con las decenas de miles de personas que han sido masacrados por las operaciones dirigidas por EE. UU. este año, sin mencionar a los millones que han sido asesinados como resultado del último cuarto de siglo de guerras de agresión ininterrumpidas de Estados Unidos a través de Oriente Medio.

Es precisamente por este hecho que los medios de comunicación predominantes han sepultado la cobertura de los acontecimientos más recientes, dándole el mismo espacio a las absurdas denegaciones de responsabilidad a representantes del ejército estadounidense que a los hallazgos condenatorios de los reportes de Airwars y Amnistía Internacional.

Tales informes no han detenido que el mismo columnista del New York Times que le ha hecho propaganda a EE. UU. para cada una de sus guerras de agresión desde los años noventa, Thomas Friedman, continúe glorificando el poderío militar estadounidense. En una columna reciente titulada “De Kabul a Bagdad”, Friedman describe con entusiasmo su visita al centro conjunto de ataques estadounidense en Erbil, al norte de Irak, desde donde han sido disparados muchos de estos proyectiles y misiles que han matado a civiles. Presenció cómo las fuerzas estadounidenses lanzaban una bomba de 230 kg a un edificio en el que había francotiradores de EI y apenas podía contener su regocijo. “La pantalla transmitiendo el blanco del F-15E mostró a la bomba cayendo directamente a través del techo”, narró Friedman, como si estuviese describiendo un videojuego.

“‘Tenemos un splash’ dijo uno de los controladores con voz monótona mientras una gran columna de humo cubría la pantalla”. Todo lo que quedó, continuó Friedman, fue una gran pila de “ruinas ardientes”, un resultado que ha sido reproducido cientos de cientos de veces en esta brutal guerra aérea estadounidense.

En los últimos meses, los demócratas han encabezado una viciosa campaña antirrusa con la que han buscado presionar a la Casa Blanca de Trump para que mantenga una postura belicista hacia Moscú.

Al mismo tiempo, esta campaña ha buscado retratar al ejército, incluyendo a Mattis, a John Kelly, el jefe de personal de Trump, y a H. R. McMaster, el asesor de seguridad nacional, todos implicados en los crímenes de guerra del imperialismo estadounidense alrededor del mundo, como “moderados” y los “adultos en la sala” capaces de ponerle límites a Trump.

El baño de sangre en Irak y Siria y la inminente amenaza de su expansión en Afganistán, muestran qué tan fraudulentas son estas afirmaciones.