¿Quién pagará por la devastación del huracán Harvey?

5 septiembre 2017

Con algunos de los residentes regresando a sus hogares y los rescatistas realizando búsquedas en los edificios inundados dentro y fuera de Houston, Texas, se están comenzando a ver los masivos daños del huracán Harvey. El mayor desastre natural en la historia estadounidense, según algunas medidas, tendrá secuelas de gran alcance, no sólo para los millones de afectados, sino para la estabilidad política y social de Estados Unidos.

La cuenta de víctimas mortales oficial llegó a 46 el viernes, y se sigue esperando que incremente en los próximos días. Alrededor de un millón de personas han sido desplazadas por las inundaciones y ahora son refugiados internos. El número de estructuras inundadas se estima en 136 000 para el condado de Harris, el cual incluye a Houston, la cuarta ciudad más grande del país.

La cercana ciudad de Beaumont, cuya población es de 118 000, ha sido transformada prácticamente en una isla, pero sigue sin suministro de agua y no se sabe cuándo podrán ser reparadas las bombas de agua de la ciudad. Algunas fábricas de químicos y refinerías en toda la región, como la planta de químicos Arkema que prendió fuego, se mantienen inundadas. El número de carreteras y puentes severamente dañados o llevados completamente por la corriente aún no se conoce.

AccuWeather estimó que el costo total de la tormenta podría llegar a $190 000 millones, o el equivalente al uno por ciento de todos los bienes y servicios producidos en EUA por un año. Esto es casi el equivalente a la suma de los daños ocasionados por los huracanes Katrina en el 2005 y Sandy en el 2012. Tales estimados no incluyen costos adicionales como el cuidado de salud para miles por los químicos tóxicos y desechos en las aguas que se desbordaron, o el impacto del cada vez mayor costo de la gasolina, con las compañías petroleras aprovechando la oportunidad para subir sus precios.

Este huracán por sí solo tendrá un impacto importante para la economía nacional, estimado incluso en una caída a la mitad del crecimiento anual. Secciones enteras de Houston permanecerán inhospitables por semanas y meses debido a los daños producidos por el agua, impidiendo las actividades económicas y la llegada de ingresos de decenas de miles de personas.

Serán los pobres y los trabajadores los que reciben el golpe más fuerte. Más del ochenta por ciento de los dueños de hogares que fueron severamente afectados no tienen seguro contra incendios, lo que significa que ellos mismos tendrán que reconstruir sus hogares, con fondos totalmente inadecuados de las agencias federales, si acaso los logran conseguir.

Cuanto más clara se vaya volviendo la magnitud de los daños, más se sentirán sus consecuencias más profundas. Harvey tocó tierra en un momento de gran crisis social, económica y política en EUA. Ni el Gobierno de Trump ni sus opositores dentro de la clase gobernante cuentan con un apoyo popular significativo. La burguesía estadounidense, además de estar profundamente dividida en cuestiones de política exterior, se enfrenta a un sistema económico construido sobre enormes burbujas especulativas y una clase obrera cada vez más hostil y enfurecida.

A lo largo de la última semana, la prensa y la élite política se han organizado para coreografiar un espectáculo político con comentarios hipócritas e insinceros sobre la “tragedia” del huracán Harvey, mientras evitan cualquier mención sobre quién es responsable y qué se debe hacer. Su objetivo es prevenir de alguna manera que los trabajadores tomen la conclusión que necesitan tomar: que la devastación ocasionada por Harvey es un crimen del capitalismo, por el cual es responsable la clase capitalista estadounidense.

La posibilidad de una inundación tan descomunal no era imprevisible y no fue improvista. Las medidas más básicas, como asegurar que se pudiese encauzar la lluvia en el norte de la ciudad hacia el golfo de México para que no produjera inundaciones, fueron simplemente ignoradas, como quedó documentado en una entrevista del WSWS [en inglés] con el experto en gestión de riesgos, Robert Bea. No había ningún plan para una evacuación ordenada de la región en caso de un desastre, a pesar de ser propensa a huracanes.

Una preparación adecuada hubiese requerido una capacidad de planeamiento y pronóstico que es imposible para la élite gobernante. Por los últimos cuarenta años, a través de mandatos republicanos y demócratas por igual, la burguesía se ha dedicado a implementar una política unidireccional de redistribución de la riqueza hacia arriba, desregulación para las corporaciones y especulación financiera. Los resultados se pueden ver más allá de Houston, como con el envenenamiento del agua en Flint, Michigan, y otros ejemplos en todo el país: niveles récord de desigualdad social, ciudades desindustrializadas, la caída en la esperanza de vida, infraestructura deteriorada.

Incluso antes de que las aguas bajen, la principal preocupación de los representantes políticos de la clase gobernante es asegurar que los responsables de la catástrofe no tengan que rendir cuentas. Probablemente, se aprobará algún fondo federal para emergencias. Sin embargo, como sucedió con los huracanes Katrina y Sandy, los que necesiten ayuda tendrán que dar una batalla sin tregua para recibir una pizca de los fondos que necesitan, generalmente en la forma de préstamos.

De una forma u otra, la clase gobernante va a tener que pagar la cuenta. La política interior priorizada por el Gobierno de Trump es promulgar una disminución enorme de los impuestos a las corporaciones. Antes de Harvey, Trump y el vicepresidente Mike Pence recorrieron el país para promover su propuesta para una “reforma fiscal”.

En la misma línea, el republicano John McCain publicó una opinión en el Washington Post el jueves, bajo el título “Es hora de que el Congreso vuelva a su orden normal”, donde no menciona el huracán y, en su lugar, llama al Congreso a avanzar la “reforma fiscal” —un eufemismo para el recorte de impuestos corporativos— al igual que aumentar el gasto militar. Los demócratas, mientras tanto, han manifestado varias veces que apoyan trabajar con la Casa Blanca para “simplificar” el código fiscal, por medio de reducir los impuestos a las corporaciones.

La clase obrera tiene que avanzar su propio programa. Las vidas de aquellos afectados por el huracán tienen que ser sanadas, con indemnizaciones completas por los daños a sus hogares y propiedades. Aquellos desplazados por el huracán tienen que recibir una vivienda de calidad. Se debe iniciar un programa multibillonario de obras públicas para reconstruir la ciudad y desarrollar la infraestructura pública en todo el país.

Financiar e implementar dicho programa exige una ofensiva frontal contra la riqueza y poder de la élite financiera y corporativa. La riqueza neta de los 400 estadounidenses más ricos era de $2.4 billones en el 2016, una cantidad que ha seguido aumentando conforme el mercado bursátil sigue en auge. Esto es doce veces más de los daños estimados del huracán Harvey. El ingreso neto de los bancos estadounidenses sólo el año pasado alcanzó los $171 000 millones. El presupuesto anual del ejército estadounidense —utilizado para financiar la marcha de conquista global que amenaza con desatar una tercera guerra mundial— es de $600 000 millones.

La vasta riqueza creada por la clase obrera debe ser tomada de vuelta de las pocas y privilegiadas manos que la controlan para satisfacer las necesidades sociales. Los gigantescos bancos y corporaciones, que dictan las políticas y dominan todo el sistema político, tienen que ser convertidos en utilidades públicas controladas democráticamente por la clase obrera.

El huracán Harvey no puede ser separado de todas las otras manifestaciones de crisis social en EUA e internacionalmente. Para la clase trabajadora, la gran prioridad es organizarse para la lucha por el poder político. No es una cuestión de presionar a la élite gobernante o reemplazar una sección de la élite por otra. La clase obrera tiene que organizarse a sí misma como una fuerza política y convertirse en la gestora de toda la sociedad. Dirigir esta lucha es la tarea principal del Partido Socialista por la Igualdad.

Joseph Kishore