Millones de obreros europeos en precariedad laboral

por Verena Nees
30 septiembre 2017

En el 150 aniversario de El capital de Marx, un nuevo informe revela cómo el capitalismo europeo, dirigido por la burocracia de la Unión Europea (UE), ha creado un enorme ejército de trabajadores precarios, hundiendo a millones en la pobreza.

El 12 de septiembre, el diario berlinés Tagesspiegel publicó un artículo de la red de investigación Investigate Europe titulado “El nuevo ejército de reserva de Europa”. El informe elaborado por Harald Schumann y Elisa Simantke presenta cifras impactantes.

Los políticos y grupos empresariales frecuentemente remiten a los más de cinco millones y medio de personas que encontraron trabajo desde el 2012 como prueba de la floreciente economía de la UE. Según Eurostat, empero, cuatro de cinco de estos nuevos empleos son a tiempo parcial o de corto plazo y de baja remuneración.

Esto es especialmente cierto para los jóvenes. Más de la mitad de los menores de 25 años en la UE trabajan por un período limitado, mientras que en España estas cifras se elevan a más del 70 por ciento.

Schumann y Simantke citan las razones de este desarrollo: “Comisarios y ministros de Finanzas del Eurogrupo abolieron sistemáticamente los acuerdos de convenio colectivo” y los países de la UE fueron “engullidos por una tendencia a la baja de los salarios y derechos de los trabajadores”. Hubo una ola de desregulación del derecho laboral en los países de la UE durante las últimas dos décadas. Estas llamadas reformas estructurales tienen el objetivo de “flexibilizar” el trabajo y reducir los costos.

El modelo para estas medidas fue el programa alemán Agenda 2010, implementado por el Gobierno socialdemócrata-verde liderado por Gerhard Schröder (SPD) y Joschka Fischer (Partido Verde) en el 2003. “En su declaración gubernamental sobre el tema en marzo del 2003, Schröder habló de ‘flexibilidad’ y ‘crear flexibilidad’”, escriben los autores. “Y, entonces, el trabajo de agencia no contractual fue liberado de las ‘restricciones burocráticas’, el límite para los trabajos de contrato a corto plazo para empresas nuevas fue extendido a cuatro años, los empleadores recibieron una reducción de impuestos por ofrecer salarios bajos y miniempleos, mientras que los desempleados se vieron obligados a aceptar cualquier oferta de trabajo sin importar lo mal que fuesen remunerados”.

El tan citado milagro del trabajo alemán, según el informe, es engañoso. De hecho, el total de tiempo de trabajo real no creció hasta el 2010. En cambio, las horas trabajadas se repartieron entre más trabajadores. En el período de crecimiento en el 2011, el volumen de trabajo subió otra vez más lentamente que los niveles de empleo. Esta cifra sigue por debajo del nivel de principios de la década de 1990.

En 2016, 4.6 millones de personas en Alemania trabajaron exclusivamente en miniempleos (¡ganando hasta 450 euros por mes!), mientras otro millón y medio de personas tienen un empleo de tiempo parcial. Además, hay alrededor de un millón de trabajadores temporales y alrededor de dos millones de trabajadores autónomos, que generalmente no tienen suficiente trabajo.

El “ejército de reserva industrial”, como Karl Marx denominó al ejército de desempleados, que es usado para suprimir los salarios y como una fuerza de reserva a disposición del empleador, ha sido convertido en un ejército de trabajadores subempleados y temporales, y trabajadores temporales con bajos ingresos viviendo en o por debajo de la línea de pobreza. Actualmente, los pobres en Alemania representan el 16 por ciento de la población. Según datos recientes, el 40 por ciento más bajo de los asalariados ahora lleva a casa menos de lo que llevaba hace veinte años si se tiene en cuenta la inflación.

El programa de Agenda 2010 ha sido adoptado en muchos otros países de la UE: en España, los contratos a corto plazo que duran unos pocos meses son comunes. Holanda ha introducido trabajo variable a tiempo parcial, y en Italia el autoempleo es la norma.

La situación en Polonia es particularmente mala. Tras el ingreso a la UE, el Gobierno polaco introdujo un sistema de contratación y despido para atraer a inversores. Las empresas en Polonia pueden despedir a los empleados temporales antes de la expiración del plazo de trabajo sin ofrecer una razón. También se amplió el trabajo a corto plazo sin seguro social, resultando en niveles de ingreso por debajo del salario mínimo legal. Hoy, en Polonia, más de un tercio de todos los trabajadores están trabajando precariamente, o por sueldos de hambre —el porcentaje más alto en la UE—.

Tras la crisis financiera del 2008, la UE reforzó su política de austeridad. Olli Rehn, comisario europeo de Asuntos Económicos y Monetarios, pidió “reformas favorables para el empleo” en países en crisis, que un “Informe sobre el desarrollo del mercado laboral” describió de la siguiente manera: reducción de la protección contra el despido; pagos de compensación más bajos; aumento de la duración máxima y del número de contratos a corto plazo; reducción del alcance de los convenios colectivos; disminución del poder de negociación de los sindicatos.

Los funcionarios de la UE fueron particularmente despiadados en Grecia, Portugal y Rumania. La Troika (la Comisión Europea, el FMI y el Banco Central Europeo) se reunieron secretamente en octubre del 2011 con Pierre Deleplanque, el director de la empresa cementera Heracles—filial griega de la mayor empresa constructora del mundo, Lafarge. Después de la reunión, Deleplanque envió sus exigencias a la oficina del FMI en Atenas. En un documento con el sello “Confidencial, sólo para uso interno”, exigió la suspensión de los acuerdos arancelarios sectoriales y de los contratos de empresa existentes a favor de “acuerdos individuales”.

Esto fue incorporado luego en el acuerdo de crédito de la Troika, el llamado Memorando de Entendimiento. Desde entonces, los salarios se han negociado en gran medida a nivel de las empresas, en general directamente con empleados individuales. Los empleadores pueden transformar un contrato a tiempo completo en “empleo atípico” contra la voluntad de los empleados. Estas medidas fueron un factor importante en la reducción salarial promedio en Grecia del 23 por ciento.

Lo mismo ocurre en Portugal. En el 2008, alrededor del cuarenta y cinco por ciento de todos los empleados todavía trabajaba con contratos seguros. Seis años después, esta cifra se sitúa en un mero cinco por ciento.

En Rumania, noventa por ciento de todos los empleados trabajaban sobre la base de un convenio colectivo en el 2009, hasta que se aplicó una nueva ley laboral con la ayuda del Consejo de Inversionistas Extranjeros y la Cámara de Comercio de EE.UU. Hoy, cuarenta por ciento de todos los empleados cobra el salario mínimo legal.

Cuando el Gobierno en Bucarest anunció en el 2012 su intención de introducir convenios colectivos salariales en todo el país, Rehn, el comisario de Asuntos Económicos de la EU, y el FMI vetaron conjuntamente el plan con la Cámara de Comercio estadounidense. Fue entonces cuando el Gobierno entonces descartó la propuesta.

En la actualidad, el nuevo Gobierno francés de Emmanuel Macron está tratando de imponer leyes laborales similares a los trabajadores franceses que hasta el momento han sido menos afectados por las condiciones laborales precarias que otros países de la UE.

El informe de Investigate Europe muestra la verdadera cara de la UE. Como lo señaló el Sozialistische Gleichheitspartei (SGP, Partido Socialista por la Igualdad) de Alemania en su declaración electoral, la UE “no representa la ‘unidad de Europa’. Es un arma de los intereses económicos y capitalistas más poderosos contra la clase obrera”.

El informe de Schumann y Simantke cita a una serie de dirigentes sindicales que se quejan de la destrucción de las estructuras arancelarias. Thibault Weber, de Francia, miembro del consejo de la Confederación Europea de Sindicatos, declara que los economistas de Europa están “obsesionados con la noción de que el mercado laboral es un mercado como cualquier otro, y por lo tanto necesita ser flexible hasta el extremo”.

La realidad es, sin embargo, que los sindicatos han desempeñado un papel importante en este desarrollo. Su perspectiva es procapitalista y pro Unión Europea. En aras de la rentabilidad y competitividad de sus economías nacionales, han firmado innumerables acuerdos que imponen más flexibilidad y reducciones salariales.

Sin los servicios del movimiento sindical alemán, el Gobierno de Schröder no podría haber introducido políticas para un sector tan grande de salarios bajos.

El 18 de septiembre, Gustav Horn, director del Instituto de Macroeconomía y Estudios Coyunturales (afiliado a la Fundación Hans Böckler sindical), apeló al sistema político para que tome medidas para combatir la pobreza y frenar el empleo precario. Su pedido tenía como objetivo cubrir los rastros de los propios sindicatos y tender una mano al SPD en vísperas de las elecciones federales alemanas. Todo fue en vano —el ampliamente despreciado SPD obtuvo su peor resultado electoral desde 1949—.