El llamamiento al diálogo de Podemos en Cataluña: Una trampa política con consecuencias mortales

por Paul Mitchell
13 octubre 2017

El martes por la tarde, el presidente regional Carles Puigdemont reafirmó el derecho de Cataluña, consecuencia del referéndum del primero de octubre, a la independencia respecto a España. Añadió que ese paso no podría darse durante varias semanas, para permitir negociaciones con el gobierno del Partido Popular (PP) en Madrid.

El miércoles nos dejó al presidente del gobierno Mariano Rajoy rechazando conversaciones y exigiendo “claridad” de Puigdemont sobre si declaró o no la independencia. El suyo fue un ultimátum con el objetivo de justificar la activación del Artículo 155 de la Constitución española, que suspende la autonomía catalana y sienta las bases para imponer el gobierno directo desde Madrid mediante la intervención militar.

Millones de trabajadores y jóvenes en España están escandalizados por el descenso al conflicto fratricida y el riesgo de guerra civil. Muchos de los que puede que se opongan a la secesión catalana están mucho más preocupados por tomar posición contra la represión salvaje que el gobierno del PP está preparando.

En estas condiciones, el partido de la pseudo-izquierda Podemos se ha propuesto la tarea de desmovilizar toda la oposición al PP encorralando a los trabajadores y a los jóvenes tras una política de presionar a Madrid y a Barcelona para empezar negociaciones. Aunque el PP y el Partido Socialista (PSOE) de la oposición están preparando la represión en Cataluña, Podemos está desarmando a la clase trabajadora española y catalana ante el masivo fortalecimiento del Estado que no se empleará solo contra el independentismo catalán, sino contra cualesquiera esfuerzos de resistencia social.

El sábado pasado, aun mientras el despliegue de tropas a Cataluña y a regiones circundantes se estaba produciendo, Podemos estaba ayudando a montar manifestaciones en diferentes partes de España con la consigna, en castellano y en catalán, “Hablemos/Parlem”. Decenas de miles de personas, vestidas de blanco y negándose a llevar banderas españolas o catalanas, tomaron las calles de Madrid y de capitales regionales como Barcelona, Sevilla, Granada, Bilbao, Pamplona y Valladolid.

En la plaza Sant Jaume de Barcelona, miles de catalanes se juntaron y proclamaron “El pueblo catalán no quiere la división”, y “Queremos hablar”. En Madrid, la plaza de Cibeles se llenó de banderas blancas y de manifestantes coreando, “Hablemos, hablemos, España es diversa”, y “Este país ya hizo la guerra una vez, ¡nunca más!”.

Para muchos de los asistentes, el sentimiento expresado era genuino. José Luis le dijo a El Periódico, “No estoy por la independencia, pero nadie cree que yo sea un nacionalista español o que estoy de acuerdo con un Estado represivo”. Clara añadió, “Estamos aquí para intentar llegar a un acuerdo y declarar que la violencia no es el camino, tiene que serlo el diálogo, tenemos que escucharnos los unos a los otros”.

El publicista barcelonés de 25 años de edad Reyes Rodríguez explicó al New York Times, “No creo en banderas ni en nacionalismos porque crean odio y guerras... Así que estoy aquí para exigir diálogo”.

Estas manifestaciones “blancas” han sido promocionadas como una iniciativa espontánea básica difundiéndose de manera viral por las redes sociales. Se las ha comparado con el movimiento de los indignados (15-M), que empezó en 2011 en oposición a los rescates a los bancos y a las medidas de austeridad llevadas a cabo por el gobierno del PSOE. Sin embargo, el movimiento del 15-M al final fracasó por la perspectiva de la “no política” impuesta por los dirigentes del movimiento, que querían impedir el surgimiento de un desafío político genuino al PSOE.

Muchos de esos mismos dirigentes procedieron a ayudar en la creación del partido de la pseudo-izquierda Podemos, que sigue difundiendo un mensaje, dirigido sobre todo a la clase media, convocando protestas “populares”, “morales” y “unificadoras” como una alternativa a las políticas “divisivas” de la lucha de clases.

El instigador de las protestas “blancas” y su principal portavoz es Guillermo Fernández, un investigador de la Universidad Complutense de Madrid, donde nació Podemos como la creación de académicos influidos por el estalinismo tales como el dirigente del partido, Pablo Iglesias.

Fernández afirmó debidamente en los días anteriores a las manifestaciones que la idea vino de conversaciones con un grupo de amigos que él luego “compartió con su matriz 15-M en la sociedad civil”. Pero los diarios contrarios a cualquier vacilación respecto a Cataluña se dieron prisa en señalar que Fernández había sido redactor de discursos y consejero de campaña para Podemos. Sugieren que “Hablemos” es una conspiración de Podemos con el objetivo de socavar a Rajoy y al PP.

El manifiesto de las manifestaciones “blancas” del sábado estaba envuelto en el lenguaje del patriotismo ─como un llamamiento (formulado por Podemos) para que sea reconocido como un salvador potencial de España en tiempos de crisis aguda.

“Ha llegado el momento de decir que España es un país más grande que sus dirigentes”, decía el manifiesto.

Se acusa a “ellos”, sin nombrarlos, de difundir “odio, nos azuzan unos contra otros y nos dividen. Si no intervenimos como sociedad van a convertir a este país en un lugar donde será difícil vivir”.

El método para hacerlo es “mediante diálogo y convivencia”.

El panorama rosa de la sociedad española que pinta el manifiesto y la maquinaria represiva del Estado es políticamente grotesco. “La convivencia se crea mediante el diálogo, y las leyes deberían servir a ese diálogo. Las leyes no pueden usarse como obstáculo, y mucho menos como un medio de generar un conflicto civil”, entona el manifiesto, antes de apelar una vez más a la unidad nacional.

“Tenemos que decir basta a esta espiral, tenemos que parar, sentarnos, y pensar en nuestro país. Es mediante democracia, escuchar, y diálogo que vamos a llegar a acuerdos sociales sólidos y duraderos”, concluía.

Haciéndose eco del manifiesto palabra por palabra, el dirigente de Podemos Pablo Iglesias tuiteó, “La gente es mejor que sus dirigentes. Siento orgullo y esperanza al ver a Madrid así ahora”.

Iglesias aplaudió la decisión de Puigdemont del martes por la tarde de suspender la independencia y le pidió a Rajoy que acepte su oferta de negociar, afirmando “España es plurinacional y el pueblo catalán merece que se le escuche”.

La alcaldesa de Barcelona Ada Colau, jefa de la coalición Barcelona en Común respaldada por Podemos, se unió el sábado a la protesta y tuiteó, “Miles de personas enviaron un mensaje de paz a sus dirigentes: lo que es valiente hoy es escuchar y sentarse y conversar... No tenemos por qué resignarnos a la polarización, el lenguaje bélico y la lógica competitiva que solo busca la derrota del adversario”.

La co-portavoz de la ejecutiva de Podemos, Noelia Vera, dejó claro el papel del partido en “Hablemos”, diciendo, “Estamos profundamente orgullosos de esto... Nos sentimos muy identificados con esta propuesta, en la que muchos dirigentes de Podemos pueden participar anónimamente”.

“Cualquiera que pida diálogo para evitar el choque de trenes encontrará nuestro apoyo y nuestra participación, así como cualquiera que esté por la democracia”.

El Secretario de Organización de Podemos, Pablo Echenique, fue todavía más efusivo, alabando la asistencia (a título personal) de dirigentes de la sección catalana del PSOE, el PSC, en las manifestaciones “blancas” de Barcelona y la presencia de la consigna “Hablemos” en la rueda de prensa ─celebrada en la sede del PSC por el líder del PSOE Pedro Sánchez y el líder del PSC Miquel Iceta.

En un intento transparente y cínico por esconder el apoyo de su partido a la represión planificada del PP, Sánchez tuiteó, “Diálogo y convivencia. La calle nos lo pide. En ello estamos”.

Al mismo tiempo que Sánchez estaba profesando su solidaridad con los manifestantes “blancos”, El País reveló que “cargos del más alto nivel del PSOE se han pasado días debatiendo cómo implementar el Artículo 155” con Rajoy. Ayer Sánchez dijo que el PSOE y el PP están apoyando a Rajoy en buscar “aclaración” por parte de Puigdemont acerca de si declaró la independencia y que tiene que poner “negro sobre blanco” cuáles son sus planes.

Trabajadores y jóvenes que estén buscando genuinamente oponerse a la represión que se está preparando por parte del PP no pueden hacerlo bajo el liderazgo del PSOE o de su sombra, Podemos, o bajo una bandera blanca de la imparcialidad.

No se trata de “rescatar” al Estado español de la “reacción”, o de establecer un mini-Estado catalán como alternativa. El rumbo hacia las formas autoritarias de gobierno tiene sus raíces en los antagonismos de clase que se están intensificando y que Podemos está intentando esconder. Llevar a cabo guerras comerciales y militares exige que las élites gobernantes de España y de toda Europa impongan por la fuerza bruta la destrucción de los medios de vida de los trabajadores y los servicios esenciales de los que ellos dependen. Esto exige una contraofensiva unificada llevada a cabo bajo la bandera roja del socialismo para derrotar a la represión policial y militar franquista que se está preparando contra Cataluña.