Tres meses desde el huracán Harvey: decenas de miles todavía sin hogar después del peor desastre natural en la historia de EUA

1 diciembre 2017

El huracán Harvey tocó tierra estadounidense a fines de agosto de este año, dejando a su paso más de 90 fallecidos y una región entera alrededor de Houston, Texas, devastada. Tres meses después, decenas de miles de personas siguen sin hogar, ya que la reconstrucción de casas apenas comienza y las consecuencias sanitarias a largo plazo todavía no se han registrado.

De acuerdo con algunas medidas, Harvey es el peor desastre natural en la historia de Estados Unidos, generando costos de más de $200 000 millones, incluyendo los daños por inundación de más de 300 000 hogares.

En setiembre, le siguió el huracán Irma, el cual arrasó la región caribeña y el estado de Florida, y luego el huracán María, que destruyó gran parte de la infraestructura y viviendas en el territorio estadounidense de Puerto Rico.

Cada una de estas tormentas, alimentadas por temperaturas más altas como resultado del calentamiento global, ha expuesto la negligencia criminal de la burguesía estadounidense. Los procedimientos de evacuación y refugio inadecuados, y en muchos casos inexistentes, conllevaron a la muerte de más de 250 personas, según cifras oficiales (el número de fallecidos en Puerto Rico es mucho mayor al reportado). Muchos más han visto sus vidas arrancadas desde la raíz, siendo obligados a valerse por sí mismos después de perder sus hogares.

La prensa estadounidense y los comentaristas mediáticos ya dejaron atrás cualquier examinación del impacto de Harvey, algo consistente en cada desastre en el país. En uno de los pocos artículos que documenta la catástrofe continua, el Houston Chronicle reporta que, tres meses después del paso del huracán, “más de 47 000 víctimas de las inundaciones siguen viviendo en hoteles, moteles a través del sureste tejano y alrededores, testamento del paso de tortuga de la recuperación de las casas”.

Estas personas, indica el Chronicle, “son los dichosos”, añadiendo que “Decenas de miles más han improvisado sus alojamientos temporales, viviendo con familiares, en tiendas de acampar o en colchones dentro de hogares si acaso habitables”.

La miserable ayuda gubernamental disponible para las decenas de miles de personas sin seguros para inundaciones en Texas han sido entregados en gran parte en la forma de subsidios temporales para su alojamiento en moteles, esto por medio de la Agencia Federal para el Manejo de Emergencias (FEMA, por sus siglas en inglés).

Aquellos afectados tienen que atravesar un proceso de solicitud tortuoso para recibir ayuda. Según el Chronicle, “solamente una persona había podido regresar a un hogar reparado por medio del programa de FEMA, y 223 más estaban viviendo en un remolque o una casa móvil”. El artículo añade que “nadie se ha mudado a una casa rodante, asegurado un apartamento ni visto las reparaciones comenzar a través de los programas de vivienda internos del estado”.

Una investigación del canal de televisión local KHOU encontró que 22 208 estudiantes en el área de Houston están sin techo, mientras que en algunos distritos la tasa de falta de viviendo llega al 10 por ciento. KHOU cita al Dr. Bob Sanborn, un defensor de los derechos de los niños, quien dice, “Esto es algo que en verdad podría afectar a toda esta generación”, la “generación Harvey”.

Otras consecuencias son más difíciles de calcular. Un reporte de la estación National Public Radio indica que hay 25 000 personas en Houston viviendo con VIH y SIDA, y muchos tuvieron que pasar varias semanas sin sus medicinas. “El huracán cerró las farmacias y clínicas por una semana, o más. Las inundaciones arruinaron las medicinas. Las personas que huyeron a otros estados no pudieron recibir prescripciones para medicinas del VIH”.

Además, se encuentra el impacto ambiental. Las aguas empozadas estaban llenas de E. coli, plomo, arsénico y otras toxinas, afectando a aquellos que viven o trabajan en la región.

Gran parte de la construcción en Houston está siendo realizada por jornaleros que viven en miedo constante de ser deportados, algo intensificado por las políticas del Gobierno de Trump. Trabajan sin protección legal alguna, y en muchos casos bajo condiciones peligrosas.

La agencia Associated Press reporta que la Red Nacional de Organización de los Jornaleros entrevistó recientemente a trabajadores en Houston y encontró que “la mayoría están expuestos rutinariamente a moho y contaminación. Alrededor de un cuarto de los más de 350 trabajadores entrevistados dijo no recibir salarios prometidos por el trabajo de limpieza post-Harvey que hicieron, en muchos casos con patrones que los abandonaron en los lugares de trabaje después de que completasen lo asignado”.

En otras zonas afectadas por esta temporada de huracanes, las condiciones predominantes son similares. Más de 40 000 personas han solicitado cupones alimenticios de emergencia en Florida, muchos esperando en largas filas para conseguir una ayuda mínima. Todas las viviendas en la isla caribeña de Barbuda quedaron destruidas, mientras que inversores y especuladores llegaron para tomar posesión de tierras.

La mitad de Puerto Rico sigue sin electricidad, más de dos meses después del huracán María. Cientos de miles están todavía sin agua potable. Lo que se vive en la isla sólo se puede describir como una crisis masiva de refugiados, con decenas de miles escapando a EUA en busca de viviendas y trabajos. El Gobierno ha explotado el desastre para cerrar o privatizar escuelas y despedir a maestros, al igual que ocurrió después de que el huracán Katrina golpeara Nueva Orleans en el 2005.

Los desastres naturales exponen la realidad de la vida social. Estados Unidos es marcado hoy por tener niveles de desigualdad social sin precedentes. Tres multimillonarios controlan tanta riqueza como la mitad de la población. Más allá, uno de ellos, Jeff Bezos, el CEO de Amazon, vio su fortuna aumentar a $100 000 millones, tres veces la cifra aprobada por el Congreso estadounidense el mes pasado como asistencia para los huracanes.

Por las últimas cuatro décadas, la élite gobernante, sea en Gobiernos republicanos o demócratas, se ha dedicado a imponer una política homogénea en la distribución de ingresos, canalizando todos los recursos de los programas sociales y de infraestructura a los libros contables de las corporaciones y las cuentas bancarias de los ricos. Las consecuencias son innumerables, de la crisis de opioides que afecta a gran parte del país y la caída de la esperanza de vida, a los niveles salariales de pobreza y el aumento disparado de las deudas para la mayoría de la población.

La principal prioridad de la burguesía a nivel nacional es que se apruebe un enorme recorte de impuestos a las corporaciones y los ricos. Un proyecto de ley acorde está siendo discutido por vía rápida en el Congreso. Mientras que los republicanos son la punta de lanza de esta operación de saqueo, cuentan con la complicidad de todos los grupos de poder.

Las condiciones en Houston ejemplifican la realidad social que los demócratas y la prensa han intentado encubrir por medio de la contaminación de la consciencia de la población por medio de su campaña de acusaciones sobre abuso sexual y de histeria macartista sobre denuncias contra Rusia por presuntamente “sembrar discordia” en Estados Unidos. Tienen el propósito de suprimir la oposición con un régimen de censura del Internet.

Sin embargo, los hechos son obstinados. La devastación ocasionada por Harvey tendrá otros efectos, alimentando el aumento del enojo y la oposición con implicaciones revolucionarias.

Joseph Kishore