En medio del “pleno empleo” los salarios estadounidenses no se recuperan

por Jerry White
12 diciembre 2017

El informe sobre el empleo en los EUA de noviembre, publicado el viernes, ofrece más pruebas de que la tan cacareada “recuperación” económica en los Estados Unidos ha beneficiado de manera abrumadora a Wall Street, cuya prosperidad en acciones se basa sobre todo en los salarios estancados y la destrucción de los niveles de vida de la clase trabajadora.

El Departamento de Trabajo informó de que las nóminas no granjeras se incrementaron en 228.000 y la tasa de desempleo permanecía inalterada en el 4,1 por ciento, el nivel más bajo desde enero de 2000 durante el pico de la burbuja de las “punto com”. Las nóminas de las manufacturas subieron en 31.000; la construcción tras los huracanes en Texas y Florida añadió 24.000 empleos. También hubo un incremento en la venta al por menor de bajo salario (18.700) y en los sectores de ocio y hotelería (14.000).

A pesar de lo que los economistas, los medios y los políticos están llamando “pleno empleo”, los ingresos medios por hora subieron solo un 0,2 por ciento, o cinco centavos, a $26,55 la hora, desde una caída del 0,1 por ciento revisado a la baja en salarios en octubre. Año tras año los aumentos salariales en noviembre eran de solo 64 centavos, o 2,5 por ciento. Si los salarios suben otros cinco centavos en diciembre, los salarios anuales habrán subido apenas 2,4 por ciento en 2017, apenas por encima de la tasa de inflación proyectada oficial del 2,0 por ciento.

“La visión económica valiente del presidente Trump sigue dando buenos resultados”, se jactaba el viernes la Secretaria de Prensa de la Casa Blanca Sarah Huckabee Sanders. “Las señales vitales de la economía están más fuertes de lo que lo han estado en años”, declaró el New York Times. “Las compañías están ofreciendo empleos más rápido de lo que pueden encontrar trabajadores para ocuparlos. Los ingresos están subiendo. El mercado de valores marca récords aparentemente cada mes”.

Analistas económicos han señalado un crecimiento salarial anémico, con el eufemismo de “presión inflacionaria” débil, como un factor importante en la determinación de la Reserva Federal de seguir inyectando crédito barato en la bolsa de valores. Aunque la mayoría de los economistas esperan un aumento modesto de la tasa de interés en la reunión de la Reserva Federal del miércoles, Jerome Powell, quien fuera nombrado por el presidente Donald Trump para dirigir la Reserva Federal, dejó claro el mes pasado en su sesión de confirmación en el Senado que mantendría las tasas e niveles bajos históricos. Al mismo tiempo, aseguró a los senadores de que había poco peligro de un empujón de salarios a causa de la continua “pereza” en el mercado laboral, es decir, una amplia oferta de trabajadores desesperados por un empleo de jornada completa.

Otros analistas están de acuerdo. “El crecimiento salarial ha sido silenciado hasta ahora”, especialmente dado el “muy alto ritmo de creación de empleo”, dijo Michelle Meyer, jefe de economía estadounidense en el Banco de América. “Ha sido la noticia a lo largo de este año”.

Describiendo el incremento salarial de noviembre como “tibio”, Carl Riccadonna y Yelena Shulyatyeva de Bloomberg Economics escribieron: “Aunque las adquisiciones salariales son mucho mayores que la tasa de crecimiento natural para el mercado laboral, la escasez de trabajo todavía no está empujando la presión salarial más alto. La moraleja de la historia de este informe laboral es que el pleno empleo es verdaderamente mucho más bajo en el ciclo actual en relación con la historia”.

Los empleadores estadounidenses están explotando una reserva de trabajadores desempleados y subempleados para mantener los salarios bajos. Al mismo tiempo, las corporaciones están ocupando puestos con trabajadores jóvenes a los que se les paga salarios y prestaciones mucho más bajos que a los trabajadores de más edad a los que están reemplazando.

Según el gobierno, 6,6 millones de trabajadores en los EUA siguen desempleados, incluyendo a 1,6 millones, o casi uno de cada cuatro personas paradas, que están desempleados desde hace 27 semanas o más. Otros 4,8 millones fueron obligados a trabajar a media jornada el mes pasado aunque buscaban un trabajo a jornada completa, y 1,8 millones fueron “marginalmente adjuntados” a la fuerza de trabajo. Estos últimos quieren trabajar pero no buscaron empleo en las cuatro semanas anteriores al sondeo y por lo tanto no fueron considerados “desempleados”.

La tasa de participación de la fuerza laboral, o participación de personas en edad laboral en la fuerza de trabajo, permaneció en el 62,7 por ciento en noviembre. Sin embargo, solo el 79 por ciento de la fuerza laboral en plena edad laboral, de entre 25 y 54 años de edad, actualmente está trabajando —por debajo de la tasa anterior a la crisis financiera de 2008.

La situación a la que se enfrenta la generación joven es particularmente funesta. Según el informe Clase de 2017 elaborado por el Instituto de Política Económica, la tasa de desempleo para jóvenes graduados del instituto secundario es de 16,9 por ciento (comparado con el 15,9 por ciento en 2007 y el 12,1 por ciento en 2000). Para los jóvenes licenciados universitarios, la tasa de desempleo es actualmente del 5,6 por ciento (comparado con el 5,5 por ciento en 2007 y el 4,3 por ciento en 2000), y el 7,1 por ciento para jóvenes licenciados universitarios varones.

Las cifras son todavía más elevadas para el “subempleo”, que incluye a jóvenes graduados que trabajan involuntariamente a tiempo parcial o solo están ligados marginalmente a la fuerza laboral. Para los jóvenes graduados del instituto secundario, la tasa de subempleo es del 30,9 por ciento (comparada con el 26,8 por ciento en 2007 y el 20,8 por ciento en 2000). Para los jóvenes licenciados universitarios, la tasa de subempleo es del 11,9 por ciento (comparado con el 9,6 por ciento en 2007 y 7,1 por ciento en 2000).

La participación de jóvenes licenciados a los que la economía hace “ociosos” —ni matriculados en cursos ni empleados— sigue siendo más alta tras la Gran Recesión que en 2007 y 2000, observó el informe. Esto incluye al 15,1 por ciento de los jóvenes graduados de secundaria y el 9,9 por ciento de los jóvenes licenciados universitarios, muchos de los cuales están cargados de deudas insostenibles.

El estancamiento de los salarios es una tendencia a largo plazo. Desde principios de los '70, los salarios ajustados a la inflación por hora han crecido solo el 0,2 por ciento anualmente, y la participación del trabajo en la renta nacional ha caído de casi el 65 por ciento a mediados de los '70 a por debajo del 57 por ciento en 2017.

El deterioro de la posición social de la clase trabajadora y la explosión aparejada de desigualdad social no son simplemente el resultado de leyes económicas objetivas. Son el resultado buscado de las políticas de la clase gobernante estadounidense, implementadas por administraciones republicanas y demócratas por igual, una tras otra. La transferencia de la producción a países con salarios más bajos, la desindustrialización y los despidos masivos en los '80 y los '90 fueron utilizados como un martillo para llevar a golpes la resistencia de los trabajadores a una bajada histórica de su nivel de vida.

Este proceso fue ayudado e instigado por los sindicatos, cuya orientación pro-capitalista y nacionalista dejó a los trabajadores sin ninguna respuesta progresista a la globalización. Lejos de oponerse a los recortes salariales y de las prestaciones, el United Auto Workers y otros sindicatos suprimieron la oposición de la clase trabajadora y colaboraron con las corporaciones para recortar los costes del trabajo en nombre de impulsar la competitividad y “proteger los empleos estadounidenses”.

Este ataque fue intensificado tras la crisis financiera global de 2008. A lo largo de los ocho años de la administración Obama, los sindicatos limitaron las huelgas a los niveles más bajos desde que el Departamento de Trabajo empezara a registrar los paros en 1947. Colaboraron con el presidente demócrata para aplastar un empuje salarial potencial en 2015-16 cuando los trabajadores de la industria automotriz, acerera, del aceite, de las telecomunicaciones, de las líneas aéreas, ferroviaria, de la sanidad, minorista y otras, así como los docentes y otros empleados públicos, se levantaban para pedir nuevos acuerdos laborales.

Mientras los trabajadores estuvieron determinados a recobrar los ingresos perdidos después de que las ganancias corporativas se hubieran recuperado totalmente del crack, los sindicatos firmaron acuerdos que limitaban los aumentos de la paga a la tasa de inflación o apenas por encima de esta mientras desplazaban los costes de la sanidad y las pensiones sobre las espaldas de los trabajadores. Esto fue clave en la estrategia de “internalización” de Obama para atraer inversión en base a los bajos salarios, así como su política de tasa de interés de “ajuste cuantitativo”, que alimentó el aumento masivo en la bolsa de valores que continua a día de hoy. Casi todo el incremento neto en nuevos empleos creados bajo la “economía de curro” de Obama fueron de tiempo parcial, contingente o temporal.

Trump afirma que su recorte fiscal de $1,5 billones —incluyendo el recorte en la tasa del impuesto a las corporaciones del 35 por ciento al 20 por ciento— creará más empleos y subirá los salarios. Como en los años de Obama, sin embargo, esta enorme cantidad de dinero inesperado para los grandes negocios y los ricos no será utilizada para expandir la producción, mucho menos aumentar los salarios y los niveles de vida de los trabajadores. Estará destinado a la recompra de acciones y aumento de los dividendos, que beneficia a los inversores más ricos.

Los salarios están tan bajos ahora que 7,6 millones de estadounidenses se ven obligados a tener más de un trabajo, un número inaudito en 20 años. En un artículo reciente titulado “Salarios como los chinos forman parte ahora del boom del empleo estadounidense”, Forbes notó que un operador de carretilla elevadora contratado por $12,75 la hora en el centro de realización de Amazon en Fall River, Massachusetts cobra $382 por una semana de 30 horas, “no mucho más que el tío medio en Beijing”, donde el salario semanal medio es de $329,53. A 40 horas por semana, un trabajador de Amazon mejor pagado y a tiempo completo en Fall River gana $28.800 al año antes de los impuestos, más o menos lo que el multimillonario director ejecutivo de Amazon, Jeff Bezos, se embolsa cada minuto.