El Congreso de los EUA pone en la mira a la candidata del Partido Verde Jill Stein por alegaciones de confabulación con Rusia

por Trévon Austin
23 diciembre 2017

El lunes, el presidente del Comité de Inteligencia del Senado Richard Burr dijo que su comité empezó a investigar a Jill Stein, la candidata presidencial del Partido Verde en las elecciones de 2016, en relación con pruebas de supuesta conspiración o “injerencia” de Rusia. Stein dijo que la contactaron desde el comité con solicitudes de información, incluyendo correos electrónicos.

Poner en la mira a Stein constituye una intensificación importante de la caza de brujas anti-Rusia que, además de dirimir disputas faccionales en el seno de la élite gobernante, tiene por objetivo último la oposición política doméstica dentro de los Estados Unidos.

Desde hace más de un año, los demócratas han estado argumentado que la campaña de Jill Stein asistió la campaña de Trump desviando el apoyo y los votos de Hillary Clinton, señalando el hecho de que el margen de victoria de Trump fue menor que el número total de votos de Jill Stein en Michigan, Wisconsin y Pennsylvania. Esto se está usando ahora para sugerir que Stein estaba en connivencia con funcionarios rusos.

Mark Warner, el demócrata de rango más alto en el Comité, expuso los motivos reaccionarios para investigar la campaña de Stein. “Señalaré, sin embargo, que la señora Stein estuvo en la cena infame que incluía al general Flynn y a Vladimir Putin, y sabemos que ella tiene palabras de encomio para dirigirle a Julian Assange, quien ciertamente estaba siendo usado por los rusos para que tomara parte de la información hackeada y la publicara en nuestro sistema político”, dijo.

En 2015, Stein asistió a una cena para celebrar el décimo aniversario de RT, la organización de noticias basada en Rusia. El comité utilizó el acontecimiento como excusa para suponer una posible confabulación entre Stein y el Kremlin.

Fotografías de la cena muestran a Stein sentada en la mesa con el presidente Vladimir Putin y otros prominentes funcionarios rusos. Michael Flynn, el ex consejero de seguridad nacional de Trump que ahora está buscando un acuerdo por fuera de los tribunales en la investigación de supuesta injerencia rusa en las elecciones, fue visto sentado en la misma mesa.

Assange asistió a la convención del Partido Verde de 2016 por Skype para discutir los correos electrónicos filtrados del Comité Nacional Demócrata que sugerían corrupción en el seno del Partido Demócrata. Stein elogió a WikiLeaks y a Assange, llamándole héroe por publicar esos correos electrónicos.

En una declaración emitida el lunes, Stein dijo que asistió a la cena de 2015 con la esperanza de “llegar a una audiencia internacional y a funcionarios rusos con un mensaje de paz en el Medio Oriente, diplomacia, y cooperación contra la amenaza urgente del cambio climático”.

El hecho de que RT acogiera el debate presidencial de 2016 del Partido Verde, y que entrevistara a Stein varias veces, también está siendo usado para sugerir confabulación entre Stein y el Estado ruso.

Stein dijo que planeaba cooperar con las exigencias del comité, pero advirtió contra “la politización, el sensacionalismo y el colapso de los estándares periodísticos que ha plagado la cobertura de los medios de la investigación”.

En enero, el Director de Inteligencia Nacional publicó un informe sobre “intervención rusa” en las elecciones de 2016, declarando que RT era un brazo del Kremlin que tiene por objetivo “sembrar la división” en el seno del pueblo estadounidense. Desde entonces se han tomado varias medidas contra esta organización de noticias, incluyendo obligarla a registrarse bajo la Ley de Registro de Agentes Extranjeros (FARA), que sienta un peligroso antecedente para la libertad de expresión en los Estados Unidos.

El informe del DNI alega que “RT emitió, acogió y publicitó debates de candidatos del tercer partido y emitió reportajes en apoyo de la agenda política de esos candidatos. Los presentadores de RT afirmaron que el sistema bipartidista estadounidense no representa los puntos de vista de al menos un tercio de la población y es una ‘farsa’”.

Estas declaraciones dejan claras las motivaciones políticas antidemocráticas detrás de la censura de RT y la investigación de Stein.

Jesse Ferguson, un ex portavoz de la campaña de Clinton, argumentó que los estadounidenses deberían saber si un candidato fue usado por Rusia para desviar votos que habrían ido a Clinton.

“Los trabajadores rusos no estaban promocionando a Jill Stein porque pensaran que ganaría”, dijo. “La estaban promocionando porque pensaban que dañaría a Hillary Clinton y ayudaría a Donald Trump”.

Zac Petkanas, antiguo director de respuesta rápida de la campaña de Clinton, tecleó, “Jill Stein es una agente rusa” ocho veces en un solo tuit. Continuó en otro hilo para decir que las indagaciones del Senado importaban porque “ella [Stein] desempeñó un importante papel en la elección del candidato favorito de Putin: Donald Trump”.

Jill Stein ha denunciado esas alegaciones. En un podcast en la Intercept, dijo que no hubo ninguna conversación sustancial en la mesa donde se la vio con Putin y Flynn, a causa de las barreras lingüísticas. No se le pagó por asistir al evento, y solo pronunció un discurso sobre el desarme nuclear y la búsqueda de la paz en vez de la guerra.

El Partido Verde es un partido burgués que no plantea ninguna amenaza seria al establishment político. Pero la campaña para vincular a Stein con la “injerencia rusa” sienta un peligroso precedente para todos los críticos del gobierno estadounidense.

El regreso al macartismo está centrado en la histeria anti-rusa, pero es parte de una campaña más amplia para censurar a la oposición política ante el malestar social masivo.

Estados Unidos es el país más rico del mundo, y sin embargo tiene los niveles más altos de desigualdad social del mundo desarrollado. Más de 40 millones de estadounidenses, o el 14,5 por ciento, viven en la pobreza. El Congreso ha aprobado un plan fiscal que solo destruirá aún más las condiciones de la clase trabajadora canalizando billones de dólares hacia los ultra-ricos y recortando la financiación de programas sociales.

A lo que los dos partidos de los grandes negocios temen más es el desarrollo de un movimiento de masas contra el sistema capitalista. Pretenden combatir esta amenaza censurando el Internet, criminalizando la disidencia política, e impidiendo el libre intercambio de ideas.