Los Sulzberger pasan el bastón dorado en el New York Times

por Bill Van Auken
10 enero 2018

Arthur Gregg “A.G.” Sulzberger, el nuevo director del New York Times, escribió una declaración a los lectores del Times el 1 de enero tras asumir el mando del llamado “periódico-hemeroteca” del sistema político estadounidense.

Sulzberger, de 37 años, está tomando el puesto de su padre, Arthur Sulzberger Jr., quien a su vez heredó el cargo de su padre en 1992. El puesto fue ocupado anteriormente por el bisabuelo y el tatarabuelo de A.G. Sulzberger.

Un Sulzberger ha sido el director del New York Times desde 1935. En el transcurso de más de ocho décadas, el periódico ha desarrollado una integración cada vez más estrecha en el aparato estatal capitalista de EE.UU., incluso cuando la calidad de su periodismo ha disminuido constantemente.

Esta última transición tuvo un aire de prisa al respecto. Fue recién en octubre de 2016 que se eligió a A.G. Sulzberger como editor adjunto. En ese momento, un portavoz del periódico dijo que Arthur Sulzberger Jr., entonces de 65 años, no había anunciado ningún plan para retirarse, y que habría un “período significativo de transición” antes de que el padre le pasara el trabajo a su hijo. No hubo explicación de por qué se redujo ese “período de transición” a sólo 14 meses.

También hubo poca fanfarria pública sobre el cambio en la cima del periódico más prominente de EE.UU. Los artículos que aparecieron consistieron en gran parte de reportajes aduladores elogiando al nuevo Sulzberger, quien ahora tiene el poder de hacer o deshacer carreras periodísticas.

Uno de los pocos artículos críticos apareció en el sitio web The Intercept, que señaló que en su aprendizaje como periodista del Times, el joven Sulzberger escribió un artículo recibido con los brazos abiertos por Scott Walker, el gobernador derechista de Wisconsin, durante su supresión del masivo movimiento de protesta contra sus medidas de austeridad y ataques a trabajadores del sector público en 2011. Walker instó a sus aliados políticos a distribuir la pieza, que buscó trabajadores para denunciar a los empleados públicos por fallar en “compartir el sacrificio” impuesto por los despidos corporativos y la reducción de salarios en el sector privado.

El padre de A.G., Arthur Sulzberger Jr., presidió algunos de los episodios más vergonzosos en la historia del Times. Su gestión coincidió con el cuarto de siglo de guerras imperialistas ininterrumpidas de EE.UU., de los Balcanes a Irak, Libia, Siria y más allá, a las que el periódico justificó y apoyó.

Él era el director cuando Judith Miller, periodista senior del Times, propagó las mentiras sobre “armas de destrucción masiva” y fabricó lazos entre Baghdad y Al Qaeda que fueron usados para vender al pueblo estadounidense la guerra de 2003 contra Irak. Bajo su dirección, un establo de comentaristas editoriales, entre ellos el inefable Thomas Friedman, fueron usados para camuflar cada guerra de agresión de EE.UU. bajo los mantos falsos de “derechos humanos”, “democracia” y la “guerra contra el terror”.

El costo de estas guerras se calcula en millones de muertos y heridos, decenas de millones convertidos en refugiados sin hogar y regiones enteras del planeta reducidas al caos y la destrucción. El Times, en su rol de principal proveedor de propaganda de guerra y creador de tendencias para los medios nacionales, y Sulzberger personalmente como su editor, tienen sangre en sus manos.

James Risen, ex periodista del Times, ha proporcionado una nueva exposición del rol del periódico en un artículo titulado “El mayor secreto: mi vida como periodista del New York Times en la sombra de la Guerra contra el Terror”, que documenta la colaboración del director y los editores del Times con el gobierno de EE.UU. en la supresión de artículos que exponían el trabajo de inteligencia falso usado para justificar la guerra de Irak y el espionaje doméstico masivo realizado por la Agencia de Seguridad Nacional.

Más recientemente, el diario ha girado aún más hacia la derecha, encabezando el belicismo de los medios contra Rusia por acusaciones de la llamada “intromisión” de Moscú en las elecciones de EE.UU. Esto ha sido combinado, por un lado, con una campaña para justificar esfuerzos del estado para prohibir, poner en la lista negra y suprimir la libre expresión, particularmente en Internet, y, por otro, con una campaña de estilo neomacartista sobre supuesta mala conducta sexual en la industria del entretenimiento, las artes, los medios y la política que ha destruido las carreras y vidas de un número creciente de individuos, sin el más mínimo por el debido proceso.

La declaración de año nuevo de A.G. Sulzberger no deja dudas de que él presidirá un giro aún mayor hacia la derecha.

Invoca las palabras de su tatarabuelo para proclamar la determinación del periódico de informar las noticias “sin temor o favor” y de “invitar a una discusión inteligente desde todas las corrientes de opinión”. Su padre citó los mismos pasajes en lo que significó una disculpa poselectoral al campo de Trump por una cobertura descaradamente a favor de Clinton antes del 8 de noviembre de 2016. Prometió tratar al gobierno entrante, el más derechista en la historia estadounidense, “sin prejuicios” y cubrir la agenda reaccionaria de Trump "de manera justa”.

La declaración del 1 de enero de A.G. Sulzberger continúa advirtiendo que “una peligrosa confluencia de fuerzas está amenazando el papel central de la prensa para ayudar a las personas a comprender e interactuar con el mundo que les rodea”.

En primer lugar, él cita la erosión del “modelo de negocios” de la prensa corporativa, que la ha obligado a recortar su personal y “reducir sus ambiciones”, algo a lo que el propio Times se ha dedicado despiadadamente, incluyendo la eliminación de más de 100 puestos de correctores el verano pasado.

Él continúa: “La desinformación está aumentando y la confianza en los medios está declinando a medida que las plataformas tecnológicas elevan el clickbait, los rumores y la propaganda sobre el periodismo real, y los políticos se disputan la ventaja encendiendo la sospecha de la prensa. La creciente polarización está poniendo en peligro incluso la suposición fundamental de verdades comunes, lo que une a una sociedad”.

Si “la confianza en los medios está declinando”, es por una muy buena razón, ejemplificada por las mentiras y propaganda del Times. El “periodismo real” practicado por personas como Judith Miller y Thomas Friedman, entre otros, ha proporcionado un impulso poderoso para que las personas busquen en otro lado.

La “creciente polarización” que el más joven Sulzberger lamenta no es una construcción ideológica, sino la realidad social objetiva de una sociedad en la que tres multimillonarios estadounidenses controlan más riqueza que el 50 por ciento de la población del país. En estas condiciones, las viejas “verdades comunes” que han sido el recurso del Times no se sostienen, y las “plataformas tecnológicas” de Internet han permitido a las personas buscar alternativas a la “historia oficial” de la propaganda de estado promovida por el Times y otros medios corporativos.

Al heredar el trabajo de su padre, Sulzberger ha ganado una posición que en 2016 proporcionó más de 5,1 millones de dólares en compensación anual. Está decidido a defender esa riqueza, incluso cuando es impulsado por los principales accionistas, incluyendo al multimillonario mexicano Carlos Slim, quien posee la mayor cantidad de acciones ordinarias, para maximizar las ganancias corporativas.

El ascenso lleno de nepotismo de A.G. Sulzberger al puesto de director del Times —derrotando a dos de sus primos—fue pavimentado en parte por su papel en la redacción de un documento interno en 2014, conocido como el “Informe de Innovación”, que abogó por cambios profundos en el “modelo de negocios” del Times para promover su “evolución digital” para competir en línea por lectores y anunciantes. Sin dudas, esta “evolución” implicará más ataques a los trabajos y condiciones de los empleados del Times.

La lucha por la ganancia y la defensa de la riqueza personal alinea perfectamente a Sulzberger y el Times con el impulso del estado capitalista de imponer censura en Internet y poner en la lista negra a sitios web que se oponen a la guerra y la desigualdad social, primero y ante todo la World Socialist Web Site. Ellos ven en la censura de Internet un instrumento para recuperar su habilidad para fabricar las llamadas “verdades comunes” que enmascaran las divisiones de clase en la sociedad, y para restaurar su rentabilidad y cuota de mercado.