Las lecciones políticas del fraudulento cierre del Gobierno estadounidense

25 enero 2018

Millones han quedado disgustados y enojados tras el voto de los senadores demócratas el lunes a favor de poner fin al cierre del Gobierno que se había extendido por tres días, pero sin incluir ningún acuerdo sobre las protecciones para los 800.000 jóvenes inmigrantes del programa de Acción Diferida para Llegados en la Infancia (DACA).

El líder de la minoría demócrata en el Senado, Charles Schumer, se pronunció en el plenario para acusar a Trump por su “obstinación”, anunciando en un tono sombrío, “A través de estas complicadas y largas negociaciones, los demócratas siempre han procurado ser razonables, actuar de buena fe y hacer que acontezca algo de verdad”.

El senador demócrata, Richard Durbin, intentó endulzar la promesa vacía del líder de la mayoría republicana del Senado, Mitch McConnell, de que organizarán un voto sobre la extensión de DACA antes de que expire el 5 de marzo. Durbin le dio las gracias a McConnell por permitir que se lleve a cabo el voto e incluso se rebajó a decir que este acuerdo “sienta las bases para que trabajemos juntos”.

El cierre del Gobierno constituye el más reciente episodio de la oposición fraudulenta de los demócratas a Trump. Este acontecimiento no fue el producto de un impasse entre el Partido Demócrata y el Republicana, sino que resultó ser una charada desde el principio, orquestada para conferirle a los demócratas una apariencia de oposición mientras los dos partidos resuelven sus diferencias en geoestrategia imperialista. El cierre sucedió el fin de semana para minimizar su impacto, mientras que el mercado bursátil alcanzó nuevas alturas el lunes. Los verdaderos tomadores de decisiones entendieron que el cierre solo era para el consumo del público.

El viernes por la tarde, una semana después de que Trump llamara a los países tercermundistas “agujeros de mierda”, Schumer se reunió con Trump en la Casa Blanca para discutir las negociaciones del presupuesto. Schumer lo describió como “una excelente reunión preliminar”. Trump ya había visitado la oficina de Trump muchas veces antes, pero usualmente para pedirle dinero. Muchos en la Casa Blanca de Trump son excontribuyentes de las campañas senatoriales de Schumer, incluyendo Trump ($9.000), sus hijos Eric, Donald Jr. e Ivanka ($6.800 entre todos) y Jared Kushner ($4.000). De hecho, Trump le donó $125.000 al Comité Demócrata para la Campaña Senatorial de Nueva York, cuya principal responsabilidad desde 1998 ha sido asegurarse de que Schumer quede electo.

El comportamiento del senador es consistente con su carácter político. Él es el epítome de un impostor político. Marx describe a este tipo de político sin principios cuando describe al primer ministro liberal inglés del siglo XIX, Lord Palmeston, quien, escribe Marx, sabe “cómo parecer el agresor cuando es cómplice y el defensor cuando traiciona… cómo encontrarse, en el momento oportuno, del lado del fuerte contra el débil y cómo proferir palabras valientes en el acto de escaparse”. Palmerston, cabe mencionar, era un gigante político en comparación con el olvidable Schumer.

El débil carácter del abordaje demócrata a la situación que encaran cientos de miles de jóvenes inmigrantes con profundas ansias se contrasta marcadamente con sus esfuerzos para avanzar los intereses geopolíticos del ejército y las agencias de inteligencia. En cuanto a cuestiones urgentes para las amplias masas de la población, el Partido Demócrata maúlle como el león cobarde de Oz. Sin embargo, cuando se trata de hacer cumplir su belicista política exterior contra Rusia, con el respaldo del ejército, las agencias de inteligencia y las corporaciones más poderosas, el partido ruge imponente.

El martes, horas después de que los senadores demócratas acordaran la resolución de los republicanos, salieron varios informes de la ofensiva sin cuartel de los demócratas para calificar a Trump de conspirador en la “interferencia electoral rusa”, incluyendo la interrogación realizada por el fiscal especial, Robert Mueller, del fiscal general de Trump, Jeff Sessions, y el exdirector del FBI, James Comey. El tema eran los lazos de la campaña presidencial de Trump con Rusia. El Washington Post reportó que Mueller también planea interrogar al mismo Trump en las próximas semanas, y que los demócratas le pidieron a Facebook y Twitter que investiguen a “troles rusos” o supuestos alborotadores en sus foros.

A lo largo del año de Trump en el poder, los demócratas han librado una batalla despiadada en contra del mandatario con base en sus presuntos lazos con Rusia, invirtiendo una cantidad profusa de capital político y recursos financieros para fomentar esta histeria antirrusa.

Al mismo tiempo, han evitado explícitamente oponerse a las políticas reaccionarias de Trump.

En diciembre del 2017, el demócrata Al Green presentó una moción para poner en marcha un juicio político para destituir a Trump a raíz de sus comentarios pronazis y sus ataques contra inmigrantes, pero los demócratas rechazaron esta medida con un voto de 126 a 58 en la Cámara de Representantes.

Los líderes de la minoría demócrata en esta cámara, Nancy Pelosi y Steny Hoyer, emitieron una declaración conjunta exigiendo que el resto de diputados demócratas rechace la introducción de artículos para iniciar un proceso de destitución contra Trump con base en sus políticas derechistas: “Actualmente, las comisiones legislativas continúan estando intensamente comprometidas a las investigaciones de las acciones del presidente tanto antes como después de su inauguración. La investigación del fiscal especial está avanzando bien, y se debería permitir que estas indagaciones continúen. Este no es el momento para considerar artículos de destitución”.

Cuando inició el mandato de Trump, los demócratas prometieron colaborar con él, después de que Obama hiciera explícito que Trump, los republicanos y los demócratas estaban “en el mismo equipo”. Los legisladores demócratas votaron a favor de que el secretario del Departamento de Seguridad Nacional fuese John Kelly, ahora jefe de personal de Trump y arquitecto de sus medidas más depravadas contra los inmigrantes.

Gracias a los votos de los magistrados de la Corte Suprema nominados por los demócratas, tomó vigencia una versión modificada del veto de viaje antiinmigrante de Trump. Más allá, los demócratas han prometido aumentar el tamaño de las fuerzas estatales para la deportación y han apoyado la extensión de los poderes de espionaje sin necesidad de una orden judicial bajo la Ley FISA.

Los demócratas tampoco levantaron ni un dedo para bloquear la inmensa reducción de impuestos para los ricos promulgada por Trump, ya que los demócratas y sus financiadores corporativos apoyaban esta política.

Existe una oposición tremenda a las políticas derechistas de Trump entre la población estadounidense. El noventa por ciento de los estadounidenses apoya otorgarles un camino a la ciudadanía a los beneficiarios de DACA, mientras que la tasa de aprobación del mandatario se encuentra alrededor del 33 por ciento. El enojo por el aumento de la desigualdad social, los asesinatos policiales, el envenenamiento del agua, los recortes sociales y las condiciones sociales y laborales deplorables se está acumulando en la clase obrera.

Los demócratas son hostiles al crecimiento de la oposición social, por lo que buscan subordinarla a sus intereses reaccionarios. Para ello, el Partido Demócrata ha intentado culpar la “injerencia” y los “bots de las redes sociales” rusos por el aumento de la oposición social. El reporte del Partido Demócrata a la comisión de relaciones exteriores del Senado urge al Gobierno a “exigir responsabilidades de las compañías de redes sociales” porque “las plataformas de redes sociales son un conducto clave para la desinformación que socava las democracias”. El documento llama a las corporaciones a censurar el Internet “para prevenir, detectar y borrar las cuentas… que se utilicen principalmente para promover noticias falsas”.

El Partido Demócrata es un representante de la aristocracia financiera, el ejército, las agencias de inteligencia y las autoridades migratorias. Un partido político no puede servir a estas fuerzas reaccionarias y proteger los derechos democráticos y los niveles de vida de la clase trabajadora al mismo tiempo. Todos los esfuerzos que se gasten en presionar a este partido serán desastrosos.

(Artículo publicado originalmente el 24 de enero de 2018)

Eric London