¿Habrá un ataque nuclear furtivo de Estados Unidos contra Corea del Norte?

por Bill Van Auken
27 enero 2018

Bajo la tapadera del deshielo entre Corea del Norte y Corea del Sur previo a los Juegos Olímpicos de Invierno y la momentánea pausa en la retórica de “fuego y furia” de la Casa Blanca Trump, hay cada vez más signos de que el Pentágono y la CIA continúan los preparativos para una guerra preventiva contra Corea del Norte, incluyendo el uso de armas nucleares.

Ha habido múltiples informes en los medios corporativos estadounidenses de discusiones tras bastidores entre el aparato militar y de inteligencia estadounidense y la Administración Trump sobre la viabilidad de un llamado ataque de “nariz sangrada”, que involucra ataques aéreos estadounidenses contra las instalaciones de energía nuclear norcoreanas, con la expectativa, aunque infundada, de que no provocarían una guerra a gran escala.

En un raro discurso público, el director de la CIA, Mike Pompeo, insinuó estos planes. Hablando el martes en el centro de pensamiento derechista, American Enterprise Institute, Pompeo advirtió que Pyongyang estaba a “pocos meses” de alcanzar la capacidad de organizar un ataque nuclear contra el continente estadounidense.

El director de la CIA dijo que Washington “acabará con ese riesgo” y “desnuclearizará permanentemente” a Corea del Norte.

Mientras afirmaba que el Gobierno de Trump estaba comprometido con una “solución por medios diplomáticos”, algo que desmiente la crítica de Trump a su secretario de Estado, Rex Tillerson, en octubre por “perder el tiempo” buscando negociar con el Gobierno de Kim Jung Un. Pompeo dijo que la CIA estaba trabajando con el Pentágono para “preparar una serie de opciones para asegurarnos de que podamos ofrecer una variedad de cosas para que el presidente tenga el conjunto completo de posibilidades”.

Luego, manifestó que dejará “que otros se ocupen de la capacidad o la sabiduría de un ataque preventivo”.

El tema de la “capacidad”, sin embargo, ya se está decidiendo a través de una serie de acciones ominosas tomadas por el ejército estadounidense.

A principios de este mes, la Fuerza Aérea desplegó seis bombarderos B-52H Stratofortress junto con 300 aviadores de la base aérea Barksdale en Luisiana al territorio estadounidense de Guam para reemplazar a seis bombarderos B-1B Lancer. El posicionamiento de los B-52, los cuales, a diferencia de los bombarderos B-1B, son capaces de lanzar armas nucleares, marca una gran escalada.

Bombardero estadounidense B-2, capaz de arrojar bombas nucleares

“El regreso del B-52H al Pacífico proporcionará al Comando del Pacífico de Estados Unidos y a sus aliados y socios regionales una plataforma de proyección de poder estratégica y creíble”, dijo la Fuerza Aérea en un comunicado. “El B-52 es capaz de volar a altas velocidades subsónicas a altitudes de hasta 50.000 pies y puede transportar municiones nucleares o convencionales de precisión guiada en todo el mundo. Este despliegue a posiciones avanzadas demuestra el compromiso continuo de EUA con sus aliados y socios en la región del Indo-Pacífico”.

Una semana antes, el Pentágono desplegó tres bombarderos furtivos con capacidad nuclear B-2 en la base aérea de Guam.

Los despliegues son la primera vez en casi dos años y medio en que los tres bombarderos B-52, B-2 y B-1B se encuentran en Guam, a solo 3.500 km de distancia de los objetivos en Corea del Norte.

La agencia de noticias Bloomberg informó el miércoles que la Fuerza Aérea estadounidense, “Desplegó una versión mejorada de la mayor bomba no nuclear de EUA, un ‘destructor de búnkers’ de 30.000 libras” que solo puede ser transportado por los bombarderos furtivos B-2 ahora desplegados en Guam”.

El arma, que es más grande que la denominada madre de todas las bombas (MOAB, por sus siglas en inglés) que fue arrojada en Afganistán en abril pasado, “podría utilizarse si EUA decidiera atacar instalaciones subterráneas de misiles nucleares en Corea del Norte”, informó Bloomberg.

Mientras tanto, el USS Carl Vinson, un superportaviones Nimitz de la Armada estadounidense y su conjunto acompañante de destructores con misiles guiados y otros buques de guerra partieron de San Diego a principios de este mes y tienen previsto llegar a la península coreana antes de los Juegos Olímpicos de Invierno en Pyeongchang, Corea del Sur, que comienzan el 9 de febrero. Esta flotilla se unirá al grupo de batalla del portaaviones USS Ronald Reagan en Japón.

El USS Wasp, un portaaviones miniatura de 40.000 toneladas, ahora está operando desde Japón, cargando los jets F-35B, las aeronaves de guerra más avanzadas del Pentágono. Son capaces de transportar bombas de gravedad termonucleares B61, un arma de destrucción de búnkeres y excavación que podría ser utilizada contra instalaciones subterráneas nucleares y de comando y control en Corea del Norte.

Junto a esta acumulación de fuerzas de ataque nuclear, las tropas terrestres y aerotransportadas estadounidenses han estado ensayando para una invasión en bases en todo Estados Unidos, mientras que 1.000 reservistas del Ejército han sido llamados al servicio activo para operar los “centros de movilización” utilizados para el rápido movimiento de tropas de ultramar.

Estos febriles preparativos militares están teniendo lugar mientras Corea del Sur ha convencido a Washington de cancelar los ejercicios militares conjuntos planeados en la península de Corea, que Pyongyang había denunciado como una provocación y preparación para una invasión.

El Gobierno surcoreano del presidente Moon Jae-in ha utilizado los Juegos Olímpicos de Invierno del 2018 para reanudar el diálogo con Corea del Norte, la cual acordó enviar una gran delegación a los juegos. Las jugadoras de hockey sobre hielo de Corea del Norte y Corea del Sur se unieron por primera vez en un equipo unificado.

Kim Jong-un emitió una declaración conciliatoria el jueves llamando a todos los coreanos “en casa y en el extranjero” a trabajar para “mejorar rápidamente las relaciones norte-sur” y para un “avance para la reunificación independiente”.

Mientras tanto, en Davos, la canciller surcoreana, Kang Kyung-wha, dijo en una conferencia de prensa: “El problema nuclear debe resolverse mediante negociaciones y esfuerzos diplomáticos. Esta idea de una solución militar es inaceptable”.

Sin embargo, se negó a hacer comentarios cuando se le preguntó si Washington le había dado a Seúl garantías claras de que no llevaría a cabo un ataque militar unilateral. Lugo, agregó, “Este es nuestro destino que está en juego. Cualquier opción que se tome en la península de Corea, no se puede implementar sin que nosotros estemos de acuerdo”.

No obstante, no queda claro de ninguna manera que el Gobierno de Trump le haya otorgado a Seúl un poder de veto para bloquear una acción militar de EUA. No cabe duda alguna de que Washington ve las conversaciones entre Seúl y Pyongyang como una amenaza a su política de “presión máxima” contra Corea del Norte y un posible obstáculo para sus preparativos de guerra.

Lejos de disminuir el impulso bélico de EUA, cualquier paso de acercamiento entre Seúl y Pyongyang probablemente solo aumentará la presión sobre la élite política de Estados Unidos y su aparato militar y de inteligencia para resolver el problema mediante la agresión militar.

En medio de su acumulación militar, el Gobierno estadounidense impuso el miércoles una nueva ronda de sanciones destinadas a estrangular la economía de Corea del Norte. Estas últimas sanciones se dirigieron a nueve entidades, 16 personas y seis barcos de Corea del Norte. La lista incluye dos empresas comerciales con sede en China.

Beijing reaccionó con hostilidad a las nuevas sanciones. “China se opone resueltamente a que cualquier país use sus propias leyes para llevar a cabo una jurisdicción de largo alcance sobre compañías o individuos chinos”, dijo un vocero del Ministerio de Relaciones Exteriores.

El continuo peligro de guerra en la península de Corea, que conlleva la amenaza de una conflagración nuclear que podría cobrar la vida de millones, fue citado el jueves por el Boletín de los Científicos Atómicos en su decisión de mover la manecilla de su llamado Reloj del Juicio Final, que ha mantenido desde 1947, 30 segundos hacia adelante, hasta dos minutos hasta la medianoche. Esta es la segunda vez en más de siete décadas que el grupo ha dado tan grave evaluación de la amenaza de una guerra nuclear.

Su reporte también se refirió a la amenaza hecha por el Gobierno de Trump de suspender el acuerdo nuclear con Irán y las tensiones cada vez más profundas entre Estados Unidos y Rusia, las dos mayores potencias nucleares del mundo. También llamó la atención sobre la Revisión de la Postura Nuclear de la Administración Trump, que busca “aumentar los tipos y funciones de las armas nucleares en los planes de defensa de EUA y disminuir el umbral” para su uso.

También recientemente, la Administración y el Pentágono publicaron una nueva estrategia de seguridad nacional y una estrategia de defensa nacional, que deletrean un cambio fundamental en la estrategia estadounidense, reemplazando la “guerra global contra el terrorismo” que ha librado EUA por dos décadas con la preparación para conflictos de “gran poder” y una guerra mundial, donde hacen hincapié en la expansión del arsenal nuclear de Washington.

(Artículo publicado originalmente el 26 de enero de 2018)