Se escala conflicto en Washington con informe que Trump intentó despedir fiscal especial

por Patrick Martin
30 enero 2018

Un informe publicado el jueves por la noche por el New York Times acusando que presidente Trump ordenó el despido del fiscal especial Robert Mueller el junio pasado y solo fue disuadido cuando su abogado principal amenazo presentar su dimisión, lo cual señala una nueva etapa en la guerra política en curso dentro de Washington.

El informe estableció el tono para el reportaje durante todo el viernes, con comentaristas mediáticos declarando que la acción propuesta por Trump se añade a la evidencia de ser culpable de obstrucción a la justicia, un delito que podría resultar en impugnación. El Times dio seguimiento al informe con un extenso editorial publicado el viernes por la tarde, en el cual exigió saber qué es lo que Trump temía que Mueller descubriera en su investigación en torno a la supuesta trama rusa en la elección presidencial de 2016.

El editorial, más largo y destacado de lo normal, indica una intensificación de la campaña mediática sobre la investigación de la trama rusa. Bajo el estridente titular “¿Por qué teme la verdad el presidente Trump?”, el Times declaro que su informe sobre el intentado despido de Mueller había establecido un patrón: “El presidente de los Estados Unidos ha intentado repetidamente a cerrar la investigación sobre si su campaña electoral había coordinado con oficiales rusos para asistirlo con ganar la elección de 2016.

El fondo del informe del Times fue confirmado en detalle por varios otros medios de comunicación, y hasta concedido por los medios pro Trump de ultraderecha como Fox News. En los siete meses desde los acontecimientos descritos por el Times, Trump ha negado haber intentado despedir a Mueller, reiterando su negativa en Davos, Suiza al asistir el Foro Económico Mundial, descartando el informe del Times como “noticias falsas.”

Según los reportes mediáticos, se enfureció Trump por el nombramiento de Mueller como fiscal especial tras el despido el 9 de mayo del director del FBI James Comey, quien había encabezado la investigación de la trama rusa en aquel entonces.

Los informes de prensa a principios de junio revelaron que Mueller investigaba no solo la cuestión de injerencia rusa y la posible colusión con la campaña electoral de Trump, sino también la conducta de Trump mismo en buscar formas de impedir la investigación, incluso el despido de Comey. En respuesta, Trump exigió que su abogado especial de Casa Blanca Don McGahn llevara la orden al Departamento de Justicia de mandar al Fiscal General Adjunto Rod Rosenstein a despedir a Mueller.

Rosenstein superviso la conducta de Mueller porque el Procurador General Jeff Sessions se había retirado de toda investigación acerca de la campaña electoral de Trump, en la cual había desempeñado un papel prominente.

McGahn rehusó transmitir la orden, indicándole a Trump que despedir a Mueller produciría una conflagración que destrozaría la presidencia, y amenazo su dimisión. Trump desistió, y no se efectuó ninguna medida.

Según el recuento del Times, Mueller mismo solo se enteró de la amenaza a despedirlo “en los meses recientes mientras que sus investigadores entrevistaran altos funcionarios activos y anteriores de la Casa Blanca en su indagación sobre si el presidente había obstruido a la justicia.” McGahn y otro testigo al incidente, el exjefe de estado de la Casa Blanca Reince Priebus, habían sido entrevistados en la investigación de la trama rusa. Un tercer testigo, el exconsejero político principal de la Casa Blanca, Stephen Bannon, será entrevistado pronto.

El informe del Times detalló lo que sostuvo ser pretextos sugeridos por Trump para argumentar que Mueller tenía conflictos de interés que lo descalificaría de dirigir la investigación de la trama rusa­, desde lo dudoso—Mueller fue entrevistado por Trump para reemplazar Comey como el director del FBI, y había trabajado previamente en un despacho jurídico que también representaba al yerno de Trump, Jared Kushner—hasta lo ridículo—Mueller había renunciado del Trump National Gold Club en los suburbios de Virginia sobre una disputa sobre cuotas.

El verdadero motivo, al igual con el despido de Comey, es que Trump quería cerrar la investigación de la trama rusa impulsada por sus enemigos políticos dentro del aparato militar y de inteligencia que se oponen a la menor idea de cualquier retroceso de la línea política exterior beligerante anti Moscú adoptado por el gobierno de Obama durante su segundo mandato.

El pretexto original de la investigación, la aseveración de injerencia masiva rusa en las elecciones estadounidenses, es un invento. Por ejemplo, la cantidad total gasta por supuestas entidades rusas a través de anuncios en Facebook en contra Hillary Clinton apenas alcanzaron los 100 mil dólares, una gota en el océano en comparación a los miles de millones invertidos por los dos partidos capitalistas, particularmente por los demócratas, quienes cuentan con recursos mayores dado que Clinton fue la candidata favorecida de Wall Street.

No obstante, un efecto de la campaña antirrusa ha sido provocar a Trump en tomar medidas vengativas contra sus oponentes políticos, como la despida de Comey, las cuales se podrían mantener que constituyeran una obstrucción a la justicia. Aunque no cuenta como obstrucción en el sentido legal o criminal, fue un delito político que lleva la posibilidad de impugnación, particularmente si el Partido Demócrata llegara a ganar control de la Cámara de Representantes en las elecciones del noviembre de 2018.

Tras la despida de Comey, hasta ciertos sectores de los republicanos en el congreso han advertido que Trump debería cesar cualquier esfuerzo en impedir la investigación de la trama rusa. Fue con el objeto de prevenir más disminución del apoyo congresal a Trump que motivó a McGahn oponerse al despido de Mueller el junio de 2017.

Dos cambios de personal significativos ocurrieron poco después de esta crisis. Trump despidió a su abogado personal Marc Kasowitz, reemplazandolo con dos abogados capitalinos, John Dowd y Ty Cobb, el segundo conocido desde mucho tiempo por Mueller.

De mayor importancia fue la destitución de Priebus y su reemplazamiento por el general John Kelly, previamente dirigente del Departamento de Seguridad Nacional. Con generales activos y antiguos dirigiendo el personal de la Casa Blanca, el Consejo de Seguridad Nacional y el Pentágono, el encumbramiento de Kelly trajo el alto mando militar a su nivel de influencia mayor en un gobierno de los EE UU.

La consolidación de esta camarilla militar, entre otras cosas, sirve como promesa que no hubiera ninguna moderación de la política de los EE UU ante Rusia. Desde entonces el gobierno Trump ha mantenido sanciones económicas contra Rusia, aprobado el envío de armas letales a Ucrania, y ha reforzado la intervención militar en Siria, ahora dirigida abiertamente hacia la derroca del régimen de Bashar al-Assad apoyado por los rusos.

Aun así, permanecen puntos conflictivos entre la Casa Blanca de Trump y sus oponentes políticos dentro de la elite dirigente, tanto en el Partido Demócrata tanto como el aparato militar y de inteligencia. No existe algún lado progresivo en este conflicto. Ambas facciones son implacables defensores derechistas del imperialismo estadounidense.

El significativo principal del informe del Times es el hecho de que llega siendo a una advertencia más dirigida a Trump de no intentar a destituir a Mueller, dado que la Casa Blanca se ocupa en el momento con negociar los términos bajo cuales Trump mismo dará testimonio a la investigación de la trama rusa.

Esto fue enfatizado por el demócrata de más alto rango en la Comisión Selecta del Senado sobre Inteligencia, Mark Warner de Virginia, un multimillonario y ex jefe de telecomunicaciones con vínculos estrechas a la CIA y el Pentágono. Declaro que el despido de Mueller sería “una linea roja que el presidente no se le permitirá cruzar,” añadiendo que “cualquier intento de retirar al fiscal especial, indultar testigos claves o interferir de cualquier otro modo en la investigación seria un abuso grave del poder, y todos los miembros del Congreso de ambos partidos tienen la responsabilidad a nuestra Constitución y nuestro país de dejar eso claro inmediatamente.”

Warner y varios otros senadores y congresistas renovar la llamada para pasar legislación que protegería Mueller y futuros fiscales especiales de las represalias presidenciales a través de un jurado de tres jueces para monitorear y dictaminar si había “causa justificada” en una despida de este tipo.

(Artículo publicado originalmente en inglés el 27 de enero de 2018)