El desfile militar de Trump y la amenaza de una dictadura militar

10 febrero 2018

La orden del presidente estadounidense, Donald Trump, a la cúpula del Pentágono de fraguar planes para un desfile militar por la avenida Pennsylvania en la ciudad capitalina de Washington este mismo año es un evento político que se debe percibir con una seriedad vital.

El diario Washington Post reportó que la solicitud fue hecha a altos funcionarios militares, incluyendo al secretario de defensa y, hasta hace poco, general del Cuerpo de Marines, James “Perro Rabioso” Mattis, y al presidente del Estado Mayor Conjunto, el general Joseph Dunford, el 18 de enero en “el tanque”, es decir, el cuarto secreto de reuniones del Estado Mayor Conjunto en el Pentágono.

“Esto está siendo trabajado en los más altos niveles de las fuerzas armadas”, le comentó en anonimidad un oficial militar al Post. Las posibles fechas para el desfile incluyen el Día de los Caídos en Guerra, el Día de la Independencia de EUA, o el Día de los Veteranos.

Algunos reportes de la prensa han atribuido la demanda a la envidia del mandatario hacia el desfile militar que presenció en Francia junto al presidente Emmanuel Macron, viendo como las tropas francesas marchaban por la avenida de los Campos Elíseos con tanques y otros vehículos militares el Día de la Bastilla en julio del año pasado.

Mientras que ha habido algunos artículos críticos e irónicos publicados en la prensa corporativo sobre los planes para un desfile, se asegurar que cada uno de los principales periódicos y medios de difusión se dispondrán a servir como porristas en el momento en que tropas y tanques estén desfilando por la avenida Pennsylvania.

Esto se trata de mucho más que un deseo impresionista del presidente norteamericano. El desfile francés meramente le dio a Trump el pretexto para expresar una agenda militarista que adoptó mucho antes de llegar al poder y que está basada en puntos de vista fascistas absorbidos como niño de su padre, un exmiembro del Ku Klux Klan, y cultivadas en una escuela militar privada.

En una entrevista con el Washington Post, antes de su investidura en enero del 2017, Trump declaró: “Les mostraremos a las personas cómo robustecemos nuestro ejército… Ese ejército podría marchar por la avenida Pennsylvania. Ese ejército podría sobrevolar la ciudad de Nueva York y Washington DC, en desfiles. Quiero decir, estaremos exhibiendo nuestro ejército”.

Varios documentos obtenidos meses después de su inauguración develaron que altos miembros de la Comisión Inaugural Presidencial de Trump le pidieron al Pentágono una lista y fotografías de tanques, lanzadores de misiles y otros vehículos militares y otros vehículos militares que pudieran desplegar como un desfile inaugural. En ese momento, el Pentágono respondió con mucha renuencia a organizar tal evento, por lo que los asesores de Trump descartaron la propuesta.

En cambio, la inauguración incluyó el extraño e inquietante episodio de 10 oficiales militares de los distintos servicios armados marchando detrás del presidente entrante y quedándose en formación brevemente detrás de Trump, mientras éste pronunciaba su diatriba de tendencia fascista.

Si el viejo deseo de Trump de ver tanques cruzar la principal vía pública del Capitolio y la Casa Blanca y recibir el saludo como comandante el jefe de las legiones uniformadas de EUA está apunto de ser realizado, es debido a profundos cambios en la sociedad estadounidense y el Estado capitalista.

El último gran desfile militar en EUA fue organizado por el Gobierno de George H. W. Bush hace más de un cuarto de siglo para celebrar la primera guerra estadounidense unilateral y criminal contra Irak. Descrito por oficiales estadounidenses como “una caza de pavos”, la guerra fue testigo de la masacre a manos de los militares estadounidenses de decenas de miles de tropas iraquíes indefensas, principalmente por medio de ataques aéreos. EUA sufrió tan solo alrededor de 100 bajas por combate. Las bombas y los misiles asolaron gran parte de la infraestructura básica del país, mientras que las sanciones punitivas condujeron a la muerte de centenares de miles, la mayoría niños.

El desfile tenía como objetivo celebrar el supuesto “momento unipolar” de Washington y para que Bush pudiera presumir que la carnicería en Irak significaba que EUA finalmente se había “sacudido el síndrome de Vietnam”. Como lo ha dejado claro el último cuarto de siglo de guerras continuas, la Guerra del Golfo fue tan solo un eslabón en el recrudecimiento de la crisis del imperialismo estadounidense y mundial y del colapso del orden global desde la Segunda Guerra Mundial.

El evento fue además un episodio vergonzoso que inspiró poco entusiasmo y no hizo nada para disminuir la prevalencia de hostilidad al militarismo y sentimientos antibélicos en la población.

¿Qué celebrará el desfile de Trump? Las tropas estadounidenses están participando en combates en amplios sectores del mundo, con aviones estadounidenses bombardeando a siete países diferente sin un camino claro a una “victoria” en ninguno de ellos.

Los funcionarios del Gobierno han declarado que el espectáculo en la avenida Pennsylvania será para mostrarles “amor y respeto” a nuestras tropas. Tan desgastada mentira es utilizada por todas las clases gobernantes capitalistas para esconder su indiferencia y desdén hacia aquellos que emplea como carne de cañón en busca de sus conquistas imperialistas e intereses globales económicos.

Si acaso, el desfile reflejará una celebración de militarismo y de la militarización en marcha por parte del Gobierno estadounidense actual, con la presencia de la camarilla de generales retirados y activos que lo dominan, incluyendo a Mattis, al jefe de personal de la Casa Blanca, John Kelly (retirado), y el asesor de seguridad nacional, el general H. R. McMaster.

Será un show fuerza e intimidación contra todos los enemigos reales y potencias, externos e internos, de este régimen cuasi militar. Buscará ponerle una dentadura a la amenazante retórica de Trump, quien ha denunciado a aquellos que se rehusaron a ponerse de pie y aplaudir durante su discurso del Estado de la Unión como “antiestadounidenses” y “traidores”.

El desfile se producirá mientras los altos mandos de EUA cambian el curso del ejército de su enfoque por dos décadas en la “guerra global contra el terrorismo” a la preparación para conflictos “entre las grandes potencias”, i.e. una confrontación con las potencias nucleares de Rusia y China. Esto fue detallado en una serie de documentos de estrategia para la defensa nacional y de política nuclear que fueron publicados durante las últimas semanas.

Dicho giro estratégico va acoplado con una enorme expansión del poderío militar estadounidense, el cual ya absorbe más recursos en armas que los siguientes ocho países en combinación.

Hace más de medio siglo, el presidente Dwight Eisenhower advirtió en su discurso de despedida sobre la amenaza extrema para la democracia estadounidense que representaba el auge del “complejo militar-industrial”. Desde entonces, este poder conjunto del Pentágono y la oligarquía corporativa y financiera se ha agigantado más de lo que el difunto “Ike” hubiese podido imaginar.

Este proceso encuentra su expresión enferma tanto en la figura de Donald Trump como en los cambios en las formas de gobierno. Los vestigios restantes de la democracia son cada vez menos compatibles con un orden social dominado por un puñado de plutócratas que han acumulado sumas desorbitantes de riqueza a costas de la clase obrera, la gran mayoría de la población.

Están emergiendo nuevas formas de gobierno, con los contornos de un régimen cuasi militar visibles. Son evidentes en los procedimientos sobre el presupuesto. El Congreso está preparando una asignación bipartidista que aumentará en $160.000 millones el gasto militar por dos años, mientras que dejará a 700.000 inmigrantes indocumentados al borde de ser deportados y dejará el tablero listo para imponer enormes recortes sociales para poder financiar la expansión armamentista.

El secretario de Defensa de Trump, el general Mattis, tomó el podio para dar una conferencia de prensa en la Casa Blanca el miércoles con el fin de elogiar el acuerdo cuya imposición él mismo encabezó. Reiteradamente declaró ante el Congreso, pero no como un solicitante de fondos, sino como un jefe militar ordenando a marchar a los civiles e indicando que cualquier impedimento a fondos ilimitados para el Pentágono sería una apuñalada en la espalda para las tropas del país.

La “oposición” del Partido Demócrata a Trump es de un carácter totalmente fraudulento y una maniobra de distracción. En la medida en que se han opuesto a la Administración, ha sido desde la derecha, basándose en demandas para una postura más belicista contra Rusia. Al mismo tiempo, han promovido a los generales que administran la Casa Blanca, caracterizándolos como “los adultos presentes” para restringir a Trump.

Siempre ha habido disputas dentro de los mandos militares de EUA entre una facción de cierto modo apolítica que acepta el principio constitucional de control civil y otra facción, representado por figuras como los generales Douglas McArthur y Curtis Lemay en los años cincuenta, que está preparada bajo las circunstancias correctas para llevar a cabo un golpe militar.

Las décadas de guerra continua, una fuerza compuesta completamente por “voluntarios”, y la separación cada vez más marcada del ejército como un estamento separado de la población civil han creado una capa cada vez más politizada y derechista al mando de la jerarquía militar. No hay razón para dudar que elementos militares como el despiadado antiinmigrante Kelly, al igual que Mattis y McMaster, sean igual de reaccionarios que Trump, sino más.

Estando aliados con Wall Street y la CIA, estos elementos se están acercando a un gobierno de facto militar, a medida que el gobierno civil es minimizado a un papel de fachada política.

No es ninguna exageración preguntarse: Si despliegan tropas en las calles de Washington, ¿cómo sabremos que las quitarán? ¿O, pondrá esta demonstración en marcha una ocupación militar permanente de la capital estadounidense?

(Artículo publicado originalmente en inglés el 8 de febrero de 2018)

Bill Van Auken