Demócratas y Republicanos aprueban presupuesto para alistar a EUA para la guerra

12 febrero 2018

El proyecto de ley presupuestario aprobado de forma bipartidista en el Congreso y promulgado por el presidente Trump marca una escalada de la burguesía estadounidense en sus esfuerzos de contrarrevolución social y dominio militar global.

El acuerdo, el cual alcanzó el escritorio de Trump solo gracias al apoyo de legisladores demócratas, pone de manifiesto el carácter oligárquico de la sociedad estadounidense. Detrás de las arremetidas y recriminaciones entre los demócratas, los republicanos y Trump, son las corporaciones y las agencias militares y de inteligencia que dictan la política estatal. Todas las secciones de la aristocracia financiera concuerdan: las críticas necesidades sociales de la clase trabajadora tienen que ser subordinadas al lucro privado y a la preparación de la máquina militar estadounidense para otra gran guerra.

El trato sobre el presupuesto le provee $1,4 billones para el gasto militar por los próximos dos años, un aumento del 13 por ciento en comparación con el 2017 y 7 por ciento más que la Casa Blanca pidió. El aumento por año —de $80.000 millones— es mayor al gasto militar total de la suma de todos los otros países del mundo menos China.

Otros $71.000 millones serán destinados a “operaciones de contingencia en el exterior”, es decir las guerras en marcha, dando señal de que se planea continuar indefinidamente la guerra de 17 años en Afganistán y escalar las guerras en Siria, donde ataques aéreos y de artillería estadounidenses mataron el miércoles a más de 100 tropas que respaldan al Gobierno.

En preparación para la posibilidad de que la expansión de las operaciones militares estadounidenses en el exterior pueda desencadenar conflictos con alguna potencia nuclear, como Rusia o China, el presupuesto le provee al ejército los recursos necesarios para reemplazar todo su arsenal nuclear. Elimina los límites al gasto militar que fueron instituidos en el 2013 como parte de un acuerdo bipartidista que buscaba ponerle un techo al gasto social, solo para darle paso a un presupuesto aún más astronómicos para el Pentágono.

El papel de los demócratas en su adoptación devela el carácter derechista de su oposición a Trump. Fueron los demócratas los que se aseguraron de que hubiera suficientes votos para que el proyecto de ley pasara ambas cámaras después de que una facción de ultraconservadores fiscales republicanos en la Cámara de Representantes se opusiera. Cuatro senadores demócratas votaron a favor por cada uno que se opuso, consistiendo en más votos a favor y menos en contra que los republicanos. En la Cámara de Representantes, 73 demócratas, cuyo rechazo hubiera condenado al proyecto de ley por un amplio margen, votaron a favor.

Después de que los demócratas salvaran la legislación presupuestaria, Trump la firmó y tuiteó: “Acabo de firmar el proyecto de ley. Nuestro ejército será más fuerte que nunca. Amamos y necesitamos a nuestros militares y les hemos dado todo”. El líder de la minoría demócrata en el Senado, Charles Schumer, hizo eco de Trump, elogiando el acuerdo por “darles a nuestras fuerzas de combate los recursos necesarios para que nuestro país esté a salvo”.

Para darle una fachada democrática al presupuesto de guerra, Schumer indicó que aumenta el gasto social. En realidad, el grueso del gasto no militar consiste en una expansión mínima de varios programas existentes, como los centros de salud comunales (CHS, siglas en inglés) y el programa de seguros de salud infantiles (CHIP). Antes de este presupuesto, el 54 por ciento de los gastos discrecionales, aquellos que no incluyen garantías sociales como Medicare y el seguro social, iban a los militares. Esta figura ahora pasó a 59 por ciento.

Una parte mínima del aumento en el presupuesto irá a personas necesitadas. Por ejemplo, se estarán poniendo a disposición $2.000 millones para reestablecer la red eléctrica en Puerto Rico, donde una tercera parte de la población ha permanecido sin electricidad por más de cuatro meses desde el huracán María. Como un marcado contraste, también habilitará $2.300 millones en fondos para la recuperación de la industria cítrica en Florida. Puerto Rico ha estimado que reparar su sistema eléctrico costará $17.000 millones.

Al mismo tiempo, fueron designados $6.000 millones para la crisis de opiáceos, un factor protagonista en la caída de la esperanza de vida en EUA. Esta cantidad, sin embargo, es mucho menor a los $45.000 millones propuestos por el debate sanitario en el Congreso el año pasado, una cifra que los principales expertos llaman “deplorable”.

Más allá, gran parte de los $6.000 millones serán para armar a la policía y enjuiciar a los usuarios de las drogas. Un funcionario anónimo de la Casa Blanca le indicó el jueves a CNN que el gasto de opiáceos constituye “una cuestión de aplicación de la ley”. El mismo día, el fiscal general, Jeff Sessions responsabilizó a las mismas víctimas por la crisis de opiáceos, la cual ha cobró 63.000 vidas en el 2016. “Quiero decir, la gente necesita tomarse una aspirina de vez en cuando”, dijo Sessions. “Aguantarse”.

El presupuesto apenas incluye $20.000 millones para infraestructura. Según la Administración Federal de Autopistas, se necesitan $328.000 millones solo para reponer los puentes en mal estado en EUA.

Por encima del billonario recorte de impuestos para los ricos, al cual nunca se opusieron seriamente los demócratas, el enorme aumento en el gasto militar aumentará el déficit federal en más de $1 billón. La campaña para utilizar el aumento en la deuda como justificación para eviscerar programas sociales básicos de los años treinta y sesenta —como el seguro social jubilatorio y los seguros médicos Medicare y Medicaid— ya está en marcha.

En su conferencia de prensa semana, el presidente republicano de la Cámara de Representantes, Paul Ryan, repitió su promesa de librar una guerra contra las garantías sociales. “El ejército no es la razón por la cual tenemos problemas fiscales. Son los beneficios sociales”, declaró.

Después de promulgar el proyecto de ley el viernes, Trump dijo que el gasto social en el acuerdo era un “desperdicio”. Luego, añadió que “los costos no militares nunca bajarán si no elegimos a más republicanos en las elecciones del 2018 y en el futuro”.

Quizás lo más cínico en el escenario político de la aprobación del presupuesto fue un discurso de ocho horas el miércoles por parte de la líder de la minoría demócrata en la Cámara de Representantes, quien leyó las historias de jóvenes inmigrantes indocumentados que forman parte del programa Acción Diferida para Llegados en la Infancia (DACA, por sus siglas en inglés). El proyecto de ley no incluye protección para los 800.000 beneficiarios de DACA que se enfrentan a una posible deportación a partir del 5 de marzo, cuando expira el programa.

La charada de Pelosi, después de que se anunciara el acuerdo presupuestario entre ambos partidos en el Senado, fue un intento elaborado para darle una cubierta política al Partido Demócrata, el cual ya había acordado proveer los votos necesarios para el presupuesto en la cámara baja. Como es típico, se le permitió a un número de demócratas emitir votos insignificantes en contra a fin de preservar sus cartas de presentación “progresistas” para próximas elecciones.

Los demócratas solo cargan desprecio hacia aquellos que han intentado empujarlos a la izquierda. El senador de Ohio Sherrod Brown comentó lo siguiente acerca de sus constituyentes que le pidieron votar en contra: “Si la sugerencia es si les tengo miedo o que afecte mi registro de votos, la respuesta es por supuesto no”.

La aprobación del proyecto de ley del presupuesto muestra el carácter social y el rol político del Partido Demócrata. Es un partido tan proguerra y proempresarial como su contraparte republicana. Éste comparte las metas del Gobierno de Trump de fortalecer la “seguridad fronteriza”, reducir los impuestos para los ricos, aumentar las ganancias corporativas y preparar al ejército para una guerra total —incluyendo su componente interno de represión—.

Las principales diferencias del Partido Demócrata con Trump son de un carácter derechista que, ante todo, procura obligar a Trump a adoptar una política más belicista contra Rusia en Europa del Este y Oriente Próximo. La histeria fomentada por el Partido Demócrata contra la “interferencia rusa”, incluyendo la fraudulenta investigación Mueller sobre una colusión de Trump con los rusos, es un elemento central de esta campaña. La acompaña la reaccionaria campaña contra las “noticias falsas” en redes sociales, cuyo objetivo es sentar las bases para la censura del Internet y un ataque cada vez más profundo a la libertad de expresión.

En la clase obrera, hay una amplia oposición de un carácter completamente diferente, basado en el enojo por la pobreza, la desigualdad social, la violencia policial, el agua envenenada, la deuda estudiantil, los costos de salud y el temor a la deportación. Este tremendo poder social en potencia tiene que ser despertado y dado una dirección independiente y socialista. Es solo sobre esta base que se pueden detener los planes catastróficos de guerra del imperialismo estadounidense.

(Artículo publicado originalmente en inglés el 10 de febrero de 2018)

Eric London