La condición de las mujeres de la clase obrera en el Día Internacional de la Mujer

10 marzo 2018

Se habla más sobre género hoy día en la prensa estadounidense y global que posiblemente en cualquier otro momento en la historia. La campaña #MeToo (#YoTambién) ha supuestamente arrojado más luz que nunca sobre las condiciones de las mujeres. Prácticamente ninguna otra cosa anima a los medios estadounidenses y Hollywood.

Pero es un fraude. Casi todas las mujeres recibiendo toda la cobertura pertenecen a los niveles socioeconómicos más altos, el 5 o 10 por ciento más rico. Las mujeres de clase trabajadora no aparecen en ninguna parte, más allá de ciertas excepciones simbólicas que demuestran la norma.

Este sesgo de clase en la cobertura mediática refleja una realidad social mayor: la brecha entre las mujeres pudientes y las mujeres de la clase trabajadora se ha ensanchado dramáticamente durante las últimas décadas. Durante este Día Internacional de la Mujer en el 2018, ¿cuáles son las condiciones de la gran mayoría de mujeres en el mundo, aquellas ignoradas por la prensa y aquellas cuyos rostros y reclamos no aparecen en los noticieros.

Actualmente, de los 1,3 mil millones de 7,6 mil millones de habitantes en el planeta que viven en extrema, 70 por ciento son mujeres o niñas, según Project Concern International.

De aproximadamente 65,6 millones de refugiados, quienes escapan de la guerra, el hambre y la violencia, alrededor de la mitad son mujeres. Las mujeres que han sido desplazadas internamente, aquellas no acompañadas, embarazadas, las jefas de hogar, las discapacitadas o de mayor edad son particularmente vulnerables.

Cada día, aproximadamente 830 mujeres en el mundo mueren de causas prevenibles relacionadas con el embarazo y la concepción. Alrededor del 99 por ciento de las muertes maternas ocurren en los llamados países en desarrollo. Se han logrado ciertos avances en esta área, con la tasa de mortalidad materna global cayendo un 30 por ciento entre 1990 y el 2015.

Sin embargo, en Estados Unidos, la mortalidad materna aumentó 56 por ciento —de 16,9 muertes por cada 100.000 habitantes en 1990 a 24,7 muertes en el 2015—. En este ámbito, EUA les hace compañía a algunas de las naciones más pobres de África subsahariana. Luxemburgo, Canadá y Grecia fueron los otros países con aumentos en la mortalidad maternal, pero sus tasas siguen siendo entre dos a tres veces más bajas que EUA. ¿Cómo se explica esto en el 2018 en el país más rico de la Tierra?

La situación crítica de las trabajadoras en EUA es inseparable de la situación crítica de la clase obrera en su conjunto. Estados Unidos se sitúa consistentemente como el país con los ingresos más desiguales. Las escandalosas estadísticas sobre mortalidad maternal, pobreza, salarios y desempleo para las mujeres en el país son un reflejo de la captación de una porción cada vez mayor de riqueza nacional en manos de la élite gobernante y de los recortes en la seguridad sociales por parte de los dos partidos de las grandes empresas.

Un medio siglo después de que la Administración de Lyndon Johnson inaugurara la “Guerra contra la Pobreza”, más de la mitad de los 37 millones de estadounidenses oficialmente calificados como pobres son mujeres. Otra estadística muestra que más de 100 millones de estadounidenses viven al borde de la pobreza, cruzando de un lado a otro; cerca del 70 por ciento de estas personas son mujeres y niños.

El cuarenta por ciento de todos los hogares con menores incluyen madres que son la principal o única fuente de ingresos. Las mujeres ocupan casi dos terceras partes de los puestos con salario mínimo en EUA. El ingreso medio de las trabajadoras de tiempo completo todavía es aproximadamente tres cuartas partes del ingreso medio de sus contrapartes hombres. Pese a que las mujeres constituyen el 47 por ciento de los trabajadores entre 18 y 56 años de edad, conforman el 56 por ciento de los trabajadores pobres —aquellos que tienen un trabajo, pero no pueden escapar de la pobreza—.

Las problemáticas que enfrentan las trabajadoras son las mismas que enfrenta toda la clase obrera —la pobreza, la explotación, el desempleo, los ataques contra su acceso a la salud y a la educación pública, la degradación y violencia, incluida la violencia sexual, producidas por las guerras imperialistas—. Las cuestiones básicas respecto a los derechos humanos, incluyendo el derecho al aborto, siguen estando bajo ataque. Polonia ha prohibido completamente el aborto excepto en casos extremos. Varios estados de EUA han implementado restricciones severas al acceso de las mujeres a concluir sus embarazos, con Mississippi estando apunto de prohibir los abortos después de las 15 semanas.

No obstante, al mismo tiempo, 4 de los 10 CEO con los mayores salarios en EUA en el 2016 eran mujeres, apareciendo en la lista Equilar de los 100 ejecutivos más pagados dicho año. Sus compensaciones fueron:

Safra Catz de Oracle: $40,9 millones

Ginni Rometty de IBM: $33,3 millones

Meg Whitman de Hewlett Packard Enterprise: $32,9 millones

Indra Nooyi de PepsiCo: $25,1 millones

Estas ejecutivas y su pequeño club de mujeres multimillonarias se encuentran a una distancia de años luz de la gran mayoría de trabajadoras y sus familias en todo respecto. Su principal preocupación son sus portafolios de acciones y su estrategia para seguir escalando la jerarquía corporativa. Contratan niñeras, mientras los trabajadores luchan por costear una guardería; se debaten cuáles reconocidos vinos comprar y restaurantes frecuentar, mientras millones de familias luchan por tener comida en casa; toman decisiones sobre a cuál penthouse o mansión volarán en jet, mientras los trabajadores tienen dificultades con pagar su renta y evitar ser desahuciados.

Las paladinas egoístas y de clase media de los “derechos de la mujer” nos quieren hacer creer que la elevación de mujeres a las cúpulas corporativas constituye un gran avance para todas las mujeres. La realidad es muy diferente.

Es innegable que “las desigualdades de clase entre las mujeres son mayores ahora que nunca antes”, como escribió Ruth Milkman, profesora de sociología del Centro de Posgrado de CUNY, en la revista Sociologist en el 2017, usualmente un tabú en los círculos feministas. Sin embargo, esta realidad es tapada por los voceros del movimiento #MeToo, quienes durante el último año han abandonado todo proceso debido y normas legales en su cruzada contra un gran número de individuos, principalmente hombres, para descreditarlos y difamarlos en nombre de los derechos de la mujer. Esta burla ha sido confeccionada en nombre de todas las “mujeres”, pese a no tener nada que ver con avanzar los derechos y las preocupaciones del grueso de la población de sexo femenino.

La lucha por los derechos de la mujer es una cuestión social que tiene que ser resuelta en la palestra de la lucha de clases, no en una atmósfera creada por las juntas corporativas y Hollywood. Como explicó una vez Rosa Luxemburg: “La mujer de la clase propietaria siempre defenderá fanáticamente la explotación y esclavización del pueblo trabajador, a través del cual recibe los medios para su socialmente inútil existencia”.

Los orígenes del Día Internacional de la Mujer se remontan al 28 de febrero de 1909 en la ciudad de Nueva York, cuando el Partido Socialista de EUA organizó un Día Nacional de la Mujer. Dos años después en la misma ciudad, el 25 de marzo de 1911, 146 trabajadores textiles de la fábrica Triangle Shirtwaist fallecerían en un incendio, asfixiándose con el humo, directamente de las llamas, o brincando o cayendo a sus muertes. La gran mayoría, 123, eran mujeres, en gran parte inmigrantes judías e italianas recién llegadas de 16 a 23 años de edad.

Hace cien años, el 8 de marzo de 1917, según el calendario gregoriano, trabajadoras textiles comenzaron una manifestación en Petrogrado que marcó el comienzo de la Revolución Rusa, un evento que conllevó un progreso radical en las condiciones sociales y los derechos de todos los trabajadores, tanto de los hombres como las mujeres, en Rusia y en todo el mundo.

La lucha por el bienestar social, la dignidad y los derechos de las trabajadoras solo puede ser avanzada con base en esta gran tradición socialista, como parte de una batalla de toda la clase obrera internacional por la transformación socialista de la sociedad.

(Artículo publicado originalmente en inglés el 9 de marzo de 2018)

Kate Randall