Día Internacional del Trabajador del 2018

2 mayo 2018

Este primero de mayo, día de la solidaridad obrera internacional, el Comité Internacional de la Cuarta Internacional CICI) y el World Socialist Web Site les transmitimos nuestros saludos a los trabajadores en lucha en todo el mundo.

En representación del movimiento trotskista mundial, también enviamos nuestros saludos fraternales a todas las víctimas de las injusticias de la burguesía, en especial a los cruelmente victimizados trabajadores de Maruti Suzuki en India, los refugiados desposeídos de Oriente Próximo que son objeto de la brutal persecución de los Gobiernos imperialistas y capitalistas hostiles que les niegan sus derechos básicos como seres humanos, las víctimas en Gaza de la violencia homicida del régimen israelí, y los inmigrantes dentro de Estados Unidos, que están siendo cazados en operaciones propias de la Gestapo y deportados. El Comité Internacional también saluda a Julian Assange, quien continúa su valiente batalla para exponer la criminalidad imperialista, y promete redoblar sus esfuerzos para asegurar su libertad.

El Comité Internacional y el World Socialist Web Site también reafirma este primero de mayo del 2018 que no escatimaremos esfuerzos para movilizar a la clase obrera internacional y a la juventud en todo el mundo en lucha contra la escalada de ataques contra los derechos democráticos y la amenaza cada vez más presente de un autoritarismo derechista y respaldado estatalmente, y de guerras catastróficas.

Este primero de mayo contiene un significado histórico excepcional, ya que se acerca el 200º aniversario del nacimiento de Karl Marx, el gran filósofo materialista y pensador revolucionario del mundo moderno, el 5 de mayo de 1818. Hoy día, la campana de alarma sonada por Marx y Friedrich Engels, quien fue su camarada y amigo por décadas, en El manifiesto comunista —“¡Trabajadores del mundo, uníos!”— resuena poderosamente a medida que la clase obrera vuelve a entrar en una lucha abierta.

En Estados Unidos, el centro del capitalismo global, la clase obrera —tras décadas de traiciones a manos de los sindicatos corporativistas— está comenzando a flexionar sus músculos. Decenas de miles de maestros por todo el país están luchando contra la disminución de los salarios, el alza en los costos de salud y las consecuencias de décadas de recortes presupuestarios y austeridad presididos tanto por demócratas como por republicanos.

En Europa, los obreros se están movilizando en oposición a las medidas de austeridad y decretos dictatoriales del presidente Emmanuel Macron en Francia, mientras que los profesores universitarios en Reino Unido y cientos de miles de trabajadores industriales en Alemania han realizado importantes huelgas a principios del año. En enero, los trabajadores en Grecia frenaron el embarque de mercancías y el transporte público en oposición a las políticas de austeridad siendo impuestas a la fuerza por el Gobierno capitalista de Syriza, encabezado por el reaccionario impostor político, Alexis Tsipras.

Los primeros cuatro meses del 2018 han sido testigos de huelgas y manifestaciones por todo el mundo, incluyendo protestas de masas contra la austeridad en enero en Irán; huelgas de profesores escolares y universitarios en Nigeria, Kenia y Zimbabue; una huelga nacional de maestros en Túnez; huelgas de maestros en México, Brasil y Puerto Rico; una huelga de tres semanas de trabajadores tecnológicos en China; una huelga de trabajadores automotores en Windsor, Canadá, y muchas más.

Estos desarrollos representan tan solo la etapa inicial del proceso revolucionario, expansivo y explosivo de la lucha de clases. Desmienten las panaceas reaccionarias de la pseudoizquierda pequeñoburguesa, la cual ya descartó a la clase trabajadora como una fuerza social revolucionaria y afirmó que las luchas en la sociedad moderna se centrarán en cuestiones de raza, género y orientación sexual.

Aquellos que rechazaron el papel revolucionario de la clase obrera lo hicieron para justificar su alianza con y lealtad a las burocracias reaccionarias de los sindicatos. Ninguna posición del Comité Internacional de la Cuarta Internacional ha sido atacada tan fervientemente por la pseudoizquierda como la exposición del papel derechista y el carácter antiobrero de los sindicatos. Sin embargo, el conflicto entre los trabajadores y los sindicatos es un aspecto decisivo del crecimiento de la lucha de clases este 2018.

“El papel de estos aparatos burocráticos en cada país”, escribió la Workers League (Liga de los trabajadores), el predecesor del Partido Socialista por la Igualdad, en 1993, “se transformó de presionar a la patronal y al Estado para ganar concesiones para los trabajadores a presionar a los trabajadores para ganar concesiones para los patronos y el Estado”. El desarrollo de la lucha de clases, insistió, pondría en un conflicto cada vez más directo a los trabajadores con estas organizaciones.

Este análisis se ha visto confirmado en las experiencias de millones. Por más de un cuarto de siglo, los sindicatos han trabajado para suprimir toda oposición a una redistribución de la riqueza a favor de los ricos sin precedentes. Esta vasta transferencia de recursos ha alcanzado el punto en el que el uno por ciento de la población global controla más de la mitad de la riqueza global y se espera que controle dos terceras partes para el 2030.

Tanto más crezca la oposición a la desigualdad y la austeridad, mayores son los esfuerzos de los sindicatos para aislar y acabar cualquier resistencia a los dictados de la élite corporativa. En Estados Unidos, solo 25.000 trabajadores estuvieron involucrados en importantes paros laborales el año pasado, la segunda menor cifra desde 1947, a pesar de que todas las encuestas muestran un enojo social inmenso y una oposición al capitalismo. En Reino Unido, el número de jornadas laborales perdidas por huelgas fue 322.000 en el 2016 y 170.000 en el 2015, comparado con 27 millones en 1984, el año de la huelga minera.

Los esfuerzos de los trabajadores para organizar huelgas por fuera de y en oposición a los sindicatos ha aterrorizado a la élite gobernante. Este ha sido el caso particular de los docentes en EUA. La burguesía está respondiendo al uso de las redes sociales para comunicarse y coordinar la oposición social intensificando su campaña de censura del Internet, la cual comenzó con la manipulación de los algoritmos de búsqueda de Google el año pasado. El blanco central ha sido el World Socialist Web Site, el cual lucha intransigentemente por la organización y la movilización independiente de la clase obrera.

Las medidas que han tomado los partidos capitalistas, los sindicatos y sus satélites de la clase media-alta para prevenir la lucha de clases están condenados a fracasar y, de hecho, ya están fracasando. “La orientación de las masas”, escribió León Trotsky en el documento fundador de la Cuarta Internacional, “es determinada ante todo por las condiciones producidas por un capitalismo en decadencia y, en segundo lugar, por las políticas traicioneras de las viejas organizaciones obreras. De estos factores, el primero es por supuesto el decisivo: las leyes de la historia son más fuertes que el aparato burocrático”.

Las leyes de la historia y las contradicciones del capitalismo han creado una fuerza social —la clase obrera internacional— que, al dar batalla, está volcando todos los cálculos de las élites gobernantes capitalistas.

La globalización de la producción capitalista, la cual socavó la perspectiva nacional reformista de las viejas organizaciones de trabajadores y de los partidos socialdemócratas, a su vez ha fortalecido inmensamente a la clase obrera internacional, sumando a ella cientos de millones de trabajadores en China, India y otros países oprimidos. Los cambios en las formas de comunicación asociados con el Internet les permiten a los trabajadores en todo el mundo a compartir información y organizarse de forma instantánea. El crecimiento extremo de la desigualdad social ha creado una reserva inmensa de enojo social al tiempo que ha erosionado la credibilidad y autoridad de todas las instituciones de la clase gobernante.

Las consecuencias son revolucionarias. Las luchas de clases asumen una forma incipiente enfocada en los salarios, los ataques al acceso a la salud y a las condiciones laborales de distintos sectores de trabajadores. Sin embargo, los derechos a un salario digno, una atención médica, educación pública y jubilación garantizadas son cuestiones de clase, no seccionales. Es decir, plantean en todo momento de la lucha la necesidad de unificar a todos los trabajadores de todos los países en un movimiento único. Como insistieron Marx y Engels, toda lucha de clases es una lucha política, lo que significa una lucha por el poder. Ninguna necesidad social acuciante puede ser satisfecha sin una ofensiva frontal contra la riqueza y los privilegios de las oligarquías capitalistas que controlan el Estado y todos sus cuerpos auxiliares.

Más allá, los trabajadores no se enfrentan solo a las consecuencias de la explotación y la desigualdad, sino también y de forma inextricablemente conectada a dichos factores, al peligro de una guerra mundial y del autoritarismo. Estando sumida en crisis inabordables, conflictos enconados internos y tensiones sociales, las burguesías están preparándose para un nivel de violencia bélica y represión doméstica que rememorará los horrores del siglo XX.

Independientemente de las expresiones iniciales de la resistencia obrera, no resolverán las tareas históricas que encara la clase obrera internacional. El programa de la clase trabajadora no concierne reformar al capitalismo, sino derrocarlo. Como escribió Marx en 1865:

La clase obrera no debe exagerar para sí misma el alcance de estas luchas diarias. Tampoco debe olvidar que está luchando contra los efectos, no las causas de esos efectos; que lo que hace es ralentizar la marcha hacia abajo, pero sin cambiar su dirección; está suministrando paliativos, no curando la enfermedad. No debe absorberse exclusivamente en estos combates inevitables entre guerrillas que surgen sin parar de las arremetidas incesantes del capital o cambios en el mercado. Debe entender que, junto con todas las miserias que impone sobre ella, el sistema actual da paso simultáneamente a las condiciones materiales y las formas sociales necesarias para una reconstrucción económica de la sociedad. En vez del refrán conservador “¡Un salario justo por una jornada de trabajo justa!”, deberá imprimir en su bandera la consigna revolucionaria, “¡Abolición del sistema del trabajo asalariado!” [Salario, precio y ganancia]

La abolición del sistema del trabajo asalariado, es decir, del capitalismo, es la cuestión política candente. La oposición de masas a la guerra, la desigualdad y la dictadura, el crecimiento de las luchas de los trabajadores y la juventud en todo el mundo, tienen que transformarse en un movimiento político consciente para la toma del poder y la reconstrucción de la vida económica con base en el control racional, la coordinación internacional y la igualdad social.

El instrumento esencial para esta tarea es la dirección revolucionaria, el Comité Internacional de la Cuarta Internacional, el movimiento trotskista mundial. En celebración del Día Internacional del Trabajador y el 200º aniversario del nacimiento de Karl Marx, llamamos a nuestros lectores a tomar la decisión de unirse y construir el CICI, formado por Partidos Socialistas por la Igualdad en todo el mundo, y su movimiento juvenil, los Jóvenes y Estudiantes Internacionales por la Igualdad Social.

Este sábado, 5 de mayo, a las 5:30 pm (horario del este de Norteamérica ), el día del 200º aniversario del nacimiento de Marx, el CICI estará realizando su Mitin Internacional en línea anual, que será transmitido en vivo por todo el mundo en wsws.org/mayday. Urgimos a todos nuestros lectores y a todos los trabajadores internacionalmente a registrarse y atender la celebración del Día Internacional del Trabajador del 2018.

(Artículo publicado originalmente en inglés el 1 de mayo de 2018)

Joseph Kishore y David North