La acusación de “traición” contra Donald Trump

20 julio 2018

En medio de una histeria y denuncias continuas contra el presidente estadounidense, Donald Trump, por su reunión en Helsinki con su homólogo ruso, Vladimir Putin, el New York Times publicó un artículo en la primera plana del miércoles intitulado, “La palabra traición entra en el debate”.

El artículo fue escrito por el corresponsal del Times en la Casa Blanca, Peter Baker, el autor de dos libros, una hagiografía de Obama intitulada The call of history (El llamado de la historia) y una demonización de Putin propia de la Guerra Fría llamada Kremlin Rising: Vladimir Putin’s Russia and the End of Revolution (El despertar del Kremlin: la Rusia de Vladimir Putin y el fin de la revolución). Ahí, provee una exposición involuntariamente reveladora del marcado giro hacia la derecha de lo alguna vez se hacía pasar como liberalismo en el Partido Demócrata y la élite mediática.

Afirmando que la acusación de traición emanó de lo que pareció ser “creerle a Putin en vez de a las agencias de inteligencia estadounidenses sobre la injerencia rusa en las elecciones”, Baker escribe:

“El Sr. Trump no solo estaba siendo acusado de tener un mal juicio, sino de traición —y no solo por elementos marginales y presentadores televisivos liberales, sino por el exdirector de la CIA—.

“En una Presidencia sin precedente, marcamos otro momento para los libros de historia. Mientras que la acusación de traición ha sido mencionada en las orillas del debate político de vez en cuando, nunca había sido incorporada en la conversación nacional de forma tan prominente en la era moderna”.

Para Baker, no cabe duda de que la “era moderna” es sumamente corta. Más allá, parecería que no le informaron sobre un artículo sumamente relevante que apareció en las mismas páginas del “periódico de referencia” de la élite política estadounidense: un obituario de John Stormer, autor de un libro escrito en 1964 intitulado None dare call it treason (Nadie se atreve a llamarlo traición).

Este libro, el cual tuvo un papel protagonista en los intentos fallidos del entonces candidato republicano a la presidencial, Barry Goldwater, resumía y profundizaba la narrativa desarrollada por la extrema derecha de la política estadounidense, asociada por un tiempo con el senador Joseph McCarthy y que alegaba que el Gobierno estadounidense había sido en gran medida infiltrado por agentes comunistas y “títeres” que lo controlaban a instancias el Kremlin.

La portada incluye el siguiente comentario: “1964 es un año de crisis y decisión. ¿Continuará EUA ayudando al enemigo comunista, desarmándose en cara al peligro, arrodillándose ante dictadores comunistas en cada rincón del planeta Tierra? La decisión es tuya”.

Este estilo paranoico de redacción está encontrando su eco en el Partido Demócrata y el mismo Times. Tan solo dos días antes, el inefable columnista sobre asuntos exteriores, Thomas Friedman, describió a Trump como un “activo de la inteligencia rusa”, y emitió un llamado a las armas similar: “Mis compatriotas estadounidenses, estamos en peligro y tenemos que tomar decisiones importantes el día de hoy”. El año pasado, Friedman utilizó su columna de opinión para dirigir una carta abierta apelando a los oficiales del ejército a derrocar al Gobierno de Trump por medio de un golpe palaciego.

La principal autoridad citada por Baker para respaldar su artículo sobre traición es John Brennan, el exdirector de la Agencia Central de Inteligencia (CIA, por sus siglas en inglés), a quien describe como “uno de los críticos más destacados de Trump”. Brennan denuncia el comportamiento de Trump en Helsinki como “algo que no se aleja de ser traición”.

La idea de que Trump sea un agente del Kremlin tiene el mismo grado de credibilidad que las acusaciones de hace más de medio siglo hechas por McCarthy, Stormer, la John Birch Society y compañía en contra de Eisenhower y Kennedy.

El hecho de que el Partido Demócrata está trayendo de vuelta a la vida la misma narrativa asociada con los elementos más derechistas del espectro político estadounidense tiene implicaciones ominosas. Su única función puede ser desorientar políticamente a la población de EUA y sentar las bases para un giro extremadamente reaccionario y peligroso por parte del Estado capitalista estadounidense.

¿Cuál es el contenido de la “traición” de Trump? ¿Qué significa realmente esta acusación repetida incesantemente por los presentadores y comentaristas en la televisión en tonos de escándalo e ira, los mismos títeres que ignoran o justifican la tortura de niños refugiados en la frontera con EUA y México por parte del Gobierno de Trump, sus crímenes en Siria e Irak y su apoyo a una guerra genocida contra el pueblo yemení?

¿Se debe esto al hecho que Trump no les creyó a las agencias de inteligencia estadounidenses? Las autoridades referidas en este supuesto “crimen severo” incluyen al trío de exdirectores del aparato de inteligencia que ahora están rellenando sus cuentas bancarias como “analistas de seguridad e inteligencia” para los canales televisivos: John Brennan, Michael Hayden y James Clapper.

¡Qué gran conjunto de defensores de la verdad! Como directores de la CIA, todos presidieron el uso de tortura, prisiones clandestinas o “sitios negros”, “rendición extraordinaria” y asesinatos con drones, al igual que otros crímenes perpetrados a espaldas del pueblo estadounidense.

Brennan buscaba prevenir que la tortura de la CIA fuera expuesta ordenando a sus agentes infiltrarse en las computadoras de la comisión de inteligencia del Senado. Clapper es un fraude, tras mentirle al Congreso que la Agencia de Seguridad Nacional (NSA, por sus siglas en inglés) que también encabezaba no estaba recolectando datos de ciudadanos estadounidenses, una mentira expuesta por las revelaciones de Edward Snowden. Hayden, quien también fue director de la NSA, fue quien inició los programas de espionaje interno.

Cualquier con incluso un conocimiento básico de historia sabe que debe poner en tela de juicio la glorificación de estas agencias como defensores de la democracia contra el “traidor” de Trump.

En cualquier sociedad democrática, la policía secreta y las fuerzas de inteligencia del Estado capitalista siempre han sido percibidas con la máxima sospecha, algo más relevante en EUA que en cualquier otro país.

Tal era la sospecha de la CIA que su carta fundacional le prohibía llevar a cabo operaciones dentro de EUA, reconociendo que las actividades secretas que llevaba a cabo eran ilegales tanto fuera como dentro del país.

Apodada “Asesinatos Inc.”, orquestó matanzas, realizó golpes de Estado contra Gobiernos elegidos democráticamente, instaló dictaduras brutales en países como Irán, Guatemala, Turquía, Grecia y muchos en América Latina.

En lo que se refiere al FBI, su historia está empañada de acusaciones falsas, provocaciones y asesinatos. La agencia llevó a cabo prácticamente una guerra contra el movimiento por los derechos civiles, el movimiento contra la guerra y cada sector de la izquierda en Estados Unidos, saturando organizaciones con miles de espías y agentes provocadores.

Estas agencias son en gran parte responsables de la pareja de mentiras que ha sido utilizada para justificar el último cuarto de siglo de política exterior basado en guerras interminables de agresión: “las armas de destrucción masiva” y “la guerra contra el terrorismo”.

El hecho de que expresar escepticismo hacia la veracidad y la integridad de la CIA, el FBI y la NSA pueda ser denunciado como traición representa una dramática advertencia sobre los peligros de un Estado policial en EUA.

La otra “traición” de Trump fue intentar atenuar las tensiones con Moscú. Mientras que Trump percibe a Rusia por medio del prisma de su política exterior transaccional bajo el lema “EUA ante todo”, las facciones predominantes de la élite gobernante estadounidense y del vasto aparato militar y de inteligencia en Washington están tan comprometidas con la preparación de una confrontación militar para saquear y colonizar a la Federación Rusa que ninguna pausa puede ser tolerada.

Estos son los intereses expresados por los demócratas, el partido de Wall Street y la CIA. Reacios e incapaces de oponerse a Trump desde una perspectiva progresista, ni mencionar de izquierda, son los defensores de los intereses del capital financiero y los Jeff Bezos del mundo.

Los términos “izquierda” y “derecha” perdieron cualquier significado real dentro del contexto de la política burguesa en Estados Unidos. La política neomccarthista acogida por los demócratas refleja un giro de toda la élite gobernante y sus facciones rivales hacia la reacción y la destrucción de los derechos sociales y democráticos básicos del pueblo trabajador.

La misma dinámica prevalece entre las organizaciones pseudoizquierdistas que orbitan el Partido Demócrata. Esto quedo claro por la reacción de la Organización Internacional Socialista (ISO, por sus siglas en inglés) al frenesí en torno a la reunión en Helsinki, declarando, “Trump logró verse como el títere de una de las personas más explícitamente malvadas del planeta”.

Todas estas tendencias políticas, las cuales representan los intereses de las capas más privilegiadas de la clase media-alta, están viéndose empujadas fuertemente a la derecha por el resurgimiento de la lucha de clases en EUA e internacionalmente, y por la amenaza de una explosión social revolucionaria.

(Artículo publicado originalmente en inglés el 19 de julio de 2018)

Bill Van Auken