La lucha contra el fascismo en Alemania requiere una perspectiva socialista

5 septiembre 2018

Millones de personas en Alemania y por todo el mundo han reaccionado con disgusto y espanto a las escenas de violencia fascista en la ciudad alemana de Chemnitz. El 27 de agosto, miles de neonazis marcharon en la ciudad ininterrumpidos por la policía, realizando el saludo hitleriano y atacando a personas que identificaban como extranjeros.

En días recientes, decenas de miles de personas han participado en manifestaciones por todo el país en oposición a la violencia derechista. Sin embargo, la ira moral no basta para detener a hordas fascistas: es necesario entender las raíces políticas de su reaparición.

A diferencia de los años treinta, los nazis no conforman un movimiento de masas en la actualidad, sino una minoría odiada. Sin embargo, esto no los hace menos peligrosos. Su fuerza proviene de la política de los grupos de poder y del apoyo que reciben del aparato estatal. Se sienten fuertes porque tienen amigos en la policía, en el servicio secreto y el Gobierno. La marcha nazi en Chemnitz fue precedida por una campaña de varios años para promover el extremismo de derecha.

Hace ocho años, el libro “La autoabolición de Alemania” escrito por el líder del Partido Socialdemócrata (SPD, todas las siglas en alemán), Thilo Sarrazin, le abrió la puerta a la rehabilitación oficial de la xenofobia y el racismo. Este libro, el cual afirma que la sociedad alemana está siendo destruida por extranjeros, fue aclamado en artículos prominentes y en programas de entrevistas como si fuera un éxito de ventas incluso antes de llegar a las librerías.

En 2013, el presidente alemán, Joachim Gauck proclamó el fin de las limitaciones militares por parte de Alemania, mientras que el recientemente formado Gobierno de la gran coalición aceptó un programa de rearme militar masivo. El Gobierno apoyó el golpe de Estado derechista en Ucrania, poniendo en marcha una confrontación continua con Rusia.

La élite política alemana inició una campaña sistemática para restarle importancia a los crímenes alemanes durante ambas guerras mundiales. “No podría ser una política responsable en Europa si uno comienza con la idea: Nos merecemos la culpa por todo”, afirmó el académico berlinés, Herfried Münkler.

En la revista Der Spiegel, su colega Jörg Baberowski defendió al apologista de los nazis, Ernst Nolte, y explicó que Hitler “no era vicioso” porque no quería “que hablarán en su mesa sobre la exterminación de los judíos”.

En un panel de discusión en 2014, Baberowski dijo que la lucha contra el Estado Islámico en Siria y otros terroristas solo podía ganarse si los ejércitos occidentales se preparaban para “tomar prisioneros, quemar aldeas, ahorcar a personas y propagar miedo y terror”.

En mayo de 2016, Baberowski afirmó en un festival de filosofía que “los hombres en Alemania” se encontraban indefensos ante la violencia de los inmigrantes porque ya no podían pelear. “Vemos que los hombres en Alemania ya no saben como manejar la violencia”, afirmó Baberowski. Estas afirmaciones, las cuales fueron citadas prominentemente por sitios web derechistas, fueron puestas en práctica por la horda fascista en Chemnitz”.

Cuando el Sozialistische Gleichheitspartei (SGP- Partido Socialista por la Igualdad) y su organización estudiantil, los Jóvenes y Estudiantes Internacionales por la Igualdad Social, protestaron las posiciones ultraderechistas de Baberowski y sus intentos de minimizar los crímenes de los nazis, nos convertimos en el blanco de una feroz cacería de brujas por parte de la élite política alemana. La prensa y la administración de la Universidad Humboldt defendieron a Baberowski, mientras que agitaba al público en televisión en contra de los refugiados y fundaba un grupo de discusión en el que participan importantes representantes del partido Alternativa para Alemania (AfD) de tinte fascista.

La AfD se desarrolló en este clima derechista. Entre los líderes del partido fascista hay muchos representantes del Estado, militares, oficiales de inteligencia, policías, jueces y profesores. A pesar de que solo 13 por ciento de los votantes apoyaron al AfD en las elecciones generales de este año, está marcando la pauta de la política en Berlín. El Gobierno federal ha adoptado la política xenofóbica contra refugiados de la AfD hasta sus últimas conclusiones. Además, este partido encabeza varios comités parlamentarios cruciales y lidera la oposición oficial en el Parlamento, además de tener una presencia desproporcionada en los medios de comunicación.

Un papel clave en esta conspiración derechista ha sido asumido por el servicio secreto. Con sus 3.100 empleados y presupuesto anual de 350 millones de euros, la Oficina para la Protección de la Constitución, como es llamado el servicio secreto alemán, es un caldo de cultivo de extremismo de derecha. El grupo racista y terrorista Clandestinidad Nacionalsocialista (NSU) estaba saturado de y era parcialmente financiado por informantes encubiertos trabajando para el servicio secreto.

El “Reporte para la protección de la Constitución del 2017” del servicio secreto alemán, emitido en julio de este año, emplea una retórica indistinguible de la AfD. La red de neonazis alrededor de la AfD y Pegida, los representantes de la Nueva Derecha como Björn Höcke, Götz Kubitschek y Jürgen Elsässer, al igual que publicaciones ultraderechistas como Junge Freiheit y Compact no son mencionados en el informe. ¡El nombre de la AfD solo aparece como la víctima de presuntos “extremistas izquierdistas”!

Mientras que la AfD tiene vía libre, el reporte efectivamente tacha toda oposición al “supuesto (¡sic!) nacionalismo, imperialismo y militarismo” como subversivos. El SGP aparece en el reporte como un “partido extremista de izquierda” y como un “objeto de observación”. Esta es la respuesta del servicio secreto alemán a los esfuerzos del SGP para exponer a la extrema derecha. En los ojos del Estado alemán, la AfD y los neonazis no son el problema, sino sus opositores.

El Estado y el Gobierno apoyan a la AfD y a los neonazis porque sirven para crear una base de apoyo para sus políticas de rearme militar, ataques contra los derechos democráticos y austeridad social. Los ominosos acontecimientos de semanas recientes han demostrado que la democracia alemana es tan frágil como lo fue en los años treinta. Apenas la clase gobernante alemana se embarcó en una política de gran potencia imperialista y percibe la resistencia desde abajo, vuelve a correrse a la extrema derecha.

La gran coalición de los demócratacristianos y los socialdemócratas aprobó un programa de rearme militar masivo. El ministro de Asuntos Exteriores, Heiko Maas (SPD) ha amenazado a EUA, la mayor potencia militar del mundo con convertirse en su “contrapeso” si la Casa Blanca cruza ciertas “líneas rojas”. Los documentos de estrategia del Ministerio de Defensa bajo Ursula von der Leyen se pueden leer como fantasías nazis de hegemonía alemana sobre Europa.

No existe ningún apoyo en la población para esta política. Es por esto que la política oficial toma la forma de una conspiración a los niveles más altos del Estado en la que los partidos de la oposición —los Verdes, el partido La Izquierda y el Partido Demócrata Liberal (FDP)— están sumamente involucrados. Todos han asistido en organizar la imposición de austeridad social que ha ensanchado la brecha entre ricos y pobres. Exigen más policías y la expansión de los servicios de inteligencia, y apoyan la política militarista del Gobierno de gran coalición.

Esta situación no se limita a Alemania. En toda Europa, en cara al recrudecimiento de las tensione sociales, las élites gobernantes están recurriendo a formas autoritarias de gobierno y fuerzas fascistas. La naturaleza global de este proceso deja en claro que esta no es ninguna coincidencia, sino la tendencia fundamental del sistema capitalista.

La única fuerza social que puede frenar esta trayectoria de eventos y detener a la extrema derecha es la clase obrera internacional. Por ende, el SGP hace un llamamiento para la expansión de la lucha de clases por todo el continente. La conspiración de la gran coalición, los servicios de inteligencia y los extremistas derechistas debe ser detenida.

Es el momento para revivir las tradiciones socialistas revolucionarias de Marx, Engels, Luxemburgo, Liebknecht, Lenin y Trotsky, defendidas únicamente por el Comité Internacional de la Cuarta Internacional y sus secciones. El SGP llama a los trabajadores y jóvenes a unirse a sus filas y asumir la lucha contra el capitalismo, el fascismo y la guerra.

El SGP demanda:

* ¡Detengan la conspiración de la gran coalición, el aparato estatal y los extremistas de derecha!

* ¡No más guerra! ¡Detengan el regreso de Alemania a una política de gran potencia!

* ¡Por la abolición del servicio secreto y el cese inmediato de todo monitoreo del SGP y otras organizaciones izquierdistas!

* ¡Defiendan el derecho al asilo! ¡No al reforzamiento de los poderes del Estado y al espionaje!

* ¡Acaben con la pobreza y la explotación —por la igualdad social—! ¡La riqueza de la oligarquía financiera, los bancos y las principales corporaciones debe expropiarse y ser puesta bajo control democrático!

(Artículo publicado originalmente en inglés el 3 de setiembre de 2018)

el Sozialistische Gleichheitspartei