La caravana centroamericana llega a México cantando “¡Somos trabajadores internacionales!”

por Andrea Lobo
23 octubre 2018

La caravana de más de 7.200 refugiados que escapan de la pobreza desesperada y de la violencia desenfrenada en América Central ha cruzado con éxito hacia México en su camino hacia los Estados Unidos. La caravana, que va adquiriendo el carácter de una manifestación política de masas, está compuesta principalmente por hondureños e incluye a unos 2.300 niños y 2.200 mujeres.

La caravana marcha hacia Tapachula, Chiapas, el domingo. Fuente: Javier García

Con cientos de millas detrás de ellos y cientos de millas por delante, los migrantes marcharon el domingo hacia la ciudad mexicana de Tapachula, en el Estado de Chiapas.

A pesar del sol abrasador y de los helicópteros militares que flotan en lo alto, la caravana enérgica cantaba: “Los migrantes no son criminales, ¡somos trabajadores internacionales!”, y “¿Por qué matarnos? ¡Somos la esperanza!”.

La caravana de 3,5 millas de largo, que partió como un grupo de dos mil hondureños desde San Pedro hace diez días, llegó a la frontera Guatemala-México el viernes. Después de sobrepasar fácilmente una valla puesta por las autoridades guatemaltecas, cruzaron el puente Rodolfo Robles y el puerto de entrada a México. Sin embargo, fueron atacados con gas lacrimógeno por 400 policías antidisturbios mexicanos.

Después de la violenta agresión y como solo se permite el ingreso de un ínfimo flujo de inmigrantes para pedir asilo, la caravana sostuvo conversaciones el viernes por la noche sobre los días y las semanas que tendrán que esperar y la alta probabilidad de ser deportados. Por lo tanto, se tomó la decisión de unirse a los cientos de personas que ya se había arriesgado a cruzar el río Suchiate a México y volver a agruparse en la plaza central de Ciudad Hidalgo, Estado de Chiapas.

A lo largo del sábado cruzaron en masa. Luego de ser recibidos de manera similar por los guatemaltecos, los inmigrantes fueron recibidos por cientos de residentes de Chiapas —chiapanecos—, con comida, ropa, otros suministros y vítores.

El domingo, la caravana se reunió nuevamente para continuar su viaje hacia el norte en forma de una columna masiva que agradecía, saludaba e invitaba a los lugareños con el canto: “México, México”. Los llamamientos se dirigen a los trabajadores y los jóvenes, pidiendo “ayuda”. El viaje de la caravana está lleno de peligros. Ayer, seis inmigrantes guatemaltecos murieron en un accidente mientras los llevaban en un camión lleno con 40 personas en las afueras de San Cristóbal de las Casas, Chiapas, México.

Niño inmigrante recibiendo donaciones de los lugareños en Tapachula, Chiapas. Fuente: Zenèn MX

Donald Trump se comprometió a impedir que todos los miembros de la caravana ingresaran a los Estados Unidos. Él dijo el domingo: “Se están haciendo todos los esfuerzos para impedir el ataque de los extranjeros ilegales que cruzan nuestra frontera sur. La gente debe solicitar asilo en México primero y, si no lo hacen, los EUA los rechazarán”. Esta declaración es una clara violación del derecho internacional.

El apoyo masivo a la caravana de los inmigrantes en toda América Latina demuestra la creciente conciencia del carácter internacional de la clase obrera.

Los trabajadores de los EUA y de Canadá deben comprender que los migrantes que viajan a los EUA son sus aliados, no sus enemigos, como quieren que crean el presidente Trump y sus aliados corporativos en los partidos republicano y demócrata. Los trabajadores de EUA en California y el Medio Oeste harían bien en recordar los prejuicios que enfrentaron sus abuelos “Okie” al emigrar de Oklahoma, Texas y Kansas a la Costa Oeste durante el Dust Bowl y la Gran Depresión. Sus predecesores chinos, japoneses, irlandeses e italianos se enfrentaron a un brutal racismo y discriminación al llegar a los EUA, casi siempre sin papeles ni documentación.

La clase dominante siempre ha tratado de enfrentar a los trabajadores por raza y nacionalidad para intensificar sus ataques sociales contra toda la clase obrera internacional y preparar a la población para las guerras en el extranjero. El gobierno de los Estados Unidos y sus regímenes títeres en México y América Central se oponen a la caravana como una “amenaza” importante, en parte para servir a sus propios intereses políticos inmediatos, pero también porque ven como una amenaza el movimiento que se está convirtiendo cada vez más en un símbolo del internacionalismo proletario.

La caravana centroamericana es una manifestación obrera de personas desesperadas por encontrar un entorno más seguro para escapar de la amenaza inminente de la muerte. Para millones de personas, los empleos, el cuidado de la salud y la educación simplemente no son una opción en los barrios devastados por una larga historia de represión brutal y niveles de violencia de guerra civil que involucran a pandillas y fuerzas estatales.

Una familia inmigrante entre Ciudad Hidalgo y Tapachula, Chiapas. Fuente: UNICEF

En su raíz, la pobreza, la desigualdad, la violencia y la crisis social en Centroamérica son el producto de 100 años de explotación imperialista estadounidense implementada a través de golpes de Estado respaldados por la CIA, escuadrones de la muerte y dictaduras. Fundamentalmente, las víctimas de este legado se enfrentan a los mismos enemigos objetivos que los trabajadores en México, los Estados Unidos y en todas partes: la oligarquía financiera y el sistema capitalista.

De esta manera, la caravana está arrojando una nueva luz sobre los vínculos objetivos existentes que unen a los trabajadores a nivel internacional, al tiempo que expone los límites absurdos e imaginarios que la dividen.

A medida que los participantes de la caravana se mueven hacia el norte, se enfrentan a condiciones ambientales mortales y caminos peligrosos, junto con amenazas constantes de la marina mexicana, la policía federal y estatal, y funcionarios de inmigración que buscan dispersar la caravana para comenzar redadas y deportaciones en masa. La policía federal mexicana estableció líneas de policía antidisturbios cerca de las intersecciones entre Ciudad Hidalgo y Tapachula el domingo, pero no se atrevió a hacerla actuar por temor a provocar una oposición masiva en México e internacionalmente. En cambio, los funcionarios intentaron atraer a los migrantes a los camiones que supuestamente los llevaban a un refugio. Según El Universal, los migrantes rechazaron este truco.

Con el apoyo masivo de trabajadores y jóvenes mexicanos y con el poder de su tamaño y su unidad y recursos de clase, la caravana podría continuar avanzando y creciendo y cruzando las 1.100 millas hasta llegar al puerto de entrada de los EUA en Brownsville, Texas.

Donald Trump ha tratado de explotar la caravana para movilizar su base menos de tres semanas antes de las elecciones de mitad de legislatura del 6 de noviembre, llamando a los trabajadores y campesinos de la caravana “criminales endurecidos” y amenazando con desplegar “el ejército, no la guardia [nacional]” a la frontera entre Estados Unidos y México.

En respuesta a tales amenazas, el Partido Demócrata les ha dado la espalda a los inmigrantes, rechazando cualquier consideración de ellos, con Nancy Pelosi, líder de los demócratas de la Cámara de Representantes, y Charles Schumer, líder de los Demócratas del Senado, emitiendo una declaración el sábado afirmando que Trump “Está desesperado por cambiar el tema de la atención médica a la inmigración” y se niega a responder a los ataques fascistas de violencia física de Trump.

El presidente mexicano, Enrique Peña Nieto, ha denunciado la caravana como “sin precedentes” e “irregular y violenta”. Mientras tanto, el presidente electo, Andrés Manuel López Obrador, quien habló el viernes en Chiapas sobre la caravana, declaró: “Queremos seguir esta relación amistosa [con la administración Trump], y creo que buscaremos opciones y alternativas. No queremos luchar”.

Estas declaraciones muestran que, independientemente del partido político, las élites gobernantes de EUA y México se unen en su intento de dividir y atrapar a la caravana dentro de la red del Instituto Nacional de Migración de México (INM), que ahora sirve como la extensión sur de La Migra, también conocida como Inmigración y Control de Aduanas (ICE) y Protección de Aduanas y Fronteras (CBP).

Bajo el titular “Trump tuitea, México obedece”, el mexicano El Proceso anotó el domingo, “el procedimiento [mexicano] para obtener asilo es largo, difícil y, a menudo, implica pasar varios meses en centros de detención migratorios, sin poder obtener un empleo. Y, por si eso no fuera suficiente, la solicitud generalmente es denegada”.

El Proceso cita datos de la agencia nacional de refugiados: México recibió 14.596 solicitudes de asilo en 2017, procesó 6.877 de ellas para fines de año y otorgó asilo a solo 1.907 refugiados. Del total de solicitantes hondureños, solo el 9 por ciento recibió asilo y el 7,8 por ciento de los menores hondureños.

Titular de El Proceso “Trump tuitea, México obedece”

Respondiendo a las absurdas teorías de la conspiración promovidas por todos los gobiernos de que la marcha se organizó como un truco publicitario por parte de los partidos de la oposición, ya sea por la oposición burguesa hondureña o el Partido Demócrata en los EUA, un migrante hondureño respondió: “¿Cómo se organiza tal caravana? ¿Cómo se organiza tal necesidad?”.

Los refugiados y los migrantes de América Central dicen que preferirían morir antes que regresar a sus países de origen empobrecidos y violentos. Para muchos migrantes, la deportación de los Estados Unidos o México en realidad constituye una sentencia de muerte, ya que están escapando de la violencia generalizada e incluso de la persecución directa de las pandillas y el Estado asesino.

Bajo la enorme presión de Washington, con Trump amenazando con cortar de inmediato la ayuda a menos que detuviera la caravana, el gobierno hondureño ha intensificado su ataque contra los migrantes, acosándolos mientras marchan hacia la frontera. El sábado, los presidentes guatemalteco y hondureño, Jimmy Morales y Juan Orlando Hernández, discutieron el tema, denunciaron la caravana y anunciaron “esfuerzos conjuntos para un retorno pacífico y seguro” de los migrantes.

Nada de eso que se puede esperar. La dictadura de Estado policial en Tegucigalpa, instalada a través de un golpe militar supervisado por el gobierno de Obama en 2009 y mantenida en el poder a través de elecciones fraudulentas respaldadas por Washington, impone condiciones sociales que maximizan la extracción de ganancias y recursos por parte de los EUA. La oposición emplea a sus militares y escuadrones de la muerte, y goza de estrechos vínculos con los cárteles de la droga y el ejército estadounidense, con cientos de tropas estacionadas en el país.

(Publicado originalmente en inglés el 22 de octubre de 2018)