Los demócratas se manifiestan para defender al fiscal general destituido Sessions y al fiscal especial Mueller

por Tom Eley
10 noviembre 2018

El jueves, los demócratas y sus aliados supuestamente de "izquierda" llevaron a cabo manifestaciones belicistas en varias ciudades oponiéndose al despedido del fiscal general de extrema derecha, Jeff Sessions, y en defensa de la investigación contra Rusia realizada por el fiscal especial Robert Mueller.

La expulsión de Sessions del miércoles y su reemplazo por el aliado de Trump, Matthew G. Whitaker, provocó una ola de condenas por parte de las figuras del Partido Demócrata y sus aliados de los medios de comunicación, incluido el New York Times y el Washington Post, afirmando que la medida es el preludio del cierre de Trump de la investigación del Departamento de Justicia sobre las acusaciones de “injerencia” rusa en las elecciones de 2016 y posible confabulación con Rusia por parte de la campaña de Trump.

Trump había denunciado repetidamente a Sessions por haberse retirado de la investigación de Rusia en marzo de 2017, dejando al vice fiscal general Rod Rosenstein, un defensor de la investigación, a cargo de su conducta. Whitaker, exfiscal de los EUA y ahora fiscal general en funciones y, por lo tanto, responsable de supervisar la investigación de Mueller, critica a Mueller y sugiere que el Departamento de Justicia podría cortar los fondos para su oficina.

La investigación de Mueller ha estado en el centro de una campaña de tipo macartista contra Rusia encabezada por las agencias de inteligencia y el Partido Demócrata, basada en afirmaciones falsas de que el presidente ruso Vladimir Putin interfirió en las elecciones presidenciales para socavar la candidatura de la demócrata Hillary Clinton y alentar a Trump. Ello ha sido utilizado como un arma en el impulso de los demócratas y secciones del establishment militar y de inteligencia para obligar a Trump a adoptar una postura más agresiva contra Moscú y en la guerra por el cambio de régimen en Siria.

En la medida en que los demócratas se oponen a la administración de derechas de Trump, es sobre esta base totalmente reaccionaria. En el período previo a las elecciones intermedias del martes, no solo no convocaron ninguna manifestación, sino que guardaron silencio sobre los ataques fascistas de Trump a los inmigrantes, su despliegue de tropas en la frontera contra la caravana de solicitantes de asilo de América Central y su compromiso de eliminar la Garantía de la Enmienda 14 de la ciudadanía por nacimiento, una piedra angular de la Carta de Derechos.

Tras las elecciones, en las que los demócratas ganaron el control de la Cámara de Representantes, la dirección del partido pidió en repetidas ocasiones la unidad bipartidista y la colaboración con Trump, subrayando su acuerdo esencial con sus políticas de guerra, austeridad y represión. Fue solo cuando Trump despidió a Sessions, un fanático antiinmigrante de derecha, que entraron en acción, reviviendo sus denuncias de Trump como un títere de Putin.

El objetivo de llevar a la administración de Trump a estar en pie de guerra contra Rusia se ha logrado en la medida en que ahora existe un riesgo sustancial de conflicto nuclear entre los Estados Unidos y la segunda potencia nuclear mundial. La guerra podría estallar rápidamente en varios puntos críticos, especialmente en Siria, donde soldados rusos, marineros y aviadores realizan operaciones de combate a millas de sus homólogos estadounidenses, así como representantes islamistas aliados de Estados Unidos armados por Arabia Saudita.

Aunque promovidos en los medios de comunicación y patrocinados por más de 50 organizaciones vinculadas al Partido Demócrata, incluyendo MoveOn.org, los mítines del martes fueron pequeños, lo que refleja la falta de apoyo de la población general para la cruzada contra Rusia. Las protestas fueron notables principalmente por su carácter de derechas y neomacartista sin adornos.

Dos de las más grandes se hicieron en Washington DC y la ciudad de Nueva York, cada una de los cuales atrajo a aproximadamente 1.000 manifestantes, muchos de los cuales sostenían carteles con la hoz y el martillo con la imagen de Putin.

Sessions comenzó su carrera como segregacionista en Jim Crow Alabama y se convirtió en un senador republicano de derechas del Estado. Mueller, por su parte, fue director del FBI de 2001 a 2013, tiempo durante el cual ayudó a instituir la vigilancia doméstica masiva y otros ataques radicales a los derechos democráticos relacionados con la llamada “guerra contra el terrorismo”.

En la manifestación de Washington, el congresista demócrata Jamie Raskin pidió a los asistentes una ronda de aplausos para Sessions. Randi Weingarten, presidenta de la Federación Americana de Maestros, apeló a los militares contra Trump, declarando: “Ustedes son los defensores de nuestra democracia”, y dirigió el canto de “proteger a Mueller”.

Al defender a Sessions, los demócratas y sus aliados se están reuniendo en torno al fiscal general más derechista de la historia de Estados Unidos, quien, antes de unirse al gabinete de Trump, se había ganado una reputación merecida como opositor irreconciliable de los derechos civiles. Como fiscal general, Sessions será recordado principalmente por la persecución de los inmigrantes, sobre todo por la separación de los niños inmigrantes de sus padres y su encarcelamiento en campos de detención construidos en el desierto.

La tarea de encabezar el ataque a los inmigrantes y los derechos democráticos ahora recaerá, en espera de la asunción de un fiscal general definitivo, en Whitaker, quien se jactó de que interpreta la Constitución desde un punto de vista bíblico. Su primer acto como jefe del Departamento de Justicia fue emitir, junto con el Departamento de Seguridad Nacional, una directiva que le quita el derecho de asilo a cualquier persona que ingrese a los EUA a través de la frontera con México y que no haya obtenido primero el estatus legal —una medida que equivale a abolir el derecho de asilo, que está garantizado por las leyes internacionales y estadounidenses—.

Esta medida, un nuevo hito en el ataque a los inmigrantes, el debido proceso y los derechos democráticos básicos, ha sido virtualmente ignorado por los medios y el Partido Demócrata. No fue mencionado en el comunicado de prensa de la manifestación del jueves, ni por los oradores en las manifestaciones en Washington y Nueva York.

(Publicado originalmente en inglés el 9 de noviembre de 2018)