Un llamado a la acción para luchar contra los cierres de planta y despidos masivos de GM

29 noviembre 2018

El lunes, General Motors anunció que a principios de 2019 estará cerrando cinco plantas en Estados Unidos y Canadá, eliminando casi 15.000 trabajos asalariados de producción. La sangría de empleos está encabezada por una nueva reestructuración de la industria automotriz global, atentando contra los puestos de millones de trabajadores en todo el mundo.

Hace diez años, la crisis financiera global fue utilizada por los Gobiernos capitalistas en EUA e internacionalmente para organizar una transferencia masiva de riqueza de la clase trabajadora a los superricos. Un capítulo clave de esta ofensiva de la clase gobernante fue el proceso de bancarrota de GM y Chrysler. La reestructuración fue presidida por la Mesa de Trabajo Automotriz de Obama, compuesta por una camarilla de financistas de Wall Street que eliminaron decenas de miles de empleos y la evisceración de los salarios y protecciones laborales de los trabajadores automotores.

Esta fue la señal para una campaña similar contra salarios y prestaciones de toda la clase obrera en EUA y el mundo. El año pasado, a nivel global, los salarios vieron su menor crecimiento desde 2008 y mantienen un ritmo mucho más lento que antes del derrumbe financiero, según un nuevo reporte de la Organización Internacional del Trabajo.

Sin embargo, para la burguesía, esto no es suficiente. Su lema es: “¡más!”. A pesar de las protestas fraudulentas de Trump por los recortes de puestos en GM, su Administración, con el apoyo pleno del Partido Demócrata, está presidiendo otro ataque masivo contra la clase trabajadora. Conforme aumentan las señales de otra recesión económica, la élite empresarial y financiera está determinada a transferir aún más dinero hacia los mercados financieros.

Wall Street celebró el anunció de los cierres de planta y el comunicado de la CEO Mary Barra de que la compañía recortaría $6,5 mil millones en costos, los cuales serán desviados a los portafolios de inversión de los superricos en la forma de recompras de acciones o pagos de dividendos.

Las consecuencias para la clase obrera serán catastróficas. Los cierres de planta —Detroit-Hamtramck, Michigan; Lordstown, Ohio; y Oshawa, Ontario— tendrán un efecto devastador en áreas que ya han sufrido décadas de desindustrialización, pobreza y regresión social. Sumirán a todavía más familias en la destitución y forzarán más ejecuciones hipotecarias. Más familias quedarán fracturadas y habrá más suicidios y muertes por sobredosis de opiáceos.

¡Los trabajadores automotores no pueden aceptar el “derecho” de las élites empresariales y financieras a cerrar estas plantas! Se debe librar una campaña para defender estos trabajos, incluyendo la organización de manifestaciones, huelgas y ocupaciones de planta. El Boletín de los Trabajadores Automotores del World Socialist Web Site estará realizando una reunión telefónica el miércoles a las 8 pm (horario del este de Norteamérica) para discutir la estrategia para prevenir estos cierres.

No se puede avanzar una resistencia por medio del sindicato automotor United Auto Workers (UAW) o su contraparte canadiense Unifor. Hace mucho dejaron de ser organizaciones obreras. Son brazos de la gerencia empresarial administrados por ejecutivos privilegiados que lucran de la destrucción de los salarios y puestos de los trabajadores que disque representan.

Han pasado cuatro décadas desde que el UAW comenzó su política de concesiones masivas, a partir del rescate de Chrysler en 1979 que supuestamente iba a “salvar trabajos”. El vicepresidente del UAW en ese momento, Marc Stepp, declaró: “Creo que la empresa tendrá que reducir sus operaciones. Este país se rige por la libre empresa. Las corporaciones tienen el derecho de sacar ganancias”.

El resultado ha sido un desastre continuo por cuarenta años. El número de trabajadores de GM, Ford y Chrysler ha caído de 702.000 a 140.000, mientras que los salarios, las prestaciones y las condiciones laborales de los trabajadores automotores se han visto decimados.

Más recientemente, en 2007, 2009, 2011 y 2015, el UAW insistió en que los trabajadores no tenían otra opción más que conceder mayores sacrificios porque aumentar las ganancias y la competitividad internacional de las empresas supuestamente protegería sus trabajos. Unifor dio las mismas justificaciones para imponerles nuevos contratos entreguistas a los trabajadores automotores en Canadá.

Pero tales argumentos están hechos añicos. Los únicos que se han visto beneficiados de la interminable avalancha de concesiones han sido los ejecutivos empresariales, los buitres de Wall Street y los propios ejecutivos de UAW, quienes controlan miles de millones de acciones de las empresas, disfrutan sus viajes de golf, vacaciones de lujo y ropas de diseñador pagados con el dinero que robaron de los trabajadores y reciclaron por medio de sus centros de capacitación administrados con la gerencia.

Los trabajadores necesitan una nueva estrategia para luchar:

En primer lugar, los trabajadores dependen de su propia fuerza. Esto significa formar comités de base en cada planta que sean independientes de UAW y Unifor. Estos comités deben servir para conectar no solo a los trabajadores de GM, sino a todos los trabajadores de ensamblaje y producción de partes en EUA y Canadá. Los trabajadores, quienes producen toda la riqueza de la sociedad, tienen una inmensa fuerza y peso. Una huelga en cualquier fábrica grande frenaría una industria que depende de una cadena de producción global continua y suministros puntuales.

En segundo lugar, los trabajadores automotores necesitan unirse a través de las fronteras nacionales. Por su naturaleza misma, esta es una lucha internacional. Los trabajadores deben rechazar el veneno nacionalista fomentado desde hace mucho por los sindicatos para dividir y enfrentar a los trabajadores unos contra otros como parte de una competición hasta el fondo. Los trabajadores de GM en Corea y los trabajadores de Vauxhall y Opel (antes GM) en Reino Unido, Alemania y otros países también se enfrentan a cierres de planta y despidos masivos. Las otras corporaciones globales sin duda seguirán los pasos de GM. Si las gigantes transnacionales automotrices tienen una estrategia internacional para enfrentar a los trabajadores entre sí, los trabajadores automotores necesitan una estrategia internacional para luchar en contra.

En tercer lugar, dada la devastación social involucrada en estos cierres, los trabajadores automotores necesitan apelar a toda la clase trabajadora en su conjunto para que luche. Esto significa movilizar el apoyo de los trabajadores en todo el país en una lucha en común. La misma contrarrevolución burguesa que destruyó las condiciones de los trabajadores automotores es responsable de la devastación social en Detroit, Lordstown y otras ciudades por todo el país.

La construcción de comités de base en las fábricas entre los trabajadores automotores vinculará sus luchas con las de otras secciones de la clase trabajadora, incluyendo los trabajadores de UPS, maestros, trabajadores petroleros, siderúrgicos y del sector de servicio, junto a los desempleados y el estudiantado. La lógica de las luchas de los trabajadores conduce a una huelga general para oponerse al ataque bipartidista contra los trabajos, los niveles de vida y los derechos sociales de toda la clase obrera.

Finalmente, esta es una lucha política en la que la clase trabajadora no solo encara a este o aquel patrón, sino a todo el sistema capitalista y sus dos partidos controlados por la patronal, los demócratas y los republicanos. Un cambio fundamental y revolucionario en las relaciones sociales es posible solo si los trabajadores se organizan como una fuerza política independiente en lucha por el poder.

Los trabajadores no pueden enfrentarse a cierres de planta y recortes salariales si aceptan la inviolabilidad del mercado capitalista. El Partido Socialista por la Igualdad insiste en que una contraofensiva de los trabajadores debe estar guiada por una estrategia socialista que busque romper el dominio de los bancos y las principales corporaciones y reorganice la economía global con base en atender las necesidades humanas y no el lucro privado. En vez de ser juguetes privados de los ricos, las empresas gigantescas como GM deben ser transformadas en empresas públicas de propiedad colectiva y controladas democráticamente por los propios trabajadores.

(Artículo publicado originalmente en inglés el 28 de noviembre de 2018)

Jerry White