Silencio sigue comentario del abogado de Trump de que Julian Assange no hizo nada “malo”

por James Cogan
5 enero 2019

Durante una entrevista el 30 de diciembre en el programa de televisión por cable estadounidense "Fox and Friends", Rudy Giuliani, el exalcalde republicano de Nueva York y ahora abogado del presidente Donald Trump, reveló algunas verdades básicas sobre WikiLeaks y su fundador y editor, Julian Assange.

Giuliani dijo: "Tomemos los Documentos del Pentágono. Los Documentos del Pentágono eran propiedad robada, ¿no es así? Fue en el New York Times y el Washington Post. "Nadie fue a la cárcel en el New York Times y el Washington Post".

Julian Assange

Giuliani se refería a la publicación en 1971 de una gran cantidad de documentos filtrados que exponían décadas de mentiras y crímenes cometidos por los sucesivos Gobiernos estadounidenses durante la Guerra de Vietnam. La Administración de Nixon acudió a la Corte Suprema de los EUA para ilegalizar la publicación, pero el tribunal dictaminó que la Primera Enmienda de la Constitución de los EUA, la cual garantiza la libertad de expresión, protegía a los medios de comunicación.

Una vez que la información filtrada se proporciona a un “medio de comunicación", Giuliani declaró, "pueden publicarla con el propósito de informar a las personas”.

Continuó: "No puedes poner a Assange en una posición diferente. Era un tipo que comunicaba. Puede que no nos guste lo que comunicó, pero él era un medio de comunicación. Él estaba divulgando esa información. Cada periódico y estación la tomó y publicó".

Giuliani no estaba discutiendo las filtraciones de 2010 publicadas por WikiLeaks que expusieron los crímenes de guerra y las intrigas diplomáticas de los EUA, sino la investigación del fiscal especial Robert Mueller sobre la presunta interferencia de Rusia en las elecciones presidenciales de 2016. Se han formulado acusaciones absurdas y sensacionalistas de que WikiLeaks era parte de una nefasta conspiración con Rusia para ayudar a la campaña de Trump.

En julio de 2016, WikiLeaks publicó correos electrónicos filtrados que revelaban que el Comité Nacional Demócrata (DNC, por sus siglas en inglés) había tratado de socavar a Bernie Sanders, el “socialista democrático”, y asegurar que Hillary Clinton fuera nominada como candidata presidencial del Partido Demócrata.

En octubre de 2016, WikiLeaks publicó correos electrónicos filtrados del presidente de la campaña de Clinton, John Podesta, que incluían transcripciones de los discursos que Clinton había dado a las audiencias corporativas durante los cuales prometió su apoyo a Wall Street y presumió acerca de su papel en la guerra asesina y encabezada por EUA en Libia, en 2011.

WikiLeaks ha negado que Rusia haya sido la fuente de las filtraciones y, en noviembre de 2016, Assange defendió correctamente su decisión de publicarlas en interés público.

Giuliani negó categóricamente que hubiera alguna relación o contacto entre la campaña de Trump y WikiLeaks. Dijo en "Fox and Friends": "Estuve con Donald Trump día tras día durante los últimos cuatro meses de la campaña. Estaba tan sorprendido como yo por las revelaciones de WikiLeaks, a veces sorprendido hasta el punto de decir, ‘Oh, Dios mío, ¿realmente dijeron eso?’. Nos preguntábamos si era verdad o no. Nunca lo negaron”.

"Lo que realmente afectó a Hillary no es tanto que fueron reveladas, sino que eran ciertas ... De verdad que jodió completamente a Bernie Sanders. Todo eso fue absolutamente cierto. Al igual que los Documentos del Pentágono ofrecieron un punto de vista diferente sobre Vietnam, esto ofreció un punto de vista diferente sobre Hillary Clinton".

Continuó: "Ninguna persona de los medios o persona en general que haya difundido eso, con el propósito de informar, hizo algo malo".

Nada de lo que dijo Giuliani es nuevo o incluso discutible. Assange es un periodista y editor. WikiLeaks es una organización mediática. Cuando se ganó la confianza de los informantes y recibió información filtrada, WikiLeaks la publicó "con el propósito de informar a las personas". Assange no ha cometido ningún delito. Los intentos de la Administración de Obama y ahora de Trump de que sea extraditado a los Estados Unidos para ser juzgado por cargos de espionaje o conspiración constituyen un ataque fundamental a la libertad de expresión y a los medios independientes y críticos.

Desde 2010, cuando el aparato estatal estadounidense lanzó su venganza, todos los verdaderos defensores de los derechos democráticos se vieron obligados, como una cuestión de principios políticos, a ponerse detrás de Assange y WikiLeaks y luchar por su protección incondicional ante la persecución liderada por Estados Unidos.

De hecho, desde este punto de vista, el aspecto más notable de las declaraciones de Giuliani es que fueron hechas por un representante despiadado de la élite financiera y corporativa estadounidense, y en Fox News, la estación que en 2010 transmitió llamados a favor del asesinato de Assange.

Giuliani, un partidario ferviente de la agenda fascistizante de Trump, que bajo el lema de "EUA ante todo" se dirige a la guerra con China y la destrucción de los derechos de los obreros y de las libertades civiles en los propios Estados Unidos, no tiene la menor preocupación por la libertad de expresión o la democracia. Su único motivo para decir la verdad sobre Assange y WikiLeaks es refutar las afirmaciones que circulan en torno a la investigación de Mueller y el posible uso de acusaciones de connivencia con Rusia para acusar al presidente y reemplazarlo con el vicepresidente Mike Pence.

Un ala de la clase dominante estadounidense, representada por el Partido Demócrata, facciones del Partido Republicano y secciones del aparato de inteligencia y militar, están indignados por la aparente falta de interés de Trump en enfrentarse a Rusia. Incluso antes de la investidura de Trump, esos grupos de poder exigieron que Trump intensificara la política de confrontación contra Moscú, desde el punto de vista de que el conflicto con China se podría librar con mayor ventaja si se le negara a Beijing cualquier capacidad para buscar ayuda de Rusia. Ellos creen que Pence, un fundamentalista cristiano e ideológico de extrema derecha, sería una figura más maleable que un especulador de bienes raíces milmillonario, errático e inestable.

A escala mundial, las acusaciones de "interferencia" rusa se han utilizado como pretexto para una campaña masiva de censura, dirigida por empresas como Google y Facebook contra, sobre todo, páginas web y publicaciones en redes sociales izquierdistas, antiimperialistas y antiguerra.

El aparato estatal estadounidense también ha utilizado estas acusaciones para hostigar al Gobierno ecuatoriano, que en 2012 le dio asilo a Assange en su embajada de Londres, y presionarlo para que traicione al editor de WikiLeaks. En abril de 2017, Mike Pompeo, entonces director de la CIA y ahora secretario de Estado de Trump, declaró —después de que WikiLeaks publicara las explosivas filtraciones “Vault 7” que exponían las operaciones criminales de la CIA— que esta organización mediática sería tratada como un “servicio de inteligencia hostil no estatal instigada frecuentemente por actores estatales como Rusia”.

En marzo de 2018, a instancias de Washington, Ecuador suspendió el derecho de Assange a comunicarse con el mundo exterior y tomó otras medidas punitivas para intentar presionarlo para que salga de la embajada y se entregue a la policía británica para enfrentar su encarcelamiento y extradición a Estados Unidos.

Una multitud de publicaciones de medios informáticos, partidos políticos y sindicatos, desde el New York Times y The Guardian hasta el Partido Laborista Australiano y una gran variedad de organizaciones pseudoizquierdistas internacionales se niegan a defender a Assange y WikiLeaks porque apoyan los planes del imperialismo estadounidense respecto a su enfrentamiento y guerra con Rusia y China. Son hostiles a los derechos democráticos de la clase trabajadora porque representan la élite capitalista y estratos de la clase media-alta, cuyos privilegios y posiciones dependen de los niveles históricamente inéditos de desigualdad social y la concentración de la riqueza global en manos de una oligarquía financiera parásita centrada en los Estados Unidos y otros países imperialistas.

Como era de esperar, la cúpula política y mediática en EUA, Europa y Australia no ha pronunciado ni una sola palabra sobre las declaraciones de Giuliani.

El silencio en Australia es de particular significado. Assange es un ciudadano australiano. Ante la persecución de los Gobiernos de otros estados, siempre ha tenido derecho, pero se le ha negado, del apoyo diplomático, legal y político del Gobierno australiano.

La declaración categórica de una figura tan repulsiva como Giuliani, de que no hay motivos para enjuiciar a Assange, solo sirve para exponer la perfidia del Gobierno actual de la coalición Liberal-Nacional, el Partido Laborista, el Partido Verde, así como los medios de información, los sindicatos y las organizaciones de libertades civiles. Su indisposición para defender a Assange atestigua la podredumbre total de la democracia en el país.

El Partido Socialista por la Igualdad (PSI o SEP en inglés) en Australia anunció el mes pasado que organizará y buscará el apoyo más amplio para la realización de manifestaciones políticas en Sídney el 3 de marzo y Melbourne el 10 de marzo.

Las manifestaciones exigirán que el Gobierno australiano ponga fin a su colaboración en la persecución de Assange encabezada por Estados Unidos y que intervenga de inmediato, utilizando todo el ámbito de sus competencias diplomáticas y legales, para insistir en que el Gobierno británico permita al editor de WikiLeaks la salida de la embajada ecuatoriana sin condiciones para que regrese a Australia, si así lo desea. Assange debe recibir una garantía general de que cualquier solicitud por parte de la Administración de Trump para extraditarlo de Australia a los EUA será rechazada de inmediato.

En las próximas elecciones en Australia, el SEP planteará estas demandas como una de las políticas principales de sus candidatos parlamentarios de la cámara alta y baja. Llevará a cabo la campaña más amplia en la clase obrera y entre los jóvenes, en Australia e internacionalmente, para obligar al Gobierno australiano a actuar para garantizar la libertad de Julian Assange.

(Artículo publicado originalmente en inglés el 4 de enero de 2019)