Periodista de NBC renuncia atacando a los medios como “defensores de Washington y el sistema”

por Bill Van Auken
7 enero 2019

William Arkin, un veterano reportero y asesor de seguridad de NBC News, renunció la semana pasada con un correo electrónico mordaz y extenso que expuso el papel de dicha red y los medios corporativos en general como taquígrafos y apologistas del vasto aparato de inteligencia y militar de Washington en un momento de guerras interminables.

Describiéndose a sí mismo como "completamente desincronizado con la red, al no ser un reportero del día a día ni interesado en el circo de Trump", Arkin señaló, "También me encontré siendo una voz solitaria antinuclear y antimilitar".

Aclaró que para él ser antimilitar es "tener una postura firme pero también muy informada, algo así como un crítico de cine, que amo mi tema, pero sin miedo de emitir juicios sobre los fracasos y los perdedores".

Arkin cuenta que había "discutido sin cesar con MSNBC sobre todos los aspectos de la seguridad nacional durante años". Es un veterano militar que sirvió en la inteligencia del Ejército estadounidense en la década de 1970 y se convirtió en asesor militar tanto de Greenpeace International como de Human Rights Watch. También trabajó como profesor en la Escuela de Estudios Avanzados del Aire y el Espacio para oficiales de la Fuerza Aérea de los EUA y asesoró a la Oficina del Secretario de Defensa, la CIA, la Agencia de Inteligencia de la Defensa y otras agencias militares y de inteligencia.

A principios de la década de los ochenta, fue autor de un libro intitulado El campo de batalla nuclear, donde reveló los lugares donde se había misiles soviéticos y estadounidenses desplegados, lo que llevó a la Administración de Reagan a buscar su supresión por motivos secretos.

En 2003, trabajando para NBC y Los Angeles Times, Arkin expuso los comentarios antimusulmanes intolerantes hechos por un comandante de inteligencia militar, el general William "Jerry" Boykin, quien llamó públicamente la "guerra contra el terrorismo" como una guerra religiosa entre el cristianismo y el islam "satánico".

En 2012, fue coautor con Dana Priest del Washington Post de una serie titulada "Top Secret America", un informe de investigaciones sobre el crecimiento masivo de un aparato de inteligencia nacional de policía y estado tras los ataques del 9/11.

En su carta de renuncia, Arkin dijo que en la NBC se encontró en una posición peculiar de ser un simple civil entre LOS GENERALES", refiriéndose a los excomandantes militares que todas las redes de televisión contrataron como sus comentaristas para dar la posición oficial de las múltiples guerras hechas por Estados Unidos. Bien pudo haber agregado al otro "civil" prominente empleado como comentarista experto por la NBC: el exdirector de la CIA, John Brennan.

Expresando con poca sutileza su desprecio hacia la cúpula militar y los generales venerados como expertos y héroes indiscutibles en la televisión nacional, escribió:

"A pesar de estar en ‘guerra’, no están surgiendo grandes líderes militares o visionarios. No hay un alma en Washington que pueda decir que ha ganado o finalizado algún conflicto. Pueden haber amados príncipes perfumados en forma de Petraeus y Wes Clark o los llamados monjes guerreros como Mattis y McMaster, hemos tenido más de una generación de líderes de seguridad nacional que triste y fraudulentamente han tenido poco impacto. Y, sin embargo, nosotros (y otros) los abrazamos, incluso los exoficiales altamente partidistas que se disfrazan de 'analistas'. Lo hacemos ignorando la verdad empírica de lo que han hecho: no hay un país en Oriente Próximo hoy que sea más seguro que hace 18 años. De hecho, el mundo se vuelve cada vez más polarizado y peligroso".

Continuó: “Me parece desconsolador que no informemos sobre los fracasos de los generales y los líderes de seguridad nacional. Me parece sorprendente que, en esencia, aprobemos la continua incompetencia de Estados Unidos en Oriente Próximo y ahora en África a través de nuestros aburridos informes".

Reflexionando sobre sus años en NBC, "hurgando en la sabiduría convencional", Arkin reconoció, "siento que no he podido transmitir esta verdad más grande acerca de la desesperanza de nuestra forma de hacer las cosas, y estoy especialmente descorazonado de ver a NBC y gran parte del resto de los medios de comunicación de alguna manera convirtiéndose en defensores de Washington y del sistema".

Fue particularmente incisiva la crítica en el correo electrónico al papel desempeñado por NBC y el resto de los medios corporativos después de la elección de Donald Trump: expresando su indignación hacia los escandalosos tuits del semicriminal especulador de bienes raíces convertido en presidente, mientras ignoran o justifican los verdaderos crímenes del imperialismo norteamericano.

En lugar de realizar informes e investigaciones independientes, escribe, “quedó atrapado en el vórtice de los tuits, cada vez más perdido en una adrenalina sin dirección, la versión sobre seguridad nacional y política de encabezar la transmisión con cada tormenta de nieve. Y afirmaría que, de muchas maneras, NBC simplemente comenzó a emular el propio Estado de seguridad nacional: ajetreado y rentable. No ganó ninguna guerra, pero mantiene la pelota en juego".

Mientras que no es ningún admirador de Trump, a quien describe como “un impostor ignorante e incompetente”, Arkin argumenta que las críticas al presidente —como la supuesta oposición del Partido Demócrata— han sido las de “defensores del Gobierno contra Trump”. Como resultado, argumenta, “la élite de seguridad nacional no ha perdido el ritmo, sino que, de hecho, ha ganado una fuerza peligrosa. Ahora es cada vez más autónoma y prácticamente insensible a las críticas".

Arkin señaló las denuncias de los medios de comunicación sobre "Las diversas intuiciones de Trump: su deseo de mejorar las relaciones con Rusia, de desnuclearizar a Corea del Norte, de salirse de Oriente Próximo, de cuestionar por qué luchamos en África, incluso en sus ataques a la comunidad de inteligencia y el FBI".

La reacción de NBC, acusó, fue "argumentar mecánicamente lo contrario, estar a favor de políticas que simplemente generen más conflicto y más guerra".

"¿De verdad?", continuó. "¿No deberíamos irnos de Siria? ¿No deberíamos buscar audazmente la desnuclearización de la península de Corea? Incluso en Rusia, aunque deberíamos preocuparnos por la fragilidad de nuestra democracia por ser tan vulnerables a la manipulación, ¿realmente queremos una Guerra Fría? Y ni siquiera me hagan comenzar con el FBI: ¿qué? ¿ahora enaltecemos a esta institución históricamente destructiva?".

La renuncia de Arkin es un hito más en la transformación de los medios de comunicación en un brazo de propaganda más o menos abierto del complejo militar y de inteligencia de los Estados Unidos. Este es un proceso que se ha estado acelerando durante el último cuarto de siglo por las guerras de agresión sin interrupción de los EUA, que han visto a los medios corporativos expulsar a los periodistas cuyos informes hayan afectado los intereses del ejército y las agencias de inteligencia.

Estos incluyen a Peter Arnett, despedido por un informe que hizo en 1998 que expone el uso de un gas nervioso por los Estados Unidos durante la Guerra de Vietnam; Dan Rather, expulsado del aire después de 44 años en CBS por un informe que exponía el trato privilegiado a George W. Bush por parte de la Guardia Nacional Aérea de Texas asegurando que no fuera enviado a Vietnam; y Phil Donohue, quien fue despedido por MSNBC por oponerse a la invasión de Irak. La "incrustación" de periodistas en el ejército estadounidense durante la guerra de Estados Unidos contra Irak estableció el estándar para los informes posteriores, en los que se confía en los medios corporativos para que funcionen como un brazo leal del Pentágono y la CIA.

El correo electrónico de Arkin es una muestra condenatoria del estado actual de los medios de comunicación estadounidenses, directamente de la "fuente". Su ira y disgusto por las prácticas de sus empleadores sin duda expresan los sentimientos de capas más amplias de periodistas, artistas e intelectuales que se sienten enajenados por las mentiras y la criminalidad que impregnan a la sociedad capitalista estadounidense.

(Artículo publicado originalmente en inglés el 5 de enero de 2019)