Los trabajadores indios necesitan un programa socialista revolucionario para combatir la devastación social y la reacción política

por Deepal Jayesekera y Keith Jones
10 enero 2019

Decenas de millones de trabajadores y jóvenes participarán en el paro de 48 horas este martes y miércoles en toda la India contra las políticas económicas “proinversores” socialmente destructivas del gobierno dirigido por el Partido Bharatiya Janatha (BJP) —es decir, contra la austeridad salvaje, la privatización, la promoción de contratos de trabajo precarios, el desmantelamiento de los estándares de seguridad medioambientales y laborales, generosos recortes de impuestos para los grandes negocios y los ricos, y onerosos aumentos de impuestos para los trabajadores y los pobres del campo.

El World Socialist Web Site celebra la disposición de los trabajadores a hacer sacrificios económicos y arriesgarse a que se tomen represalias contra ellos e incluso a ser despedidos, para luchar contra el gobierno del BJP.

Anil y Mukesh Ambani, Gautam Adani y otros oligarcas multimillonarios impulsaron a Narendra Modi y su BJP supremacista hindú al poder para intensificar el ataque de la guerra de clases contra la clase trabajadora y perseguir más agresivamente las ambiciones de gran potencia de la burguesía india. Y acaban de hacer exactamente eso. El gobierno del BJP que ya lleva cuatro años y medio ha espoleado la reacción comunal, ha fortalecido el aparato represivo del Estado (incluyendo reservarse el derecho de espiar todas las comunicaciones y datos electrónicos), ha expandido en gran medida la alianza militar-estratégica con el imperialismo estadounidense, y ha acelerado el impulso de la clase gobernante a hacer de la India el mejor refugio para el trabajo barato en beneficio del capitalismo global.

Pero los trabajadores tienen que andarse con cuidado.

La huelga de protesta del 8 y el 9 de enero está dirigida políticamente por los sindicatos y los partidos políticos que son parte integral del establishment indio, y que han desempeñado un papel crucial en implementar la agenda “promercado” que ya dura más de un cuarto de siglo de la élite capitalista india, y en reprimir la oposición a esta.

Esto es cierto no solo respecto al Congreso Sindical Nacional Indio (INTUC), que es un anexo del Partido del Congreso que defiende los grandes negocios, y al Frente Laborista Progresista (LPF), el brazo sindical del partido Dravida Munnetra Kazhagam (DMK), un aliado clave del Congreso y uno de los dos principales partidos de la burguesía tamil. Es igualmente cierto respecto a los dos partidos estalinistas gemelos con representación parlamentaria, el Partido Comunista de la India (Marxista) o CPM, y el Partido Comunista de la India (CPI), y sus respectivos sindicatos afiliados, el Centro de los Sindicatos Indios (CITU) y el Congreso Sindical de Toda la India (AITUC).

Cuando los estalinistas y los diferentes cuerpos sindicales centrales promocionan la huelga del 8 y 9 de enero como una “huelga general” cometen un engaño político cínico.

La huelga general estará para siempre asociada con las luchas revolucionarias de la clase trabajadora rusa de principios del siglo pasado —luchas que, a través del desarrollo del movimiento obrero socialista, condujo al surgimiento de la clase trabajadora como una fuerza política independiente, y culminó, bajo la dirección del Partido Bolchevique de Lenin y Trotsky, en la conquista del poder obrero.

Pero lejos de luchar por la movilización política independiente de la clase trabajadora, los estalinistas y los aparatos sindicales persiguen sofocarla.

Su objetivo es usar el paro de protesta de dos días para contener la oposición cada vez más militante de la clase trabajadora y de los pobres del campo y desviarla tras el impulso de un sector de la élite gobernante india para llevar al poder a un gobierno alternativo de derechas tras las elecciones generales de abril-mayo.

Para los estalinistas, la huelga está subordinada totalmente a las elecciones de 2019, o lo que el CPM llama “la gran batalla” que se avecina, y sus esfuerzos por conseguir votos para elegir a “un gobierno laico alternativo”. Es decir, poner en el poder en Nueva Delhi a un gobierno de los grandes negocios, pero sin el BJP.

Tal gobierno sería comparable a la sucesión de gobiernos “laicos”, muchos de los cuales estuvieron dirigidos por el Partido del Congreso, que el CPM y su Frente de Izquierdas ayudaron a apuntalar en el parlamento entre 1989 y 2008, y que invariablemente implementaron la agenda neoliberal y socialmente incendiaria de la burguesía, al tiempo que se forjaban lazos más estrechos con Washington.

Solo que hoy, una década después de la crisis financiera de 2008, el capitalismo mundial está siendo destruido por crisis sitémicas. Como consecuencia, el próximo gobierno tendrá que aplicar por la fuerza la agenda del capital indio y mundial de manera aún más despiadada. Cualquiera que sea su composición, ya sea que esté formado por el BJP o una coalición “laica” apoyada por los estalinistas basada o bien en el Congreso o bien en un “tercer frente” de partidos regionales y basados en castas, el próximo gobierno tendrá la tarea de intensificar dramáticamente la explotación de los trabajadores y obreros de la India, de manera de poder atraer inversiones extranjeras y capturar mercados extranjeros.

El Congreso ya está cosechando los dividendos de los esfuerzos de los estalinistas por promocionarlo, el partido gobernante tradicional de la burguesía, como un aliado clave de los trabajadores en la lucha contra el BJP. El presidente del INTUC y exlegislador por el Congreso G. Sanjeeva Reddy está usando descaradamente la “huelga general” para pintar al presidente del Congreso Rahul Gandhi como un “amigo” de la clase trabajadora y futuro jefe de un “gobierno progresista”.

Por qué el CPM y los sindicatos se niegan a defender a los trabajadores de Maruti Suzuki víctimas de una encerrona

La verdadera actitud de los estalinistas y de todos los sindicatos hacia la lucha de clases queda encarnada en su negativa a hacer cualquier mención a la puesta en libertad inmediata e incondicional de los trece trabajadores automotores de Maruti Suzuki que han sido encarcelados de por vida bajo acusaciones inventadas de asesinato, y mucho menos a exigirla. El único “crimen” que esos trabajadores cometieron fue haber desafiado las condiciones de maquila que prevalecen en las nuevas industrias manufactureras conectadas globalmente. Aún así los estalinistas están tratándolos como se trataba a los parias del sur de la India en el siglo XIX, a pesar de que los empleadores ya se han hecho la costumbre de amenazar a los trabajadores con “hacer un Maruti Suzuki” para sofocar la oposición.

Los estalinistas rehúyen a los trabajadores de Maruti Suzuki porque temen su ejemplo militante y, lo que es aún más importante, porque reconocen que una campaña que vincule la defensa de los trabajadores de Maruti Suzuki con la lucha contra los salarios de pobreza y el empleo precario podría hacer estallar su alianza con el Partido del Congreso y las cómodas relaciones corporativas de sus sindicatos con los grandes negocios.

La clase trabajadora necesita urgentemente extraer un balance crítico del papel de los partidos estalinistas y los sindicatos y adoptar una estrategia enteramente nueva —una estrategia basada en la movilización política independiente de la clase trabajadora contra todas las facciones de la burguesía y en esa base concentrar a las masas del campo y a todos los oprimidos en la lucha por un gobierno obrero y campesino y la reorganización socialista de la sociedad.

Tal como llevan tres décadas haciéndolo, los estalinistas señalan los crímenes del BJP y sus aliados hindúes de derechas no para condenar el capitalismo indio y alertar a la clase trabajadora sobre la aceptación por parte de la clase gobernante de la reacción y la malignidad de la democracia india; sino más bien como una justificación falsa de su subordinación sistemática de la clase trabajadora al Congreso y un montón de partidos regionales derechistas y basados en las castas.

A medida que se avecinan las elecciones de 2019, los estalinistas están pidiendo a voces que los trabajadores “salven la democracia” y que “salven la constitución” apoyando el establecimiento de un gobierno de los grandes negocios sin el BJP.

No se duda de que el BJP es un vil enemigo de los trabajadores. Pero afirmar que los trabajadores indios pueden derrotar a la reacción y defender los derechos democráticos aferrándose a los faldones de los partidos de la burguesía y depositando su confianza en las instituciones “democráticas” que se están pudriendo del Estado indio —instituciones que de manera rutinaria reprimen violentamente luchas de los trabajadores y han hecho la vista gorda a la perpetración y el encubrimiento de una atrocidad comunal tras otra— es una mentira monstruosa.

Verdaderamente, si la derecha hindú ha sido capaz de llegar a ser una amenaza semejante, ello se debe a las políticas criminales de los estalinistas. Su supresión sistemática de la lucha de clases; su implementación de lo que como ellos mismos admiten son políticas “proinversores” en Estados como Bengala Occidental, donde ellos han gobernado; y su subordinación de la clase trabajadora al Congreso y a otros partidos burgueses en nombre de oponerse a la derecha hindú —preparó el terreno en el cual pudo crecer la reacción.

Como se ha impedido a la clase trabajadora plantear su propia solución socialista a la crisis social, el BJP ha sido capaz de explotar demagógicamente la ira popular por el impacto ruinoso de las políticas neoliberales perseguidas por los diferentes gobiernos “laicos” respaldados por los estalinistas.

La crisis capitalista y el colapso de la democracia burguesa

El gobierno de Modi es la expresión india de un fenómeno global. El capitalismo mundial, empantanado en su crisis más severa desde los años 1930, está vomitando reacción. Dirigido por los EUA, las potencias imperialistas se están rearmando rápidamente. Por todas partes la élite gobernante está precipitándose a la derecha, alimentando divisiones étnicas, nacionales y comunales, y recurriendo a formas de gobierno autoritarias.

No solamente alguien con mentalidad de fascista como Trump, sino también la ultraderechista Lega de Italia, el opositor oficial neonazi AfD en el parlamento alemán, y el presidente ultraderechista brasileño, promotor del ejército, Jair Bolsonaro, están repudiando, todos ellos, las normas de la democracia burguesa: también lo están haciendo los devotos ostensibles del liberalismo.

En los EUA, el Partido Demócrata está dirigiendo una campaña para censurar el internet para evitar la difusión de puntos de vista opositores, especialmente los que se oponen a la guerra y los socialistas. Y los demócratas están confabulándose con las agencias militares y de inteligencia para derrocar a Trump con los métodos de un golpe palaciego, porque quieren que Washington persiga una política más beligerante contra Rusia. El presidente francés Emanuel Macron normalizó los poderes de “emergencia” “antiterroristas”, y luego los empleó para imponer ataques masivos a los derechos sociales de los trabajadores.

La única estrategia viable para defender los derechos democráticos y derrotar a la reacción es aquella que se base en la lucha de clases internacional y la movilización política de la clase trabajadora contra el decrépito orden social capitalista.

En 2018, la clase trabajadora empezó a abrirse camino a través de los obstáculos a la lucha que fueran erigidos por los homólogos del CPM y el INTUC a nivel mundial, los sindicatos procapitalistas y los partidos socialdemócratas, y partidos pseudoizquierdistas como el griego Syriza. El movimiento de los chalecos amarillos de Francia ejemplifica este recrudecimiento global contra la austeridad capitalista y la desigualdad social, y el hecho de que la oposición de la clase trabajadora se está desarrollando por fuera de los partidos de “izquierda” y los sindicatos del establishment, y cada vez más en franca oposición a estos.

Para afirmar sus intereses de clase, los trabajadores de la India necesitan nuevas organizaciones de lucha, completamente independientes de los partidos estalinistas y los aparatos sindicales y sometidas a su propio control. Los trabajadores indios deberían seguir el ejemplo de los trabajadores de las plantaciones de la hacienda de té Abbotsleigh de Sri Lanka quienes en respuesta a la imposición por parte de los sindicatos de los ataques de los empleadores han establecido comités de base de acción para seguir la lucha por sus derechos básicos.

Por sobre todas las cosas, la clase trabajadora necesita un partido revolucionario que se ponga a la cabeza de la lucha por el poder obrero y que coordine sus luchas a escala mundial. Ese partido es la Cuarta Internacional y sus secciones nacionales, incluyendo al sur de Asia, el Partido Socialista por la Igualdad (de Sri Lanka).

Fundada por León Trotsky en 1938, la Cuarta Internacional ha defendido y desarrollado el programa del socialismo internacional contra el imperialismo y todas sus agencias, sobre todo la burocracia estalinista soviética —los mentores políticos del CPM y el CPI— que traicionó la Revolución rusa de 1917 bajo la bandera nacionalista del “socialismo en un solo país” y en definitiva restauró el capitalismo en la antugua Unión Soviética. Dirigida desde 1953 por el Comité Internacional de la Cuarta Internacional (CICI), encarna todas las lecciones estratégicas de las luchas de la clase trabajadora internacional, incluyendo sus victorias y derrotas en el siglo pasado y en las dos primeras décadas del actual.

Trabajadores y jóvenes: oponeos a la desigualdad social, a la reacción capitalista y a la guerra. Asumid la lucha por el socialismo internacional. Construid la sección india del CICI.

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(Publicado originalmente en inglés el 8 de enero de 2019)