Cómo el WRP traicionó al trotskismo:1973-1985

3. El conflicto con la OCI

Declaración del Comité Internacional de la Cuarta Internacional
10 enero 2019

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Este es el tercero de 43 capítulos que se publicarán diariamente. Originalmente fueron publicados como el Volumen 13, no. 1, de la revista Fourth International en el verano de 1986.

En 1985, después de un proceso prolongado de degeneración, el Workers Revolutionary Party, la sección británica del CICI, rompió en definitiva con el trotskismo. En mayo y junio de 1986, el Comité Internacional de la Cuarta Internacional se reunió y realizó un exhaustivo análisis de las cuestiones teóricas, políticas e históricas involucradas en el colapso del WRP. “Cómo el WRP traicionó a l trotskismo: 1973-1985” fue una labor clave en rearmar al movimiento y prepararlo para las batallas políticas en torno a la construcción de una dirección revolucionaria en la clase obrera. Estas lecciones son vitales para el desarrollo de nuevas secciones del CICI internacionalmente.

A pesar —o, mejor dicho, inseparablemente— de esas conquistas, surgieron nuevos problemas dentro del Comité Internacional después de la ruptura con el Socialist Workers Party. Ya para 1966 comenzaron a surgir diferencias entre la SLL y la OCI respecto al papel del CICI. La diferencia que surgió en el Tercer Congreso del CICI en abril de 1966 sobre la cuestión de la continuidad histórica del trotskismo fue una clara indicación de las desviaciones centristas dentro del movimiento mundial. Aunque la OCI luchó al lado de la SLL contra los seguidores de Robertson y el grupo Voix Ouvrière que abiertamente rechazaban la lucha contra el pablismo como el criterio esencial de la continuidad histórica, las diferencias entre ambas secciones se ampliaron aún más. La insistencia de los franceses en que había que “reconstruir” la Cuarta Internacional no era meramente una disputa sobre terminología. Sugería una orientación política hacia fuerzas centristas con la excusa de un reagrupamiento internacional y por lo tanto ponía en peligro los logros de la lucha contra el revisionismo pablista. Al hacer concesiones a aquellos que sostenían que la Cuarta Internacional estaba “muerta” y había que “reconstruirla”, la OCI declaraba, implícitamente, que las lecciones de las luchas pasadas contra el revisionismo no tenían una importancia decisiva. Esto la llevó directamente al pantano político del centrismo, donde todo el mundo podía unirse independientemente del pasado político de las tendencias que cada uno representara.

Bajo las condiciones del levantamiento de la clase trabajadora y los estudiantes en Francia en 1968, estas vacilaciones centristas asumieron una inmensa importancia en el desarrollo político de la OCI y del CICI. La organización francesa, la cual había tenido dificultades durante años simplemente para pagar sus facturas y establecer una presencia dentro del movimiento obrero, de repente creció de manera explosiva. En 1970 pudo organizar una asamblea en el aeropuerto Le Bourget de París donde asistieron 10.000 trabajadores y jóvenes. Sin embargo, la dirección de Lambert y Just de la OCI se adaptó a los elementos pequeñoburgueses como Charles Berg, que habían inundado el movimiento. En poco tiempo, el ala derecha se encontraba dirigiendo el partido.

En este período de las diferencias entre la SLL y la OCI, se desarrolló un amplio abanico de divergencias principistas, desde la negativa de la organización francesa a apoyar a Egipto, un país semicolonial, contra el Estado sionista en la guerra de 1967, a la línea sindicalista y abstencionista de la OCI durante la huelga general de mayo-junio y las elecciones presidenciales de 1969.

Habiendo experimentado un crecimiento considerable pese a su propia evolución, los dirigentes de la OCI se sentían cada vez más autosuficientes y desdeñosos hacia el Comité Internacional. Después de mudarse a un edificio masivo, tipo fortaleza, digno de su nueva prepotencia, Lambert y Just procedieron a establecer sus propias operaciones internacionales en base a relaciones con centristas de todo el mundo. Una de las más importantes relaciones sin principios fue la que cultivaron con el Partido Obrero Revolucionario (POR) boliviano dirigido por Guillermo Lora, una organización con una larga historia de colaboración con los nacionalistas burgueses y que había apoyado a Pablo en 1953.

En julio de 1971 la OCI organizó una asamblea juvenil en Essen, Alemania, sobre bases completamente centristas, invitando a representantes no solo del POUM —la organización centrista que había jugado el papel más importante en la derrota del proletariado español— sino también los seguidores de Robertson y la Asociación Nacional Estudiantil de los EUA, que había recibido fondos de la CIA. Durante esa asamblea, a la cual la SLL había aceptado asistir, la delegación de la Juventud Socialista británica presentó una resolución instando a que los jóvenes se comprometieran a la lucha por el desarrollo del materialismo dialéctico. La OCI, que había discutido con la SLL en contra de introducir esta resolución, votó públicamente en su contra.

Un mes después, el ejército boliviano dio un golpe de Estado que resultó en el derrocamiento del régimen militar de “izquierda” del general Torres y la destrucción de la Asamblea Popular. Habiendo apoyado al gobierno de Torres y esperado que el régimen militar armara a la clase trabajadora en el caso de un golpe, Lora estaba profundamente implicado en este desastre político. Tim Wohlforth, que era entonces el secretario nacional de la Workers League, publicó, con la aprobación de la SLL, una crítica a la política del POR.

La OCI respondió convocando un mitin de su facción internacional en París y publicando una declaración que denunciaba a la SLL y la Workers League por capitular ante el imperialismo al atacar al POR públicamente. Más aún, tuvo el atrevimiento de afirmar que Lora era miembro del CICI.

La mayoría del CICI, dirigida por la SLL, respondió a este ataque declarando una ruptura pública con la OCI el 24 de noviembre de 1971. No hay duda de que la caracterización de la OCI como organización centrista era correcta desde el punto de vista político y que las críticas de la línea política de la organización francesa estaban totalmente justificadas. Más aún, respecto a la cuestión de la filosofía, la SLL correctamente se opuso al intento de la OCI de negar que el materialismo dialéctico es la teoría del conocimiento del marxismo y de afirmar que el Programa de Transición hacía superfluo cualquier desarrollo posterior de la teoría marxista.

La dirección del Tercer Congreso del Comité Internacional (en sentido de las agujas del reloj desde la esquina superior izquierda): M. Banda, C. Slaughter, S. Just (Francia), M. Rastos (Grecia), G. Healy, P. Lambert (Francia)

Sin embargo, a diferencia de la lucha con el SWP —la cual fue llevada a cabo entre las bases del partido por un extenso período de tiempo— la ruptura con la OCI se realizó sin una discusión extensiva dentro del CICI ni entre los cuadros de sus diferentes secciones nacionales. A las ramificaciones internacionales de la ruptura solo se les dio un trato superficial, que no se asemejaba a la lucha internacional que lanzó la SLL entre 1961 y 1966. Cabe notar que el CICI no ganó ni un solo de la organización francesa, a pesar de la bancarrota teórica y política de la dirección de Lambert y Just y, lo que es peor, no se hizo el intento de desarrollar una facción dentro de la OCI. En ningún documento la SLL siquiera pidió el apoyo de la militancia francesa.

En contraste con la enorme paciencia y tenacidad con la cual la SLL condujo la lucha contra la degeneración del SWP —lucha que continuó aún después de la ruptura (los simpatizantes estadounidenses del CICI permanecieron dentro del SWP durante un año más)— la ruptura con la OCI se llevó a cabo con una prisa política que solo podía dejar un legado de confusión, que a su vez fue explotado por los centristas franceses. Hay que señalar que no hubo un congreso del CICI en los cinco años anteriores a la ruptura, la cual ocurrió pocos meses antes del siguiente y cuarto congreso que estaba programado. La OCI convocó una reunión de emergencia del Comité Internacional y demandó repetidamente tener más discusiones. Esto fue rechazado por la SLL de manera unilateral. Simplemente declaró que la ruptura era inevitable e históricamente necesaria.

Bajo estas condiciones, la escisión —vista desde el punto de vista de la educación de los cuadros del Comité Internacional y de la clarificación de los sectores más avanzados de los trabajadores de todo el mundo— fue decididamente prematura. Representó un repliegue por parte de la Socialist Labour League respecto a las responsabilidades internacionales que había asumido en 1961 cuando libró su lucha contra la degeneración del SWP. Por más necesaria que fuera la crítica de las raíces metodológicas del centrismo y a pesar de las afirmaciones subsiguientes de que la ruptura fue sobre cuestiones esenciales de filosofía, la cuestión del materialismo dialéctico ni agotaba ni reemplazaba las fundamentales cuestiones políticas y programáticas que aún faltaba evaluar.

Aunque la ruptura fue precipitada directamente por los acontecimientos bolivianos, muy pronto la SLL estaba afirmando que estos eran solo de importancia secundaria, y que la ruptura dentro del CICI ya había ocurrido en Essen cuando la OCI se opuso a la resolución sobre el materialismo dialéctico. Esta era una falsa polémica. Los acontecimientos de Bolivia —en los cuales la OCI flanqueó políticamente a Lora— eran de una inmensa importancia histórica para la clase trabajadora internacional, sobre todo para el proletariado de Latinoamérica. Era absolutamente esencial que el CICI analizara esta experiencia de la manera más detallada —así como Trotsky analizó los acontecimientos de China, Alemania y España— para poder denunciar las implicaciones contrarrevolucionarias del centrismo en el período actual. No era suficiente declarar que Lora y la OCI estaban equivocados. Habría sido más importante, desde el punto de vista del marxismo y del desarrollo del CICI como el partido mundial de la revolución socialista, elevar este acontecimiento al nivel de una experiencia estratégica del proletariado internacional. Esto era aún más necesario dado que el proletariado boliviano había tenido una larga asociación con la Cuarta Internacional. En 1951, Pablo dio su aprobación a un camino parlamentario al poder en Bolivia, preparando así el camino hacia la derrota de la Revolución de 1952. En el Cuarto Congreso del CICI en abril de 1972 apenas se mencionaron los acontecimientos de Bolivia.

Trabajadores y estudiantes bolivianos se reúnen para combatir el golpe de Estado derechista y militar en 1971

La SLL correctamente pudo indicar los serios errores que la OCI había cometido en Francia en 1968-69. Pero el problema era que esas diferencias no se discutieron dentro del CI antes de la ruptura. Más aún, la crítica de la OCI finalizó antes de desarrollar, en base a un análisis marxista sobre el abstencionismo de la OCI, una perspectiva revolucionaria concreta para el proletariado francés.

Esta es una cuestión fundamental. La tarea que enfrentan los dirigentes de la Cuarta Internacional no es solo desenterrar las traiciones y desenmascarar los errores sino descubrir el camino correcto. A lo largo de la lucha contra el SWP, la SLL restauró la táctica de un partido laborista al lugar que le correspondía en la práctica de los trotskistas estadounidenses. Posteriormente, corrigió una tendencia dentro de la Workers League de adaptarse al nacionalismo negro y fomentó un serio trabajo teórico en el desarrollo de una actitud programática correcta hacia esa cuestión.

A pesar de la importancia estratégica que ocupaba Francia en el desarrollo de la revolución socialista mundial, todo el trabajo sobre la perspectiva del CICI para ese país llegó a su fin una vez que se concretó la ruptura. Entonces, a pesar de las profundas conexiones históricas del movimiento trotskista con el proletariado de ese país —cuyos problemas fueron el tema de algunos de los escritos más importantes de Trotsky— la SLL simplemente abandonó a la clase trabajadora francesa.

¿Por qué procedió de esa forma? Hay que encontrar la respuesta antes que nada en el desarrollo político de la lucha de clases en Reino Unido y en el trabajo de la sección británica. La agudización de la lucha de clases bajo el gobierno conservador produjo un ascenso elemental de la clase obrera que, como ya hemos notado, permitió que la SLL reclutara cientos de nuevos miembros. Pero, a pesar de los muchos éxitos organizativos, por importantes que hayan sido, se empezó a desarrollar un proceso de adaptación política a este ascenso espontáneo de la clase trabajadora en Reino Unido. Esto se reflejó en términos políticos casi inmediatamente en un cambio de la actitud por parte de los dirigentes británicos hacia el Comité Internacional de la Cuarta Internacional.

Irónicamente, la dirección de la SLL respondió al crecimiento de su propia organización casi del mismo modo en que la OCI había respondido a sus avances políticos. Healy, Banda y Slaughter empezaron a ver al CICI como un auxiliar del trabajo práctico que realizaban en Reino Unido. El crecimiento de la SLL era visto cada vez más como la base para el desarrollo futuro del CICI, en vez de ser la construcción del CICI la precondición para consolidar y desarrollar los logros del movimiento en Reino Unido. Su actitud hacia el CICI y sus pequeñas y políticamente inexpertas secciones se asemejaba a la indiferencia con la cual el “gran” ILP de los años treinta veía a la Cuarta Internacional.

La rapidez con la cual la SLL llevó a cabo la ruptura con la OCI —sin una lucha exhaustiva contra el centrismo en todo el Comité Internacional y dentro de sus propias bases— representó una adaptación al ascenso espontáneo del movimiento obrero en Reino Unido y marcó un grave abandono de la lucha por construir la Cuarta Internacional. A pesar de la advertencia una década antes, la SLL no fue capaz de desarrollar una lucha política contra el centrismo dentro de la Cuarta Internacional ni de hacer de las lecciones de esa lucha la base para la educación política de sus cuadros. Esto no pudo haber pasado en un peor momento. Precisamente porque amplias capas nuevas estaban entrando en la SLL, era más necesario que nunca afianzar esas fuerzas en los fundamentos históricos del movimiento trotskista mundial y en su larga e incesante lucha contra todas las formas de revisionismo.

Esta retirada inevitablemente debilitó los logros de la SLL. Y, en cuanto a las nuevas fuerzas, estas no estaban arraigadas en los grandes principios internacionales, reforzados por un entendimiento claro de una perspectiva mundial, por lo cual inevitablemente las relaciones dentro del partido empezaron a tener un carácter cada vez más pragmático basado en acuerdos tácticos limitados, centrados en metas inmediatas (“Abajo el gobierno conservador”). Más aún, al no recibir clarificaciones políticas, los miembros eran vulnerables a cambios de ánimo de diferentes fuerzas de clase, a los cuales los propios dirigentes empezaban a adaptarse por no haber comprendido teóricamente las lecciones principales de las luchas en los períodos anteriores.

Por lo tanto, en un corto lapso, la SLL, bajo las presiones de poderosas fuerzas de clases desatadas por la explosión de la crisis capitalista mundial en 1971-73, empezó a desplazarse rápidamente en dirección al centrismo. Ese fue el enorme precio pagado por la dirección de Healy por no haber podido mantener la promesa que le había hecho a la Cuarta Internacional en 1961.