El significado político de la huelga general de dos días en la India

14 enero 2019

Decenas de millones de trabajadores en toda India participaron en una huelga de 48 horas este martes y miércoles para expresar su oposición a las políticas “proinversionistas” de un Gobierno rabiosamente derechista.

La huelga involucró a vastos sectores de la clase trabajadora —de minas e industria, a bancos, transporte y servicios gubernamentales— y trascendió más allá de las castas y divisiones comunales que la burguesía india ha promovido por décadas como parte de su estrategia deliberada de “dividir y conquistar”.

La huelga general de esta semana en la India, una de las más grandes en la historia, es parte de un resurgimiento cada vez más amplio de la clase obrera mundial.

En el país vecino de Bangladesh, decenas de miles de empobrecidos trabajadores de maquilas realizaron huelgas y manifestaciones esta semana en cara a una represión y violencia estatales que se recrudecen. El martes, una trabajadora de 22 años fue asesinada cuando la policía atacaba una de sus protestas.

En Sri Lanka, fuera de la costa sureste del subcontinente indio, los trabajadores agrícolas han emprendido una agitación por meses en oposición a sus salarios de pobreza. Esto incluyó una huelga de nueve días en la que participaron 100.000 trabajadores en diciembre en desafío a los sindicatos respaldados por el Estado.

En Francia, cientos de miles de trabajadores han tomado parte del movimiento de los “Chalecos amarillos” en Francia contra las políticas de austeridad del presidente Emmanuel Macron.

En Estados Unidos, el sindicato docente United Teachers Los Angeles está maniobrando desesperadamente para evitar una huelga de más de 30.000 educadores contra el desmantelamiento de la educación pública perpetrada por un distrito escolar y un gobierno estatal de California controlados por el Partido Demócrata.

Los trabajadores automotores de América del Norte y Europa apoyan en números cada vez mayores un desafío militante a los planes de las empresas automotrices transnacionales de recortar plazas y cerrar plantas. Actuando independientemente del sindicato corporativista Unifor, los trabajadores de la planta de GM en Oshawa, Canadá, libraron una serie de acciones industriales esta semana después de que la empresa reafirmara su decisión de cerrar la planta junto a cuatro otras en EUA.

Tras décadas en la que la lucha de clases se ha visto artificialmente suprimida por la fraudulenta “izquierda” oficial —los sindicatos, los partidos socialdemócratas y estalinistas y sus apéndices pseudoizquierdistas—, la clase obrera está comenzando a reafirmar sus propios intereses independientes.

La India ejemplifica la brutalidad del capitalismo del siglo veintiuno. Setenta por ciento de la población o hasta 900 millones de personas viven a duras penas con menos de US $2 por día. Mientras tanto, la élite y la prensa celebran el aumento exponencial de milmillonarios en el país, de dos a mediados de los noventa con US $3 mil millones en activos a 131 hoy con una riqueza equivalente al 15 por ciento del producto interno bruto indio.

Narendra Modi y su partido supremacista hindú Bharatiya Janata (BJP, siglas en inglés) fueron llevados al poder en 2014 para someter a los trabajadores a condiciones aún más brutales de explotación. El Gobierno de Modi ha implementado medidas salvajes de austeridad, promovido el trabajo casual y acelerado las privatizaciones, mientras fomenta la reacción comunalista y transforma a la India en un Estado de primera línea en la ofensiva estratégico-militar del imperialismo estadounidense contra China.

Sin embargo, como lo demostró palpablemente la huelga de esta semana, la clase obrera india no es solo un objeto de explotación, sino que ejerce un inmenso poder social.

La reemergencia de la clase obrera internacional ofrece las bases objetivas para una contraofensiva contra el imperialismo mundial —sus corporaciones transnacionales, sus guerras e intrigas, su giro hacia métodos autoritarios de gobierno y su promoción de fuerzas ultraderechistas y fascistas—.

La tarea es armar políticamente a este movimiento insurgente de la clase obrera con una estrategia internacional y nuevas organizaciones de lucha para crear un nuevo orden social, libre de necesidades y guerras: el socialismo internacional.

Un elemento clave en trazar el nuevo derrotero político para la clase obrera es exponer implacablemente a las organizaciones procapitalistas que afirman representar a la clase obrera, sea el sindicato automotor UAW en Estados Unidos, la CGT en Francia o el partido La Izquierda en Alemania.

La huelga de toda la India estuvo encabezada políticamente por el estalinista Partido Comunista de la India (Marxista) o CPM (siglas en inglés) y su rama sindical, el Centro Sindical Indio (CITU, siglas en inglés). También desempeñaron un papel significativo la federación sindical del partido hermano del CPM, el CPI, y las ramas sindicales del Partido del Congreso de la gran patronal y el DMK, un partido derechista basado en el estado de Tamil Nadu.

Todos estos partidos asumieron un rol crucial en la implementación de los planes de la burguesía india de convertir al país en un paraíso de mano de obra barata para el capital global. Entre 1991 y 2008, el CPM y el CPI apuntalaron una serie de Gobiernos que, en su mayoría, lideraba el Partido del Congreso y constituyeron la punta de lanza de la agenda neoliberal y el acercamiento a Washington.

Los trabajadores se unieron a la huelga esta semana para oponerse a la devastación social que trajo consigo el último cuarto de siglo de reformas promercado. Sin embargo, para los estalinistas, fue una mugrienta maniobra política para encarrilar a la clase obrera detrás de su campaña para llevar al poder a un Gobierno capitalista alternativo —sea liderado por el Partido del Congreso o un puñado de partidos derechistas regionales más pequeños— en las elecciones generales de abril y mayo.

Los estalinistas buscan justificar su subordinación sistemática de la clase obrera a los partidos e instituciones de la burguesía haciendo hincapié en los crímenes del BJP y sus aliados derechistas hindúes.

Ciertamente, Modi y su BJP son amargos enemigos de la clase obrera. Pero la derecha hindú ha podido convertirse en una amenaza tan significativa precisamente porque los estalinistas se han dedicado a fertilizar el suelo para que crezca tal reacción. Su obstaculización del avance de una solución propia de la clase obrera a la crisis social permitió que el BJP explotara demagógicamente el enojo social por el impacto ruinoso de las políticas promercado implementadas bajo sucesivos Gobiernos “seculares” respaldados por el estalinismo.

La única estrategia viable para defender los derechos democráticos y derrotar la reacción en la India, así como en Estados Unidos, Francia y el resto del mundo, se basa en la lucha de clases internacional y la movilización política independiente de la clase obrera contra el decrépito orden capitalista.

Los trabajadores indios deben prepararse para luchar contra el régimen de Modi y el próximo Gobierno. Independientemente de los partidos que lo conformen, la siguiente Administración recibirá la tarea de sus amos burgueses de intensificar dramáticamente la explotación de las masas trabajadoras y campesinas indias. Esto exige la construcción de nuevas organizaciones de lucha.

En esto, los trabajadores indios deben seguir el ejemplo de los trabajadores agrícolas de Sri Lanka, quienes, bajo la guía del Partido Socialista por la Igualdad, han establecido un comité de acción de las bases, completamente independiente de los aparatos sindicales, los cuales han confabulado en su brutal explotación por décadas.

Tales comités de base en los lugares de trabajo a su vez deben desarrollar una contraofensiva de la clase obrera aunando las luchas de los trabajadores en toda India y apelando a los trabajadores de todo el mundo con quienes están estrechamente vinculados por el mismo proceso global de la producción capitalista.

Estos comités deben asumir la lucha por liberar a los 13 trabajadores de Maruti Suzuki cuyas cadenas perpetuas fueron el producto de cargos de asesinato fraudulentos. El único “crimen” de estos obreros fue luchar contra sus salarios de pobreza y contrataciones casuales. Escandalosamente, los estalinistas y sindicatos los han abandonado por temor a su militancia ejemplar. Una campaña por vincular la batalla para liberar a los 13 de Maruti Sizuki con la lucha más amplia contra las condiciones laborales propias de maquiladoras y la precarización laboral movilizaría el extenso apoyo que existe en la clase obrera hacia estos prisioneros de la guerra clases y serviría como un grito de guerra para la lucha de clases.

Los trabajadores y jóvenes indios deben unirse a los trabajadores de todo el sur de Asia y el resto del mundo en la construcción de un movimiento internacional contra las guerras imperialistas con base en un programa resueltamente socialista. El alineamiento de la burguesía india con Washington ha envalentonado imprudentemente al imperialismo estadounidense en su marcha militar contra China. Más allá, la élite gobernante india manipula sistemáticamente sus reaccionarios conflictos estratégico-militares con Pakistán y China para azuzar el comunalismo y el patrioterismo a fin de intimidar y dividir a la clase obrera.

Ante todo, los trabajadores indios necesitan un partido revolucionario basado en un programa y una estrategia internacionalistas y socialistas que encarne todas las lecciones estratégicas de las luchas de la clase obrera mundial para perseguir la lucha por el poder obrero. Ese partido es el Comité Internacional de la Cuarta Internacional (CICI) y sus secciones nacionales, como el Partido Socialista por la Igualdad (Sri Lanka).

Fundado por León Trotsky en 1938, el CICI ha defendido y desarrollado el programa de la Revolución Permanente, el cual constituye el programa que impulsó la Revolución Rusa de 1917 y la lucha subsecuente contra su degeneración burocrática estalinista. Uno de sus componentes clave es que, en los países con un desarrollo capitalista tardío, las tareas de las revoluciones democráticas y socialistas se han fusionado. Ninguna de las aspiraciones fundamentales de las masas oprimidas —sea la liquidación del latifundismo, el sistema de castas o la garantía de los derechos democráticos de la clase obrera y una igualdad social auténtica— puede asegurarse fuera de la lucha de la clase obrera por forjar su independencia política y movilizar a las masas rurales detrás suyo con base en un programa anticapitalista y que contienda por el poder obrero.

Urgimos a los trabajadores y jóvenes indios a encabezar la lucha contra la desigualdad social, la reacción capitalista y las guerras uniéndose a la lucha por construir una sección india del CICI.

(Artículo publicado originalmente en inglés el 12 de enero de 2019)

Keith Jones