El camino a seguir para los trabajadores gubernamentales de EUA en la lucha contra el cierre

24 enero 2019

El cierre parcial del Gobierno de Estados Unidos ha llegado a su quinta semana y no se ve su fin en el horizonte. Unos 800.000 trabajadores federales están enfrentándose a su segundo día de pago sin recibir nada.

Aproximadamente 500.000 trabajadores están siendo obligados a trabajar sin sueldo, mientras que otros 300.000 trabajadores fueron suspendidos en lo que constituye el mayor cierre patronal en la historia de EUA. Cientos de miles de familias están siendo empujadas a una crisis, sin poder pagar sus alquileres, hipotecas, cuidados de salud o comidas nutritivas. Están siendo utilizados como rehenes en un conflicto interno y políticamente mugriento en Washington entre varias facciones igual de reaccionarias de la burguesía.

Donald Trump está utilizando el recorte al financiamiento para una cuarta parte de los departamentos y agencias federales para obligar a los demócratas a acceder a su demanda de un muro fronterizo entre Estados Unidos y México, mientras que otros ataques antidemocráticos e ilegales contra los inmigrantes. Los demócratas están presentándose como oponentes del muro mientras ofrecen miles de millones de dólares para militarizar la frontera y respaldan implícitamente el despliegue de tropas a la frontera y la expansión de centros de detención para los solicitantes de asilo y refugiados.

El enojo de los trabajadores gubernamentales está aumentando. La Administración de Seguridad del Transporte (TSA, todas las siglas en inglés) reportó el lunes que 10 por ciento de los inspectores de maletas de los aeropuertos estaban ausentes el lunes, comparado con 3 por ciento el año pasado. El número cada vez más alto de trabajadores que se están reportando enfermos es en sí una medida de la resistencia de los trabajadores y el deseo de luchar.

Incluso varias secciones de la prensa corporativa han especulado sobre la posibilidad de un paro masivo reportándose enfermos o directamente una huelga por parte de los trabajadores de la TSA, lo que pondría de rodillas el tráfico aéreo en Estados Unidos y forzaría un fin al cierre. Sin embargo, un grupo en particular ha permanecido completamente en silencio sobre cualquier acción independiente de los trabajadores: los sindicatos.

En vez de organizar una lucha, los sindicatos están diciéndoles a los trabajadores que busquen caridades o préstamos mientras esperan que el cierre se acabe según los términos dictados por ambos partidos de las grandes empresas.

El sindicato de empleados federales más grande, la Federación Estadounidense de Empleados Gubernamentales (AFGE), ha publicado información en su página web dando instrucciones a los trabajadores sobre cómo solicitar en los bancos que “les ayuden a minimizar el golpe” de no ser pagados. Está ofreciendo un insultante subsidio único de $300 para miembros elegibles y ha sugerido a los trabajadores aceptar un avance libre de intereses de $500 por medio del servicio de pagos en línea PayPal.

El Sindicato Nacional de Empleados del Tesoro y la confederación sindical AFL-CIO han realizado ofertas irrisorias similares.

Los propios sindicatos han pedido que los trabajadores apelen a los demócratas y al líder de la mayoría republicana en el Senado, Mitch McConnell, diciéndoles que llamen a sus representantes en el Congreso y a los principales líderes sindicales, por medio de consignas como “¡Mitch, haz tu trabajo!” en mítines pequeños y esparcidos por todo el país, en los que han retratado a los demócratas como los “amigos” de los trabajadores.

La negativa de los sindicatos a organizar cualquier acción independiente de los trabajadores demuestra el carácter objetivo y el papel de estas organizaciones como agencias de la clase gobernante y el Gobierno para la supresión de la clase obrera.

Sus apuñaladas por la espalda a los trabajadores gubernamentales no son la excepción. Este es el papel que representan los sindicatos en todas las secciones de la clase obrera.

En California, el sindicato Maestros Unidos Los Ángeles (UTLA) está buscando imponer un contrato entreguista y poner fin a la huelga de los docentes pese a que no han sido cumplidas ninguna de las demandas centrales de los maestros. La Federación Estadounidense de Maestros (AFT) y la Asociación Nacional de la Educación (NEA) sofocaron las huelgas de docentes el año pasado en West Virginia, Oklahoma y Arizona después de tomar el control de los paros estatales que las mismas bases docentes habían organizado en las redes sociales para superar la oposición de los sindicatos a cualquier resistencia organizada.

El sindicato automotor UAW está buscando suprimir cualquier lucha de los trabajadores contra los cierres de plantas y el despido de 15.000 trabajadores en Estados Unidos y Canadá. El sindicato de camioneros Teamsters ignoró un voto de las bases obreras en UPS en rechazo a un contrato con concesiones podridas y lo impuso de todas formas el año pasado.

En 2017, cuando presentaba sus argumentos apelando a los representantes de la burguesía de la Corte Suprema para el caso Janus, el abogado de los sindicatos dijo descaradamente, “La seguridad para el sindicato es una compensación por no tener huelgas”.

Esta es una confirmación directamente de la fuente del papel esencial que desempeñan los sindicatos hoy día en suprimir la lucha de clases y vigilar como policías a la clase obrera a instancias de la patronal.

Su papel antiobrero se deriva inexorablemente de su nacionalismo y su defensa del capitalismo. El apoyo de los sindicatos a la guerra comercial y la promoción de la xenofobia—diciéndoles a los trabajadores estadounidenses que su enemigo no es el capitalismo, sino sus compañeros obreros en México, China y otros países—es un componente esencial de su tarea de sofocar la oposición de la clase trabajadora y subordinar a los trabajadores a su “propia” clase gobernante nacional.

Los sindicatos no son organizaciones obreras, sino entidades empresariales encabezadas por oficiales con salarios de seis cifras, poniéndolos en el cinco por ciento más rico de ingresos en el país. Extraen cuotas de los salarios de los trabajadores para encauzar dinero a los cofres del Partido Demócrata.

El presidente del AFGE, J. David Cox, recibió una compensación total de casi $300.000 en 2015, aproximadamente diez veces el salario inicial de un trabajador de la TSA. Durante el ciclo electoral de 2016, el sindicato de Cox le donó más de $1 millón a los demócratas.

Los sindicatos cuentan con el respaldo de organizaciones pseudoizquierdistas, como la Organización Internacional Socialista (ISO) en la supresión de la lucha de clases. Un artículo sobre el cierre del Gobierno publicado en el sitio web de la ISO el lunes no realizó ningún llamado a una acción industrial, atrincherándose detrás de los oficiales sindicales contra los trabajadores. Lo más que pudo decir, refiriéndose a la creciente ola de trabajadores de la TSA reportándose enfermos, fue avanzar la patética línea de. “¿Podría organizarse esto en una ‘protesta de trabajadores reportándose enfermos’ coordinada?”.

El amplio apoyo a los trabajadores del Gobierno que han demostrado los trabajadores de todo el país e internacionalmente refleja el poderoso potencial a una movilización de estos sentimientos en la forma de una acción industrial y política de masas. Sin embargo, lo último que el Partido Demócrata y sus socios en los sindicatos y la pseudoizquierda quieren es que surja un movimiento social auténtico contra Trump que llegue a plantear la cuestión sobre quién debería gobernar: una minoría ultrarrica de oligarcas o la mayoría de la clase trabajadora. Cualquier resolución al cierre del Gobierno que quede en manos de la clase gobernante significará ataques más profundos a los niveles de vida de los trabajadores.

La lógica de la situación deja en claro la urgente necesidad de que la clase obrera se libere de los sindicatos. La lucha de los trabajadores federales estadounidenses es parte de una lucha internacional cada vez más amplia de la clase obrera impulsada por la crisis del sistema capitalista y el crecimiento colosal de la desigualdad social. Este resurgimiento de la lucha de clases está tomando la forma de una rebelión contra las viejas organizaciones burocráticas que han suprimido a la clase obrera por décadas y ayudado que la burguesía reduzca los salarios y erosione los niveles de vida.

Las protestas de los chalecos amarillos en Francia, la huelga de 70.000 trabajadores de maquiladoras en Matamoros, México, y las rebeliones de docentes de 2018 han dado un ejemplo crítico que muestra que los trabajadores solo pueden llevar a cabo acciones serias si se movilizan independientemente y en oposición a los sindicatos.

Los trabajadores del Gobierno necesitan elegir comités de base, independientes de los sindicatos. Estos comités deben coordinarse con los trabajadores federales de todo el país y vincularse con otras secciones de la clase obrera que están entrando en lucha tanto en EUA como internacionalmente, incluyendo los maestros en Los Ángeles, Oakland, Denver y Virginia, los trabajadores de UPS y Amazon, los trabajadores automotores en EUA, Canadá y México y los manifestantes de los chalecos amarillos en Francia.

Esto sentará las bases para manifestaciones de masas y huelgas como parte de una movilización política contra ambos partidos de las grandes empresas y una lucha por el socialismo.

(Artículo publicado originalmente en inglés el 23 de enero de 2019)

Niles Niemuth