Cómo el WRP traicionó al trotskismo:1973-1985

26. Una misión para S. Michael

Declaración del Comité Internacional de la Cuarta Internacional
8 febrero 2019

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Este es el vigesimosexto de 43 capítulos que se publicarán diariamente. Originalmente fueron publicados como el Volumen 13, no. 1, de la revista Fourth International en el verano de 1986.

En 1985, después de un proceso prolongado de degeneración, el Workers Revolutionary Party, la sección británica del CICI, rompió en definitiva con el trotskismo. En mayo y junio de 1986, el Comité Internacional de la Cuarta Internacional se reunió y realizó un exhaustivo análisis de las cuestiones teóricas, políticas e históricas involucradas en el colapso del WRP. “Cómo el WRP traicionó al trotskismo: 1973-1985” fue una labor clave en rearmar al movimiento y prepararlo para las batallas políticas en torno a la construcción de una dirección revolucionaria en la clase obrera. Estas lecciones son vitales para el desarrollo de nuevas secciones del CICI internacionalmente.

Para poder justificar un giro político completamente oportunista hacia apoyar abiertamente una victoria de Irán, Healy tenía que atacar el análisis del Comité Internacional y reemplazarlo con una evaluación falsa de la naturaleza de clase del régimen de Jomeini. El plan había sido elaborado en secreto —sin ninguna discusión con el Comité Internacional— por Healy y su agente personal en Atenas, Savas Michael, el secretario seleccionado por Healy de la Liga Obrera Internacionalista (rebautizada Partido Revolucionario de los Trabajadores en noviembre de 1985, después de haberse separado del CI).

Savas Michael

S. Michael acordó ir a Irán y producir, a instancias de Healy, una crónica turística antimarxista que demostrara, en base a impresiones subjetivas y una sociología revisionista, que la República Islámica se estaba transformando en una república socialista de las “masas”. Igual que Healy, quien no se había preocupado por la persecución de los miembros del PC iraquí, S. Michael tampoco se molestó con el hecho de que su viaje a Irán coincidiera con una represión feroz de todas las tendencias de izquierda de ese país. Es más, el punto culminante de su viaje fue su presencia en la televisión iraní, un acto equivalente a una muestra pública de solidaridad con la represión del régimen. No había ocurrido un acto tan vergonzoso de traición de clase por alguien que decía ser trotskista desde que el renegado del LSSP de Sri Lanka, Colvin R. De Silva, apareció en la televisión soviética en 1958 para aprobar la represión de la burocracia en Hungría. Fue una acción que socavó la credibilidad de la Cuarta Internacional ante los ojos de muchísimos obreros iraníes.

Los artículos de Michael, publicados en el News Line en febrero y marzo de 1983, eran una burla del periodismo político, rivalizados solo por el impresionismo y la ignorancia teórica de Mitchell.

Ignoró todo testimonio de la represión estatal en sus observaciones de turista.

Para una persona que venga de Occidente, especialmente de un país como Grecia, que ha pasado por décadas bajo un régimen policial de la derecha y por dictaduras, hay una cosa que asombra: no se ve a la policía en ninguna parte.

Tampoco se ve ningún carro blindado como era usual durante el período de Pahlaví o como todavía es habitual en los regímenes policiales y militares en todo el mundo (24 de febrero de 1983).

Presumiblemente, esto significaba que la disolución del Estado capitalista ya había ocurrido. Esta profunda observación política fue confirmada también por otra observación notable: “El Irán revolucionario es indudablemente un país dominado por la juventud. Con chaquetas militares sobre su humilde ropa de civiles, metralletas colgando de sus hombros, con ardiente dedicación revolucionaria, estos jóvenes hijos del pueblo, su vanguardia, dirigen, resguardan, se movilizan y se sacrifican”.

La revolución iraní hizo añicos el régimen del sha

Para demostrar la naturaleza no burguesa del Estado, que caracterizó como “el gobierno de los despojados”, Michael argumentaba que el régimen de Irán era el más popular del mundo, con un apoyo virtualmente unánime. Basaba eso en un concepto completamente objetivo del poder estatal:

Si consideramos el apoyo popular como un criterio básico para estimar la estabilidad política de un régimen, entonces, indudablemente, el régimen islámico de Teherán debe ser considerado extremadamente estable. Existen fuertes vínculos entre las masas y sus líderes, especialmente con el imán Jomeini, que fueron forjados en las calderas de la revolución.

Deducir la estabilidad política de cualquier gobierno a partir de una abstracción llamada apoyo popular —en vez de basarse en un análisis científico de las relaciones entre fuerzas de clases— no es nada más que una tontería idealista. Sin embargo, había un elemento de verdad en el alegato de Michael, pero a un nivel totalmente diferente. Desde el punto de vista del marxismo, el apoyo popular hacia el gobierno de Jomeini refleja las ilusiones de las masas, las cuales no son una base política muy firme.

El colmo de su charlatanería se resumía con el siguiente rechazo del marxismo: “En la forja de esos profundos vínculos, la influencia del imán desempeñó un papel inmenso sobre las masas”. Es decir, en Irán, supuestamente no existía ya la necesidad de que los marxistas combatieran el oscurantismo religioso.

En sus análisis de la naturaleza de los acontecimientos en Irán, S. Michael demostró, citando a un estudiante iraní, que la teoría de la revolución permanente se deriva del Corán: “La revolución incesante es un principio islámico fundamental”. Este agente de Healy entonces hizo una crónica de la evolución de las cinco revoluciones que habían ocurrido entre 1979 y 1982; primero, el derrocamiento de Bakhtiar; segundo, la ocupación de la embajada estadounidense; tercero, la derrota de Banisadr; cuarto, la revolución cultural; y, finalmente, la quinta revolución, que, “como dijo el imán Jomeini, tiene el fin de establecer la justicia social. Es la revolución social”.

“El que no pueda ver la dimensión social de la Revolución Islámica de Irán nunca comprenderá su profundidad” (News Line, 28 de febrero de 1983).

Con esa descripción de la revolución social, Michael se refirió de manera discretamente imprecisa al estado de las relaciones de propiedad y de las ganancias: “El sector privado todavía incluye empresas de pequeña y mediana escala, el bazar, servicios varios y también la agricultura después de la reforma agraria”. Al traducir esos detalles en el lenguaje del marxismo, se debe colegir que es obvio que la propiedad privada prospera, que predomina la producción de mercancías en el campo y que el comercio interno florece bajo los auspicios de los comerciantes del bazar.

Eso solo significa que la lucha de clases hace estragos bajo la superficie en la sociedad iraní, algo que Michael trató de disfrazar con lo siguiente: “Las contradicciones sociales, por supuesto, todavía no han sido eliminadas. Pero la revolución está orientada a resolverlas de una forma radical con la movilización de las masas”.

Finalmente, en el tercer artículo, titulado “Guerra y revolución”, Michael condujo su encomienda y llevó a cabo su misión principal —justificar la invasión de Irak y los fines expansionistas de la burguesía iraní—. Señalando que ya se estaban librando combates en suelo iraquí, Michael informó que había “discutido con varios iraníes si convenía continuar la guerra o no”.

Se refirió detalladamente a las racionalizaciones a favor de la guerra de los partidarios del régimen, uno de los cuales dijo que finalizar la guerra generaría un malestar social que Irak trataría de explotar. Después, declaró su propio apoyo fuerte a la continuación de la invasión iraní.

En un repudio completo del marxismo, Savas Michael planteó que el progreso de la revolución mundial dependía de los éxitos militares de la burguesía iraní:

Aplastar al gobierno de Bagdad militarmente desestabilizaría todo el régimen [¿la región?]. La monarquía hachemita jordana con toda probabilidad sería la primera víctima, según estiman los iraníes. Los otros regímenes reaccionarios le seguirían. No hay duda de que esto colocaría la cuestión palestina sobre nuevos cimientos.

Hay que señalar que la OLP no compartía esta última opinión. Por el contrario, declaró repetidamente que la continuación de la guerra era un tremendo desastre para las masas palestinas.

Desde que se publicó este análisis, alrededor de medio millón de iraníes e iraquíes han muerto, el desarrollo económico de ambos países se ha retrasado décadas y se han colocado inmensos obstáculos en la creación de vínculos fraternales entre un proletariado que sufre en ambos lados. Solo la revolución socialista rescatará a las masas de ese pantano sangriento en el que las burguesías de Irán e Irak los han sumido.

Los resultados de esa barata aventura de Michael le dieron a Healy la excusa que necesitaba para repudiar la declaración del CI del 12 de febrero de 1979. Para el otoño de 1983, el WRP ya estaba listo para anunciar el cambio completo de su línea política. Usando como un flojo pretexto la decisión del gobierno francés de darles a los iraquíes misiles Exocet, el News Line del 10 de octubre de 1983 lanzó el llamado a una victoria militar de Irán y denunció al gobierno iraquí de la siguiente forma: “El gobierno de Irak ha sido derrotado militarmente y ha quedado ampliamente expuesto como una herramienta del imperialismo. Las masas iraquíes lo deben derrocar sin demora. Su continuación le proporciona al imperialismo una base militar y un pretexto para sus planes de guerra”.

Con esa declaración, la dirección healista del WRP realmente completaba su desplazamiento al campo de la contrarrevolución. Había llegado al punto en que estaba preparada a violar el principio más elemental del marxismo y a subordinar al proletariado a una guerra predatoria de un Estado burgués.