Del arsenal del trotskismo

El Informe Político de David North al Comité Internacional de la Cuarta Internacional —11 de febrero de 1984

22 febrero 2019

Esta semana se cumplen treinta y cinco años de cuando David North, por entonces secretario nacional de la Workers League [Liga Obrera]de los Estados Unidos (predecesora del Partido Socialista por la Igualdad), presentara en una reunión del Comité Internacional de la Cuarta Internacional (CICI) el 11 de febrero de 1984 una crítica al abandono por parte del Workers Revolutionary Party (WRP) [Partido Obrero Revolucionario] británico de concepciones teóricas y principios programáticos clave del trotskismo. Hablando durante más de dos horas, North brindó un análisis exhaustivo de la degeneración política del WRP, por entonces la sección británica del CICI. Colocó la adaptación del WRP a los movimientos nacionalistas burgueses de Medio Oriente en el marco de la lucha que el CICI llevaba décadas librando contra el pablismo, una tendencia liquidacionista que apareció por primera vez en la Cuarta Internacional a principios de los '50. El informe también repasaba las relaciones oportunistas del WRP con las tendencias reformistas en el Reino Unido.

Durante muchos años, la defensa de los principios del trotskismo había sido dirigida por el WRP (fundado por la Liga Obrera Socialista británica en 1973) y sus principales líderes, Gerry Healy, Michael Banda y Cliff Slaughter. Sin embargo, durante los '70 y los '80, el SLL/WRP desarrolló una orientación y una práctica cada vez más nacional-oportunistas.

Gerry Healy

Las diferencias entre la Workers League y el WRP surgieron por primera vez de manera abierta en octubre de 1982. North le envió al WRP una crítica detallada de Studies in Dialectical Materialism [Estudios sobre el materialismo dialéctico], un panfleto que escribió Healy. Esta crítica establecía que el método filosófico de Healy implicaba un repudio del materialismo y una vuelta atrás a una forma de idealismo subjetivo que era fundamentalmente antimarxista. La crítica a la mistificación idealista de Healy de la dialéctica estaba vinculada con un análisis de las relaciones del WRP con los regímenes nacionalistas burgueses del Medio Oriente.

Aunque la crítica de North fue apoyada al principio por Michael Banda y Cliff Slaughter, quienes prometieron que habría una discusión exhaustiva de sus críticas escritas en el seno del Comité Internacional, los dos veteranos dirigentes del WRP dieron un giro de ciento ochenta grados en cuestión de semanas. En los encuentros del Comité Internacional que siguieron en diciembre de 1982, Banda y Slaughter se opusieron a la discusión de las críticas de North. Apoyaron la amenaza de Healy de orquestar una escisión dentro del Comité Internacional y cortar las relaciones con la Workers League si North persistía con sus críticas. Buscando evitar una escisión bajo esas condiciones desfavorables, North retiró sus críticas.

Cliff Slaughter

Sin embargo, la línea política del WRP siguió asumiendo un carácter oportunista cada vez más abierto. En noviembre de 1983, North rechazó las críticas de Cliff Slaughter del “gran hincapié” de la Workers League sobre la independencia política de la clase trabajadora. En otra carta, larga, a Banda, fechada el 23 de enero de 1984, North declaró que la Workers League estaba “profundamente afligida por las señales crecientes de una deriva política hacia posiciones políticas bastante similares –tanto en conclusiones como en metodología– a aquellas que nosotros hemos estado asociando históricamente con el pablismo”.

North concluyó su carta exigiendo que el Comité Internacional utilizara “la oportunidad presentada por el encuentro previsto del CI para preparar los cimientos de una discusión exhaustiva sobre las perspectivas internacionales, con el objetivo de redactar una resolución internacional exhaustiva ”; y que el CICI reafirmara su convicción de que la teoría de la revolución permanente “sigue siendo el cimiento científico indispensable para construir el Partido Mundial de la Revolución Socialista”.

Pero el WRP se negó a entablar discusiones sobre estas diferencias. El WRP excluyó arbitrariamente de esa reunión, que comenzó el 11 de febrero de 1984, a una serie de destacadas secciones del CICI. Los dirigentes del WRP le respondieron a North con denuncias sin principios a la Workers League, sin responder a ninguno de los asuntos del informe. El dirigente de la sección griega, Savas Michael, cuya visita a Teherán y su apoyo público a la persecución por parte del régimen iraní de los partidos izquierdistas fue específicamente criticado por North, perdió la compostura y respondió con una invectiva histérica.

Una vez más, el WRP amenazó con una escisión inmediata. En condiciones en las que el contenido de las críticas de North todavía no era conocido en el seno de la mayoría de las secciones del Comité Internacional, ni siquiera entre los miembros de base del WRP, la delegación de la Workers League, tras largas deliberaciones, decidió esperar su oportunidad y retirar sus críticas.

En su carta del 23 de enero de 1984, North había advertido de que la línea política endilgada al Comité Internacional por parte del WRP, si no era examinada y corregida, “producirá desastres políticos en las secciones”.

El desastre político azotó la línea del WRP poco más de un año más tarde, en el verano y otoño de 1985. El WRP quedó hecho añicos por una crisis organizativa para la cual ningún dirigente de la organización pudo dar una explicación creíble. Mientras el WRP descendía a una guerra civil entre facciones, el documento que escribiera North entre 1982 y 1984 empezó a circular rápidamente por todo el Comité Internacional y entre los miembros de la sección británica.

Una mayoría decisiva del Comité Internacional, y un sector sustancial de los miembros de base de la sección británica, insistieron en un examen minucioso de las políticas y prácticas oportunistas del WRP. Banda y Slaughter quisieron evadir el examen de los asuntos teóricos y políticos que subyacían a la crisis del partido concentrándose en un escándalo sexual, que utilizaron para incitar la histeria entre los miembros más desorientados y derechistas del WRP.

Slaughter se inventó la afirmación flagrantemente deshonesta de que todas las secciones del Comité Internacional habían sufrido una “degeneración igual”. Pero los documentos preparados por la Workers League entre 1982 y 1984 establecieron que había existido una oposición basada en principios a Healy y el WRP antes de 1985. Es más, los documentos producidos por la Workers League brindaron los cimientos teóricos y programáticos para la reanimación y el triunfo de los principios trotskistas dentro del Comité Internacional.

El 16 de diciembre de 1985, después de terminar un informe que documentaba las relaciones corruptas establecidas por el WRP con gobiernos y organizaciones nacionales burguesas, el Comité Internacional suspendió al WRP como miembro. Su resolución estipulaba que la readmisión del WRP en el CICI dependería de su aceptación inequívoca de los principios de la Cuarta Internacional desarrollados históricamente. La facción de Healy ya se había escindido del Comité Internacional. La facción de Banda y Slaughter votó en contra de aceptar los principios trotskistas a los cuales estaba supeditada la readmisión del WRP en el CICI. No obstante, Dave Hyland, que representaba una tendencia internacionalista dentro del WRP, votó en apoyo de la resolución presentada por el Comité Internacional. Esta tendencia estableció el Partido Comunista Internacional (predecesor del PSI británico) en febrero de 1986 como sección del CICI. El WRP, habiendo roto con el CICI, se desmoronó rápidamente. Banda, después de escribir un ataque mordaz a toda la historia de la Cuarta Internacional, se declaró simpatizante de Stalin. A principios de los '90, los resabios del WRP se habían desvinculado totalmente del trotskismo. Slaughter proclamó su rechazo a un partido leninista-trotskista.

Un análisis exhaustivo de la degeneración política del WRP y la escisión del CICI está contenido en la declaración del CICI, How the Workers Revolutionary Party Betrayed Trotskyism [Cómo el Partido Revolucionario de los Trabajadores traicionó al trotskismo] publicado en el verano de 1986. Los documentos de la escisión, incluyendo el informe de David North a la asamblea del CICI del 11 de febrero de 1984, están en el volumen complementario, The ICFI Defends Trotskyism [El CICI defiende el trotskismo]: 1982-1986.

Al ataque de Banda al trotskismo dio respuesta David North en The Heritage We Defend [La herencia que defendemos], que fue publicado por entregas en la prensa del Comité Internacional en 1986-87 y publicado como libro en 1988. Una nueva edición de The Heritage fue publicada por Mehring Books, la editorial del Comité Internacional, en 2018.

La lucha que tuvo lugar en el Comité Internacional entre 1982 y 1986 tiene un inmenso significado histórico y contemporáneo. Brindó los cimientos para todo el desarrollo teórico, político y práctico subsiguiente del CICI.

El informe del 11 de febrero de 1984 y todos los registros escritos de la lucha de 1982-86 dentro del CICI representan un resumen concentrado de la teoría y los principios que siguen siendo hasta nuestros días los cimientos esenciales de la Cuarta Internacional como el Partido Mundial de la Revolución Socialista.

Joseph Kishore

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Informe político de David North al Comité Internacional de la Cuarta Internacional

11 de febrero de 1984

1. La historia de 30 años del Comité Internacional de la Cuarta Internacional ha sido el registro de la lucha continua del partido trotskista mundial por resolver la crisis de liderazgo revolucionario. Esta ha sido una historia de la lucha contra todas aquellas fuerzas —estalinistas, socialdemócratas y pablistas— mediante las cuales se subordina a la clase trabajadora a la burguesía. El Comité Internacional se basa en las tradiciones y en los principios establecidos mediante las luchas políticas, teóricas y organizativas de todas las generaciones anteriores de marxistas —y la manera en la que se ha desarrollado esta continuidad del CI con esas generaciones anteriores es mediante la lucha contra cada variedad de antimarxismo que ha surgido en el movimiento obrero, especialmente dentro del propio movimiento trotskista. La forma que asumió cada una de esas luchas siempre ha estado determinada por el contenido real de la lucha de clases internacional. Basándose en el método dialéctico y en el materialismo histórico, el Comité Internacional ha estado luchando constantemente para desvelar las fuerzas de clase que trabajaban en cada una de esas luchas y exponer en cada nueva manifestación de revisionismo las formas ideológicas mediante las cuales el imperialismo persigue derrotar al marxismo.

Michel Pablo

2. A lo largo de la historia del movimiento revolucionario tales formas de ataque ideológico al marxismo han surgido precisamente cuando la lucha de clases estaba sufriendo un rápido desarrollo y constituía una amenaza muy directa al gobierno de la burguesía. El bernsteinismo surgió con el desarrollo del imperialismo y el comienzo de la época en la que la revolución socialista sería planteada (como ya se vio muy claramente en la Revolución rusa de 1905). El estalinismo fue la expresión política y teórica de la presión del imperialismo sobre el primer Estado obrero —el mayor desafío jamás hecho al gobierno de la burguesía mundial. Dentro del movimiento trotskista, la conexión entre el crecimiento del revisionismo y las necesidades apremiantes del imperialismo fue aún más directa. No era ninguna “casualidad” que surgieran Burnham y Shachtman justo cuando empezaba la Segunda Guerra Mundial —el punto de mayor crisis del imperialismo. Nosotros hemos enfatizado muchas veces el significado histórico del pablismo, que apareció dentro del movimiento trotskista precisamente bajo condiciones de una gran crisis postbélica de la burocracia estalinista que reflejaba la crisis total del imperialismo mundial. La vulnerabilidad de los cuadros a las presiones de clase que se vuelven excepcionalmente poderosas en el punto en el que las contradicciones imperialistas se hacen excepcionalmente agudas va atada a cuestiones fundamentales de método. Para empiristas y pragmáticos como Pablo y su homólogo estadounidense, Clarke, que ponen sus impresiones superficiales en el lugar del estudio científico de las relaciones de clase basadas en el método materialista dialéctico y el materialismo histórico, la necesidad de una revisión del trotskismo y un abandono de las posiciones principistas en línea con la “realidad de los acontecimientos vivos” se vuelve absorbente. Se suele denunciar a los que están del lado de los principios como “ultraizquierdistas” y “sectarios”. En cada etapa de la lucha contra el pablismo, sin embargo, se mostró que su “nueva realidad” no era más que una adaptación acrítica a la estabilidad ilusoria del imperialismo y aquellas fuerzas políticas que predominaban temporalmente en el seno del movimiento obrero y las luchas de liberación nacional.

3. La lucha emprendida por la Liga Obrera Socialista contra el SWP entre 1961 y 1964 hizo aflorar todas las cuestiones teóricas y políticas fundamentales implicadas en la lucha contra el pablismo: el rechazo del papel revolucionario de la clase trabajadora como sepulturero del capitalismo y constructor de una sociedad socialista; el rechazo de la dictadura del proletariado; la negación de la lucha contra la espontaneidad y la necesidad de una lucha consciente por la teoría marxista; la renuncia al papel histórico de la Cuarta Internacional. En su primerísima carta al SWP, el comité nacional de la SLL lanzó esta advertencia:

El mayor peligro con el que se confronta el movimiento revolucionario es el liquidacionismo, que fluye desde una capitulación ya sea a la fuerza del imperialismo ya sea a los aparatos burocráticos del movimiento obrero, o a ambos. El pablismo representa, ahora de manera aún más clara que en 1953, esta tendencia liquidacionista en el movimiento marxista internacional. En el pablismo la clase trabajadora avanzada ya no es la vanguardia de la historia, el centro de toda la teoría y estrategia marxista en la época del imperialismo, sino el juguete de “factores mundiales históricos”, sondeado y evaluado de manera abstracta … Aquí se niega toda la responsabilidad histórica del movimiento revolucionario, todo se subordina a fuerzas panorámicas; las cuestiones del papel de la burocracia soviética y de las fuerzas de clase en la revolución colonial quedan sin resolver. Eso es natural, porque la clave de esos problemas es el papel de la clase trabajadora en los países avanzados y la crisis de dirección en sus movimientos obreros ...

Cualquier retirada de la estrategia de la independencia política de la clase trabajadora y la construcción de partidos revolucionarios se enfrentaría a la importancia de una histórica pifiada mundial por parte del movimiento trotskista. (Trotskyism Versus Revisionism, Vol. 3, págs. 48-49.)

Como respuesta directa a los esfuerzos del SWP por revisar el trotskismo en base a las derrotas infligidas al imperialismo estadounidense por Castro, la SLL escribió en mayo de 1961:

Algo esencial en el marxismo revolucionario en esta época es la teoría de que la burguesía nacional en los países subdesarrollados es incapaz de derrotar al imperialismo y establecer un Estado nacional independiente. Esta clase tiene vínculos con el imperialismo y es por supuesto incapaz de un desarrollo capitalista independiente. En los movimientos de liberación nacional las organizaciones obreras tienen que seguir la consigna de Lenin: “Marchar separados, golpear juntos” contra los imperialistas extranjeros y otros colaboradores inmediatos. Siguiendo a Marx, decimos: apoyar a los partidos burgueses y pequeñoburgueses en la medida en que ayuden a dar golpes comunes contra nuestro enemigo; OPONERSE a ellos en cada asunto en el que quieran estabilizar sus propias condiciones de existencia y su propio dominio … No es la tarea de los trotskistas promover el papel de tales líderes nacionalistas. Pueden ordenar el apoyo de las masas SOLO a causa de la traición de liderazgo por parte de la socialdemocracia y particularmente del estalinismo, y de esta manera se vuelven tapones entre el imperialismo y la masa de obreros y campesinos. (Vol. 3, págs. 64-65.)

4. El discurso pronunciado por Jack Barnes el 31 de diciembre de 1982 y publicado en la primera edición de New International es una poderosa justificación de la lucha librada por el Comité Internacional. El SWP, unos 20 años después de la escisión, ahora está declarando sin ambigüedades que rechaza la teoría de la revolución permanente y los cimientos programáticos de la Cuarta Internacional como fueran elaborados en el Programa de Transición de 1938. Prestemos algo de atención a lo que ha escrito Barnes, porque la edición publicada nos da una imagen mucho más rica que la transcripción abreviada en la que se basaba la declaración publicada por la Workers League el verano pasado.

5. Barnes afirma que no está rechazando el papel importante que Trotsky desempeñó en la lucha contra el abuso de poder de Stalin, y deja abierta la posibilidad de que “Las contribuciones de Trotsky encontrarán su lugar en el arsenal político del movimiento comunista internacional a medida que la revolución mundial progrese”. (P. 83) Sin embargo, hay que desenredar esas “contribuciones” del error de Trotsky en la teoría de la revolución permanente:

Este uso del término nos plantea el problema político más grande, porque ha traído debilidades a nuestro movimiento asociadas con la teoría equivocada de Trotsky anterior a 1917. Sobre todas las cosas, ha llevado a una tendencia a concentrarse solamente en la alianza del proletariado con los trabajadores de la agricultura y los campesinos pobres contra los explotadores rurales, indudablemente una tarea central en el campo, a la exclusión del reconocimiento de la centralidad de la alianza del proletariado con las capas más amplias posibles [de] los productores rurales en la lucha contra el imperialismo y contra los regímenes de terratenientes y capitalistas en el mundo colonial. La lucha de clases mundial desde la Segunda Guerra Mundial, especialmente en este hemisferio desde 1959, debería convencernos de que en la medida en que aquellos que se identifican como trotskistas se basan en esas debilidades de la teoría de Trotsky de la revolución permanente, se les abre la puerta a inclinaciones izquierdistas y errores políticos sectarios.

La revolución permanente no contribuye hoy a que nos armemos ni a que se armen otros revolucionarios para dirigir a la clase trabajadora y a sus aliados para tomar el poder y usar ese poder para promover la revolución socialista mundial. Como un marco de referencia especial o único es un obstáculo para volver a tejer nuestra continuidad política con Marx, Engels, Lenin, y los primeros cuatro congresos de la Internacional Comunista. Ha sido un obstáculo en nuestro movimiento a una lectura objetiva de los maestros del marxismo, en particular los escritos de Lenin.

Si hemos de aprender lo que podamos aprender como parte de la convergencia política que está teniendo lugar entre los revolucionarios proletarios en el mundo hoy, y traer a ese proceso las enormes contribuciones políticas de Trotsky, entonces nuestro movimiento debe desechar la revolución permanente. (New International, Vol. 1, No. 1, págs. 12-13.)

Lo que Barnes está diciendo es que Trotsky enfatizaba unilateralmente la lucha de clases del proletariado a expensas de la apreciación correcta de la lucha antiimperialista que aglomera a la clase trabajadora y a todos los sectores del campesinado. Según Barnes, los acontecimientos postbélicos —sobre todo los acaecidos a partir de 1959 con la victoria de Castro— prueban que el movimiento antiimperialista como forma de lucha que una a todos los sectores de la población es mucho mayor de lo que anticipara Trotsky y las relaciones de la Cuarta Internacional con tales movimientos, y las perspectivas de una “convergencia” de todas las fuerzas antiimperialistas, han sido limitados debido al énfasis incorrecto puesto en la teoría de la revolución permanente sobre el papel independiente del proletariado y la lucha de clases.

6. Sigamos con Barnes:

El Comintern nos enseñó que la revolución democrática, antiimperialista, agraria y la revolución socialista están combinadas en las naciones oprimidas. Trazó un rumbo hacia la construcción de frentes únicos antiimperialistas y la lucha por el liderazgo proletario en ellos. Nos enseñó que los comunistas, aunque apoyen toda lucha concreta contra el imperialismo, por limitada que sea y bajo el liderazgo que sea, tienen que distinguir entre movimientos nacionalistas revolucionarios basados en los trabajadores y campesinos, y movimientos nacionalistas dominados por la burguesía que son un obstáculo a la lucha de los trabajadores oprimidos por la liberación nacional. (Pág. 33.)

Trotsky contrapuso la alianza del proletariado con el campesinado como una totalidad a una alianza con los pobres del campo. Lenin, por otro lado, seguía un rumbo que tenía como meta promover a la clase trabajadora a lo largo de una línea de marcha que lo habilitaría a dirigir la revolución democrática y estar en la posición más fuerte posible y moverse hacia adelante desde allí hacia la expropiación de los explotadores. A diferencia de Trotsky, Lenin presentó una estrategia para la transición de la revolución democrática a la socialista basada en una comprensión concreta de las cambiantes alianzas de clase a cada etapa de este gigantesco proceso de transformación política, social y económica. (Pág. 44.)

7. Al hacer tanto hincapié en la revolución democrática como una etapa transitoria distinta, que él llama gobierno de los trabajadores y de los campesinos, anterior a la dictadura del proletariado y separada de esta, la línea contrarrevolucionaria de Barnes se vuelve absolutamente inequívoca. Lo que está implicado aquí no es simplemente que Barnes esté desafiando algún tipo de ícono teórico del movimiento trotskista. Hay implicaciones políticas muy definidas. En esencia, Barnes rechaza la dictadura del proletariado como el instrumento mediante el cual se logra la revolución democrática. Niega la naturaleza de clase del campesinado (lo que representa un repudio fundamental de las enseñanzas de Lenin, lo cual lleva luego a una vulgarización y distorsión reaccionaria de las concepciones de la dictadura democrática anteriores a 1917), e ignora todas las distinciones de clase dentro del movimiento “antiimperialista”, o afirma que son relativamente no importantes. Claramente implica que sin el establecimiento anterior de la dictadura del proletariado, la transición de las etapas “democrática” a la “socialista” de la revolución puede ser pacífica y gradual, mientras que, en realidad, como la historia lo ha demostrado una y otra vez, no puede haber una “transformación gradual” pacífica desde el gobierno de una clase al de otra sin una revolución violenta. Este era el defecto básico que Trotsky había detectado en la teoría de Lenin anterior a 1917 de la dictadura democrática. Basado en un análisis de la naturaleza de la época, Trotsky previó que las tareas burguesas y democráticas de la revolución campesina podrían desarrollarse solamente mediante el liderazgo de la revolución proletaria y bajo este.

Barnes niega todo esto en su crítica de Trotsky:

Al combatir los errores derechistas de Stalin, Trotsky en 1928 inyectó algunos errores izquierdistas. Aunque no directamente desafiando la estrategia bolchevique anterior a 1917 como era aplicada a Rusia, Trotsky de hecho revivió su propia posición anterior a 1917, rechazando una alianza con el campesinado como una totalidad en la revolución democrática. Él ahora aplica eso a China y, por implicación, a otros países del mundo colonial. El documento de Trotsky de 1928 no tenía concepto de un régimen y período de transición, basado en esta alianza entre obreros y campesinos. No planteó ninguna estrategia que habilitara a los trabajadores chinos a obtener experiencia y dirigir a sus aliados más coherentes, los trabajadores asalariados de la agricultura y los campesinos pobres, en la expropiación de los explotadores y el establecimiento de nuevas relaciones de producción basadas en la propiedad y la planificación estatal. (Pág. 53.)

8. Finalmente, Barnes resume las conclusiones que extrae de la crítica de la revolución permanente de Trotsky:

Creemos que la historia ha mostrado que en nuestra época un gobierno de trabajadores y de granjeros que salga de una de una revolución anticapitalista exitosa [sic]. Es la primera forma de gobierno tras un levantamiento victorioso contra la burguesía —un gobierno que no devolverá el poder a los capitalistas, sino que les arrebatará el poder a ellos y lo usará para inaugurar el camino de la profundización de la movilización de los trabajadores y granjeros y la expropiación de los explotadores.

Pero este es un proceso. En países coloniales y semicoloniales, las tareas iniciales del nuevo gobierno revolucionario son primariamente las de la revolución democrática —liberación nacional, reforma agraria, medidas para mejorar las condiciones y expandir los derechos de la clase trabajadora y el campesinado … Es esta etapa de transición tan importante, y la rica concreción de la lucha de clases y el liderazgo proletario de sus aliados durante la transición, aquello que se pierde de vista cuando se rechaza el gobierno de los trabajadores y los granjeros.

Para nosotros, el gobierno de los trabajadores y granjeros [NO LA DICTADURA DEL PROLETARIADO —D. N.] es la cuestión decisiva. (Pág. 76.)

9. La posición de Barnes en realidad no es original; se basa en las viejas concepciones del estalinismo, que la burocracia plantea ahora bajo la consigna del “camino no capitalista” para justificar sus alianzas sin principios con los regímenes nacionalistas burgueses. Los estalinistas son muy explícitos: existe un “camino no capitalista” para los países subdesarrollados que les permite completar la revolución democrática y embarcarse en las tareas de la construcción socialista sin la dictadura del proletariado:

La táctica y la estrategia de los comunistas debe cooperar indefectiblemente con los demócratas nacional-revolucionarios y revolucionarios: esta es una condición esencial para el éxito de todas las fuerzas antiimperialistas que no ven al capitalismo como un remedio contra el atraso antiguo. Bajo estas circunstancias la consigna que exige una transición al sendero no capitalista es de hecho una orientación hacia tal desplazamiento de clase hacia la izquierda que llevaría a fuerzas coherentemente democráticas al poder. No lograrán sus tareas sin dar “pasos hacia el socialismo”, pero solo podrán dar esos pasos en base a tácticas de “bloque de izquierdas”. En la práctica, esto a menudo equivale a la organización de presión de masas sobre la democracia burguesa que la ayuda así a realizar sus potencialidades progresistas, y al mismo tiempo el plantearse cometidos democráticos que será capaz de cumplir su ala más coherente que se ha vuelto revolucionaria-demócrata o es capaz de llegar a serlo … De este modo, la adopción del camino no capitalista es un proceso en fases y los comunistas que están interesados en él más que ninguna otra persona no pueden ocasionar a voluntad tal desplazamiento … TAMBIÉN ES NECESARIO TENER EN CUENTA QUE LA PROMOCIÓN DE LA CONSIGNA QUE EXIGE LA ADOPCIÓN DEL CAMINO NO CAPITALISTA NO IMPLICA DE NINGUNA MANERA QUE TAMBIÉN EXIGE UNA REVOLUCIÓN SOCIALISTA, EL ESTABLECIMIENTO DE UNA DEOCRACIA DEL PUEBLO Y LA ASUNCIÓN DEL PODER POR PARTE DE LOS COMUNISTAS, PUES ELLO EQUIVALDRÍA A AFIRMAR QUE SOLO LA TOMA DEL PODER POR EL PROLETARIADO ES CAPAZ DE RESOLVER LOS PROBLEMAS DE LA REVOLUCIÓN DEMOCRÁTICA. AL PLANTEAR LA CONSIGNA QUE EXIGE LA ADOPCIÓN DEL CAMINO NO CAPITALISTA, LOS COMUNISTAS QUIEREN PROFUNDIZAR TRANSFORMACIONES DEMOCRÁTICAS Y ANTIIMPERIALISTAS Y AL MISMO TIEMPO ORIENTARLAS HACIA EL SOCIALISMO. (Ulyanovsky, National Liberation, Progreso, págs. 51-53, subrayado nuestro.)

10. La evolución del revisionismo justifica completamente la evaluación que hizo el CI en la resolución de perspectivas del Cuarto Congreso Mundial en 1972:

Dentro de los países coloniales y semicoloniales, el revisionismo de nuevo asistió a la burocracia estalinista y a los líderes nacionalistas como los representantes revolucionarios de las masas. Ellos rechazaron completamente la esencia de la posición de Lenin y la teoría de la revolución permanente: la construcción de partidos proletarios independientes dirigiendo a la clase trabajadora a la cabeza del campesinado oprimido, como la única fuerza capaz de resolver las tareas de la revolución democrática e ir más allá de estas hacia el poder obrero, como parte de la revolución socialista internacional. (Vol. 1, pág. 32.)

11. La bancarrota de la posición de Barnes: los “modelos” a los que se refiere como ejemplos de “gobiernos obreros y campesinos” o como fuerzas de las cuales surgirá una nueva alineación de “comunistas” son el movimiento New Jewel, los sandinistas, el Farabundo Martí y el castrismo. En cada caso, el desarrollo de la crisis mundial del imperialismo ha tenido un impacto devastador —y muestra las traiciones a las que tiene que llevar la posición de Barnes. En todo caso, nuestra posición no se basa en la disposición de fuerzas dentro de un solo país —si las condiciones inmediatas parecen favorables para la victoria de las fuerzas insurgentes— sino en la perspectiva de la revolución socialista internacional. Esa es la base sobre la que nos ponemos a resolver la crisis de liderazgo— nunca adaptándonos a aquellas tendencias políticas dentro del movimiento nacionalista que predominan inmediatamente. Es más, no deberíamos olvidar que desbancar un régimen títere reaccionario en un país semicolonial, en sí, no resuelve los problemas. Como Lenin y Trotsky señalaron, en tales países problemas mucho más grandes que la toma del poder surgen después de la revolución exitosa. Esto ciertamente se ha mostrado en Nicaragua, Cuba, por no mencionar a Zimbabue, Mozambique, Angola, Kenya, Nigeria, etc.

12. El desarrollo del CI ha procedido a lo largo de la lucha contra el revisionismo. La lucha registrada en los seis volúmenes publicados durante los '70 son los cimientos teóricos para la formación de nuestros cuadros, tal como los escritos de Trotsky durante los '20 formaron la base de la educación política de las fuerzas tempranas de la Cuarta Internacional. El ataque más reciente de Barnes al trotskismo tiene que adelantar toda esta historia; precisamente porque el Comité Internacional siempre ha reconocido que tales acontecimientos cruciales dentro de las filas de los revisionistas inevitablemente prefiguran nuevos grandes capítulos en la revolución socialista mundial. Es más, nosotros no consideramos simplemente el revisionismo como algún tipo de bacteria que existe dentro de un tubo de ensayo, conservado a buen recaudo en un laboratorio. Precisamente porque el revisionismo tiene raíces materiales en el desarrollo real de la lucha de clases de la que nosotros mismos formamos parte, porque refleja la presión de fuerzas de clase exteriores sobre la clase trabajadora y su vanguardia revolucionaria, nuestra respuesta al revisionismo encuentra su mayor expresión en el análisis de nuestro propio desarrollo político.

13. Por esta razón intuimos que ha llegado la hora de examinar todo el desarrollo del CI durante la década pasada. Somos firmemente de la opinión de que nos hemos estado distanciando continuamente de las posiciones por las que luchamos tenazmente durante más de 20 años tras la escisión original con Pablo. En una carta al camarada Banda, escrita el 23 de enero de 1984, sugerí que había llegado la hora de hacer el balance de toda la experiencia del CI en relación con los movimientos de liberación nacional. Considero que tal balance es necesario porque no ha habido realmente ningún examen objetivo de nuestra experiencia —en tanto que Partido Mundial— con los diferentes regímenes y movimientos de liberación nacionalistas burgueses con los que hemos establecido relaciones. Consideramos que los antecedentes merecen una seria crítica, con objeto de defender la continuidad del CI y formar a los cuadros en cada una de las secciones. No estamos aquí para echar culpas, sino para trabajar por el desarrollo del CI en tanto que Partido Mundial de la Revolución Socialista.

14. En el verano de 1976, el CI discutió por primera vez iniciar un contacto más activo con movimientos de liberación nacional —principalmente la OLP. En ese momento los peligros inherentes de tal trabajo fueron subrayados claramente —que tales movimientos eran de un carácter heterogéneo, dentro de los cuales los imperialistas y los estalinistas trabajaban activamente. Este enfoque era correcto y principista. Otras discusiones en el Séptimo Congreso del CI en mayo de 1977, en el cual el trabajo estuvo guiado por las recientemente publicadas actas del Segundo Congreso de la Internacional Comunista. Después del Congreso, el CI envió una delegación al Líbano. En julio de 1977 el WRP firmó una alianza con la Jamahiriya libia. Después se desarrollaron vínculos con el Partido Baaz Árabe Socialista de Irak. Está claro que para mediados de 1978 se estaba desarrollando una orientación general hacia relaciones con regímenes y movimientos de liberación nacionalistas sin ninguna perspectiva correspondiente para la construcción real de nuestras propias fuerzas dentro de la clase trabajadora. Una evaluación enteramente acrítica e incorrecta empezó a surgir cada vez más abiertamente en nuestra prensa, invitando a los cuadros y a la clase trabajadora a considerar a esos nacionalistas burgueses como dirigentes “antiimperialistas” a quienes había que dar apoyo político.

15. Irak —Adoptamos una actitud cada vez más acrítica hacia el régimen de Saddam Hussein, brindando apoyo político a su lucha contra el Partido Comunista Irakí, incluyendo la ejecución de 21 de sus miembros:

El hecho es que los miembros del PC fueron ejecutados según códigos militares que el PC irakí discutió, aprobó y acordó en implementar. Hasta este día, el PC irakí no ha exigido el repudio de las leyes militares que prohíben la formación de células secretas en el ejército. Nunca disputó el hecho de que los oficiales arrestados eran culpables de los cargos que se les atribuyeron.

Este es un caso directo de Moscú intentando establecer células en las fuerzas armadas irakíes con el objetivo de socavar el régimen. Tiene que aceptar las consecuencias … Es un principio de los trotskistas el que defendamos a los trabajadores, ya sean estalinistas, revisionistas o socialdemócratas, de los ataques del Estado capitalista. Pero, como muestran los hechos, eso no tiene nada que ver con los incidentes de Irak. (News Line, 8 de marzo de 1979.)

Nunca se rectificó esta posición aunque no había precedentes dentro del movimiento trotskista. Simplemente habíamos ignorado lo que Trotsky escribió sobre el papel de los sindicatos —cuyos dirigentes estaban entre las víctimas de las purgas de Hussein— en los países menos desarrollados. Nuestro elogio a Hussein continuó sin cesar. En el verano de 1980, publicamos una serie de seis partes en la que el Partido Baaz Árabe Socialista y Saddam Hussein fueron objeto de copiosos encomios. Esos artículos fueron reproducidos como panfleto, el cual nunca fue repudiado.

Estos artículos aparecieron en vísperas de la invasión de Irán por parte de Irak. Es importante observar nuestra reacción a este acontecimiento. Nuestras propias relaciones con los irakíes eran tan bien conocidas que nuestras propias declaraciones reflejaban las ambigüedades dentro de nuestra posición. Nos oponíamos correctamente a la guerra, pero no denunciamos que Irak actuara en nombre del imperialismo. Por el contrario, la declaración del Comité Político del WRP decía:

Exigimos el apoyo total a los movimientos nacionales revolucionarios incluyendo al Partido Baaz Árabe Socialista y a la Revolución iraní en su lucha contra el imperilismo. (News Line, 25 de septiembre de 1980.)

16. Seguimos oponiéndonos a la guerra y exigimos el fin de las hostilidades. Luego, tras una ofensiva iraní que cruzó a Irak, el News Line del 16 de julio de 1982 publicó un editorial que declaraba:

La invasión de Irán por parte de Irak es un flaco favor a los combatientes palestinos y libaneses sitiados en Beirut y a la propia Revolución iraní, y hay que denunciarla.

17. Para septiembre de 1983, ya habíamos cambiado completamente nuestra línea. Adoptamos, sin ningún análisis ni explicación seria, una posición de apoyo a la victoria militar de Irán sobre Irak. Respondiendo a la venta de misiles Exocet a Irak, el News Line declaró:

El régimen irakí ha sido derrotado militarmente y ha sido ampliamente expuesto como una herramienta del imperialismo. Las masas irakíes tienen que derrocarlo sin demora. Su existencia continuada está dándole al imperialismo una base militar y un pretexto para sus planes de guerra.

18. Esta ha seguido siendo nuestra línea —que corresponde a una actitud acrítica hacia la República Islámica, una posición que contradice directamente el único análisis hecho por el CI de la Revolución iraní —hace cinco años. La Declaración del CI del 12 de febrero de 1979 —publicada en el News Line del 17 de febrero de 1979— hizo una declaración clara e inequívoca:

La verdad es que las masas eran movidas por cuestiones de CLASE, no religiosas.

Sin embargo, en ausencia de una dirección revolucionaria organizada y a causa de las políticas cobardes de colaboración de clases del estalinismo iraní en el partido Tudeh, el Ayatolá Jomeini y otros dirigentes religiosos de la secta chií han sido capaces de establecer un monopolio político virtual en las fuerzas de oposición...

Las políticas de Jomeini reflejan la naturaleza contradictoria y equívoca de los comerciantes del bazar y otros elementos de la clase capitalista nativa iraní y la pequeñoburguesía...

Pero no pueden desafiar, ni lo harán, el poder estatal capitalista en Irán … Los estalinistas y los centristas de todas las variedades se opondrán a la estrategia de avanzar hacia la revolución socialista en Irán, motivando que la revolución allí es primero y de manera más importante una revolución burguesa, es decir, una revolución por demandas democráticas para abolir la opresión feudal y semifeudal y permitir el desarrollo libre del capitalismo y la democracia nacional.

Dirán que es “sectario” defender políticas para la clase trabajadora que sean independientes de la burguesía y opuestas a esta.

Ruhollah Jomeini

19. No se hizo ningún otro análisis de clase del desarrollo de la Revolución iraní. Nuestra línea llegó a consistir simplemente en el apoyo incondicional a Jomeini, a pesar de la persecución creciente de todas y cada una de las organizaciones de izquierdas en Irán. A falta de cualquier análisis marxista del desarrollo de esta revolución, una línea obviamente no trotskista y revisionista empezó a abrirse camino en nuestra prensa internacional —de manera más notable en los artículos escritos por el camarada Savas tras su viaje a Irán, que ocurrió en medio de los arrestos y juicios de los dirigentes del partido Tudeh. El tono de esta serie fue determinado en el primer artículo, titulado “El gobierno de los desfavorecidos”. Entre los primeros puntos hechos allí estaba el siguiente:

Para una persona que viene de Occidente, especialmente de un país como Grecia, que ha pasado por décadas del Estado policial de la derecha y por una dictadura, un hecho es llamativo: no se ven policías en ninguna parte.

Lo que nosotros encontramos llamativo fue que una observación virtualmente idéntica hizo Mary-Alice Waters del SWP al regresar de Nicaragua:

La primera cosa de la que te das cuenta es que la policía no te asusta. Ejército, milicia, policía. Están por todas partes. Pero te hace sentir bien, igual que todas las otras personas. Casi todos los demás. Las “fuerzas de la represión” están todas riendo, sonriendo, bromeando con los cientos de trabajadores ordinarios que deambulan por ahí. (Education for Socialists, diciembre de 1980, pág. 5.)

Asumiendo de la ausencia de policía la ausencia de represión, el artículo hacía la siguiente declaración:

Si consideramos el grado de apoyo popular como un criterio básico para estimar el grado de estabilidad política de un régimen, entonces, sin duda, hay que considerar al régimen islámico de Teherán como extremadamente estable. Sus cimientos son las masas. Entre las masas y su dirección, especialmente el Imán Jomeini, hay vínculos poderosos, forjados en la fragua de la revolución.

En la forja de esos vínculos muy profundos, un papel inmenso lo jugó y lo juega la influencia de la ideología del islam en las masas. Así, no es casualidad que la propaganda imperialista occidental y también la estalinista estén particularmente enojadas contra esto.

20. Este artículo es de una importancia excepcional para el CI y merece el análisis crítico más cercano y más despiadado dentro de cada sección. No es solo que el viaje del camarada Savas, que incluyó una aparición en televisión durante los arrestos de masas, comprometiera seriamente al CI ante los ojos de la clase trabajadora. Revelado en esos artículos está un método que revela muy claramente la desorientación real dentro del CI y su dirección. Aquí tenemos un ejemplo destacado de la completa y descarada colocación del impresionismo en el lugar del marxismo. Las fuerzas de clase ya no existen. Todo se ha vuelto las “masas” —una categoría que no explica nada sobre la dinámica de clases y las contradicciones dentro de Irán. El análisis se reduce a la observación informal: “¡No veo a ningún policía, por lo tanto el Estado ya no existe!”. El método del materialismo histórico, que se esfuerza por descubrir las bases materiales de todos los acontecimientos políticos, es reemplazado por el ojo del periodista. Como escribió una vez Trotsky, “El empirismo, y su hermano adoptivo, el impresionismo, dominan de arriba abajo”.

21. No es solo la culpa del camarada Savas. Un error sin corregir lleva inevitablemente a otros. Nada esencialmente diferente de las docenas de artículos que aparecieron en el News Line sobre la Jamahiriya libia entre 1977 y 1983, en los que nunca ha habido una sola evaluación de las relaciones de clase en Libia y la naturaleza de clase del régimen libio. En el punto álgido de nuestras relaciones con el régimen de Gadafi, la siguiente evaluación apareció en una declaración del Comité Político del WRP, fechada el 12 de diciembre de 1981:

Cuando Gadafi y los Oficiales Unionistas Libres tomaron el control popular en 1969, pusieron a Libia en el camino del desarrollo y la expansión socialista … Gadafi se ha desarrollado políticamente en la dirección del socialismo revolucionario y ha rechazado los palacios y harenes de algunos de los otros líderes árabes.

Desde la invasión israelí del Líbano, nuestro enfoque hacia Gadafi ha perdido su entusiasmo anterior. Pero a lo largo de la reciente lucha en Trípoli, evitamos diligentemente la crítica directa del papel de Gadafi en la conspiración contra Arafat.

22. Ahora tenemos el viaje [de Arafat] a Egipto. Esto es aclamado sin absolutamente ningún análisis ni referencia a declaraciones anteriores. Estamos desorientando a nuestros cuadros y a la clase trabajadora. Estamos invitando al cinismo hacia nuestra línea política. Los continuos cambios en nuestra línea política, en la que ningún análisis conecta una nueva conclusión con la que reemplaza y contradice, son la marca distintiva del pragmatismo. Como Trotsky dijo de Burnham y Shachtman:

Los dirigentes de la oposición separan la sociología del materialismo dialéctico. Separan la política de la sociología. En el ámbito de la política separan nuestras tareas en Polonia de nuestras experiencias en España —nuestras tareas en Finlandia de nuestra posición sobre Polonia. La historia se transforma en una serie de incidentes excepcionales; la política se transforma en una serie de improvisaciones. Tenemos aquí, en el sentido pleno del término, la desintegración del marxismo, la desintegración del pensamiento teórico, la desintegración de la política en sus elementos constitutivos. (In Defense of Marxism, págs. 114-15.)

23. No estamos planteando estos temas porque hayamos observado esta o aquella formulación incorrecta en un artículo ocasional. Cada sección comete su parte de errores. Pero tras un período prolongado en el que los errores quedan sin corregir, se vuelven una tendencia, y esta tendencia inevitablemente se hace sentir en cada área de nuestro trabajo político. Exactamente como el regreso del SWP al pablismo encontró su expresión en una orientación cada vez más abierta hacia elementos radicales centristas y de clase media en los Estados Unidos, tenemos que expresar la preocupación de que la misma tendencia se está manifestando dentro del trabajo del WRP en el Reino Unido.

24. Los antecedentes del partido en relación con la Guerra de las Malvinas —la línea que se adoptó originalmente estaba absolutamente equivocada: Esta no es nuestra guerra. Pero nunca se hizo ningún análisis de esta posición dentro del CI.

25. Consideramos que hay que dar una explicación sobre nuestras relaciones con Livingstone, Knight y con el GLC en general. Cuál es nuestra evaluación política de estas fuerzas. ¿Creemos que el grupo laborista que dirige el GLC merece la confianza política sin reservas que el News Line le ha estado dando? Estamos muy preocupados de que el WRP esté al borde de quedar seriamente comprometido por las acciones futuras de estos socialdemócratas. Nos preocupa que estén cometiendo los mismos errores oportunistas que llevaron en 1926 a la traición de la Huelga General. Nos hemos salido de nuestro camino para elogiar a Livingstone, para sugerir que él es muy diferente a los otros laboristas. Nuestra opinión es que aunque es ciertamente correcto defender al gobierno local contra los conservadores, no deberíamos depositar nada de confianza en Livingstone en absoluto. Estamos trastornados porque ni el News Line ni el Labour Review hayan comentado acerca de la entrevista con Livingstone que fue publicada en el número de julio-agosto de 1983 del New Left Review. La entrevista fue realizada nada menos que por Tariq Ali. Nada en este artículo sugiere que el “socialismo” de Livingstone sea nada más que una amalgama ecléctica de política de protesta pequeñoburguesa, pacifismo, socialdemocracia de izquierdas, y partes y pedazos de fraseología marxista. Ciertamente él no es trotskista, y su actitud hacia los traidores laboristas es enteramente comprensiva:

Tienes que estar bastante seguro de que alguien se ha metido en política por puro carrerismo antes de empezar a menospreciarlo. Esta es una debilidad congénita de la izquierda. Supongo que es comprensible dados los antecedentes de traición casi permanentes por parte de un dirigente laborista tras otro que la gente se pase mucho tiempo esperando al siguiente para escudriñarlo. Hay muchos casos, sin embargo, de gente a la que hemos perdido y que podríamos haber retenido si hubiéramos entablado un debate entre camaradas en vez de denuncias impropias de camaradas. Si tu principal función es construir tu propia membresía es inevitable que termines con ataques interminables a otros grupos izquierdistas. Siempre me ha asombrado la cantidad de tiempo que los activistas de izquierdas se pasan yendo histéricos de un lado para el otro leyendo los ataques que hace un grupo contra otro. A menos que se altere este método de organización será difícil unir a la izquierda.

No nos meteremos en los puntos de vista idealistas propuestos por Livingstone sobre la cuestión de la liberación de la mujer, que él admite que ha sido una influencia importante en su desarrollo (“Siempre he considerado que la concentración casi exclusiva del Partido Laborista en los trabajadores varones blancos con empleo era una una debilidad”) o sus puntos de vista vulgares sobre la naturaleza de la sociedad de clases (“Llegué a la política de izquierdas no mediante un trasfondo teórico marxista sino vía un estudio de la conducta animal y la evolución”). ¡No sorprende que sea entrevistado por Tariq Ali! Pero el problema es que este hombre está siendo claramente promocionado y apoyado incondicional y acríticamente por el Partido Obrero Revolucionario como líder de la clase trabajadora en Londres. Les brindamos una plataforma a él y a Knight. Los estamos defendiendo contra la crítica en la izquierda. Sabemos menos sobre Knight —excepto que hasta hace más o menos dos años oí su nombre mencionado solo en asociación con su deserción del partido para unirse a los laboristas. Ahora se da la impresión de que es nuestro hombre. Eso estoy seguro de que no es el caso. Que nos haya dejado en 1963 no puede haber sido una casualidad.

26. Nuestras preocupaciones sobre las relaciones con Livingstone y Knight y el GLC son realzadas por el papel central que desempeñó el WRP en la huelga del NGA. No podemos estar de acuerdo con la manera en la que el WRP estaba en la cola de la dirección de la NGA, los encubriera, no planteara demandas independientes y, al final, estuviera comprometido por su pago de la multa y porque se desconvocara la manifestación en Warrington. La Declaración del WRP que atacaba a los que criticaban la NGA no tenía precedentes realmente en la historia de la sección británica:

A lo largo de su lucha resuelta por los principios la NGA está marchando sobre los pasos de esos pioneros que batallaron bajo condiciones de ilegalidad y represión estatal para construir sindicatos independientes...

Habiendo elevado el nivel político de la clase trabajadora de esta manera vital, la NGA ahora está negándose a someterse a la dirección de los colaboracionistas de clase de la TUC. Está luchando sobre la fuerza invicta de la clase trabajadora, y se basa en esta.

La política del WRP es inequívoca —saludamos a la NGA por su acción valiente y estamos en completa solidaridad con su lucha por defender al sindicato de la conspiración legal de los conservadores...

La NGA ha llevado con razón la lucha hacia el centro de la TUC y ha mostrado quién está traicionando los derechos de los sindicatos. Es una unión gremial de opinión políticamente moderada, no un partido revolucionario como los revisionistas parecen creer. Y bajo las circunstancias excepcionales de persecución estatal, creemos que se están absolviendo muy bien.

¿CUÁLES SON LAS OPINIONES “POLÍTICAMENTE MODERADAS” DE LOS LÍDERES DE LA NGA? ¿Acaso no hay estalinistas y socialdemócratas entre ellos? Estos dirigentes son llevados ante la Asamblea General Anual de YS como “héroes” de la clase trabajadora. ¿Es así como hay que formar a los jóvenes trotskistas?

27. Durante la huelga, el WRP elaboró una línea verdaderamente increíble sobre la naturaleza de las leyes antisindicales. El discurso pronunciado por el camarada Banda: citamos el News Line del 7 de diciembre de 1983:

Pero ¿qué era esa ley?, se preguntaba Banda. Normalmente, todas las leyes fueron hechas para defender los derechos de los individuos [!], o concernían a los derechos de individuos en relación con el interés público [!!]. Pero las Leyes de Empleo de los conservadores eran únicas. No eran solo leyes [!], sino cambios constitucionales fundamentales porque trataban con la relación entre las clases [!!]... Esas Leyes son completamente ilegítimas desde un punto de vista histórico y un punto de vista político. Son una declaración de guerra contra la clase trabajadora.

Ahora estamos en contra de leyes “malas” que regulan las actividades de las clases y por leyes “buenas” que defienden los derechos de los individuos. Si no se hubiera leído ninguna otra cita en este encuentro, esta habría bastado para justificar el análisis más minucioso de la línea política del WRP.

La línea política del WRP plantea muchas cuestiones. ¿Cómo prevemos nosotros ahora el desarrollo de la revolución social? ¿Se le debería exigir alguna demanda política al Partido Laborista y sus sindicatos? En relación con esto último, esperamos cuanto pudimos antes de exigir una huelga general. No exigimos nuevas elecciones y el regreso al poder del laborismo. Nuestra consigna de un gobierno obrero revolucionario, bajo condiciones en las cuales no hemos capturado el liderazgo de ningún sector significativo de la clase trabajadora, es muy abstracta. Parece muy de “izquierdas” pero va combinada con relaciones con burócratas sindicales derechistas “políticamente moderados”. No le planteamos demandas al Partido Laborista —como si la tarea de exponerlos ya hubiera sido efectuada.

28. Esto no ha sucedido de la noche a la mañana —largos procesos de adaptación a fuerzas pequeñoburguesas. Esto tiene raíces teóricas definidas —un método empirista disfrazado con fraseología hegeliana— pero uno que no tiene absolutamente nada que ver con el marxismo. La glorificación de la percepción sensorial y el rechazo del materialismo histórico. Hay que hacer una seria crítica a los Studies in Dialectics.

29. La carta de Slaughter fue tomada por la dirección de la WL como una muy seria advertencia. Nos preocupa la profundidad de las diferencias políticas e ideológicas. Pero creemos que se pueden superar los problemas mediante la discusión seria y honesta. Lo que hace falta es una discusión real dentro del CI y la dirección de las secciones nacionales. Hay que preparar documentos y hacerlos circular. Así hay que proceder. El CI solo puede salir de esta fortalecido. La Workers League está deseosa de participar y aprender de esta discusión. Apreciamos nuestra colaboración con los camaradas británicos y con cada sección del CI. Propongámonos un plazo defnido para esta discusión, y trabajemos sobre esta base hacia una Conferencia del CI.

(Traducido de la versión reimpresa en inglés el 12 de febrero de 2019)