Apoya al Partido Socialista por la Igualdad en las elecciones federales de Australia de 2019

¡No al militarismo ni la guerra! ¡Por el socialismo y el internacionalismo!

por el Partido Socialista por la Igualdad (Australia)
17 abril 2019

El Partido Socialista por la Igualdad (PSI o SEP en inglés) está postulando a varios candidatos en las elecciones federales de 2019 para construir un movimiento político de la clase obrera con base en un programa socialista, en oposición a los niveles sin precedentes de desigualdad social, el peligro de una guerra mundial, el desarrollo de formas autoritarias de gobierno y el resurgimiento de fuerzas fascistas.

Para las elites gobernantes, esta elección es una de crisis sin paralelo, marcada por la profundización de la hostilidad hacia todo el sistema político.

El Gobierno del Partido Liberal-Nacional, despreciado por la clase obrera, está controlado por extremistas de derecha, incluidos Morrison, Dutton y Abbott. Llevaron a cabo un golpe interno contra Turnbull para empujar el Partido Liberal a la derecha, mientras que sus políticas —sobre todo, sus ataques contra refugiados e inmigrantes, junto con su promoción del militarismo y el nacionalismo— están dirigidas a fomentar movimientos fascistas dirigidos contra la clase trabajadora.

Al carecer de un apoyo popular positivo, el Partido Laborista espera llegar al poder a través de la duplicidad y el engaño. A puertas cerradas, su líder, Shorten, les dice a las principales corporaciones que el laborismo mantendrá la calificación crediticia del país y aumentará las ganancias. Al mismo tiempo, hace apelaciones populistas a los trabajadores y jóvenes sobre “justicia", incluidas las promesas de legislar un "salario digno". Estas no tienen ningún valor. Como lo ha hecho el laborismo durante las últimas tres décadas, un Gobierno de Shorten impondrá nuevas cargas económicas a la clase trabajadora.

En mayor medida que nunca, esta elección se caracterizará por mentiras y distracciones, ya que los partidos de la elite política, junto con los medios corporativos, se dedican a encubrir la situación real que enfrenta la gente trabajadora.

El PSI es el único partido que dice la verdad: no hay bases para reformar el sistema capitalista. Cualquier Gobierno que surja después de la elección intensificará los ataques contra el nivel de vida y las condiciones sociales, acelerará la evisceración de los derechos democráticos y colaborará en la marcha hacia la guerra.

La cuestión vital que enfrenta la clase obrera no es el intento inútil de cambiar el parecer de las élites gobernantes en las casillas, sino el desarrollo de su propio movimiento político independiente por el socialismo, para abolir el sistema de ganancias, la fuente de todos los males sociales y de los peligros políticos que enfrentan los trabajadores.

Un factor fundamental para la lucha por el socialismo es el principio del internacionalismo: que los trabajadores deben luchar conscientemente por unificar sus luchas más allá de las fronteras nacionales para enfrentar los grandes peligros planteados por la crisis del sistema de ganancias global. El PSI se opone totalmente a la putrefacción del nacionalismo australiano y la xenofobia contra los refugiados que se usa para dividir a los trabajadores de sus hermanos y hermanas de clase en todo el mundo.

El capitalismo amenaza con volver a los horrores de los años treinta y cuarenta.

Las relaciones internacionales toman cada vez más la forma de gansterismo, ya que las grandes potencias buscan una ventaja geoestratégica y económica tanto contra sus rivales como contra sus supuestos aliados. La contradicción objetiva entre la economía global y el sistema de Estados nación capitalistas está emergiendo una vez más a la superficie, dando lugar a innumerables focos de conflicto en Oriente Próximo, el Asia-Pacífico y Europa, que pueden estallar de repente en una guerra devastadora entre Estados armados con armas nucleares.

En Australia, al igual que en el resto del mundo, todas las instituciones económicas y financieras son mecanismos para desviar la riqueza producida por el trabajo de la clase trabajadora hacia los bolsillos de los ultrarricos.

Al mismo tiempo, la solución está surgiendo en forma de inmensas luchas de la clase trabajadora, cuyo resultado determinará el destino de la sociedad.

El surgimiento internacional de la clase trabajadora, desde las luchas de los docentes en los Estados Unidos, las huelgas de los trabajadores automotores en México hasta el movimiento de los “chalecos amarillos” en Francia, se caracteriza por una revuelta contra los partidos de la élite política y los sindicatos, los cuales han desempeñó el papel clave en la supresión de la lucha de clases y en el cumplimiento de los dictados de austeridad de las oligarquías financieras sobre la masa de trabajadores.

Profundamente temerosas del aumento de las luchas de la clase trabajadora, las clases dominantes a nivel internacional están respondiendo mediante la promoción de grupos y partidos fascistas e instituyendo formas autoritarias de gobierno.

Su ofensiva contra los derechos democráticos se resume en el arresto y encarcelamiento del editor de WikiLeaks, Julian Assange, y el continuo encarcelamiento de la valiente denunciante, Chelsea Manning, en un intento de obligarle a dar falso testimonio contra Assange. Sus únicos "crímenes" han sido exponer la criminalidad de las guerras e intervenciones de los Estados Unidos y sus aliados, incluida Australia, y revelar la verdad.

El fascismo está resurgiendo en todo el mundo. En los Estados Unidos, el presidente Donald Trump busca crear un movimiento de tipo fascista a través de una guerra dirigida contra el socialismo y la clase trabajadora, mientras que, en toda Europa, los partidos abiertamente fascistas forman parte de Gobiernos y Parlamentos.

Trump encabeza el ataque acelerado contra todas las formas de democracia, a medida que desecha el marco constitucional bajo el cual Estados Unidos ha sido gobernado durante los últimos dos siglos. Él está tratando de establecer un régimen autoritario para enfrentar el resurgimiento de la clase trabajadora. Sus acciones están marcando el ritmo de desarrollos paralelos en todos los países, incluida Australia.

Contrariamente al mito nacionalista oficial de que Australia es el "país afortunado", separado de la lucha de clases internacional y aislado de las leyes de la economía capitalista global, se vio profundamente afectado por el colapso financiero de 2008, cuando el sistema bancario estuvo a pocos días de colapsar cuando se cortó el flujo de las finanzas internacionales.

Desde entonces, la economía ha sido sostenida por un auge de la minería, que se ha derrumbado, y una burbuja inmobiliaria que ahora está en proceso de colapso. La desaceleración de la economía australiana avanza a un ritmo más rápido que en cualquier otra economía avanzada, lo que indica el inicio de una profunda recesión que estimulará la oposición masiva de la clase obrera.

Al igual que en Europa y los Estados Unidos, la clase dominante aquí está alimentando fuerzas de extrema derecha. La masacre del 15 de marzo en Nueva Zelanda fue llevada a cabo por un fascista australiano. Demuestra que toda la inmundicia reaccionaria que brotó de las entrañas de la sociedad capitalista en la década de 1930, vuelve a derramarse y que ningún país, sin importar cuán "aislado" o "pacífico" pueda parecer, está exento.

El fascismo no es todavía un movimiento político de masas en ningún país. Pero las organizaciones fascistas son apoyadas por los niveles más altos del ejército, la policía y el aparato estatal y han podido explotar los niveles crecientes de frustración, ira y descontento social para sus propios fines reaccionarios.

Ignorar esta amenaza y no actuar sería un desastre. Las sangrientas experiencias históricas del siglo XX establecieron una lección indeleble: la lucha contra el fascismo y la guerra solo puede desarrollarse a través de la movilización política independiente de la clase obrera sobre la base de un programa socialista.

Esta perspectiva constituye la base de la campaña electoral del PSI, que presentamos como parte de la lucha por el socialismo internacional emprendida por nuestro partido mundial, el Comité Internacional de la Cuarta Internacional (CICI o ICFI en inglés) y sus secciones en América del Norte, Europa y Asia.

Nuestro programa se basa en los siguientes principios:

Por la unidad internacional de la clase obrera

Es imposible detener el impulso hacia la guerra, el cambio climático y los desastres ambientales, o los ataques sostenidos contra los derechos democráticos y sociales, dentro de las fronteras de un solo país. La punta de lanza de la lucha por el socialismo es el internacionalismo: unificar a la clase trabajadora en todo el mundo, acabar con la dominación de los gigantes corporativos globales y reorganizar la sociedad para satisfacer las necesidades sociales más urgentes de toda la humanidad.

* El PSI se opone a todas las formas de racismo y nacionalismo, las cuales enfrentan a unos trabajadores contra otros y se utilizan para crear chivos expiatorios de las capas más vulnerables de la clase trabajadora, especialmente a los inmigrantes y refugiados, culpándolos por la crisis social creada por el capitalismo. Defendemos incondicionalmente el derecho democrático básico de los refugiados e inmigrantes a vivir, estudiar y trabajar en Australia, o en cualquier parte del mundo, con plenos derechos de ciudadanía.

* El PSI se opone a la política de identidades, incluido el movimiento retrógrado #MeToo (#Amítambién), utilizado por la clase media-alta para mejorar su posición económica y social privilegiada. La política de identidad tiene como objetivo dividir a la clase trabajadora y ocultar el hecho de que en la sociedad capitalista la división fundamental es la de clase, entre la clase trabajadora y sus explotadores, es decir, aquellos que poseen los medios de producción y finanzas. Los derechos democráticos y sociales de los trabajadores, independientemente de su género, sexualidad, color de piel o religión, solo pueden defenderse a través de un movimiento unificado desde abajo para abolir el capitalismo.

¡Por la igualdad social!

Un informe reciente de Oxfam encontró que los 26 multimillonarios más ricos del mundo poseen más riqueza que la mitad de la población mundial, unos 3.800 millones de personas. Esta polarización es una consecuencia de décadas de políticas económicas y sociales conscientes, implementadas por Gobiernos de todo el mundo, en nombre del capital financiero.

En Australia, el 20 por ciento de hogares más ricos posee el 62 por ciento de toda la riqueza, 100 veces más que el 20 por ciento más pobre que prácticamente no posee nada. En el otro polo de la sociedad, alrededor de tres millones de personas (uno de cada ocho adultos y uno de cada seis niños) viven por debajo del austero umbral de pobreza oficial.

Las crecientes tasas de desempleo, los niveles pobres de la asistencia social, el estancamiento de los salarios reales, los enormes costos de la vivienda y la prevalencia del trabajo inseguro, informal, a tiempo parcial y por contrato se combinan para generar inmensas tensiones sociales, lo que lleva a la ruptura familiar, problemas de salud mental, abuso de drogas y alcohol, y una serie de otros problemas sociales.

* El PSI exige una amplia redistribución de la riqueza para garantizar los derechos sociales de todos, incluido el derecho a un trabajo estable y con un salario digno, un ingreso de jubilación, educación y salud públicas, gratuitas y de alta calidad, viviendas asequibles y acceso a la cultura y las artes.

* Exigimos medidas de gasto de emergencia para resolver la creciente crisis social y económica que enfrentan los aborígenes, como consecuencia de la destrucción genocida de las sociedades indígenas tradicionales por parte del capitalismo australiano.

* Estos derechos sociales no se pueden lograr sin terminar con el dominio de una oligarquía financiera y corporativa sobre la vida económica. Los grandes bancos, las transnacionales mineras, los conglomerados minoristas, las corporaciones farmacéuticas y los gigantes energéticos y de comunicaciones deben ser expropiados y puestos bajo la propiedad pública y el control democrático de la clase trabajadora.

* Se debe iniciar un programa de obras públicas de miles de millones de dólares para proporcionar pleno empleo, resolver las crisis en los servicios sociales y desarrollar la infraestructura necesaria para hacer frente al cambio climático.

¡Defiendan los derechos democráticos!

La desigualdad social extrema es incompatible con las formas democráticas de gobierno. La determinación de la élite adinerada de acumular más ganancias corporativas y riqueza personal, al tiempo en que suprime cualquier desafío desde abajo, está impulsando la adopción global de formas de gobierno autoritarias y dictatoriales. Bajo la fraudulenta "guerra contra el terrorismo", ya se ha erigido el marco para un Estado policial en Australia.

De la mano de la promoción del reaccionario nacionalismo australiano, el Partido Laborista, los Liberales y los Verdes han impulsado nuevas medidas antidemocráticas. Una caza de brujas nacionalista en el Parlamento ha puesto en la mira a todos aquellos que tengan o sean elegibles a una doble ciudadanía. Después de que el Tribunal Superior interpretara que la Constitución exigía una "lealtad sin reservas a Australia", aproximadamente el 50 por ciento de la población ha sido despojada de su derecho a presentarse en las elecciones federales, lo que hace que esta elección sea la más antidemocrática que se haya celebrado.

Además, en medio de una campaña frenética y xenófoba contra China, se han promulgado leyes draconianas de "interferencia extranjera", con apoyo bipartidista, que pueden usarse para reprimir la oposición a la guerra, ilegalizar la cooperación política internacional y preparar el internamiento masivo de "extranjeros enemigos", como ocurrió durante las dos guerras mundiales.

Toda la élite política y los medios de comunicación corporativos, tanto en Australia como en Nueva Zelanda, tienen la responsabilidad política por la masacre de Christchurch. El inmundo anticomunismo y la islamofobia en el centro del manifiesto del fascista australiano Brenton Tarrant no están muy lejos de las diatribas que emanan de los Parlamentos estatales y nacionales y de los principales medios de comunicación.

El ataque a los derechos democráticos y el vinculado impulso de guerra encuentran su expresión más aguda en la colaboración de los Gobiernos laboristas y de la Coalición con la venganza siendo perpetrada contra el fundador y editor de WikiLeaks, Julian Assange.

La hostilidad a Assange por parte del establishment, los medios de comunicación y las distintas organizaciones pseudoizquierdistas se intensificó después de 2011, cuando recibió el premio Walkley de periodismo. Se profundizó cuando el Gobierno de Obama anunció el giro hacia Asia de Estados Unidos, el cual estaba dirigido contra China, y cuando Washington lanzó sus intervenciones sangrientas en Siria y Libia, después de la revolución egipcia. En 2016, se intensificaron los ataques contra Assange, con denuncias que lo caracterizaron como un títere de la Rusia de Putin, luego de que WikiLeaks expusiera a Clinton como una candidata directa de Wall Street. Esto dejó en claro que su persecución en curso ha estado ligada a la campaña de guerra del imperialismo estadounidense contra Rusia y China, y la integración de Australia en ella.

* El PSI exige que el gobierno australiano proteja los derechos de Assange, un ciudadano australiano, y le garantice el paso seguro a Australia, sin ninguna amenaza de extradición a los Estados Unidos. Exigimos la liberación inmediata e incondicional de Chelsea Manning, quien ha sido nuevamente encarcelada, esta vez por negarse a colaborar con un fraudulento gran jurado en los Estados Unidos, convocado para procesar a Assange.

* El PSI llevará la lucha por la libertad de Assange y Manning a la clase trabajadora, la convertirá en un factor central de nuestra campaña electoral y desafiará el silencio de la élite política sobre su futuro.

* El PSI insiste en que el aparato militar, policial y de inteligencia sea desmantelado. Exigimos la abolición de todas las leyes y reglamentos diseñados para restringir o prohibir los derechos democráticos, incluidas todas las leyes contra las huelgas, el artículo 44 de la Constitución, las leyes draconianas contra el terrorismo y las injerencias extranjeras y los esfuerzos cada vez intensivos de censurar el Internet y los medios de comunicación.

¡Por la independencia política de la clase obrera! ¡Por un Gobierno obrero!

En todos los países del mundo, el resurgimiento de la clase trabajadora está asumiendo la forma de una hostilidad cada vez más profunda hacia todo el orden social y político.

Desesperados por reprimir y descarrilar este movimiento, los sindicatos buscan promover las falsas y persistentes ilusiones de que el Partido Laborista representa una alternativa a los liberales, o al menos un "mal menor". Conscientes de la enorme ira social que se ha acumulado, advierten sobre un "tsunami" de malestar social. Pero, siendo una fuerza policial industrial de las grandes empresas y el Gobierno, los sindicatos harán todo lo posible para aislar, desmoralizar y reprimir cualquier movimiento independiente de la clase obrera, como lo han hecho durante décadas.

Se deben extraer y poner en acción las lecciones de estas experiencias. El Gobierno laborista de Hawke-Keating de 1983–96 destruyó todas las organizaciones independientes de la clase trabajadora para integrar a Australia en el marco del "mercado libre" del capital financiero global, iniciando la mayor redistribución de la riqueza de abajo hacia arriba en la escala de ingresos de la historia. Los Gobiernos laboristas de Rudd-Gillard, con la colaboración de los sindicatos, promulgaron la legislación de Trabajo Justo, prácticamente prohibiendo las huelgas y otras formas de acción industrial. La dirección del Partido Laborista bajo Shorten ha designado al Gobierno de Hawke-Keating como el "modelo" que seguirá.

El patético populismo de Shorten es un intento desesperado de imitar a figuras como el líder del Partido Laborista británico, Jeremy Corbyn. Sin embargo, ¿cuál ha sido la experiencia de los trabajadores británicos? A pesar de su fachada de "izquierda", la dirigencia bajo Corbyn ha demostrado que el Partido Laborista es un pilar de la élite capitalista. Después de oponerse a cualquier lucha contra los odiados blairistas de derecha dentro del Partido Laborista, Corbyn ahora ha tratado de rescatar a la primera ministra conservadora, Theresa May, de la crisis del b rexit, avanzando la perspectiva de un Gobierno de "unidad nacional".

El Partido Verde australiano se apoya en una capa privilegiada de profesionales de la clase media-alta y en intereses comerciales "verdes". Promoviéndose a sí mismos como el partido de la estabilidad parlamentaria, se dedican a apuntalar a cualquier partido que forme parte del Gobierno y a defender sus políticas contra la clase trabajadora.

Las diversas formaciones de pseudoizquierda (Alianza Socialista, Alternativa Socialista y su frente electoral parroquial con sede en Melbourne, los Socialistas Victorianos) también representan capas de la clase media acomodada. Su función principal es mantener la ilusión de que se puede lograr un cambio progresista a través del Partido Laborista y los sindicatos. A medida que la élite política se desplaza más a la derecha, también lo han hecho estos falsos izquierdistas, quienes apoyan las guerras dirigidas por Estados Unidos en Siria y Libia, y las panaceas reaccionarias y antidemocráticas de la política de identidades.

* El Partido Socialista por la Igualdad proporciona los únicos medios genuinos para que los jóvenes y los trabajadores desarrollen su lucha contra el capitalismo. Hacemos un llamado a los trabajadores para que establezcan comités de base en las fábricas y los lugares de trabajo, elegidos democráticamente por los mismos trabajadores, para romper la camisa de fuerza de los sindicatos que les impide luchar por mejores salarios y condiciones y empleos seguros. Abogamos por el establecimiento de comités de acción de los trabajadores para defender los derechos sociales básicos. Ya hemos tomado la iniciativa de formar el Comité por la Educación Pública.

* El socialismo auténtico es revolucionario: no abogamos por reformas insignificantes que la clase dominante nunca aceptará, sino por la revolución social, es decir, la movilización de la clase obrera por tomar el poder político y establecer un Gobierno obrero, para reorganizar la vida económica sobre la base de las necesidades sociales y la igualdad, no el lucro privado. ¡ Opónganse al militarismo y a la guerra! El peligro de guerra entre Estados Unidos y China se está intensificando. La Administración de Trump ha rechazado los tratados de armas nucleares, ha incrementado enormemente los gastos militares y ha publicado numerosos informes que detallan sus planes de "guerra total" contra Rusia, China y otros posibles rivales. En la región de Asia-Pacífico, Washington pretende mantener enérgicamente la hegemonía indisputada que estableció en 1945, después de derrotar a Japón en la Segunda Guerra Mundial. Un pequeño "malentendido" entre las fuerzas estadounidenses y chinas en los mares de China Meridional o de China Oriental podría desencadenar rápidamente una devastadora conflagración militar.

Tanto los gobiernos Laboristas como los de la Coalición defienden los intereses depredadores del imperialismo australiano. Han apoyado todas las guerras e intervenciones militares lideradas por Estados Unidos durante las últimas cuatro décadas, incluida la ocupación en curso de Afganistán y la invasión ilegal de Irak en 2003, que cobró hasta un millón de vidas.

Como parte de la red de inteligencia "Five Eyes" (Cinco ojos) liderada por EUA, las instalaciones australianas, incluida Pine Gap, desempeñan un papel clave en el apoyo al cerco imprudente alrededor de China que encabeza EUA. Los sucesivos Gobiernos han integrado de cerca a las fuerzas armadas con el ejército, la armada y la fuerza aérea de EUA en la región. El gasto militar aumentará a unos extraordinarios $38.7 mil millones en 2019-20 y se espera que alcance el 2 por ciento del producto interno bruto en 2020-2021, un nivel más alto que el de muchos países como China y Reino Unido.

Toda la élite política ha colocado a la población australiana en la primera línea de fuego de una posible tercera guerra nuclear. El primer ministro Scott Morrison encabeza un Gobierno militarista y proestadounidense. El líder sindical, Bill Shorten, no es menos militarista y es una fuente de la embajada estadounidense y defensor de las operaciones militares estadounidenses en todo el mundo.

Los verdes no son una alternativa. En 2011, el Gobierno laborista de Gillard respaldado por los verdes firmó un acuerdo con el Gobierno de Obama, prometiendo un apoyo incondicional a un aumento de la presencia de las fuerzas armadas estadounidense en todo el Asia-Pacífico. Sus limitadas críticas a la alianza militar con EUA y sus llamamientos a una política exterior más "independiente", reflejan preocupaciones en los círculos gobernantes de que no se puede confiar en EUA para defender los intereses imperialistas australianos. Los verdes, además, han estado al frente de la campaña xenófoba sobre "interferencia extranjera", utilizada para fomentar el nacionalismo y la xenofobia antichina como parte de la preparación ideológica para la guerra.

* El PSI, junto con sus partidos hermanos a nivel internacional en el CICI, lucha por movilizar a la clase trabajadora contra el peligro de la guerra. Exigimos el repudio de la alianza entre Estados Unidos y Australia y todos los acuerdos de bases militares con los Estados Unidos y otros países. Las tropas australianas, así como la policía y el personal de inteligencia, deben retirarse de inmediato de Afganistán, Oriente Próximo y el Asia-Pacífico. El aparato de inteligencia militar debe ser disuelto y los vastos recursos desperdiciados en los preparativos de guerra deben ser reasignados a fines socialmente útiles, incluida la construcción de la infraestructura social tan necesaria en toda Australia y la región. ¡Por acci ones urgente s contra el cambio climático! No hay posibilidad de detener el cambio climático bajo el sistema capitalista y su "mercado libre", dominado por el afán de lucro privado. La creciente amenaza para el futuro del planeta se deriva de las operaciones de este sistema. La acción real para detener el calentamiento global requiere una planificación económica consciente, a escala nacional e internacional.

Por lo tanto, el primer paso para detener un desastre climático requiere que las grandes corporaciones, sobre todo aquellas que tienen la responsabilidad central de emitir los contaminantes sean retiradas de las manos privadas, y puestas bajo la propiedad pública y el control democrático. Tal programa requiere una colaboración y gestión internacionales. Esto solo se puede avanzar a través de una lucha contra todos los partidos de la élite política, incluido el laborista, liberal y verde, los cuales defienden los intereses de lucro de las grandes corporaciones, instituciones financieras y su "propio" Estado nacional. ¡Únete a la lucha por un futuro socialista! En todo el mundo, la crisis manifiesta y la quiebra del capitalismo han impulsado un resurgimiento del apoyo al socialismo. Una encuesta realizada el año pasado por el derechista Centro de Estudios Independientes reveló que el 58 por ciento de los australianos, entre los 21 y los 38 años, tenía una "postura general hacia el socialismo" favorable, mientras que el 59 por ciento está de acuerdo con que "el capitalismo ha fracasado".

Los jóvenes ya han comenzado a expresar su determinación de contraatacar. Decenas de miles de estudiantes de secundaria recientemente desafiaron amenazas e intimidaciones sobre unirse a huelgas y protestas para exigir acciones contra el cambio climático. Como ha sido históricamente el caso, este movimiento de jóvenes estudiantes es otro presagio de que la clase obrera volverá a ponerse en pie de lucha.

Sin embargo, sin una dirección revolucionaria, el socialismo es imposible. Los jóvenes y los trabajadores que quieren luchar por un futuro socialista deben asimilar las lecciones políticas de las experiencias estratégicas del siglo XX. La Revolución rusa de octubre de 1917 demostró, para siempre, que la clase obrera, cuando cuenta con una conducción revolucionaria, puede llevar a cabo el derrocamiento del capitalismo y comenzar la construcción de una nueva sociedad.

Las derrotas que siguieron fueron el resultado de las traiciones del socialismo por parte del estalinismo, la burocracia contrarrevolucionaria que surgió a raíz del aislamiento del primer Estado obrero. Pero la lucha por el programa revolucionario responsable de la victoria de la revolución fue continuada por León Trotsky, en su prolongada lucha contra el estalinismo desde 1923 en adelante. En 1938, Trotsky fundó la Cuarta Internacional para resolver la crisis de dirección revolucionaria en la clase obrera internacional. El Comité Internacional de la Cuarta Internacional, del cual el PSI (SEP) es la sección australiana, representa la continuidad de la lucha de Trotsky contra todas las formas del oportunismo nacional, lo cual es esencial en la lucha por el socialismo mundial actual.

¡Los instamos a que te involucres en nuestra campaña 2019! ¡Voten por los candidatos al Senado y la Cámara de Representantes del Partido Socialista por la Igualdad! Únanse y formen comités electorales del PSI en las zonas electorales de nuestros candidatos y en todo el país. Distribuyan esta declaración lo más ampliamente posible a sus familiares, amigos y compañeros de trabajo, incluso en las redes sociales. Organicen reuniones en sus lugares de trabajo, universidades o grupos comunitarios e inviten a un candidato del PSI a hablar. Donen lo más generosamente que puedan a nuestro fondo electoral. ¡ Ante todo, emprendan la lucha por el socialismo, estudien el programa y la historia del CICI y únanse al PSI y su movimiento juvenil, los Jóvenes y Estudiantes Internacionales por la Igualdad Social (JEIIS o IYSSE en inglés)! Autorizado por James Cogan para el Partido Socialista por la Igualdad, Suite 906, 185 Elizabeth Street

(Artículo publicado originalmente en inglés el 16 de abril de 2018)