El escándalo de las admisiones universitarias en EUA: un producto inevitable de los niveles malignos de desigualdad social

por David Walsh
22 abril 2019

La Fiscalía de Estados Unidos en Massachusetts anunció el 8 de abril que catorce individuos, trece padres y un entrenador de tenis universitario acordaron declararse culpables de cargos relacionados con el escándalo de las admisiones a universidades que salió a la luz hace un mes.

Los padres, incluida la actriz Felicity Huffman, admitieron “usar sobornos y otras formas de fraude para facilitar la admisión de sus hijos a universidades selectivas. Un entrenador también se declaró culpable”, según la Fiscalía de Estados Unidos. Los demandados se declararon culpables de un cargo de conspiración para cometer fraude por correo y servicios o funciones honestas.

Los trece padres fueron arrestados el mes pasado y acusados de conspirar con William “Rick” Singer, de Newport Beach, California, para asegurar la admisión de estudiantes a programas de grado y posgrado en universidades de élite.

Muchos otros arrestados en marzo, como la actriz Lori Loughlin, aún no llegaron a un acuerdo con los fiscales federales. El 9 de abril un gran jurado federal procesó a 16 padres que rechazaron el acuerdo por cargos de lavado de dinero, que conlleva un máximo de 20 años de prisión. Las diferentes cantidades de dinero involucradas son claramente un factor. Huffman reconoció haber hecho un pago de $15,000 a la Key Worldwide Foundation, organización benéfica falsa de Singer, para mejorar las notas del examen estandarizado SAT de su hija. Se alega que Loughlin y su esposo, Mossimo Giannulli, pagaron $500,000 para facilitar el ingreso de sus dos hijas a la Universidad del Sur de California.

En una declaración, Huffman, esposa del actor William H. Macy, dijo, “Me avergüenzo del dolor que he causado a mi hija, a mi familia, a mis amigos, a mis colegas y a la comunidad educativa. Quiero disculparme con ellos y, sobre todo, quiero disculparme con los estudiantes que trabajan duro todos los días para ingresar a la universidad y con sus padres que hacen enormes sacrificios para apoyar a sus hijos y lo hacen con honestidad”. Ella agregó, “Esta transgresión … la llevaré el resto de mi vida”.

No hay razón para dudar de la sinceridad de la disculpa de Huffman, pero ni su declaración ni la gran mayoría de la cobertura mediática con la que se ha saturado al público ayudan a explicar el clima social, económico y moral que hizo que el escándalo de corrupción no solo fuera posible, sino incluso inevitable.

Este proceso corrupto es la implementación, en este campo en particular, del “principio aristocrático”, la dominación de la plutocracia a expensas de cualquier otro interés o preocupación social.

Esencialmente, en una sociedad dominada —de hecho, completamente arruinada y desfigurada— por la desigualdad económica, ¿cómo podría mantenerse un verdadero “campo de juego nivelado” en cualquier esfera importante de la vida? Dueños de cantidades inimaginables de dinero, los ricos en Estados Unidos viven en un universo separado del resto de la población, y se consideran a sí mismos —como lo hizo la nobleza feudal— por encima de la ley o creen estar sujetos a una ley propia. ¿Qué les impediría extender esa actitud hacia la educación y las carreras de sus descendientes? Las barreras legales y morales parecen irrelevantes para esas personas, incluso vagamente risibles. ¿Por qué no deberían usar sus riquezas para obtener todo lo que desean? ¿Para qué más sirve?

Por supuesto, en unos Estados Unidos capitalistas, las admisiones universitarias siempre han tendido legalmente a favorecer a los ricos, un proceso que se agravó en los últimos años. Un estudio del Proyecto Igualdad de Oportunidades en 2017 (uno de sus coautores fue Emmanuel Saez, profesor de economía de la Universidad de California, Berkeley), resumió el New York Times, descubrió que los “estudiantes en las universidades de élite son más ricos de lo que creían los expertos … En 38 universidades estadounidenses, incluidas cinco en la “Ivy League” —Dartmouth, Princeton, Yale, Penn y Brown—, provenieron más estudiantes del 1 por ciento superior en la escala de ingresos que del 60 por ciento inferior”.

“Aproximadamente uno de cada cuatro de los estudiantes más ricos”, informó el Times, “asiste a una universidad de élite —universidades que normalmente se agrupan hacia el tope de los rankings anuales. ... En contraste, menos de la mitad del 1 por ciento de los niños de la quinta parte inferior de las familias estadounidenses asiste a una universidad de élite; menos de la mitad asiste a cualquier universidad”.

Inside Higher Ed recientemente señaló recientemente que en la Universidad Brown, en Providence, Rhode Island, “que inscribe a algunos de los estudiantes más ricos del país, no parece haber una pared sólida que separe las operaciones de admisión de las operaciones de desarrollo. La universidad permitió que su oficina de recaudación de fondos organice visitas al campus y reuniones con miembros de la facultad para los solicitantes cuyos padres son exalumnos de Brown, o están relacionados con individuos ricos u otros que tienen relaciones con recaudadores de fondos de la universidad. En algunos casos se alentó a los miembros de la facultad a que escribieran cartas a la oficina de admisiones sobre sus impresiones (positivas) de los solicitantes”.

Los beneficios para las familias acaudaladas se hacen sentir en cada etapa del proceso. Una historia de la agencia de noticias AFP señala:

[L]os ricos tienen una ventaja enorme, injusta cuando se trata de librar la muy estresante batalla anual de ingreso a la universidad. … El proceso favorece a los ricos. Ellos pueden postularse a más universidades e invertir mucho en la preparación de los exámenes y ensayos. Los ricos, además, pueden vencer a la competencia donando a las universidades. …

El proceso comienza en serio en el décimo grado, tres años antes de la graduación de la secundaria. Los estudiantes se preparan y realizan varias veces los exámenes de ingreso ACT y SAT … Hay ensayos para escribir, entrevistas, seminarios, pruebas de preparación y, para las familias con acceso y conexiones, cabildeo directo. …

Según la Asociación de Consultores de Educación Independiente, los padres pagan en promedio $200 por hora para consultar a expertos en el proceso de solicitud. Pero ese precio, en algunas situaciones, puede llegar a miles de dólares por hora”.

Los padres de chicos asistidos por una “empresa de preparación” nombrada en el artículo de AFP “pagan en promedio $40,000”.

No es casual que seis de los trece padres que se declararon culpables sean “emprendedores”, según Inc.: “Jane Buckingham es fundadora y presidenta de Trendera, una firma boutique de mercadeo que trabaja con empresas como Gap, Target, Condé Nast y HBO. Peter Jan Sartorio fundó PJ’s Organics, que vende burritos congelados. Gregory Abbott es fundador y presidente de International Dispensing Corporation, una empresa de envasado y distribución de alimentos y bebidas con sede en Nueva York…. Robert Flaxman es fundador y CEO de Crown Realty & Development, con sede en Irvine, California. Marjorie Klapper cofundó M&M Bling, una tienda boutique de joyería fina en Menlo Park, California. Devin Sloane es fundador y CEO de WaterTalent, una firma de cumplimiento de sistemas de agua potable y aguas residuales”. En conjunto, los seis pagaron más de medio millón de dólares a Singer como parte del plan ilegal.

Hacer trampa para salir adelante, o para que los hijos salgan adelante, viene con el terreno social desigual en Estados Unidos. Pero aquí hay algo más que simplemente obtener una ventaja económica, y mucho menos intelectual. Después de todo, como observaron varios comentaristas, los jóvenes involucrados en el escándalo actual (no necesariamente por su culpa) tenían una vida de ocio más o menos garantizada gracias a la inmensa riqueza de sus padres.

También hay un componente psicológico, que habla del estado actual de una sociedad estadounidense sumida en la ignorancia. Tener un hijo o una hija en una universidad prestigiosa es también un símbolo de estatus, otro marcador de éxito, para acompañar —¿o quizá compensar?— las ganancias mal habidas en el mercado de valores o en alguna profesión socialmente indispensable, como vender burritos congelados, el desarrollo inmobiliario o la venta de “joyas finas”. En la actualidad, los ricos en Estados Unidos necesitan desesperadamente vivir en el barrio apropiado, conducir el automóvil apropiado y enviar a sus hijos a las instituciones apropiadas. Es todo parte del mismo paquete miserable, repelente.

El ambiente podrido llega al mundo cultural, y ciertamente al “negocio del cine”. Hay razones de sobra para rechazar la organización de un grupo de linchamiento contra Huffman y compañía, pero el escándalo no habla bien del estado de ánimo que prevalece en Hollywood. Estas personas no son modelos a seguir.

Huffman es una actriz talentosa, y el estimado Macy se ha especializado en interpretar a personajes excéntricos o marginados. Actualmente protagoniza Shameless, una serie de televisión sobre una familia pobre y disfuncional. “Buscando explicar cómo la serie se compara con otros programas estadounidenses sobre familias de bajos ingresos, [el productor ejecutivo Paul Abbott] agregó: ‘No es ‘Mi nombre es Earl’ o ‘Roseanne’. Tiene un nivel de pobreza mucho más grave. No llevan cuello azul [trabajo manual]; no llevan cuello del todo” ( New York Times, diciembre de 2010).

Pero el “izquierdismo” en estos círculos no es sinónimo de oposición a la “pobreza” o a la élite capitalista, sino de política de género. Huffman se unió a la campaña #MeToo en 2017, ¡acusando a Harvey Weinstein de obligarla a vestir un diseño de su esposa Georgina Chapman!

En enero de 2018, en la gala de los Globos de Oro, Macy explicó a los medios que su esposa estaba “muy comprometida con Time’s Up [el acompañamiento legal de #MeToo] y yo tengo dos hijas. Esto es algo bueno’, insistió Macy … ‘Los jóvenes están cargados políticamente, como cuando yo era chico. Soy un viejo hippie, y [mis hijas y yo] no hablamos de otra cosa’”.

El actor, según ET Online, “reveló que Huffman organizó una reunión ‘enorme’ de Time’s Up en su casa dos noches antes. ‘¡Fue un Quién es Quién de Hollywood!’ exclamó Macy, que representaba a la iniciativa con una insignia de Time’s Up en la alfombra roja. ‘No podía creerlo’”.

Inevitablemente, dadas las credenciales de individuos como Huffman y Macy, los medios derechistas intentan avivar el falso sentimiento populista contra los “liberales” de Hollywood y los “elitistas” anti-Trump con el escándalo de las admisiones a universidades. Un comentarista de Fox Business, por ejemplo, comentó —de manera absurda— que, en Hollywood, “ellos quieren que un Gobierno grande y el pensamiento de grupo izquierdista dirijan el mundo. Pero es interesante que cuando se trata de lo apropiado para ellos mismos, eligen un camino diferente”.

Sin embargo, como señala AFP, el editor de ProPublica, Daniel Golden, ha “documentado cómo el yerno del presidente Trump, Jared Kushner, ingresó a la Universidad de Harvard en 1998, después de que su padre hiciera una donación legal de $2.5 millones a la universidad”. Toda la élite gobernante, desde la derecha a la “izquierda”, ha sido corrompida y transformada, desplazada muy a la derecha por el parasitismo financiero y la desigualdad social. Solo será derrocada por medio de los esfuerzos revolucionarios de la clase trabajadora.

(Publicado originalmente en inglés el 12 de abril de 2019)