Fascista ataca sinagoga en California

30 abril 2019

Un atacante antisemita asesinó a una mujer en la sinagoga Chabad de la ciudad de Poway, California, el sábado en la mañana. Una masacre de mayor escala fue solo prevenida gracias a que el arma semiautomática AR-15 del atacante aparentemente se trabó antes de que pudiera llevar a cabo su plan de masacrar a docenas de feligreses judíos que atendían el servicio en el último día de Pascua. La víctima, Lori Gilbert-Kaye de 60 años, era una tendera y estaba casada con un doctor.

El atacante, John T. Earnest de 19 años y oriundo de San Diego, escapó la escena, pero llamó al 911 poco después para reportar el ataque y entregarse a la policía sin resistirse. A pocas horas antes del tiroteo, publicó en línea una declaración antisemita revelando que también había iniciado un incendio el 24 de marzo en una mezquita en San Diego, dañando el edificio, pero sin dejar heridos.

Mientras que la prensa y la élite política le restarán importancia con la descripción de “atacante solitario”, Earnest emergió de un entorno social y político definido, respondiendo a apelaciones políticas nacionalistas y racistas cuyo promotor más notorio ocupa la Casa Blanca.

Trump buscó distanciarse del asesino emitiendo una declaración formal que condena el antisemitismo, al mismo tiempo en que se montaba a su helicóptero en el patio de la Casa Blanca para ir a un mitin de campaña en Green Bay, Wisconsin. Sin embargo, menos de 24 horas antes del ataque contra la sinagoga, Trump estaba defendiendo a los copensadores de Earnest, a la turba de neonazis de agosto de 2017 en Charlottesville, Virginia. Reiteró lo que dijo en ese momento de que había “personas muy buenas” entre los que marcharon con antorchas y cantaron “los judíos no nos reemplazarán”. Estas declaraciones no fueron un error, declaró Trump, más bien “respondí perfectamente”.

El asesino de Poway rindió tributo en su declaración en línea a los que identificaba como sus héroes, particularmente Brenton Tarrant, el atacante que masacró a 50 musulmanes en dos mezquitas en Christchurch, Nueva Zelanda, el mes pasado, y Robert Bowers, quien asesinó a 12 judíos de mayor edad en la sinagoga Tree of Life en Pittsburgh, Pennsylvania, exactamente seis meses antes de la atrocidad del sábado.

La declaración de Earnest fue publicada en 8chan, la misma plataforma de mensajes que tenía el manifiesto de 74 páginas de Tarrant. El nombre de Tarrant aparece 10 veces en el documento de 7 páginas, en las que Earnest declara que la masacre en Nueva Zelanda lo inspiró a actuar.

Al igual que Tarrant, Earnest vincula su odio hacia los judíos con su aborrecimiento hacia el socialismo, una conexión que es el pilar de la ideología fascista y demuestra su función de clase: movilizar a elementos perturbados y desesperados en contra de la clase obrera. La declaración de Earnest condena específicamente a los judíos “por su papel en el marxismo cultural y el comunismo”. Combina esto con una diatriba contra los árabes, negros e hispanos.

Por supuesto, no es una coincidencia que el odio hacia los inmigrantes y el miedo hacia el socialismo son dos de las temáticas principales de la campaña de reelección de Trump. Earnest, como Tarrant y Bowers, expresa enojo hacia Trump por su yerno judío y por no ser lo suficientemente despiadado en sus esfuerzos para promover la supremacía blanca y destruir el socialismo. No obstante, él mismo es un producto del mismo proceso social y político que llevó a Trump a la Casa Blanca.

A pesar de la presentación en los medios de comunicación de los extremistas islámicos como los principales perpetradores del terrorismo, la gran mayoría de tal violencia en el país en años recientes ha sido en manos de supremacistas blancos que han atacado a inmigrantes, negros y otras minorías, así como a judíos y musulmanes.

Según la organización Anti-Defamation League, los incidentes antisemitas han visto un alza desde 2013 y su mayor aumento en el registro sucedió en 2018, el primer año completo de la Presidencia de Trump, cuando el total incrementó 57 por ciento a 1.986 incidentes. Hubo 163 amenazas de bomba, 852 actos de hostigamiento, 952 actos de vandalismo y 19 ataques físicos, incluyendo el acto más sangriento de violencia antisemita en la historia estadounidense —el ataque contra la sinagoga Tree of Life—.

Se ha visto también la preparación de ataques contra los oponentes políticos de Trump, incluyendo bombas enviadas por correo contra dirigentes demócratas por parte del partidario de Trump, Cesar Sayoc, y planes de un oficial de la Guardia Costera, Cristopher Hasson, para asesinar a demócratas específicos como la diputada Alexandria Ocasio-Cortez y miembros de los Socialistas Democráticos de Estados Unidos. Hasson fue liberado la semana pasada bajo fianza por una corte en Maryland.

En atentados como el de Poway, los fascistas como Earnest demuestran su aislamiento político. Están perpetrando crímenes que replican los de Hitler y sus tropas de asalto, pero sin apoyo popular. No obstante, sus acciones son síntomas de un serio peligro para la clase obrera que no se puede ignorar.

La promoción deliberada de las fuerzas ultraderechistas y fascistas por parte de las clases gobernantes y los partidos burgueses tradicionales en todo el mundo es una respuesta al crecimiento de la lucha de clases y el aumento del interés en el socialismo entre trabajadores y jóvenes internacionalmente.

Trump no es una aberración política, sino la expresión en la vida política estadounidense de un proceso internacional. En un país tras otro, desde Filipinas a la India y Brasil, los presidentes y primeros ministros de derecha están promoviendo a escuadrones de la muerte o glorificando las atrocidades militares contra la clase obrera. En Europa, se están reviviendo las tendencias abiertamente fascistas. El partido franquista Vox obtuvo más del 10 por ciento de los votos en las elecciones españolas el fin de semana.

El Gobierno italiano está bajo el control político de Matteo Salvini, un admirador abierto de Mussolini que fue aclamado por el antiguo estratega político principal de Trump, Steve Bannon. Incluso durante un viaje reciente a Israel, Salvini se rehusó a condenar específicamente a Mussolini y al fascismo. En la propia Alemania, las fuerzas neonazis están desempeñando un papel político protagonista con la elevación de Alternativa para Alemania como el partido oficial de la oposición, estableciendo el tono de chauvinismo antiinmigrante para toda la élite política.

Tales fuerzas están creciendo porque no hay ninguna desembocadura en ninguna sección de la élite política para que se exprese el inmenso enojo y la militancia de la clase obrera. En Estados Unidos, el Partido Demócrata está desempeñando el principal papel de desviar y descarrilar la oposición popular contra las políticas proempresariales, antiinmigrantes y militaristas de Trump. Los demócratas apoyan el programa de contrarrevolución social de Trump para el ámbito nacional y se oponen a él desde el punto de vista derechista de que es demasiado indulgente con Rusia e insuficientemente agresivo en perseguir las guerras estadounidenses en Oriente Próximo.

La lucha contra el fascismo es inseparable de la lucha por movilizar a la clase obrera contra el capitalismo y por el socialismo. Esto subraya la importancia de las reuniones del Partido Socialista por la Igualdad en Estados Unidos en las que dio charlas Cristoph Vandreier, un dirigente de la sección alemana del Comité Internacional de la Cuarta Internacional y autor del libro Why are They Back?(¿Por qué están de vuelta?), donde detalla el papel del Estado, la prensa y la academia en la promoción del crecimiento de los neonazis alemanes.

Estas lecciones históricas vitales estarán en el centro del Mitin del Día Internacional de los Trabajadores que el Comité Internacional celebrará el 4 de mayo, con la participación de oradores y simpatizantes del CICI en todo el mundo. Para atender, regístrate aquí.

(Publicado originalmente en inglés el 29 de abril de 2019)

Patrick Martin

 

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