Revisitando el caso “Los cinco de Central Park” en la era #MeToo

10 junio 2019

“Es más que enojo… Es odio y quiero que la sociedad los odie”.—el anuncio de Donald Trump ocupando toda una página en el New York Times y otros diarios, 1 de mayo de 1989

“Una manada de adolescentes emprende ataques por todo el Central Park… violando a una joven mujer inocente… Los neoyorquinos respondieron con un enojo unísono: aquellos culpables de esta atrocidad merecen un castigo pronto y severo”. —New York Times, “La corredora y la manada de lobos”, 26 de abril de 1989

“La gente solo nos gritaba, ustedes saben, ¡violador!’, ‘¡animal!’, ‘No merecen vivir’… Solo se sentía como que todo el mundo nos odiaba”.—Antron McCray, uno de “Los cinco del Central Park

La publicación de la miniserie de Netflix When They See Us (Cuando nos miran) sobre el caso de la corredora en Central Park, dirigida por Ava Duvernay, ha dado lugar a una reconsideración del público de la incriminación fraudulenta por parte de la policía en 1989 de cinco adolescentes afroamericanos, conocidos como “Los Cinco del Central Park”.

La serie exhibe detalladamente como los oficiales de la policía, detectives y fiscales intimidaron y brutalizaron a un grupo de adolescentes para que confesaran un crimen que no habían cometido y como una caza de brujas derechista en la prensa manipuló a un juez para que emitiera una sentencia que constituía un claro error judicial.

El caso se convirtió en la ocasión de una erupción de histeria sobre ley y orden en la élite política estadounidense complementada por mensajes indirectos racistas. En una columna de opinión del Washington Post intitulada “Los bárbaros están ganando”, el ideólogo republicano fascistizante, Pat Buchanan, escribió: “¿Cómo trata un pueblo civilizado y seguro de sí mismo a enemigos que violan en grupo a sus mujeres? Los ejércitos los ponen contra una pared y les disparan; o los ahorcamos”.

Buchanan continuó, haciendo eco provocativamente de la larga tradición de “justicia” por medio de turbas enardecidas, si “el mayor en esa manada de lobos fuera sentenciado y ahorcado en Central Park, para el 1 de junio, y los de 13 y 14 años desnudados, azotados y enviados a prisión, el parque podría volver a ser seguro pronto para las mujeres.

Donald Trump, en ese entonces un magnate de bienes raíces en Nueva York, pagó por páginas enteras en cuatro periódicos, incluyendo el New York Times, para poner anuncios con el titular “¡TRAIGAN DE VUELTA LA PENA CAPITAL! ¡TRAIGAN DE VUELTA A NUESTRA POLICÍA!”. Trump anunció viciosamente, “Quiero odiar a estos asaltantes y asesinos. Deberían ser obligados a sufrir y, cuando maten, deberían ser ejecutados por sus crímenes… ¡LAS LIBERTADES CIVILES SE ACABAN CUANDO COMIENZA UN ATAQUE CONTRA NUESTRA SEGURIDAD!

El lanzamiento de When They See US generó un gran revuelo público que hizo que Linda Fairstein, la principal fiscal del caso, renunciara de la junta administrativa de la Universidad Vassar. Fairstein fue abandonada por su antiguo editor después de una petición que recolectó 100.000 firmas y de que la etiqueta #CancelLindaFairstein se volviera en tendencia en las redes sociales.

Escribiendo para el New York Times, Sarah Burns culpa plenamente a Trump por el error judicial. “El Sr. Trump les debe a muchas personas un perdón atrasado. En lo más alto de la lista deberían estar los señores McCray, Wise, Salaam, Santana y Richardson”.

Sin embargo, cualquier examen serio y objetivo del caso revela que la culpa no solo recae en Trump y Fairstein. Toda la prensa, casi sin excepciones, participó en una orgía de histeria vengativa no vista desde la era de Jim Crow.

El Washington Post, cuyo lema es “La democracia muere en la oscuridad”, ordenó a sus lectores en un editorial que ocupó toda una página a “Canalizar su ira: exija la pena capital” para los adolescentes incriminados. “Si los neoyorquinos quisieran poder recuperar su ciudad de los asesinos y matones, deben restaurar la capacidad del sistema de justicia criminal para intimidar a los posibles criminales”, declaró el diario.

Refiriéndose explícitamente a los adolescentes que fueron detenidos y abusados por la policía para que firmaran sus confesiones, el Post escribió, “Los matones que violaron, acribillaron y golpearon a una corredora de 28 años no pensaron en la posibilidad de que podrían ser castigados en una manera acorde a su crimen sádico” —es decir, torturados y quizás ejecutados—.

En un editorial desagradable publicado el 26 de abril de 1989, “La corredora y la manada de lobos”, el New York Times se unió entusiásticamente a la turba vengativa. Escribió:

Las noticias inspiran horror e indignación: una manada de adolescentes emprende ataques por todo el Central Park, hostigando y asaltando a varias personas, finalmente brutalizando y violando a una joven mujer que corría en un camino solitario, dejándola por muerta en el lodo de abril. Los neoyorquinos respondieron con un enojo unísono: aquellos culpables de esta atrocidad merecen un castigo pronto y severo.

El editorial luego divaga sobre las posibles causas del ataque, conjeturando sobre si las “drogas”, la “codicia” o el presunto odio de los jóvenes afroamericanos hacia los blancos había causado el crimen. De hecho, no perpetraron ni pudieron haber perpetrado el crimen por el cual fueron incriminados y sentenciados.

El editorial concluye interrogando pomposamente, “¿Son más propensos a la violencia los adolescentes de hoy día que en el pasado por la abundante violencia en la televisión y las películas? ¿Podrían estar fracasando incluso las familias estables a inculcarles valores de compasión? ¿O podría ser este solo un caso extremo y aislado de barbarie adolescente contagiosa?”.

Lo que no aparece en el editorial, a pesar de sus moralizaciones y mensajes subyacentes racistas, es una consideración de la pregunta más relevante: ¿Los acusados cometieron o no el presunto crimen del que se les acusa?

En abril de 1989, una semana después del incidente, el diario de Arthur Ochs Sulzberger Sr. Ya había decidido que los adolescentes eran culpables, asumiendo el papel de juez y jurado.

Y esto nos trae al 2019. Han pasado 20 meses desde que el Times, ahora administrado por Arthur Ochs Sulzberger Jr. (presidente) y su hijo, A.G. Sulzberger (editor), participaron en el lanzamiento del movimiento #MeToo (#Amítambién) con una serie de acusaciones salaces contra el productor de filme, Harvey Weinstein, un estadounidense judío.

La cacería de brujas en marcha ha perjudicado o devastado las vidas de, entre otros, Louis C.K. (judío-húngaro y de antepasados mexicanos) y Kevin Spacey (quien es bisexual) y ha convertido al comediante judío estadounidense, Woody Allen, en una paria en lista negra, a pesar del hecho de que ninguno de estos individuos jamás fue sentenciado por un crimen.

Como parte de la campaña de #MeToo, el Times y el Post han ejercido presión a favor de la destrucción personal del cineasta polaco, Roman Polanski, también judío y un superviviente del Holocausto, así como al llamado “rey del pop” afroamericano, Michael Jackson, quien lleva muerto casi una década.

Repitiendo su modus operandi en el caso de “Los cinco del Central Park”, el Times simplemente da por hecho que estos individuos son culpables de “violación”, “asalto sexual”, “conducta sexual inapropiada”, ¡o meramente “ser desagradable”! —y exige piadosamente que sean castigados, por lo menos por medio de la destrucción de sus carreras. Como la crítica de cine, Manohla Dargis, escribió sobre el talentoso y popular Louis C.K., “No me siento mal por él ni guardo luto por su carrera que podría haberse acabado. Él es rico y puede arrastrarse a un hueco cómodo”.

El Times, el Post y otros medios de comunicación han solicitado y perseguido información que esperan que torne a la población en contra de estos individuos y los expulse de la vida pública, nuevamente sin plantearse la interrogante que también ignoraron en 1989: ¿Son estos hombres culpables de algún crimen?

“#MeToo ha podido hacer lo que las leyes no podían”, escribió deleitada Catharine A. MacKinnon en Times. En otras palabras, la campaña de conducta sexual inapropiada ha permitido entregar sumariamente la “justicia” sin que los individuos sean sentenciados y, en la mayoría de los casos, sin que siquiera aparezcan en una corte. En principio, eso no es nada diferente de la demanda de Buchanan de que los cinco acusados del Central Park sean “puestos contra una pared”.

El Times y el Post, con el privilegio dado a los descarados, simplemente hacen caso omiso a su propio papel en ayudar a enviar a “Los cinco de Central Park” a prisión, o citan selectivamente sus propias declaraciones sin dar comentario. Si los editores fueran obligados a responder, quizás argumentarían que el periodo era diferente, los hechos no estaban claros y las declaraciones crueles reflejaban prejuicios o desconsideración del pasado y largamente abandonados.

Sin embargo, el diario Bulletin, el predecesor del World Socialist Web Site, dejó en claro en 1989 qué representaban tales posturas violentas y de ley y orden. El periódico del movimiento socialista mundial en Estados Unidos condenó al Times por su “sensacionalismo vicioso y antiobrero en conexión con la violación reciente en Central Park”, declarando que dicha campaña buscaba “encauzar apoyo detrás de un fortalecimiento de los poderes represivos del Estado capitalista para utilizarlos contra la clase obrera”.

Concluimos con una reafirmación de lo que dijimos en 1989, lo que dijimos cuando inició el #MeToo en 2017 y lo que decimos hoy: la presunción de la inocencia sirve a los débiles contra los fuertes, a la minoría contra la mayoría, a los de afuera contra la élite, a los trabajadores contra el Gobierno capitalista. Todos los que llamen a fortalecer los “cuerpos de hombres armados” conocidos como el Estado no tienen nada en común con la lucha por la igualdad social, la causa del progreso social ni la defensa de los derechos democráticos.

El procesamiento “haciendo lo que las leyes no podían” se llama ley de linchamiento. Los trabajadores deben estar alertas ante los cazadores de brujas e histéricos de ley y orden de la clase media que les digan lo contrario.

(Artículo publicado originalmente en inglés el 8 de junio de 2019)

Andre Damon