Así nos ven: una poderosa reconstrucción del caso de “los cinco de Central Park”

por Kate Randall
8 julio 2019

Así nos ven (When They See Us), una miniserie original de Netflix, dirigida y coescrita por Ava DuVernay.

En 1989 la ciudad de Nueva York y gran parte de los Estados Unidos fueron sacudidos por la historia de un grupo de hombres jóvenes de Harlem que serían conocidos como “los cinco de Central Park”. Los cinco jóvenes negros y latinos —Raymond Santana Jr. y Kevin Richardson, de 14 años; Antron McCray y Yusef Salaam, de 15; y Korey Wise, de 16 (entonces conocido como Kharey Wise)— fueron detenidos, interrogados y finalmente acusados y condenados por cargos de asalto, robo, disturbios y violación e intento de asesinato de Trisha Meili, una mujer blanca de 28 años, en el Central Park de Manhattan, el 19 de abril de 1989.

La Nueva York de los años 1980 vio una oleada de riqueza financiera sin precedentes, acompañada por una creciente desigualdad social. Las viviendas y escuelas para la clase trabajadora no tenían fondos suficientes y estaban en decadencia. Se enfrentó el aumento de la delincuencia —generado por la pobreza y el desempleo— con una escalada en la violencia policial, ejercida desproporcionadamente en los barrios negros y latinos.

La prensa de la ciudad arremetió contra lo que describió como “manadas de lobos”, “animales” y “salvajes” —hombres jóvenes, particularmente negros— que se subían al metro y vagaban por las calles, supuestamente infligiendo violencia a una población aterrorizada. Así nos ven, dirigida y coescrita por Ava DuVernay (Selma: el poder de un sueño, Enmienda XIII, Un viaje en el tiempo), reconstruye de manera vívida las vidas de los cinco de Central Park al verse atrapados por este frenesí de “ley y orden”.

Los jóvenes serían sometidos a un trato brutal—por parte de la policía, que obtuvo las confesiones, y por parte de los fiscales, que los juzgaron y condenaron en base a estas confesiones coaccionadas. Fueron enviados a prisión de 6 a 14 años. Los cinco fueron exonerados de culpa en todos estos delitos en 2002, luego de que el verdadero asaltante confesara ser el único atacante de la corredora de Central Park.

El punto de partida de la miniserie de DuVernay es la inocencia probada de los cinco jóvenes y no se pone ningún signo de interrogación a esta realidad.

Los interrogatorios

Hay actuaciones destacadas de quienes interpretan los papeles de los cinco de Central Park. Cuando son jóvenes, son encarnados por Asante Blackk (como Kevin Richardson), Caleel Harris (Antron McCray), Ethan Herisse (Yusef Salaam), Jharrel Jerome (Korey Wise) y Marquis Rodriguez (Raymond Santana, Jr.). Acompañando a los cinco hay un elenco que interpreta a los familiares de los adolescentes, los detectives, fiscales, abogados, jueces, guardias de prisión y compañeros de cárcel.

En el primer episodio, vemos a los cinco adolescentes con sus amigos y familias en su barrio residencial de Harlem.

Antron discute sobre béisbol con su padre, y Kevin camina por la calle con su hermana, hablando sobre su estilo de tocar la trompeta y su deseo de ser primer violín. Korey habla con su novia en un comercio local de pollo frito.

Interrogación de Antron McCray

Eventualmente, Kevin, junto con Raymond y Yusef, quedan enredados con un grupo de docenas de jóvenes que corren en Central Park, bromeando, acosando y agrediendo a la gente—algo llamado “wilding” por los policías. Antron vaga por el parque, aparentemente por accidente.

Se muestra a algunos de los jóvenes atacando a algunos ciclistas y a una persona sin hogar. En la mañana siguiente se encuentra a Trisha Meili, brutalmente golpeada y apenas con vida. La primera jefa de la unidad de delitos sexuales, Linda Fairstein (Felicity Huffman), responde ante el descubrimiento de la mujer violada declarando, “Todos los hombres negros que estuvieron anoche en el parque son sospechosos de la violación de esa mujer”. Se interroga a todos los sospechosos de haber sido parte del grupo.

Fairstein criticó su retrato en Así nos ven, porque el personaje dice cosas que ella no dijo y porque la muestran como la villana central. DuVernay admitió haberse tomado licencias creativas en el diálogo y en parte de la cronología de los hechos, pero defiende su trabajo. Luego de la emisión de la miniserie, el 31 de mayo, Fairstein, una exitosa autora de novelas policiales, fue abandonada por Dutton, su editora. También se vio obligada a dimitir de varios consejos prominentes, incluyendo el de Vassar College, su alma mater (Elizabeth Lederer, la principal fiscal del caso, también ha renunciado a su cargo como profesora en la Universidad de Columbia).

DuVernay dijo en una entrevista, “Creo que sería una tragedia si se redujera esta historia y su reconstrucción al castigo de una mujer [Fairstein] por lo que hizo, porque no es sobre ella. No todo es sobre ella. Ella es parte de un sistema que no está roto, sino que fue construido de este modo. Fue construido para oprimir, para controlar. ... Fue construido con fines de lucro. Fue construido para obtener ganancias políticas y poder”.

A medida que transcurre el primer episodio, se detiene a los cinco como parte del grupo de adolescentes sospechosos de los hechos en Central Park. Permanecen entre un grupo más pequeño interrogado extensamente por los detectives. En un giro cruel, Korey, que será juzgado como adulto y cumplirá la pena de prisión más larga, simplemente va a la comisaría para ver a su amigo Yusef.

Lo que sigue es, en algunos aspectos, la parte más estremecedora de la miniserie: los interrogatorios. Los cinco son interrogados durante al menos siete horas antes de que los detectives comiencen a grabar sus confesiones grabadas en video. A algunos se los mantiene más tiempo—sin ir al baño, sin comida ni bebida. Cuando se graban las cintas de video, el 21 de abril, a algunos se los ha mantenido despiertos durante dos días. Yusef es el único que no hace una confesión grabada. Su madre, Sharonne (Aunjanue Ellis), interviene para detener su interrogatorio como menor.

Ningún padre está presente durante los largos interrogatorios policiales de Raymond, Kevin y Antron, aunque sí están presentes en las “confesiones”. Los padres, abuelos y hermanos de los jóvenes se ven obstaculizados en su capacidad para protegerlos de la policía con intimidación oficial, barreras de lenguaje u obligaciones laborales.

A todos los jóvenes se les dice una versión de la falsedad contada a Antron: “Cuanto más rápido nos digas lo que sabes, más rápido te irás a casa”. Usando el método conocido y efectivo —y legal—del “policía bueno— policía malo”, un detective le dice a un joven que alguien lo ha incriminado y que es mejor que confiese, mientras otro le dice que sabe que es un “chico bueno” y que solo estaba en el lugar equivocado, en el momento equivocado. Se dicen mentiras sobre evidencias que los incriminan. Los policías lanzan sillas y ponen cuerpos contra las paredes en el esfuerzo por extraer las confesiones.

El director de fotografía Bradford Young, que trabajó con DuVernay en Selma y Middle of Nowhere, filma escenas teñidas de azul y con humo en las salas de interrogación. Los jóvenes son registrados en primeros planos y con poca profundidad de campo, con lo que parece ser solo la luz disponible. El efecto es inquietante y opresivo.

Al final de estos interrogatorios agotadores, los cinco están exhaustos, confundidos y aterrorizados. Incluso cuando la mayoría de los adolescentes, en sus declaraciones grabadas, son obligados a “admitir” que estaban en la escena de la violación, aquellos niegan haber participado directamente.

La policía le hace creer a los padres que sus hijos podrán irse a su casa. Al principio, ninguno de los jóvenes sabía algo de la violación, y la mayoría de ellos eran tímidos al hablar de sexo. Pero no se van a su casa. Por el contrario, los retiran de la estación de policía en caminatas públicas para su exposición mediática.

Los juicios

Cuando comienza el segundo episodio, en una tienda de conveniencia, Delores Wise (Niecy Nash), la madre de Korey, ve al magnate de bienes raíces Donald Trump en la televisión. “Por supuesto que odio a las personas que tomaron a esta chica y la violaron brutalmente”, vocifera. DuVernay deja que las palabras abyectas del futuro presidente hablen por sí solas.

Trump sacó anuncios de página completa en cuatro periódicos locales en ese momento, incluido el New York Times, con el titular, “¡TRAIGAN DE VUELTA LA PENA DE MUERTE! ¡TRAIGAN DE VUELTA A NUESTRA POLICÍA! Quiero odiar a estos atracadores y asesinos. Deben ser obligados a sufrir y, cuando matan, deben ser ejecutados por sus crímenes … ¡LAS LIBERTADES CIVILES TERMINAN CUANDO COMIENZA UN ATAQUE A NUESTRA SEGURIDAD!”.

Yusef Salaam entra en tribunal

En este escenario vil y frenético, se presume que los cinco acusados son culpables. Cuando van a juicio, la oficina del fiscal de distrito se enfrenta al dilema de que no tiene nada para avanzar, salvo las confesiones coaccionadas de los adolescentes: no hay evidencia física, no hay ADN, no hay testigos, excepto la “identificación” de los jóvenes de cada uno. Un calcetín con semen encontrado cerca de la escena del crimen no es compatible con ninguno de ellos y pertenece a una persona desconocida.

Los cinco son representados legalmente en dos juicios separados por cinco abogados distintos que carecen de la suficiente experiencia y pericia en el tribunal de Nueva York. Elizabeth Lederer (Vera Farmiga) toma la iniciativa por la oficina del fiscal. Lederer discute sobre la falta de evidencia contra los cinco jóvenes con Fairstein, a quien se le ocurre una teoría nueva sobre el ADN hallado en el calcetín. “Debe haber habido otro atacante. Debe haberse ido”, dice Fairstein. Lederer pregunta, “¿Cree eso honestamente?”, a lo que Fairstein responde, “Lo creo si ayuda al jurado a creer lo que sabemos que es cierto”.

Fiscales llegan a la corte

En el primer juicio, de Yusef, Raymond y Antron, y en el segundo, de Korey y Kevin, se muestran las fotos de la víctima, y Trisha Meili testifica (aunque no recuerda nada sobre el ataque), luego de una cierta recuperación desde su brutal violación y paliza. Esto está diseñado para conmover al jurado, pero no prueba nada sobre la culpa de los acusados.

Ante el interrogatorio de la defensa, un detective tras otro niega el uso de métodos coercitivos para extraer las confesiones de los jóvenes. Declaran repetidamente, “Solo les preguntamos qué pasó”. Cuando un experto forense testifica que el ADN en el calcetín no coincide con el de ninguno de los defendidos, sus partidarios festejan con vítores en la sala del tribunal. Los tres rechazan un acuerdo con la fiscalía.

Escena en la corte

Pero las confesiones grabadas bajo coacción tienen su efecto deseado. Como no hay registro de la brutalidad que condujo a las confesiones entrenadas y orquestadas, los jurados se preguntan cómo pudieron haber admitido algo que no hicieron.

Encarcelamiento

En el tercer episodio, Antron, Yusef, Kevin, Raymond, Korey y sus familias pelean con su nueva realidad. Su desesperación y soledad se combina con la brutalidad del sistema penitenciario.

La hermana mayor de Kevin, Angie Richardson (Kylie Bunbury), está llena de culpa por haber firmado la confesión de Kevin en su nombre, después de que él le suplicara que lo hiciera con la vana esperanza de volver a casa. Raymond Santana, Sr. (John Leguizamo) se arrepiente de dejar solo a su hijo durante gran parte de su interrogatorio, debido a que tuvo que ir a trabajar y le preocupaba perder su empleo.

Antron, Yusef, Kevin y Raymond, condenados como menores a 5-10 años, cumplen su condena en instalaciones juveniles. Reciben “libertad condicional” después de 6-7 años, lo que significa que deben contactarse con los oficiales de libertad condicional. Como adultos, los cuatro son interpretados por un elenco diferente de actores: Jovan Adepo como Antron, Chris Chalk como Yusef, Justin Cunningham como Kevin, y Freddy Miyares como Raymond.

Por ser delincuentes convictos y agresores sexuales, solo se los contrata para los trabajos más precarios y mal pagados. Raymond empieza a vender droga y es enviado de nuevo a prisión. Escuchamos el ritmo adictivo de “Love & Hate” (2016), de Michael Kiwanuka, y su estribillo, “No puedes bajarme”, mientras Raymond, en cámara lenta, levanta sus manos, queda tendido boca abajo en la calle, es esposado y llevado por la policía.

Además de canciones populares, la banda sonora de Bowers incluye melodías y temas originales para cada uno de los cinco de Central Park, que transmiten tanto su inocencia como su miedo. Bowers dice que quería que la miniserie pareciera una película de horror. Esquire escribe: “Bowers hizo que los músicos tocaran sonidos atonales y discordantes en sus instrumentos para crear un clima perturbador y ominoso. Comenzó con un violonchelo, saxofón, trompeta y violín, canalizando la música a través de filtros y efectos para crear un producto final inquietante”.

Korey Wise

Jharrel Jerome es el único actor que interpreta a uno de los cinco, Korey Wise, tanto en su adolescencia como en su edad adulta. El cuarto episodio está dedicado sobre todo al tiempo de Korey en prisión. Durante su arresto se encuentra detenido sin fianza en Rikers Island. Es juzgado como adulto y recluido en una cárcel para adultos durante todo su período de encarcelamiento.

Korey Wise rinde testimonio

La actuación de Jerome es notable, ya que captura la naturaleza despreocupada de la vida de Wise antes de su arresto, su terror durante la investigación, su incredulidad al ser condenado y su lucha por sobrevivir durante el encarcelamiento. Él entra en el sistema penitenciario en estado de shock, e inmediatamente es empujado a la lucha minuto a minuto por la supervivencia, ante la brutalidad de los guardias de la prisión y el asalto de otros reclusos.

Wise debe presentarse ante la junta de libertad condicional varias veces y en cada oportunidad declara su inocencia y se niega a admitir delitos que no cometió. La última vez, él decide quedarse en su celda en lugar de aparecer ante la junta. Es trasladado por todo el Estado —Rikers, la Instalación Correccional Auburn, Attica— haciendo casi imposible que su madre lo visite con frecuencia o le de dinero para el dispensario.

Tras ser herido en una pelea, y por consejo de un guardia, él opta por el régimen de confinamiento solitario en lugar de recibir tratamiento en la enfermería. “La enfermería es para soplones”, le dice un guardia. Algunas de las escenas más poderosas de la miniserie muestran a Korey en “confinamiento segregado”, donde pierde toda noción del tiempo.

Korey Wise y su novia

En soledad, él sueña (¿alucina?) con estar de regreso en la tienda de pollo frito con su novia. Entonces, ella aparece en su celda y juntos salen corriendo por una puerta, en una luz brillante a Coney Island. Se suben a la rueda de la fortuna y a los autos chocadores, ganan un muñeco de peluche, se besan.

Liberación

En 2002 Matias Reyes, quien cumplía condena como violador serial convicto, les dijo a funcionarios de Nueva York que él había violado a una mujer en Central Park, en la noche del 19 de abril de 1989. Él nunca había sido identificado como sospechoso del ataque a Meili, pese a que luego se creyó que había violado a otra mujer en la misma zona, el 17 de abril. Durante el verano de 1989 él violó a cuatro mujeres más y mató a una de ellas; fue detenido tras robar a su quinta víctima.

Reyes insistió en que actuó solo. El fiscal de distrito, Robert M. Morgenthau, designó a un equipo para investigar las afirmaciones de Reyes, incluida la evidencia de ADN que lo vinculaba al crimen. Morgenthau luego recomendó dejar sin efecto las condenas de los cinco de Central Park. Un panel separado, nombrado por el Departamento de Policía de Nueva York en 2003, coincidió en que Reyes era culpable, pero impugnó la afirmación de que había actuado solo y nunca reconoció una conducta indebida por parte de la policía.

Los cinco de Central Park fueron exonerados de todos los crímenes. Luego, ganarían un acuerdo de $41 millones por sus condenas y encarcelamiento erróneos, el premio más grande en la historia del Estado de Nueva York.

Los cinco exonerados

Desde su debut del 31 de mayo, Así nos ven ha sido visto por más de 23 millones de espectadores. La amplia audiencia obtenida por la miniserie es bien merecida. Esta reconstrucción de los cinco de Central Park —llevada a la pantalla por DuVernay con enojo, compasión y verdad— está conectando con una audiencia amplia no solo por las historias conmovedoras de estos jóvenes injustamente condenados sino por lo que dice sobre el sistema judicial, la policía y las autoridades gubernamentales estadounidenses.

Raymond Santana tras su liberación

Es difícil no establecer paralelos entre el tratamiento de estos cinco individuos valientes y el terror ejercido por el gobierno de Trump contra quienes huyen de la violencia y la pobreza en América Central. Los inmigrantes en busca de asilo, incluyendo a niños separados de sus padres, son recluidos en condiciones miserables y se les niega sus derechos humanos básicos.

Consultado recientemente si se disculparía por sacar los anuncios de página completa en 1989, pidiendo el arresto, la condena y ejecución de los jóvenes, Donald Trump se negó y dijo, “Hay gente en ambos lados de eso. Ellos admitieron su culpabilidad. Si usted mira a Linda Fairstein y mira a algunos de los fiscales, ellos piensan que la ciudad nunca debería haber resuelto ese caso. Así que lo dejaremos ahí”.

Es imposible evitar recordar los comentarios del presidente después de los hechos en Charlottesville, Virginia, en 2017. Se negó a condenar la manifestación de los neonazis y supremacistas blancos cuyas acciones provocaron la muerte de una mujer joven, y dijo, “Había gente muy buena en ambos lados”.

(Publicado originalmente en inglés el 1 de julio de 2019)