Reserva Federal promete someterse a las demandas de Wall Street

12 julio 2019

El presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos, Jerome Powell, se topó con un problema cuando llegó al Congreso el miércoles a dar su reporte semestral y describir la política monetaria del banco central y su pronóstico sobre la economía.

Por un lado, tuvo que dar una indicación clara de que la “Fed” cumpliría con las demandas de la bolsa de valores y su vocero, el presidente Trump, involucrando bajar las tasas de interés tan pronto como su próxima reunión política a fines del mes. Por el otro lado, tenía que mantener la ficción oficial de que la Fed es independiente, ocultando la realidad de que es un instrumento directo de Wall Street y la oligarquía financiera.

Consiguientemente, Powell comenzó su testimonio señalando que el Congreso le ha dado a la Fed “un grado significativo de independencia” para poder perseguir sus metas “basadas en análisis objetivos y datos”.

Luego, tanto en su testimonio preparado y en sus respuestas a los miembros de la comisión de servicios financieros de la Cámara de Representantes, procedió a insistir en que los datos respaldaban las demandas de los mercados financieros —un patrón que continuará hoy cuando hable con el cuerpo correspondiente del Senado—.

Powell dijo que “lo básico” son las incertidumbres sobre el crecimiento global y el comercio que “siguen pesando sobre nuestra perspectiva”. También indicó que la inflación más débil sugería que las tasas de inflación menores a la meta de la Fed de dos por ciento serían más persistentes de lo anticipado. Este fue un cambio significativo comparado con el lenguaje utilizado previamente, cuando la Fed decía que la baja inflación se debía a factores “transitorios”. Powell dijo que la baja inflación “fortalecía el caso de una política algo más flexible”.

También describió el acuerdo entre Trump y el presidente chino, Xi Jinping, de reanudar sus negociaciones comerciales como algo “constructivo”, pero dijo que no eliminaba la “incertidumbre que vemos que pesa sobre nuestra perspectiva”.

Para finalizar una presentación calculada para justificar la demanda insaciable de Wall Street de más dinero barato para financiar sus actividades parasíticas, Powell declaró que las inversiones empresarias se habían “ralentizado notablemente” y que el crecimiento general de la economía estadounidense en el segundo trimestre “parece haberse moderado”.

En el periodo previo al testimonio de Powell, los mercados habían estado preocupados de que el reporte de empleos de junio, que mostraban un aumento de 224,000 trabajos por mes, había debilitado el caso a favor de una reducción de la tasa de intereses. Pero, Powell hizo un esfuerzo especial para asegurar lo contrario.

Cuando le preguntaron sobre si este reporte había cambiado el pronostico de la Fed, Powell la evadió con términos típicos del oscurantismo de la Fed para finalmente decir que “la respuesta corta” es “no”.

El testimonio de Powell fue recibido calurosamente por Wall Street. Durante el transcurso de la jornada bursátil, el índice S&P 500 superó el nivel de 3,000 puntos, marcando un aumento de 50 por ciento desde el nivel de 2,000 puntos en 2014. El índice volvió a caer marginalmente, mientras que los otros índices terminaron el día cerca de los niveles récord alcanzados la semana pasada.

La línea oficial de la Fed es que una política monetaria más flexible es necesaria para impulsar la economía —una mentira de principio a fin—. Cualquier reducción en las tasas de interés, así como los aclamados recortes de impuestos que el Gobierno de Trump decía que impulsarían la creación de empleos bien pagados, no hará nada para aumentar las inversiones y expandir la economía real.

Lejos de facilitar la expansión económica, el proceso de creación de cada vez más riqueza en la cumbre está acoplado con una reestructuración intensificada de secciones clave de la industria —particularmente la industria automotriz— que involucra la destrucción de decenas de miles de puestos de trabajo para aumentar las ganancias.

Al mismo tiempo, los servicios vitales están siendo recortados. A los docentes y otros trabajadores que están exigiendo aumentos en sus salarios y un mayor gasto para atender las condiciones degeneradas que enfrentan les dicen continuamente que “no hay dinero”.

Hay una profunda conexión objetiva entre ambos procesos. “No hay dinero” porque todas las agencias económicas y financieras del Estado capitalista operan como mecanismos institucionalizados para bombear la riqueza producida por la labor de la clase obrera. Este proceso de extracción de riqueza está siendo intensificado para cumplir con las demandas de Wall Street.

Mientras que el mercado bursátil parece ser un tipo de cielo financiero, donde el dinero entregado a tasas de interés ultrabajas parece simplemente generar más dinero, en el último análisis, depende del plusvalor extraído de la clase obrera. Por ende, el proceso de acumulación financiera está acompañado necesariamente por el desarrollo de nuevos métodos para aumentar su explotación y recortar los servicios sociales, los cuales constituyen una pérdida del plusvalor disponible para ser apropiado en la forma de ganancias por el capital financiero.

Estos procesos no son meramente el resultado de las políticas del Gobierno de Trump y que pueden ser corregidos por reformas en la operación del sistema financiero y en la economía subyacente. Trump es simplemente la personificación de un proceso que se remonta varias décadas.

Este mes marca el 75 aniversario de la conferencia de Bretton Woods de 1944, la cual representó un papel clave en la fundación del orden capitalista posterior a la Segunda Guerra Mundial. El auge de la posguerra que ayudó a establecer proveyó aumentos en las ganancias, la expansión de las fuerzas productivas de la sociedad y el aumento en los niveles de vida de la clase obrera, tanto en Estados Unidos como en otras importantes economías capitalistas.

Parecía que las contradicciones que habían desgarrado la economía capitalista en la primera mitad del siglo veinte, con consecuencias devastadoras para la masa de la población mundial, habían sido superadas y que era posible para la clase obrera avanzar sus intereses dentro del marco del sistema de lucro.

Pero esta era una ilusión que comenzó a quedar expuesta en un periodo relativamente corto. En agosto de 1971, Estados Unidos buscó librarse unilateralmente de los problemas cada vez mayores que enfrentaba deshaciendo el acuerdo monetario de Bretton Woods al anular el respaldo de oro al dólar estadounidense, que había sido el cimiento de este acuerdo.

“Estados Unidos primero” no comenzó con Trump, sino que arrancó hace casi 50 años. Desde entonces, todo el orden económico de la posguerra se ha desintegrado a un paso acelerado y ahora yace hecho añicos. La guerra comercial, del tipo que en los años treinta desencadenó la Segunda Guerra Mundial en 1939, ha reemplazado las obligaciones y los acuerdos internacionales. El sistema financiero global, como fue revelado tan gráficamente por el derrumbe de 2008, ha quedado completamente desestabilizado.

Todos los instrumentos financieros y económicos del Estado, ante todo la Fed, están dedicados al objetivo único de enriquecer a la oligarquía financiera, sin importar las consecuencias.

Pero el resquebrajamiento económico subyacente y el crecimiento de la desigualdad social a niveles sin precedentes históricos está resultando en un resurgimiento internacional de la lucha de clases. Pese a solo estar en su etapa inicial, este movimiento avanzará en el periodo siguiente. La cuestión es que debe estar armado con una perspectiva socialista.

Las disque reformas abogadas por distintas tendencias “izquierdistas” como las que operan en el Partido Demócrata y el Partido Laborista encabezado por Corbyn en Reino Unido, no son solo completamente inadecuadas, sino que tienen el propósito de atrapar a la clase obrera dentro del orden presente.

La cuestión clave para este movimiento en auge de la clase obrera es la formulación y desarrollo de un programa y una perspectiva dirigidos a la conquista del poder político como un primer paso necesario para poner fin a las depredaciones del sistema de ganancias capitalista.

(Artículo publicado originalmente en inglés el 11 de julio de 2019)

Nick Beams