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La nueva atrocidad de #MeToo (#YoTambién): el cantante de ópera Plácido Domingo es objeto de ataques

El 13 de agosto la Associated Press (AP) publicó un artículo de Jocelyn Gecker que afirmó que el cantante de ópera español Plácido Domingo acosó sexualmente a varias mujeres durante décadas. Ocho cantantes y una bailarina acusaron a Domingo de hacer propuestas sexuales indeseadas, en incidentes ocurridos en algunos casos hace 30 años.

Domingo es una de las figuras más notables en la historia de la ópera. Desde su debut en la ciudad de México en 1959, ha interpretado la cantidad casi impensable de 150 papeles (en comparación, Enrico Caruso interpretó 60 y María Callas alrededor de 50).

Plácido Domingo en 1979

En 2018, cuando alabar a Domingo todavía estaba permitido, el New York Times citó el comentario de Joseph Volpe, exdirector general de la Ópera Metropolitana: “Si analizamos la historia de los cantantes de ópera, él está muy alejado del resto… Si alguna vez ha habido un gigante en alguna industria, es Plácido Domingo. Es incomparable”. El Times continuó, “Ahora, a sus 77 años, superando por mucho la edad de jubilación de la mayoría de los cantantes, Domingo ha actuado aproximadamente cuatro mil veces a lo largo de su carrera de seis décadas, ha grabado más de cien discos y se ha hecho famoso”.

El artículo de Gecker para la AP es un intento de calumniar y dañar la carrera e imagen de Domingo. Siguiendo el estilo ya tradicional y macartista de la campaña de #MeToo, todas las mujeres citadas, excepto una, hacen afirmaciones anónimas. Asimismo, “Ninguna de las mujeres”, admite Gecker, “pudo ofrecer documentación, como mensajes telefónicos”.

Patricia Wulf, la única de las acusadoras que dio su nombre, reconoce, en una entrevista separada con NPR, que Domingo nunca la tocó de manera inapropiada ni perjudicó su carrera como cantante. Él la cortejó y ella lo rechazó. ¡Es difícil saber qué castigo sería demasiado severo para semejante conducta!

Placido Domingo - Tosca - E lucevan le stelle

Hay una creciente repulsión o desconfianza hacia los métodos destructivos y antidemocráticos de la caza de brujas de #MeToo. La historia de la AP sobre Domingo parece un esfuerzo tardío y agotado, aunque cruel, para inyectar aire a un globo cada vez más desinflado.

Plácido Domingo en la Washington National Opera después de Die Walküre, abril de 2007 [Crédito:Rmm413]

Las salas de ópera en los Estados Unidos respondieron al artículo de Gecker con la falta de coraje típica de estas instituciones. La Orquesta de Filadelfia rescindió su invitación a Domingo para aparecer en su concierto de gala en la noche de apertura del 18 de septiembre. La orquesta explicó devotamente que tenía “el compromiso de proporcionar un ambiente seguro, de apoyo, respetuoso y apropiado”.

Al anunciar la cancelación del concierto del 6 de octubre con Domingo, la Ópera de San Francisco explicó que la decisión “de cancelar el concierto se adoptó tras los recientes informes de múltiples denuncias de acoso sexual”. Continuó: “Aunque los supuestos incidentes informados no ocurrieron en la Ópera de San Francisco, la Compañía no puede presentar al artista en el escenario de la War Memorial Opera House.

“La Ópera de San Francisco está comprometida con su fuerte política en contra del acoso sexual y requiere que todos los miembros de la Compañía se adhieran a los estándares más altos de conducta profesional. La Ópera de San Francisco da una gran prioridad a la creación de un ambiente seguro y protegido donde todos puedan enfocarse en su trabajo y su arte, y donde los colegas sean tratados con respeto, dignidad y compañerismo”.

Estas personas simplemente no tienen vergüenza. Para señalar o repetir lo obvio: la compañía de ópera ha puesto en la lista negra a Domingo, de 78 años, el cantante de ópera más distinguido del medio siglo pasado, sobre la base de una sola historia de la AP llena de acusaciones vagas e imposibles de corroborar.

Plácido Domingo, julio de 2019 [Crédito: Archimadrid Ignacio Arregui García]

La Ópera de Los Ángeles, de la que Domingo ha sido director general desde 2003, anunció en su declaración que “contrataría asesoramiento externo para investigar las acusaciones preocupantes sobre Plácido Domingo”. La declaración continuó: “Plácido Domingo ha sido una fuerza creativa dinámica en la vida de la Ópera de Los Ángeles y la cultura artística de Los Ángeles durante más de tres décadas. No obstante, estamos comprometidos a hacer todo lo que podamos para fomentar un ambiente profesional y colaborativo donde todos nuestros empleados y artistas se sientan igualmente cómodos, valorados y respetados”.

La Ópera Metropolitana de Nueva York, en cuyo escenario Domingo ha aparecido en cada temporada desde 1968-69, estaba esperando los resultados de la investigación de la Ópera de Los Ángeles antes de tomar “decisiones finales sobre el futuro de Domingo en la Met, donde está previsto que aparezca el próximo mes”, según Gecker.

Cantantes y compañías de ópera europeos respondieron de manera diferente. Según la agencia de noticias Europa Press, la soprano española Davinia Rodríguez dijo “jamás he sentido el más mínimo indicio de lo que [las mujeres en la historia de la AP] acusan al maestro”. Agregó que Domingo siempre la había tratado a ella y a otros artistas y trabajadores del teatro con “el mayor de los respetos, con la humildad y generosidad que tanto le caracterizan”.

Su colega Pilar Jurado, soprano española, comentó que Domingo siempre se había comportado con ella como “un perfecto caballero”. Una tercera soprano española, Ainhoa Arteta, preguntó directamente, “¿Qué hay de malo en que a un hombre le gusten las mujeres?”. Arteta también le dijo al periódico español El País, “Sé que no es un acosador; pondría la mano en el fuego”.

Ninguna de las compañías de ópera europeas anunció cancelaciones de eventos relacionados con el cantante. Tal vez esto no sea totalmente magnánimo, ya que hay considerables intereses financieros de por medio. Sin embargo, Helga Rabl-Stadler, presidenta del Festival de Salzburgo, en Austria, emitió una honorable declaración en defensa de Domingo. Escribió, “Conozco a Plácido Domingo desde hace más de 25 años. Además de su competencia artística, me impresionó desde el principio su trato cariñoso hacia todos los empleados del festival. Conoce todos los nombres, desde el conserje hasta la secretaria; nunca deja de agradecer a quien le ayude con cualquier asunto, por pequeño que sea. Si las acusaciones en su contra hubieran sido expresadas dentro del Festival de Salzburgo, estoy segura de que habría oído hablar de eso”.

Domingo (centro derecho) en Il trovatore de Verdi en la Fiesta de Salzburg de 2014 (Foto crédito-Christian Michelides)

Rabl-Stadler siguió: “Además, como jurista de formación, mi postura es ‘in dubio pro reo’ [en caso de duda, a favor del acusado]. Me parecería objetivamente erróneo y moralmente irresponsable hacer juicios irreversibles en este momento y basar las decisiones en esos juicios. El director artístico Markus Hinterhäuser, el director ejecutivo Lukas Crepaz y yo estamos de acuerdo en que Plácido Domingo debe actuar en Luisa Miller [de Giuseppe Verdi], en el Festival de 2019, como estaba planeado”.

La Ópera de Hamburgo indicó que la actuación de Domingo del 27 de noviembre se mantenía en pie. “Como institución pública no toleramos ni trivializamos los abusos sexuales, pero también nos atenemos a los principios de la ley en nuestras acciones. Existen contratos válidos con el promotor del concierto para la participación de Plácido Domingo”, comentó la Ópera de Hamburgo en un comunicado. “Sujeto a nuevos acontecimientos, el concierto se realizará como está planeado”.

El respeto mostrado por el Festival de Salzburgo y la Ópera de Hamburgo por el principio de que el acusado es inocente hasta que se demuestre lo contrario es loable, así como la actitud de la Ópera de San Francisco y la de Filadelfia es deplorable, pero uno debe preguntarse en este caso, ¿“inocente” o “culpable” de qué, precisamente?

Gecker comienza su artículo deshonesto de esta manera: “Durante décadas, Plácido Domingo, uno de los hombres más poderosos y elogiados en el mundo de la ópera, ha intentado presionar a mujeres para que tengan relaciones sexuales con él, prometiendo empleos y en ocasiones tomando represalias contra las carreras de aquellas que rechazan sus proposiciones, dijeron numerosas acusadoras a la Associated Press”. La afirmación de que Domingo “en ocasiones” tomó represalias contra “las carreras” de las mujeres es quizás la acusación más seria aquí.

Gecker afirma luego, “Siete de las nueve acusadoras dijeron a la AP que sintieron que sus carreras se vieron perjudicadas tras rechazar las propuestas de Domingo, y algunas señalaron que el artista les prometió papeles que nunca se concretaron. Varias dijeron que aunque trabajaron con otras compañías, nunca volvieron a ser contratadas para trabajar con él”.

Hasta una difamación debería tener sentido. En realidad, Gecker cuenta siete historias individuales, no nueve, y solo en cuatro hay “papeles que nunca se concretaron”—o quizás cinco (si “Yo puedo conectarte con gente” constituye una promesa).

Esto, por supuesto, da por hecho que los diversos acusadores anónimos dicen la verdad.

En su entrevista con NPR, Patricia Wulf, al ser consultada si había sufrido “alguna consecuencia profesional al rechazarlo [a Domingo] una y otra vez”, respondió, “No, no la sufrí. No sufrí ninguna consecuencia en mi carrera. De hecho, fue curioso: él y la compañía me siguieron contratando. Y eso fue genial”. Y esta es la única persona que estuvo dispuesta a hablar de forma oficial.

Gecker y las demás acusadoras alegan que las mujeres a menudo tenían miedo de rechazar más enérgicamente las propuestas debido a su relativa falta de poder ante el enorme estatus de Domingo en el mundo de la ópera. Si, de hecho, el cantante hizo proposiciones a las mujeres desde esa posición, no es un mérito de su parte. El egotismo y el egocentrismo no son desconocidos en ese campo.

En respuesta a la historia de la AP, Domingo declaró que las acusaciones “de estas personas anónimas que datan de hasta treinta años son profundamente preocupantes y, tal como se presentan, inexactas”. Sugirió que era doloroso escuchar que pudo haber molestado a alguien “o haberlos hecho sentir incómodos, sin importar cuánto tiempo hace de esto, y a pesar de mis mejores intenciones”.

El cantante continuó, “Creía que todas mis interacciones y relaciones siempre eran bienvenidas y consensuadas. Las personas que me conocen o que han trabajado conmigo saben que no soy alguien que intencionalmente dañaría, ofendería o avergonzaría a nadie. Sin embargo, reconozco que las reglas y los estándares por los cuales somos, y debemos ser, medidos hoy son muy diferentes de lo que eran en el pasado. Tengo la suerte y el privilegio de haber tenido una carrera de más de 50 años en la ópera y me mantendré en los más altos estándares”.

La visión de Gecker de las relaciones sexuales tiene el mismo hedor semivictoriano y semipuritano que ha abrumado a sectores de la clase media alta estadounidense, por lo menos en sus pronunciamientos públicos: los hombres son depredadores y las mujeres son flores inocentes que necesitan algún tipo de protección contra tales bestias.

Según otra historia de la AP, la periodista cultural Leonetta Bentivoglio, escribiendo en el periódico italiano La Repu b blica, señaló que el hecho de que Domingo “era un Don Juan era algo que todos sabían, y en el mundo promiscuo del teatro no es el único”. Y siguió: “Debemos agregar que su encanto siempre ha atraído a una multitud de mujeres, y muchas veces fue él quien tuvo que defenderse”.

La AP señala que Bentivoglio recordó un incidente “en un hotel de París durante la cúspide de ‘Los Tres Tenores’, con Luciano Pavarotti y José Carreras, cuando Domingo pidió a unos periodistas que hicieran como que lo acompañaban al ascensor ‘para escapar a su habitación sin ser seguido por algunas jóvenes hermosas’, que lo estaban buscando. ‘Esas son historias complicadas de contar en la era resbaladiza de #MeToo’”, agregó Bentivoglio.

Gecker y la Associated Press dedicaron un tiempo y esfuerzo considerable para producir su pieza miserable. Entrevistaron a docenas de personas en varios lugares de EE.UU. para presentar un supuesto acto de manoseo inapropiado, tres “besos húmedos forzados” y numerosas proposiciones indeseadas de fuentes mayoritariamente anónimas. ¿Por qué?

¿Acaso Gecker, que también jugó un papel en el intento de destruir en 2017 la reputación del conductor de orquesta Charles Dutoit, de 81 años, quiere hacerse famosa de la misma manera que Ronan Farrow, del New Yorker, o Jodi Kantor y Megan Twohey, del New York Times, con sus denuncias sobre Harvey Weinstein?

Tal vez, pero hay asuntos más grandes involucrados.

La campaña #MeToo expresa los intereses de las capas de clase media alta que luchan por el ascenso y los privilegios en un ambiente despiadado en los campus universitarios, los medios de comunicación y en otros lugares. Artistas como Domingo, Dutoit, James Levine, entre otros, son meramente daños colaterales en este sentido. Sus cabezas tienen que rodar como parte del proceso de hacer espacio para “la sangre fresca”.

Al mismo tiempo, la caza de brujas sexual sirve para desviar la atención de una situación social y política más amplia y amenazante. Desesperado por evitar el surgimiento de una oposición de izquierda, progresista a los ataques fascistas del gobierno de Trump contra los inmigrantes, su belicismo y su política de “todo para los ricos”, el Partido Demócrata y su órbita se han aferrado a la histeria anti-Rusia y el impulso de #MeToo como forma de distraer y energizar a las capas acomodadas y pequeñoburguesas.

Pero estos esfuerzos tienen sus límites. Es posible que la campaña de difamación contra Domingo sea contraproducente, o que simplemente fracase. A su manera, tal resultado sería una señal de maduración política y de la creciente radicalización popular.

(Artículo publicado originalmente en inglés el 17 de agosto de 2019)

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