Mientras Trump amenaza a Irán con guerra

Chelsea Manning cumple seis meses en prisión sin cargos por rehusarse a testificar contra Julian Assange

23 septiembre 2019

La valiente denunciante Chelsea Manning ha estado en un centro penitenciario federal en Alexandria, Virginia, por más de seis meses. Manning no ha sido acusada ni ha perpetrado ningún crimen. Fue enviada a la cárcel el 8 de marzo de 2019 por rehusarse a rendir testimonio ante un gran jurado secreto que ha emitido cargos contra el perseguido fundador y editor de WikiLeaks, Julian Assange, quien publicó la información que ella había filtrado y que exponía la vasta criminalidad imperialista de Estados Unidos.

Ahora con las amenazas del presidente Donald Trump del viernes sobre una catastrófica guerra contra Irán, que asumen el peligro del uso de armas nucleares, el significado histórico de lo que Manning y Assange hicieron queda claro. Y también queda claro por qué todo auténtico defensor de los derechos democráticos y todo oponente del imperialismo estará luchando enérgicamente por la libertad de Manning y Assange.

La información que Manning le entregó a WikiLeaks en 2009-2010 incluía el infame video de “Asesinato colateral”, el cual documentó la matanza indiscriminada de civiles y periodistas de Reuters en un suburbio iraquí en Nuevo Bagdad. Ella filtró un conjunto de 400.000 documentos que llegaron a ser conocidos como los “Registros de la Guerra de Irak” y otros 91.000 documentos ahora conocidos como los “Registros de la Guerra de Afganistán”. También se publicaron más de 250.000 cables diplomáticos estadounidenses que expusieron las intrigas y conspiraciones diarias de las embajadas y consulados estadounidenses en todo el mundo. Las revelaciones fueron uno de los detonantes en que gente ordinaria en Túnez, Egipto y otras partes se alzara en una revolución contra las dictaduras y la opresión.

La población mundial recibió toda la evidencia necesaria para demostrar que las acciones de la Casa Blanca y el Pentágono no están motivadas por preocupaciones de “democracia”, “estado de derecho” y “derechos humanos”. Por el contrario, el imperialismo estadounidense opera como una fuerza predatoria de violencia e intrigas para mantener la hegemonía estratégica de Estados Unidos a instancias del lucro corporativo de oligarcas milmillonarios.

Todo lo que Manning le proveyó a WikiLeaks sirvió para alertarle al público sobre las operaciones criminales del Estado estadounidense. Cuando estaba preparada para compartir los documentos a la prensa, Manning escribió un archivo readme.txt. que decía: “Este es uno de los documentos más importantes de nuestros tiempos, quitando la niebla de guerra y revelando la naturaleza verdadera de las guerras asimétricas del siglo veintiuno”.

Se sabe que Manning, desde su arresto en 2010 y su sentencia en 2013 a 35 años en prisión bajo 21 infracciones del Código Uniforme de Justicia Militar, siempre insistió en que actuó sola cuando filtró la información. El registro es claro. Primero contactó al Washington Post y el New York Times con sus descargas clasificadas y, después de que estas publicaciones corporativas no le mostraron interés, fue a WikiLeaks.

Manning sirvió casi siete años en prisión por sus valientes acciones, incluyendo una detención en la base del Cuerpo de Marines en Quantico, donde la encerraron en una celda de 1,8m por 3,6m sin ventana. También la mantuvieron en una prisión federal estadounidense en Fort Leavenworth, Kansas. Su pena de 35 años fue conmutada —pero no perdonada— por el presidente Obama en enero de 2017, pocos días antes de la inauguración de Donald Trump.

Independientemente de esto, el aparato estatal está buscando obligar a Manning a renunciar a su testimonio previo para recolectar nuevos “hechos” que puedan ser utilizados en contra de Julian Assange.

En abril, Assange fue imputado por el Gobierno de Trump con 18 cargos, incluyendo 17 de ellos bajo la draconiana Ley de Espionaje. Su sentencia sería de 175 años de prisión. Está siendo detenido en condiciones severas por “peligro de escape” de la prisión Belmarsh en Londres, hasta las audiencias que comenzarán el 25 de febrero sobre si Reino Unido lo extraditará a Estados Unidos para enfrentarse a un juicio fraudulento.

El 9 de mayo, Manning fue liberada de su primera detención cuando se expiró el gran jurado previo, pero solo para ser nuevamente arrestada el 16 de mayo hasta que acate la citación de presentarse ante un nuevo gran jurado. Por segunda vez, Manning se rehusó a responder preguntas. Declaró: “Este gran jurado busca socavar la integridad del discurso público con el objetivo de castigar a todos los que expongan abusos serios, continuos y sistemáticos de poder por parte del Gobierno”.

El trato vengativo contra Chelsea Manning ha incluido una “segregación administrativa” —un eufemismo para confinamiento solitario— y está siendo multada una cifra inaudita de $1.000 por día por rehusarse a responder las preguntas del gran jurado. Para cuando sea liberada en octubre de 2020, le estará debiendo $440.000 al Gobierno estadounidense. El activista contra la guerra, Jeremy Hammond, quien fue sentenciado por filtrar documentos de inteligencia a WikiLeaks, también fue llevado a la misma cárcel que Manning para forzarlo a rendir falso testimonio.

La persecución de Assange, Manning y Hammond busca intimidar a cualquiera que está intentando servir a la mayoría obrera de la sociedad arrojando luz sobre la criminalidad y los abusos de la clase gobernante capitalista y su aparato estatal. Son víctimas y prisioneros de la guerra de clases, por lo cual su libertad no se puede alcanzar por medio de llamados las mismas organizaciones que los persiguen, sino que solo es posible movilizando la inmensa fuerza de la clase obrera estadounidense e internacional.

La propia Manning ha vivido experiencias políticas sumamente importantes. En enero de 2018, decidió postularse para las primarias del Partido Demócrata para convertirse en senadora de Maryland. Quedó de segundo lugar entre los ocho candidatos para la nominación. Para cuando finalizó su campaña había extraído conclusiones importantes sobre la posibilidad de cambiar la sociedad por medio de los partidos y las instituciones existentes.

En un video a una audiencia en la Casa de Opera de Sídney, Manning declaró en septiembre de 2018: “Después de pasar horas y horas tocando puertas y haciendo llamadas telefónicas, estoy convencida de que el cambio que el pueblo necesita realmente necesita ir más allá de lo que nuestro corrupto sistema bipartidista está dispuesto a ofrecer”.

Realizó el siguiente llamado: “No hay reformas. El tiempo para reformas fue hace 40 años. Hay números importantes de personas que no tienen voz ni poder. Necesitamos comenzar a hacer las cosas nosotros mismos. Todo lo que hagamos es una decisión política. No hacer algo es una decisión política. Tenemos que involucrarnos”.

La actitud de Manning hacia la élite política en su conjunto es la razón por la cual las organizaciones corporativistas y militaristas del Partido Demócrata, los sindicatos y la prensa “liberal” se han rehusado a darle apoyo alguno desde que fue encarcelada. Su rechazo a apoyar el Partido Demócrata y su negativa basada en principios de rendir testimonio contra Julian Assange también explican el casi total abandono de Manning por parte de la pseudoizquierda de clase media en Estados Unidos, cuyo interés es promover ilusiones en las campañas de figuras de la misma élite como Bernie Sanders.

El peligro inmediato de que el imperialismo estadounidense emprenda un ataque contra Irán, además del deslizamiento hacia una guerra contra las potencias nucleares de China y Rusia, pone de relieve la necesidad de desarrollar un movimiento mundial contra la guerra para poner fin a la causa de las guerras: el sistema de lucro capitalista y la división del mundo en Estados nación rivales.

Un movimiento internacional contra la guerra puede y debe luchar por la libertad de Assange, Manning y todos los otros que han puestos sus vidas en riesgo para que la población supiera la verdad. Se debe desarrollar una campaña política e industrial en cada lugar de trabajo, barrio, universidad y escuela que exija su liberación inmediata.

La lucha contra la guerra y en defensa de Assange y Manning es inseparable de todas las luchas de la clase obrera por sus derechos democráticos y sociales fundamentales. En todo el mundo, millones de trabajadores han entrado en sus primeras etapas de batallas monumentales.

En Estados Unidos, la primera gran huelga nacional de los trabajadores automotores de General Motors en 30 años es solo la precursora de un estallido histórico de la lucha de clases contra décadas de empeoramiento en la desigualdad social, la pobreza y la opresión bajo el capitalismo.

Este resurgimiento de la clase obrera ofrecerá la base social para la lucha por liberar a Assange, Manning y todos los otros prisioneros de la guerra de clases. Al entrar en discusiones con los trabajadores en lucha por todo el mundo, el World Socialist Web Site y el Partido Socialista por la Igualdad buscarán crear la consciencia más amplia posible de la lucha por liberar a Chelsea Manning y Julian Assange.

(Artículo publicado en inglés el 21 de septiembre de 2019)

Kevin Reed y James Cogan