Demócratas elogian denunciante de la CIA sobre Ucrania, mientras persiguen a Manning, Assange y Snowden

1 octubre 2019

Durante la última semana, los congresistas demócratas han descubierto repentinamente su apoyo hacia los denunciantes. Se han apurado a defender al agente de la CIA asignado a la Casa Blanca que ha estado en el centro de los conflictos dentro del Estado en torno a una llamada de Trump con el presidente ucraniano en julio.

El jueves, la comisión de inteligencia de la Cámara de Representantes hizo pública una queja del agente, quien afirmó que Trump buscó “solicitar la interferencia de un país extranjero” en las elecciones estadounidenses de 2020.

Cuando Trump condenó al autor del reporte como un “espía”, el presidente de dicha comisión, Adam Schiff, elogió al agente y urgió a otros a que “mostraran el mismo tipo de valentía y patriotismo que este denunciante ha mostrado”.

Declaró: “El Congreso debe hacer todo lo posible para proteger a este denunciante y a todos los denunciantes”.

¿A todos los denunciantes? Uno podría recordarle a Schiff lo que dijo sobre Edward Snowden, el contratista de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA, por su siglas en inglés) que publicó documentos en 2013 que evidenciaban que tanto la NSA como las otras agencias de inteligencia habían violado flagrantemente la Constitución de EUA espiando cada comunicación electrónica transmitida por todos los estadounidenses.

En 2016, Schiff le escribió una carta al presidente Barack Obama urgiéndole que “no perdone a Edward Snowden, quien perpetró la exposición pública más grande y perjudicial de información clasificada en la historia de nuestra nación”.

Su conclusión fue que “El Gobierno estadounidense debe hacerlo rendir cuentas por sus acciones”.

El entonces secretario de Estado, John Kerry, hizo eco de estos sentimientos, declarando que Snowden “le hizo daño a nuestro país muy significativamente” y “traicionó a su país”.

Como represalia por sus exposiciones, que resultaron en varios Premios Pulitzer para los periodistas con quien trabajó, Snowden se enfrenta a cargos de espionaje que conllevan potencialmente la pena de muerte. Ha estado exiliado en Rusia por seis años.

Los demócratas bajo Obama también presidieron el encarcelamiento de Chelsea Manning en condiciones equivalentes a tortura. El Gobierno de Obama presidió su improvisado juicio en un tribunal militar y su sentencia por el “crimen” de ayudar a exponer los asesinatos masivos a manos de las tropas estadounidenses en Irak y Afganistán.

Una de las revelaciones más explosivas de Manning fue el video publicado por WikiLeaks bajo el título “Asesinato colateral”, que muestra un helicóptero estadounidense tiroteando a civiles en Bagdad, asesinando a más de una docena de personas, incluyendo dos fotógrafos de Reuters, e hiriendo a más civiles desarmados, incluyendo dos niños.

Después de que Obama conmutara su sentencia a fines de 2016, Manning fue reencarcelada este año, esta vez sin cargos penales, sino para obligarla a rendir testimonio contra Julian Assange, el periodista de WikiLeaks que publicó sus revelaciones. Ha estado en la cárcel por más de seis meses.

En cuanto a Assange, permanece en la prisión británica de Belmarsh. Además de exponer los crímenes de guerra masivos de Estados Unidos, Assange y WikiLeaks hicieron públicas las intrigas diplomáticas y relaciones corruptas de Washington con Gobiernos en todo el mundo, lo que ayudó a desencadenar los levantamientos populares de 2011 en Túnez y Egipto.

Los demócratas han aplaudido la cancelación ilegal del asilo y el secuestro de Assange de la Embajada de Ecuador en Londres en abril del año pasado a instancias del Gobierno de Trump. La candidata presidencial demócrata en 2016, Hillary Clinton, llegó a declarar que “El fondo del asunto es que tiene que responder por lo que ha hecho”.

Hizo eco de la mentira del Gobierno de Trump de que el valiente periodista solo sería enjuiciado por hacking. “Creo que es claro, a raíz de la imputación que se hizo pública, que no se trata de castigar el periodismo”, dijo Clinton.

Después de que el Departamento de Justicia presentara cargos de espionaje contra Assange, poniendo en la mira explícitamente sus actividades editoriales y atacando la garantía de la Primera Enmienda a la Constitución de libertad de prensa, Clinton no ofreció retractarse.

La hipocresía del Partido Demócrata no conoce límites. Es una hipocresía políticamente motivada. La actitud de los demócratas hacia los denunciantes está determinada, al igual que su actitud hacia todo, por los intereses del imperialismo y la clase gobernante estadounidenses.

En el caso del agente de la CIA que filtró la información sobre la llamada de Trump con el presidente ucraniano en julio, el reporte es parte de una amarga riña dentro de la élite gobernante que ha persistido desde la llegada de Trump al cargo.

Este conflicto está siendo impulsado ante todo por divisiones de política exterior. Particularmente, hay secciones dominantes dentro del Estado, tanto republicanos como demócratas, que están preocupados de que Trump no ha confrontado a Rusia con suficiente agresividad y que su geopolítica unilateral y nacionalista esté socavando los intereses predatorios del imperialismo estadounidense.

A esto se debe que los demócratas estén utilizando las acusaciones del “denunciante” de la CIA para deponer a Trump o presionarlo a que adopte una política exterior más alineada con las agencias de inteligencia representadas por los demócratas.

En los casos de Snowden, Manning y Assange, se trata de filtraciones por parte de individuos que expusieron los crímenes del imperialismo estadounidense en sí. Esto no lo puede tolerar ninguna facción de la clase gobernante y a esto se debe que la persecución despiadada de estos individuos cuente con un apoyo bipartidista abrumante.

Hay millones de trabajadores y jóvenes que odian correctamente a Trump por ser un representante fascistizante de la oligarquía financiera estadounidense: el torturador de niños inmigrantes y el constructor de campos de concentración. Pero nadie debería confiar en los encarceladores de Manning y Assange y los persecutores de Snowden.

Los demócratas meramente representan otra facción de la misma oligarquía financiera corrupta que engendró a Trump. En la medida en que haya una relación entre la lucha del fascista en la Casa Blanca y los demócratas, es que le permiten a Trump presentarse como un oponente del “Estado profundo” mientras busca convertir a Estados Unidos en una dictadura personalista.

Solo hay una salida a esta peligrosa crisis política: la movilización de la clase obrera contra el Gobierno de Trump de forma independiente del Partido Demócrata. La defensa de los derechos democráticos no puede ser subordinada a ninguna facción de la clase gobernante. Debe basarse en la movilización independiente de la clase obrera contra el capitalismo y por el socialismo.

Esto es inseparable de la lucha por defender a Manning, Assange y Snowden, así como a todos los perseguidos por la clase gobernante capitalista y sus representantes políticos.

(Publicado originalmente en inglés el 30 de septiembre de 2019)

Andre Damon