El capitalismo y el desastre climático: los asuntos planteados para las protestas mundiales

por Bryan Dyne
3 octubre 2019

Las huelgas climáticas de la semana pasada, en las que más de 7,6 millones de personas participaron en protestas internacionales del 20 al 27 de septiembre, revelan la voluntad entre grandes masas de jóvenes para luchar por su futuro, por la Tierra y por la humanidad.

Hubo 6.135 protestas en más de 185 países y en los siete continentes, incluyendo la Antártica, con estudiantes, jóvenes y sus seguidores que expresaron su enojo con las corporaciones multinacionales por contaminar, quemar y envenenar el planeta y su indignación contra los gobiernos mundiales por no hacer nada para detener el aceleró de la crisis ecológica. Existe una creciente conciencia de toda una generación de que el aumento del nivel del mar, el clima extremo, la destrucción de los arrecifes de coral y la pérdida de biodiversidad son impulsados por el capitalismo, que ha demostrado ser un sistema económico socialmente y ambientalmente destructivo.

Estos peligros fueron nuevamente demostrados por el "Informe especial de las Naciones Unidas sobre el océano y la criosfera en un clima cambiante", de la semana pasada, que reafirmó que los océanos, los casquetes polares y los glaciares de la Tierra se encuentran entre los ecosistemas más afectados por el cambio climático y que los medios de vida de millones de personas están en riesgo ya que el derretimiento de los casquetes polares, los glaciares y el permafrost amenaza con aumentar exponencialmente el costo social por el calentamiento global.

Los jóvenes también se están volviendo más conscientes de que cualquier solución a la crisis climática inherentemente exige una respuesta internacional, donde los recursos del mundo se agrupan de manera racional y científica para detener y revertir décadas de destrucción ambiental. Cualquier lucha real contra el cambio climático atraviesa inmediatamente las fronteras nacionales, las ganancias corporativas y los intereses militar-inteligencia.

Por lo tanto, debe emitirse una advertencia a todos aquellos que han participado o planean participar en futuras protestas climáticas. Que tantos líderes mundiales y ejecutivos corporativos, junto con varias personalidades de los medios y líderes académicos, hayan abrazado la huelga climática global no es una señal de que estas capas se sometan a la "presión" y comiencen a resolver la crisis climática. Lo que significa es que las protestas mismas, cualesquiera que sean los sentimientos de las grandes masas que participan en ellas, se dirijan a través de canales políticamente aceptables para la clase dominante.

Este peligro se demuestra en la Greta Thunberg, la sueca de 16 años de edad, cuya pasión genuina por resolver el cambio climático estaba en exhibición, cuando habló en la Cumbre Climática de la ONU el lunes pasado. Al mismo tiempo, su viaje a los Estados Unidos y Canadá incluyó reuniones con Barack Obama y Justin Trudeau, ambos demostrados como servidores del capitalismo y, según cualquier definición razonable del término, criminales de guerra, responsables de las muertes, lesiones y migración forzada de millones de personas en el Medio Oriente, Asia Central y África del Norte.

El callejón sin salida política de las protestas climáticas también se expresa en el respaldo de la actual ronda de "huelgas" por parte de 3.024 empresas, que en respuesta a las huelgas reales de los trabajadores recurrirían a órdenes judiciales, despidos masivos y violencia brutal. Sin embargo, en el caso de las "huelgas" climáticas, esperan que al pegar una etiqueta "verde", puedan disipar las manifestaciones y alejar a los millones de jóvenes y trabajadores de una lucha contra el capitalismo.

Estas compañías son tan hostiles a cualquier acción efectiva contra el cambio climático como las compañías de combustibles fósiles que se oponen abiertamente a las protestas climáticas, porque dicha acción socavaría la propiedad privada de los medios de producción, la base de todo el sistema de ganancias.

Un ejemplo de esta actitud es Rory Kennedy, el hijo menor de Robert Kennedy y uno de los directores del Fondo de Emergencia Climática (CEF). La organización ha suministrado millones de dólares a varios grupos activistas del clima ambiental, incluyendo 350.org y Extinction Rebellion, declarando que la "emergencia climática" es una "crisis existencial".

Sin embargo, no es un donante benevolente, ya que el artículo del New York Times titulado "Conozca a los millonarios que ayudan a pagar las protestas climáticas", que haría creerlo a sus lectores. El CEF limita explícitamente los movimientos que financia a "actividades legales" que "constructivamente levantan la conciencia y exigen acciones urgentes" a la destrucción ambiental continua de la Tierra.

Esto es, como mucho, un llamamiento a las Naciones Unidas y a los diversos partidos "verdes" y "de izquierdas" en todo el mundo, que desde el primer informe internacional importante sobre la amenaza del calentamiento global en 1992, se postraron ante las industrias de combustible fósil. Se han asegurado de que todos los acuerdos climáticos mundiales, desde el Protocolo de Kyoto de 1997 hasta el Acuerdo de París de 2015, no impongan límites reales a las emisiones de gases de efecto invernadero y, en cambio, brinden nuevas protecciones para las corporaciones energéticas de "sus" países.

Aún más siniestro es que el CEF subordina las organizaciones que financia a lo que se considera "legal" por gobernantes como el presidente estadounidense fascistizante Donald Trump y su homólogo brasileño Jair Bolsonaro. Ambos se niegan al cambio climático y reprimen activamente la investigación científica con sus respectivos gobiernos y cuyas administraciones están completamente preparados para cambiar las medidas policiales estatales desarrolladas contra inmigrantes y refugiados y contra la oposición interna si es necesario, incluyendo las protestas climáticas.

En términos más generales, el hecho de que tantos grupos ambientalistas tengan patrocinadores millonarios (o incluso multimillonarios) habla del callejón sin salida de la política "verde". Piden a la población mundial que cambie su "estilo de vida" y "dieta" absuelve a la clase capitalista de cualquier responsabilidad por la crisis y culpa a la clase trabajadora internacional por participar en un sistema económico sobre el cual no tiene control. Esto se ha convertido en un elemento básico de los partidos "verdes" en todo el mundo, incluso cuando apoyan la guerra imperialista.

Peor aún son las afirmaciones de que la única solución a la crisis climática es una gran reducción de la población mundial. Esta es una perspectiva completamente reaccionaria, ligada a una capa de academia y la pequeña burguesía que ha sido completamente desmoralizada desde la disolución de la URSS y carece de la confianza de que la clase trabajadora sea capaz de lograr un futuro mejor. A los que abogan por esa política se les debe preguntar si están dispuestos a sacrificar su propia existencia privilegiada si se les considera parte de la "población excedente".

Los manifestantes climáticos deben rechazar tales actitudes maltusianas. No es la "humanidad" la que ha llevado a toda la biosfera de la Tierra al borde del colapso, es la clase capitalista, arraigada en la propiedad privada de los medios de producción por unos pocos miles de multimillonarios y corporaciones gigantes, y la división de mundo en Estados naciones capitalistas rivales. El capitalismo y el sistema de Estado-nación son las barreras a un esfuerzo serio para revertir el calentamiento global.

Es a la clase trabajadora internacional a quien deben dirigirse los estudiantes y los jóvenes. Del mismo modo que millones de personas se ven obligadas a luchar contra el aumento de la desigualdad social, los ataques a los derechos democráticos y las amenazas de guerra imperialista, la crisis climática es otra razón por la cual las fuerzas productivas deben colocarse bajo el control democrático de la clase trabajadora. Es la única fuerza social capaz de abolir el capitalismo y el sistema de Estado-nación y establecer una sociedad global donde la necesidad social, no el beneficio privado, es primordial.

(Publicado originalmente en inglés el 1 de octubre de 2019)