Los demócratas excluyen las políticas antiinmigrantes fascistas de Trump de su investigación de juicio político

4 octubre 2019

Según el reporte del New York Times publicado el martes por la noche, el presidente Donald Trump llamó en marzo a emprender un pogromo fascistizante contra los inmigrantes que crucen la frontera con México. “En privado, el presidente habló frecuentemente sobre fortalecer el muro fronterizo con una trinchera llena de agua repleta de serpientes y lagartos, pidiéndoles a sus asesores un estimado del costo”, escribió el Times.

“Quería electrificar el muro, con picos encima que pudieran atravesar la carne humana... sus asesores recuerdan que luego en la reunión sugirió que les dispararan a los migrantes en las piernas para fueran más lento”.

El miércoles, el Times reportó que el Departamento de Seguridad Nacional de EUA recolectará forzosamente muestras de ADN de todos los inmigrantes detenidos para crear una base de datos nacional, incluyendo a niños y solicitantes de asilo.

El hecho de que tales propuestas propias de Hitler estén siendo discutidas en la Oficina Oval entre el presidente y sus principales asesores—hasta el detalle de costos— rinde testimonio del carácter depravado de toda la élite política estadounidense y demuestra que las políticas migratorias de Trump buscan calculadamente abusar y aterrorizar a los trabajadores inmigrantes.

Un soldado coloca alambre de navajas al muro fronterizo existente cerca del puente internacional en Laredo, Texas, 11 de abril de 2019 (sargento Andrew S. Valles/Army)

Trump es el producto maligno de un sistema político envenenado tras décadas de guerra, especulación financiera y ataques contra los derechos democráticos. Un país cuya Declaración de Independencia atacó al rey de Inglaterra por “obstruir las leyes de naturalización de extranjeros” y por “rehusarse a aprobar otras [leyes] que promuevan sus migraciones hacia aquí” está ahora gobernado por déspotas en potencia cuyas propuestas para torturar a solicitantes de asilo impactarían incluso a las personas en la Edad Media.

No obstante, el Partido Demócrata ha emprendido una investigación para un juicio político contra Trump por subordinar los intereses globales del imperialismo estadounidense a sus propias necesidades personales y políticos y no sobre sus políticas fascistas. Los demócratas están basando su campaña de juicio político en una sola llamada telefónica en la que Trump, tras suspender aproximadamente $400 millones en ayuda militar al Gobierno ultraderechista de Ucrania, un aliado en contra de Rusia, buscó utilizar la entrega de estos fondos para presionar al presidente ucraniano a que investigara la corrupción del contendiente presidencial demócrata y su hijo.

La investigación de juicio político de los demócratas está dirigida por la CIA y otras agencias de inteligencia. Estas fuerzas ultrarreaccionarias han determinado que la política de Trump —sin importar cuán criminal sea— debe excluirse de los esfuerzos para deponerlo.

Consiguientemente, a pocas horas de la publicación del Times sobre la propuesta de Trump de dispararles a los inmigrantes, la historia había prácticamente desaparecido del ciclo noticiero.

Cuando la presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, y el presidente de la comisión de inteligencia de la Cámara de Representantes, Adam Schiff (ambos con conexiones antiguas con las agencias de inteligencia), celebraron una rueda de prensa el miércoles para discutir la investigación sobre el juicio político, ningún líder demócrata mencionó el reporte del Times ni hubo ningún reportero de las docenas de medios corporativos presentes que preguntara al respecto.

En su declaración a la prensa, Pelosi dijo que aparte de la amenaza de “seguridad nacional” planteada por la llamada de Trump con el presidente ucraniano, Volodymyr Zelensky, “cualquier otra objeción que otros tengan hacia el presidente no tendrá lugar en esta investigación”. Entre los temas excluidos, dijo la política migratoria de Trump.

Tras invocar a Dios, el ejército y envolverse en la bandera, declaró: “Guarden eso para la elección. Esto se trata de los hechos relacionados a la Constitución y así es cómo procederemos con dignidad, con respeto, con rezos, dignos del sacrificio de nuestros fundadores, nuestros hombres y mujeres uniformados que luchan por nuestra libertad”.

Como una cuestión legal, la propuesta de Trump de ahogar, dispararles y lanzarles serpientes y lagartos a los refugiados que escapan de países devastados por la explotación imperialista estadounidense es la violación más clara de los derechos de asilo consagrados por el derecho internacional y las disposiciones contra cualquier “castigo cruel e inusual” en la Carta de Derechos de la Constitución de EUA.

El Partido Demócrata y sus órganos de prensa han apoyado los ataques de Trump contra los inmigrantes, desde el voto de los congresistas demócratas en enero del año pasado para proveerle $4 mil millones para fundar la represión de Trump en la frontera hasta el voto de los jueces demócratas en la Corte Suprema el mes pasado permitiéndole a Trump bloquear que los inmigrantes centroamericanos soliciten asilo.

Ayer, el Washington Post publicó un artículo destacando al director en funciones del Departamento de Seguridad Nacional, Kevin McAleenan. El Post aplaudió al arquitecto de la política de separación familiar de Trump por “guiar a Estados Unidos fuera de la crisis en la frontera sur”.

La semana pasada, el Times hizo eco de las propias declaraciones de Trump sobre poder ejecutivo, afirmando que, de acuerdo con “el ambiente, la inmigración, los impuestos, el comercio y otras cuestiones”, Trump “tenía el derecho absoluto de perseguir el camino electo”.

La decisión del Partido Demócrata, la prensa corporativa y las agencias de inteligencia de excluir la política de Trump de la investigación de juicio político tiene varios propósitos.

La facción poderosa de la clase gobernante que apoya el juicio político teme que cualquier investigación que aborde los intereses democráticos y sociales de las masas obreras podría salirse de control y provocar manifestaciones de masas como las que estallaron espontáneamente en enero y febrero de 2017 después de que Trump intentara imponer su veto antimusulmán a viajantes.

Los demócratas están cada vez más preocupados con el “espectro de desorden civil”, como lo dijo Thomas Edsall en una columna ayer del New York Times intitulada “¿Dejará el cargo en algún momento Trump?”. A pesar de que el Times presenta el peligro en gran parte desde el punto de vista de que Trump está movilizando a su base de apoyo ultraderechista para que tome las armas, lo que temen los demócratas cada vez más es que tal llamamiento fascista desate una respuesta popular explosiva desde la izquierda.

Si logran deponer a Trump, los demócratas y las agencias de inteligencia no tienen ninguna intención de revertir sus ataques contra los inmigrantes, sus recortes a los programas sociales, sus reducciones de impuestos para los ricos o su evisceración de las regulaciones ambientales y de seguridad en el trabajo.

Pelosi dejó esto en claro en su rueda de prensa ayer cuando dijo que, a pesar de la investigación sobre el juicio político, “estamos intentando hallar un terreno común con el presidente” en políticas económicas y comerciales. Sobre estas bases, cualquier Gobierno que siga al de Trump avanzará sus políticas de contrarrevolución social para alimentar la bonanza lucrativa de Wall Street.

Lo que es más importante: los demócratas buscan utilizar el juicio político como un mecanismo para avanzar un giro militarista en la política exterior estadounidense cuyo propósito es confrontar a Rusia. Por esta razón, han seleccionado a Ucrania como el campo de batalla para el juicio político.

Preocupado por las prioridades erráticas y personalistas de Trump y enfrentándose a una debacle tras otra en Irak, Siria, Irán, Afganistán y el Norte de África, la indagación pone de manifiesto que hay secciones importantes dentro de los círculos gobernantes y el Estado que han concluido que un juicio político es la única forma de proteger los intereses de largo plazo del imperialismo estadounidenses.

Independientemente del resultado de esta investigación, el producto del proceso será un bandazo del sistema político estadounidense aún más a la derecha para sentar las bases para nuevas y más amplias guerras imperialistas.

La clase obrera debe oponerse a Trump, pero no desde el punto de vista de las necesidades de las corporaciones y las agencias de inteligencia. La oposición de la clase obrera a Trump debe basarse en las necesidades sociales del pueblo trabajador en EUA e internacionalmente: poner fin a las guerras, redistribuir la riqueza, defender los derechos democráticos y garantizar el derecho de los trabajadores inmigrantes a viajar y vivir libremente y sin hostigamiento. Esto requiere una movilización independiente de la clase obrera en una lucha contra ambos partidos corporativos y el sistema capitalista en su conjunto.

(Publicado originalmente en inglés el 3 de octubre de 2019)

Eric London