Casa Blanca de Trump declara que no cooperará con investigación de juicio político

10 octubre 2019

La Casa Blanca de Donald Trump declaró en la noche del martes que no cooperará con la Cámara de Representantes de Estados Unidos ni con la investigación de juicio político iniciada por la dirigencia del Partido Demócrata. La decisión marca una importante escalada en la guerra política en Washington.

Una carta firmada por el abogado de la Casa Blanca, Pat Cipollone, alega que la investigación es una violación del “debido proceso” y la Constitución de EUA. “Para cumplir sus deberes con el pueblo estadounidense, la Constitución, la Rama Ejecutiva y todos los ocupantes futuros de la Oficina presidencial, el presidente Trump y su Administración no pueden participar en su investigación partisana e inconstitucional bajo estas circunstancias”, declara.

La carta advierte que la Casa Blanca no proveerá testimonio ni documentos exigidos por la investigación del Congreso establecida para investigar la discusión telefónica el 25 de julio entre Trump y el presidente ucraniano, Volodymyr Zelensky. Más temprano en el día, el Gobierno de Trump le ordenó a Gordon Sondland, el embajador estadounidense ante la Unión Europea, que no se presentara a la entrevista programada con los investigadores de la Cámara de Representantes. Después del anuncio, Trump denunció la indagación como una “corte fraudulenta y completamente comprometida”.

El desafío de Trump al Congreso tiene un carácter distintivamente dictatorial. En esencia, está declarando que su Casa Blanca no reconoce ningún límite legal al poder de la Presidencia. Su extraordinaria aserción de facultades ilimitadas está siendo acompañada por esfuerzos para movilizar a su base ultraderechista de apoyo. El jueves, Trump celebró un mitin frente a oficiales policiales en Minneapolis, Minnesota, utilizando la ocasión para emprender contra el alcalde “ultraizquierdista” de la ciudad.

El desafío de Trump al Congreso, que busca legitimar presentándose como la víctima de una conspiración, está siendo facilitado por los métodos empleados por los demócratas. Su lucha contra Trump carece de cualquier contenido democrático. El argumento de los demócratas y sus simpatizantes en los medios es que las políticas y acciones de Trump han socavado los intereses estratégicos del imperialismo estadounidense. Su caso no va dirigido a la clase obrera ni los jóvenes, sino que a sectores de la clase gobernante, el aparato militar y de inteligencia, e incluso a secciones del Partido Republicano que se oponen al desvío de la política de Trump de las prioridades geopolíticas globales y la agenda de la Agencia Central de Inteligencia.

La dinámica detrás de la campaña del juicio político fue revelada por las denuncias de los políticos demócratas y republicanos y la prensa contra la decisión de Trump el lunes de sacar tropas estadounidenses de Siria.

El New York Times, que habla en nombre del Partido Demócrata y las agencias de inteligencia, lanzó un ataque amargo contra la decisión. En el artículo principal del martes, intitulado “Cuando ‘salir’ es una estrategia de seguridad nacional del presidente”, David Sanger del Times escribió que el retiro muestra que Trump “está nuevamente persiguiendo una estrategia de seguridad nacional contraria a la postura oficial de su Gobierno” y que “sus propios asesores principales le han advertido que arriesgaría generar un nuevo caos en toda la región”.

Sanger se quejó de que Trump “está demostrando que en su campaña por acabar las ‘guerras interminables’ de EUA, ninguna presencia de tropas estadounidenses en el exterior es demasiado pequeña como para salvarse de sus deseos para ponerle fin”. Continuó: “Pero si existe una doctrina Trump en el mundo después de 32 meses de políticas caóticas, puede haberse expresado en su forma más pura cuando el presidente pronunció en Twitter el lunes por la mañana: ‘Es momento de que nos vayamos’”.

Para el Times, lo “caótico” no son las guerras interminables en Oriente Próximo que han cobrado más de un millón de vidas, sino “el retiro precipitado” de tropas estadounidenses de Siria, donde el ejército y la CIA han emprendido una operación de cambio de régimen durante los últimos ocho años.

El conflicto dentro del Estado es un conflicto entre dos secciones de la élite gobernante, en la que no hay ningún lado progresista ni democrático. Los demócratas representan a sectores del aparato militar y de inteligencia que han perdido confianza en la habilidad de Trump para manejar los asuntos de la clase gobernante, tanto en casa como en el extranjero. Los conflictos en política exterior se ven recrudecidos por las mayores señales de otra recesión económica.

Los demócratas están decididos ante todo a aislar su oposición a Trump de los agravios sociales y políticos que están impulsando el enojo en las masas.

Por esta razón, están restringiendo estrictamente la investigación de juicio político a los temas vinculados a la llamada telefónica ucraniana. El mando de la investigación fu entregado a la comisión de inteligencia de la Cámara de Representantes, la más conectada a las agencias de espionaje. No habrá ninguna audiencia pública, lo que significa que todo se realizará detrás de puertas cerradas.

La operación del Partido Demócrata tiene la intención de conectar su batalla contra Trump con la creación de apoyo para las agencias de inteligencia y las operaciones militares estadounidenses. Esto garantiza un resultado reaccionario sin importar lo que pase con el juicio político.

Si el proceso es exitoso, llevará al poder a un Gobierno si acaso más comprometido con el ejército y la CIA y con intensificar las guerras en Oriente Próximo y contra Rusia. Si fracasa, fortalecerá a Trump y pondrá en cuestión si puede ser depuesto del todo. En la medida en que la oposición sea encarrilada detrás de los demócratas, le permitirá a Trump disfrazar sus políticas reaccionarias con la pretensión absurda de que se opone a las guerras y defiende los derechos democráticos.

La clase obrera no se puede dejar orientar detrás de ninguna facción de la clase gobernante. Ningún resultado del conflicto en su forma actual puede llevar a algo distinto a guerras y una dictadura.

El único fundamento legítimo para una lucha contra Trump es el desarrollo de la lucha de clases.

En se declaración publicada hace más de dos años “Un golpe palaciego o la lucha de clases: la crisis política en Washington y la estrategia de la clase obrera”, el World Socialist Web Site escribió que, junto al conflicto dentro de la élite gobernante, “Al mismo tiempo, está en desarrollo un tercer conflicto que es totalmente diferente a los otros dos —aquel entre la clase gobernante y la clase obrera, la amplia masa de la población que sufre de malestares sociales y se encuentra complemente excluida de la vida política—… Las décadas en las que la lucha de clases ha sido reprimida por la burocracia sindical, el Partido Demócrata y los patrocinadores pudientes de diversas políticas de identidad están llegando a su fin”.

Este pronóstico ha sido comprobado. El año pasado vio el estallido de huelgas docentes en Estados Unidos, en muchos casos independientemente de y en oposición a los sindicatos. Estos paros fueron parte de una ola de luchas de la clase obrera internacionalmente. Ahora, con la huelga de casi 50.000 trabajadores automotores de GM, la lucha de clases se ha expandido a una de las secciones más importantes de la clase obrera industrial.

La tarea urgente es desarrollar dentro de la clase obrera una dirección revolucionaria, consciente de que una resolución a las grandes problemáticas que enfrentan los trabajadores en todo el mundo —la extrema desigualdad social, los ataques interminables contra los empleos, salarios y prestaciones, el peligro de una guerra mundial, el giro de la clase gobernante hacia formas autoritarias de gobierno— exige una lucha contra el sistema capitalista.

(Publicado originalmente en inglés el 9 de octubre de 2019)

Joseph Kishore