Los demócratas apoyan la “guerra eterna”

17 octubre 2019

La orden del presidente Donald Trump de retirar tropas estadounidenses del noreste de Siria en nombre de finalizar las “guerras interminables” de Washington desató una tormenta política. La presidenta demócrata de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, se unió al máximo defensor republicano de Trump, el senador Lindsey Graham, para oponerse al retiro de tropas. Pelosi tuiteó sobre su reunión con Graham: “Nuestro primer punto en la agenda fue acordar que necesitamos una resolución bipartidista y bicameral conjunta para anular la peligrosa decisión del presidente en Siria inmediatamente”.

Los candidatos presidenciales demócratas han denunciado en unísono la amenaza de una salida estadounidense de Siria. Muchos han invocado la situación del a milicia YPG de los kurdos sirios que funcionó como la principal fuerza patrocinada por Washington en la intervención militar directa de cinco años del Pentágono en el país.

El presunto candidato demócrata al frente de las encuestas, Joe Biden, declaró, “Es una lástima lo que ha hecho”. Ese mismo Biden no expresó nada de vergüenza sobre votar a favor a la guerra criminal estadounidense de agresión basada en mentiras que cobró las vidas de más de un millón de iraquíes, ni por su papel en orquestar las guerras de cambio de régimen de la CIA en Libia y Siria que mataron a cientos de miles más.

Un soldado estadounidense en un vehículo acorazado dirigido hacia el tenso frente de los combatientes respaldados por Turquía en Mabiy, al norte de Siria, el miércoles 4 de abril de 2018 (AP Photo/Hussein Malla

Para no escatimar oportunidad alguna para demostrar su fiabilidad en temas de “seguridad nacional”, Bernie Sanders proclamó: “Nunca le das la espalda a aliados que han luchado y muerto junto a las tropas estadounidenses. Simplemente no se hace eso”. Sanders convenientemente olvidó que en los años sesenta y setenta, el principal argumento de Johnson y Nixon en oposición a retirarse de Vietnam era que EUA no podía simplemente “escabullirse” y desertar a sus aliados políticos y militares de Vietnam del Sur.

Por su parte, Elizabeth Warren, hablando contradictoriamente, halló la perogrullada más apropiada para la ocasión: “Deberíamos traer nuestras tropas a casa, pero necesitamos hacerlo en forma que respete nuestra seguridad”. En otras palabras, EUA debe continuar su guerra en Siria.

Trump, quien obtuvo un presupuesto de $750 mil millones para la máquina militar estadounidense y apenas la semana pasada ordenó el despliegue de 3.000 tropas más a Arabia Saudita para preparar un enfrentamiento contra Irán, no es un pacifista. Pero tampoco es tonto. Mientras prepara guerras mayores, particularmente contra China, sabe que sus apelaciones públicas a finalizar las guerras de EUA en Afganistán y Oriente Próximo llegan a los oídos de una población estadounidense harta de estas intervenciones.

Esto es particularmente cierto para las incontables familias que han sufrido la carga de despliegues interminables de sus seres amados y el costo trágico pagado por aquellos que han regresado con heridas físicas y mentales graves. Cabe notar que la nota de portada de la última revista Time se concentra en “La guerra eterna estadounidense”. Incluye una historia sobre el impacto de la muerte de un soldado en Afganistán en su esposa e hijos.

En un ensayo que precede la historia de la afligida familia, el novelista y veterano marine, Elliot Ackerman, escribe: “El peso de casi dos décadas de guerra —casi 7.000 [estadounidenses] muertos y más de 50.000 heridos— ha sido soportado en gran medida por uno por ciento de nuestra población”.

Trump sin duda había visto la cobertura del Time de la guerra cuando tuiteó el lunes: “¡La misma gente que nos metió en Oriente Próximo nos quiere mantener ahí! ¡Las guerras interminables terminarán!”. Los demócratas están creando las condiciones políticas para que Trump se pinte fraudulentamente como un presidente antibélico.

El carácter reaccionario de la oposición del Partido Demócrata a Trump se ha expresado de la manera más explícita en las páginas del New York Times.

En un editorial intitulado “Trump acaba de crear un desastre moral y estratégico”, el Times se queja de que la decisión de Trump de sacar 1.000 tropas estadounidenses del noreste sirio “tiene tan poco sentido estratégico como moral”, mientras que insiste que el “statu quo” de una ocupación imperialista ilegal de un país excolonial de Oriente Próximo “era completamente sostenible”.

El Times declara que “Mil decisiones llevaron a EUA a hallarse siendo el árbitro de la frontera entre Siria y Turquía”, pero solo una decisión “abrupta” de Trump “ha llevado al caos y desangramiento que se ha derramado por la región en los últimos días”.

Los editores del Times hacen caso omiso al hecho de que cada una de estas “mil decisiones” que llevó al despliegue ilegal de tropas estadounidenses en Siria se tomó a espaldas del pueblo estadounidense.

El lamento del editorial por “el caos y desangramiento que se ha derramado por la región” es totalmente hipócrita. ¿Cuál atención les dio el New York Times a las decenas de miles de sirios masacrados en la llamada guerra contra el Estado Islámico en la que la milicia kurda YPG fue utilizada como una fuerza indirecta terrestre para la guerra aérea estadounidense que redujo la ciudad siria de Raqqa y otras ciudades a escombros? ¿Cuál inquietud mostró este “diario de referencia” sobre los centros de detención en que los milicianos kurdos vigilaron a unos 11.000 prisioneros, algunos de apenas 12 años, que se encontraban hacinados como sardinas en el suelo de celdas improvisadas y sometidos casi a la inanición?

O, si vamos al caso, ¿cuál “lamento” se le atribuyó al Gobierno de Obama por iniciar una guerra de cambio de régimen utilizando las mismas milicias islamistas patrocinadas por la CIA —entonces retratadas como “rebeldes” prodemocráticos— y que ahora están combatiendo junto al ejército turco contra la milicia kurda? ¿O al hecho de que la guerra haya matado aproximadamente 500.000 sirios, desplazado a la mitad de la población del país y enviado a millones al exilio?

La violencia siendo infligida contra el pueblo kurdo en Siria es trágico. Sin embargo, el papel desempeñado por los líderes nacionalistas burgueses kurdos ha sido miope y criminal. Una vez más, se alinearon con el imperialismo esperando ganar apoyo para componer un Estado kurdo étnico. Los resultados eran completamente predecibles. Como lo declaró famosamente Henry Kissinger después de traicionar a los kurdos tras el acuerdo de 1975 entre el sha de Irán y Sadam Huseín de Irak, “Las acciones encubiertas no se deben confundir con trabajo misionero”.

En la parte más desdeñable del editorial, el New York Times coloca la acción de Trump en el contexto de una historia estadounidense “plagada de momentos de una vez aliados siendo abandonados a su suerte—la invasión de la Bahía de Cochinos; la caída de Vietnam del Sur…”.

El hecho de que el Times presente Bahía de Cochinos o la caída de Saigón como ejemplos de “traiciones” de Washington rinde testimonio del drástico giro hacia la derecha en la prensa exliberal.

En 1961, el presidente John F. Kennedy, tras recibir garantías de la CIA de que no iba a ser necesario el apoyo de EUA, aprobó la invasión de Cuba por parte de mercenarios que había planeado su predecesor, Dwight Eisenhower. Sin embargo, cuando quedó claro que los mercenarios estaban atrapados en la costa de la Bahía de Cochinos y que la invasión había sido un fiasco, la CIA presionó a Kennedy para que se comprometiera a enviar la fuerza aérea estadounidense y salvar la invasión.

El director de la CIA, el infame Allen Dulles, asumió que Kennedy se doblegaría ante el chantaje de la agencia para evitar una humillante derrota. Pero, temiendo desencadenar un enfrentamiento de la Guerra Fría con la Unión Soviética, Kennedy decidió no transformar una aventura mal planificada en una guerra estadounidense de plena escala para cambiar el régimen en Cuba. En ese entonces, la acción de Kennedy fue vista entre los demócratas liberales como un rechazo valiente de la política arriesgada de la CIA. Ahora, el Times presenta la acción de Kennedy como una traición.

Después del fiasco de la Bahía de Cochinos, se ha reportado que Kennedy dijo que le gustaría poder “desgarrar la CIA en miles de pedazos y dispersarlos en el viento”. Dos años y medio después de esta declaración, fue asesinado. Para muchos, el asesinato de Kennedy después de dicha “traición” no fueron una coincidencia.

En cuanto a Vietnam, para la vasta mayoría de la población estadounidense, las humillantes circunstancias de la retirada estadounidense de Saigón en abril de 1975 fueron un final apto para una guerra criminal.

Al reescribir esta historia, el Times pone de manifiesto el bandazo a la derecha de la élite gobernante estadounidense y de la base de lectores del propio periódico de la adinerada clase media-alta y los ricos.

Hoy día, el Partido Demócrata es el vocero de la CIA, diseñando completamente sus investigaciones a puerta cerrada del juicio político contra Trump para servir las inquietudes de las agencias de inteligencia de que la Casa Blanca haya adoptado una política exterior abiertamente conciliatoria hacia Rusia.

Todas las organizaciones pseudoizquierdistas originadas en los movimientos de protesta de la clase media en los años sesenta y setenta pueden describirse sin exageración como proimperialistas. Se han encarrilado detrás de los demócratas y justificado las guerras de agresión en nombre de los “derechos humanos” y de las supuestas “revoluciones democráticas”.

Grandes sectores de la clase obrera y la juventud son hostiles al Gobierno de Trump, pero no ven ninguna alternativa dentro del bando de los belicistas demócratas.

Si la lucha contra Trump ha de ser exitosa. Necesita ser organizada independientemente y en oposición al Partido Demócrata. Su objetivo no puede ser la defensa de la “seguridad nacional” según lo definen la CIA y Wall Street, sino la lucha por el socialismo y la unidad de la clase obrera internacional.

(Publicado originalmente en inglés el 16 de octubre de 2019)

Bill Van Auken