La radicalización global de la juventud y la lucha por el socialismo

31 octubre 2019

Por todo el mundo, en países tan culturalmente distintos como Ecuador, Líbano, Francia, Alemania, Estados Unidos, Irak, Chile y Haití, una nueva generación de jóvenes de clase trabajadora está haciendo su poderosa entrada en el campo de batalla de la lucha de clases global.

Refiriéndose al alcance internacional de las recientes manifestaciones de masas, Simon Tisdall del Guardian escribió recientemente: “Las protestas de cada país tienen diferentes detalles, pero los recientes levantamientos parecen compartir un factor clave: la juventud… Este fenómeno global de aspiraciones juveniles incumplidas está creando bombas de tiempo políticas. Cada mes en India, un millón de personas llega a los 18 años y se puede registrar para votar. En Oriente Próximo y el norte de África, aproximadamente 27 millones de jóvenes entrarán en la fuerza laboral dentro de los próximos cinco años”.

Nacidos a partir de los años noventa, los jóvenes de hoy comparten experiencias que desmienten todas las afirmaciones de que la disolución de la Unión Soviética marcaría el “fin de la historia” y de que los jóvenes crecerían en un mundo marcado por el triunfo de la democracia liberal y la ausencia de la lucha de clases y las guerras.

Estudiantes de la Universidad de Wayne State en Detroit, Michigan

Millones de jóvenes se están manifestando porque el statu quo capitalista se ha vuelto intolerable. No protestan por cuestiones de raza, género o identidad personal, sino por definir la distribución de los recursos de la sociedad. Están rechazando las divisiones del sectarismo religioso y están arriesgando sus vidas contra la represión estatal porque encaran las mismas problemáticas históricas e irresueltas que se presentaron en el siglo veinte: las guerras imperialistas, la reacción fascista, las crisis financieras y la desigualdad social masiva. Por encima de todo esto, está el espectro de una catástrofe climática.

Los jóvenes menores de treinta años componen más de la mitad de la población mundial y más del 65 por ciento de las regiones de mayor crecimiento demográfico: África subsahariana, Oriente Próximo, el sur y sureste asiáticos.

El proceso de radicalización de los jóvenes no está relegado al mundo en desarrollo. Las transformaciones tecnológicas representadas por los celulares y las redes sociales están harmonizando la perspectiva política de los jóvenes de clase trabajadora en todo el mundo.

En Estados Unidos, una encuesta de la anticomunista Fundación Memorial de las Víctimas del Comunismo reportó esta semana que el 70 por ciento de los jóvenes entre 23 y 28 años dijo que votaría por darle el poder a un candidato socialista. Las encuestas en toda Europa muestran que el apoyo entre los jóvenes a una revolución social está aumentando. Este verano, millones se manifestaron en América del Norte y Europa en oposición al desastre ambiental.

La clase gobernante percibe la radicalización de la generación más joven de trabajadores como una amenaza existencial para el sistema capitalista. La clase capitalista emplea a un ejército de expertos y analistas para defender el sistema ante el hecho de que “los adultos jóvenes entre 20 y 29 años son particularmente susceptibles a una radicalización”, en palabras de un documento estratégico de un centro de pensamiento en 2013.

Otro estudio de un centro de pensamiento intitulado “Desarrollo económico y desestabilización sociopolítica” advierte de manera similar:

“El crecimiento impetuoso de la población joven exige la creación de enormes cantidades de nuevos empleos, lo cual es un serio problema económico, mientras que el aumento en el desempleo juvenil puede tener efecto desestabilizante fuerte, creando un ‘ejército’ de posibles participantes de varios levantamientos políticos, incluyendo guerras civiles, revoluciones y colapsos estatales”.

Sin embargo, la aristocracia financiera está acaparando la riqueza del mundo y no está proveyendo suficientes trabajos, educación gratuita, atención médica y viviendas. El mismo estudio de 2018 continúa: “La juventud compone la mayor parte de los migrantes rurales-urbanos, así que el ‘abultamiento juvenil’ y la intensa urbanización interactúan para generar un efecto particularmente desestabilizante” respecto a la clase obrera en general. “No es solo que la parte con mayores inclinaciones radicales de la población esté creciendo en números, sino que se está concentrando en importantes ciudades/centros políticos”.

El imperialismo estadounidense se está preparando diligentemente para suprimir la radicalización de la clase obrera.

Una sección del reporte “Desafíos de gobierno en el mundo de 2030 a 2050: jóvenes, desempleados, urbanos y enojados” del Grupo de Estudios sobre el Futuro del Ejército de EE. UU. de 2018 argumenta que “las características demográficas, el crecimiento de la desigualdad, la influencia de las megaciudades y la posibilidad de una nueva o al menos mayor competición por recursos” significa que existe la “posibilidad real de más fracasos estatales” a corto plazo.

El poder social e ingenio de los jóvenes y estudiantes en el mundo son una gran fuente de fuerza para la clase obrera en la lucha revolucionaria por el poder que se avecina. Los jóvenes son un barómetro. Después de décadas de supresión de la lucha de clases, la radicalización de los jóvenes es un claro indicio de un movimiento más amplio de la clase obrera a escala internacional.

La cuestión crítica es el desarrollo de una dirección revolucionaria e impartirles una perspectiva política e histórica a estas luchas emergentes. Los jóvenes deben enraizar sus actividades revolucionarias en las cruciales experiencias revolucionarias y contrarrevolucionarias de la clase obrera en el siglo veinte y las primeras dos décadas del siglo veintiuno.

El movimiento trotskista —representado hoy por el Comité Internacional de la Cuarta Internacional (CICI) y los Partidos Socialista por la Igualdad— es la única tendencia política en el mundo que encarna esta historia. El CICI remonta su historia a la Revolución rusa de 1917, cuando la clase obrera, bajo la dirección del Partido Bolchevique liderado por Vladimir Lenin y León Trotsky, tomó el poder por primera vez en la historia.

En la actualidad, millones de jóvenes se están rebelando contra las políticas promulgadas por los partidos estalinistas, socialdemócratas, nacionalistas burgueses, exguerrilleros y maoístas, los cuales han abandonado casi toda referencia al socialismo. Los trabajadores y jóvenes se oponen correctamente a sus programas procapitalistas y nacionalistas. Como lo previó Trotsky, “los grandes eventos que caerán sobre la humanidad no dejarán a estas organizaciones caducas ninguna piedra sobre la otra”.

Otra fuerza, la clase obrera, está regresando a la palestra histórica. Los jóvenes revolucionarios deben orientarse hacia esa fuerza, armándose por medio de la asimilación de las lecciones de las luchas pasadas, desarrollando así la necesaria conducción política. El World Socialist Web Site urge a todos los jóvenes a que asuman la lucha por el socialismo uniéndose hoy a los Jóvenes y Estudiantes Internacionales por la Igualdad Social.

(Publicado originalmente en inglés el 30 de octubre de 2019)

Eric London