La expansión del escándalo de corrupción del UAW y el caso a favor de comités de base

9 noviembre 2019

Los trabajadores automotores en Estados Unidos se enfrentan a una situación extraordinaria. El sindicato United Auto Workers está intentando actualmente aprobar un contrato en Ford basado en el acuerdo utilizado para acabar la huelga en General Motors a fines del mes pasado. El miércoles, un abrumador voto en contra del contrato por parte de los trabajadores en la armadora de Ford en Chicago demostró la voluntad de los trabajadores a luchar.

Al mismo tiempo, el presidente del UAW, Gary Jones, se enfrenta a cargos criminales inminentes por robarles el dinero de cuotas a los trabajadores, como parte de un escándalo de corrupción cada vez más amplio que ya derribó a muchos altos ejecutivos y funcionarios.

El caso a favor de formar organizaciones independientes, comités de base, que representen los intereses de los trabajadores no podría ser más claro. El UAW no es una organización obrera, sino una asociación de criminales que se beneficia de la mayor explotación de los trabajadores que dice representar.

La más reciente imputación contra Jones parece el guion de una nueva versión de El Padrino. En conversaciones presuntamente grabadas por medio de aparatos instalados secretamente, Jones y sus asociados discutieron cómo encubrir el robo de cuotas de los miembros, incluso prometiéndole a un socio que su familia sería “cuidada” en caso de que tuviera que asumir la culpa.

La semana previa a la convocatoria de la huelga en GM por parte del UAW, cuyo objetivo era debilitar a los trabajadores hambreándolos en las líneas de huelga para imponer la traición planeada, el Boletín de los Trabajadores Automotores del WSWS escribió: “Si están negociando algo, son sus acuerdos judiciales”. Los acontecimientos más recientes de muestran que esto no era una exageración retórica, sino que expresaba las preocupaciones reales de la burocracia.

Los trabajadores deben considerar nulos e inválidos los contratos en GM y, si el UAW logra imponerlos ante la oposición masiva, en Ford y Fiat Chrysler. Estos acuerdos y los que les precedieron han sido alcanzados por un aparato corrupto que ahora se sabe que robó millones de dólares en cuotas, además de decenas de millones de sobornos de las empresas lavados por medio de los centros de capacitación conjuntos de las empresas y el UAW.

La corrupción del UAW, por más significativa que sea, no es la causa de las traiciones, sino el producto de la función y forma social de los sindicatos, así como la manera en que los sindicatos responden a la ofensiva de la clase obrera desde hace cuatro décadas.

Como lo explicó en 1998 David North, presidente del Consejo Editorial Internacional del WSWS, la divergencia de las operaciones reales de los sindicatos y su función teórica como organizaciones defensivas de la clase obrera es “el resultado de la función objetiva socioeconómica de los sindicatos. Al basarse sobre las relaciones de producción capitalistas, la misma esencia de los sindicatos los obliga a adoptar una actitud fundamentalmente hostil hacia la lucha de clases”.

“Al dedicar sus esfuerzos a asegurar contratos con los patronos que fijan el precio de la fuerza de trabajo y determinan las condiciones generales en que la plusvalía se le extrae a los obreros, los sindicatos se ven obligados a garantizar que sus miembros suministren su fuerza de trabajo según las condiciones impuestas por los contratos que se han negociado”.

No obstante, la defensa de la legalidad capitalista significa la supresión de la lucha de clases. “Es por esto por lo que los sindicatos, debido a su naturaleza, terminan por socavar su propia habilidad para lograr incluso los objetivos limitados a los que oficialmente se dedica” (¿Por qué son hostiles los sindicatos al socialismo?)

La hostilidad de los sindicatos a la lucha de clases está estrechamente vinculada a su perspectiva nacionalista. En cada país, los sindicatos se dedican a defender a “su propia” sección nacional de capitalistas ante la competición extranjera y utilizan a los trabajadores en otros países como chivos expiatorios por os despidos y recortes salariales.

Los nacionalistas y procapitalistas sindicatos respondieron al declive del capitalismo estadounidense y al giro derechista de las clases gobernantes en los años setenta y ochenta colaborando activamente con la gerencia para aislar las huelgas, victimizar a los trabajadores militantes y suprimir artificialmente toda oposición al crecimiento de la desigualdad social.

Han pasado cuatro décadas desde que el UAW se unió por primera vez a la junta directiva de Chrysler y comenzó a ayudarles a las empresas a despedir a decenas de miles de trabajadores, comenzando por los más militantes. A mediados de los años ochenta, el UAW comenzó el proceso de establecer estructuras conjuntas de los sindicatos y las empresas, integrándose cada vez más estrechamente en el marco de la gerencia empresarial con base en la doctrina del corporativismo, es decir, la supuesta identidad de intereses de la gerencia y los trabajadores.

Este nexo fue encarnado en la transformación del UAW en “UAW-GM”, “UAW-Ford” y “UAW-Chrysler”. Sin embargo, la identidad de intereses no era entre los trabajadores y la gerencia, sino entre el UAW y la gerencia contra los trabajadores. La flagrante corrupción de los ejecutivos del UAW, la facilidad con la que se pasaban dinero y regalos entre la empresa y el sindicato, se debe a que ambas organizaciones están en el mismo bando.

Durante el último medio siglo, no ha habido una falta de movimientos reformistas dentro de los sindicatos —los Teamsters por un Sindicato Democrático, los Mineros por Democracia, Trabajadores Siderúrgicos Resisten, Nuevas Direcciones del UAW— cuyo objetivo manifiesto era “democratizar” los sindicatos u oponerse a la corrupción y al “burocratismo”. Pero cada uno de ellos, donde sea que hayan conseguido puestos, solo han logrado crear una nueva generación de burócratas que son, más bien, más hostiles a los intereses de los trabajadores que los burócratas antiguos.

Aquellos que afirman hoy que todo sería diferente si tan solo fueran ellos los que dirigieran Solidarity House (la sede del UAW) y tuvieran control de los vastos recursos financieros de la burocracia están perpetrando el mismo fraude que los trabajadores han visto una y otra vez.

Los trabajadores necesitan sospechar aún más de cualquier reformista en potencia aclamado en las páginas del Detroit Free Press y los otros medios corporativos. Los autores de tales artículos huecos que promueven a “reformistas” autoproclamados procuran mantener a los trabajadores encadenados al UAW.

Son particularmente insidiosas las declaraciones de que los trabajadores deben seguir pagando sus cuotas al UAW. En un lenguaje claro, esto significa que los trabajadores deben seguir financiando los estilos de vida a los que la burocracia está acostumbrada, con sus interminables juegos de golf, champaña al gusto de los zares y villas de invierno, mientras los trabajadores automotores se ven obligados a pasar hambre en los piquetes.

El World Socialist Web Site y el Partido Socialista por la Igualdad llama a la formación de comités de base independientes. Tales comités excluirán a todos los oficiales sindicales actuales o previos y serán organizados y encabezados por los propios trabajadores desde las plantas, sin oficiales ni burócratas a tiempo completo.

A diferencia de los sindicatos, que defienden los “derechos de la gerencia” incluyendo el supuesto “derecho” a hacer ganancias, los comités de base comenzarán por los derechos y necesidades de la clase obrera, los cuales son fundamentalmente incompatibles con los intereses de los capitalistas. Dichos comités, una vez que sean establecidos, funcionarán como el medio para que los trabajadores ejerzan control sobre la producción y establezcan una democracia industrial auténtica.

Finalmente, los comités de base estarán basados en el principio del internacionalismo y la identidad de los intereses de todos los trabajadores. El enorme apoyo mutuo entre los trabajadores automotores estadounidenses y mexicanos durante la huelga de GM demuestra que los intereses de la clase obrera son los mismos en cada país y que los trabajadores en los diferentes países han sido conectados más que nunca por medio de la producción global y comparten el mismo destino.

La organización de dichos comités no ocurrirá espontáneamente. Debe estar preparados y guiados por un núcleo de los trabajadores más dedicados y con consciencia de clase, quienes ya comenzaron a analizar las cuestiones fundamentales de perspectiva.

Ante todo, lo que se necesita es que una sección decisiva de trabajadores haya sido educada en los principios del socialismo, lo contrario a las adulaciones del UAW de las coporaciones. La historia de la lucha de clases demuestra que la presencia de incluso un pequeño conjunto de trabajadores de tendencia socialista tiene implicancias vastas para el resultado de las luchas de cientos de miles.

El Partido Socialista por la Igualdad y el World Socialist Web Site están listos para asistir a los trabajadores preparados para tomar este primer y necesario paso. Contáctenos hoy al autoworkers@wsws.org.

(Artículo publicado originalmente en inglés el 8 de noviembre de 2019)

Tom Hall