Derrota de partidos pro-Beijing en las elecciones distritales de Hong Kong

por Peter Symonds
3 diciembre 2019

Las elecciones en Hong Kong del 24 de noviembre para los consejos distritales o locales del territorio resultaron en una victoria decisiva para lo que se describe ampliamente como el campo prodemocrático, que ganó alrededor de 390 de 452 escaños y tomó el control de 17 de los 18 consejos. Antes de las elecciones, no controlaba ninguno de los consejos.

En medio del continuo movimiento de protestas masivas, las elecciones, que generalmente se centran en asuntos locales, se convirtieron en un referéndum de facto sobre las políticas antidemocráticas de Beijing y sus títeres en la Administración de Hong Kong. La participación fue un récord de 2,94 millones de votantes o el 71,2 por ciento de los votantes registrados, frente al 47 por ciento en las elecciones de distrito anteriores en 2015.

Muchos votantes jóvenes se encontraban entre los 390.000 votantes recién registrados que llevaron el total del electorado a 4,12 millones. Además, la elección fue muy disputada, y el campo prodemocrático se aseguró de postular candidatos para todos los escaños. En 2015, 68 candidatos fueron elegidos sin oposición.

Los medios de comunicación de todo el mundo aprovecharon los resultados para proclamar un respaldo abrumador a las demandas de las protestas. El South China Morning Post, con sede en Hong Kong, declaró que un "tsunami de desafección" había arrasado la ciudad. El New York Times declaró que la votación demostró "una sorprendente señal de apoyo a las protestas", mientras que un comentario en el Washington Post proclamó que las elecciones "habían enviado un mensaje significativo a los gobernantes de China".

Si bien la votación ciertamente reveló amplias aspiraciones democráticas populares, también expuso una ciudad fuertemente polarizada políticamente. El voto general para el campo prodemocrático fue del 55 por ciento, frente al 41 por ciento de los partidos pro-Beijing, pero el sistema de votación que concede la victoria al primer puesto les garantizó una gran cantidad de escaños. El 4 por ciento restante fue a independientes no afiliados.

Para el régimen del Partido Comunista Chino (PCCh) en Beijing, la votación es sin duda un duro golpe, ya que ha tratado de retratar el movimiento de protestas masivas como el trabajo de unos pocos agitadores, o la "mano negra" de Washington. El mayor partido pro-Beijing, la Alianza Democrática para el Mejoramiento y la Prosperidad de Hong Kong (DAB), obtuvo solo 21 de los 119 escaños que ganó en 2015. La Federación de Sindicatos de Hong Kong (FTU), que está estrechamente alineada con Beijing, perdió todos menos cinco de sus 27 escaños previos.

El número total de escaños ocupados por el campo pro-Beijing se redujo de aproximadamente 300 a 60. Destacadas figuras opuestas a las protestas como Junius Ho, quien expresó su apoyo al ataque de los gánsteres de la tríada contra los manifestantes, fueron depuestos. El Nuevo Partido Popular formado por Regina Ip, miembro de alto nivel del Consejo Ejecutivo y también del Consejo Legislativo, no logró ganar un escaño.

Si bien la oposición ganó el control de los consejos de distrito, un examen más detallado de los resultados revela una amplia agrupación política dispar en la que los "independientes" nominalmente prodemocráticos y los pequeños partidos y asociaciones obtuvieron la abrumadora mayoría de los escaños.

Las cifras varían ligeramente dependiendo de quién se cuenta en qué banco. Pero, de acuerdo con el desglose detallado de Wikipedia, 134 "independientes demócratas y otros" ganaron un asiento, en comparación con 91 para el Partido Demócrata y 32 para el Partido Cívico, los dos partidos más grandes en el grupo prodemocrático. En total, 39 partidos ganaron escaños bajo la bandera prodemocrática, incluidos 17 que obtuvieron solo un escaño y otros 15 que ganaron entre dos y cinco escaños.

Si bien las lealtades distritales probablemente contribuyeron al carácter fragmentado del campo prodemocrático, también refleja la enajenación popular, particularmente entre los jóvenes, con los partidos de oposición establecidos. El Partido Demócrata solo obtuvo 99 de los 452 escaños y el Partido Cívico 36. Si bien esto fue sin duda parte de los acuerdos de no competencia antes de las elecciones, ambos partidos han perdido apoyo y han sufrido divisiones en su existencia relativamente corta.

A pesar de los intentos de retratar a Hong Kong como una democracia floreciente antes de su entrega a China en 1997, la colonia británica fue gobernada por un gobernador colonial designado con pocos adornos democráticos. Fue solo después de la firma de la Declaración Conjunta sino-británica en 1984 que Londres inyectó un elemento de democracia en el Consejo Legislativo y los consejos de distrito, que eran nombrados previamente.

El Consejo Legislativo sigue siendo un órgano no representativo en el que solo la mitad de los 70 escaños son elegidos directamente. Los 35 restantes provienen de una gran cantidad de circunscripciones funcionales: una serie de grupos profesionales, sectores económicos y sindicatos junto con los consejos de distrito que aseguran el dominio de las élites gobernantes de la ciudad. La primera elección directa al Consejo Legislativo solo tuvo lugar hasta 1991.

Los consejos de distrito, que se establecieron en 1999, tienen una historia antidemocrática similar. Sus precursores inmediatos fueron las juntas de distrito creadas en 1982 como órganos administrativos, compuestos inicialmente solo por miembros designados y funcionarios del Gobierno. Aunque la mayoría de los escaños del consejo de distrito se eligen directamente, algunos aún son nombrados.

La Administración de Hong Kong está dirigida por la directora ejecutiva, actualmente Carrie Lam, quien, como el anterior gobernador colonial, tiene poderes radicales. Si bien no fue designada directamente por Beijing como pasaba con Reino Unido, es "elegida" por un comité electoral dominado por miembros designados por Beijing. La directora ejecutiva nombra al comité ejecutivo que funciona como un gabinete que controla los órganos del Estado y presenta la legislación.

La demanda central de las protestas de 2014, el llamado movimiento de "ocupación" o paraguas, fue el llamado a la elección directa de la directora ejecutiva, una demanda que Beijing rechazó rotundamente. A raíz de las protestas, una figura clave en el movimiento de "ocupación", Benny Tai, pidió una campaña concertada prodemocrática para las elecciones de 2019 para los consejos de distrito, que tienen 117 escaños en el comité electoral de 1.200 miembros para el director ejecutivo.

Las cinco demandas de las protestas actuales incluyen elecciones directas por sufragio universal. Las otras incluyen la eliminación de la legislación que permite la extradición a China continental, una investigación independiente sobre la violencia policial, el fin de la calificación de las protestas del 12 de junio como "disturbios" y una amnistía para los arrestados en ese momento. Estas demandas fueron redactadas por el conservador Frente Civil de Derechos Humanos, un grupo de 48 ONG, partidos prodemocráticos, organizaciones estudiantiles y sindicatos.

El carácter limitado de estas demandas refleja la política de los principales partidos prodemocráticos, sobre todo el Partido Demócrata y el Partido Cívico, junto con sus aliados, incluidas las organizaciones estudiantiles y los partidos que surgieron de las protestas de 2014. El Partido Demócrata, formado en 1994, y el Partido Cívico, establecido por un grupo de abogados en 2006, representan capas empresariales y de las clases medias preocupadas de que sus intereses estén amenazados por la creciente intrusión de Beijing en Hong Kong.

Al mismo tiempo, estos sectores de la élite de Hong Kong temen profundamente que las protestas puedan desencadenar un movimiento más amplio de la clase trabajadora. Como resultado, sus representantes políticos buscan restringir las demandas de protesta, presionar a los partidos pro-Beijing y a la directora ejecutiva para que hagan concesiones, y buscan apoyo en la "comunidad internacional", sobre todo el imperialismo estadounidense.

Una lucha genuina por la democracia en Hong Kong significa inevitablemente la movilización de la clase trabajadora en el territorio y en toda China, la única fuerza social que es capaz de derrocar al opresivo régimen del PCCh en Beijing como parte de la lucha internacional por el socialismo. Pero en ausencia de un partido político que luche por una perspectiva socialista e internacionalista, el movimiento de protesta está acorralado por partidos procapitalistas que se están orientando cada vez más a Washington.

Las elecciones de distrito revelaron la gran desafección, no solo con la Administración pro-Beijing de Hong Kong, sino con toda la élite política. Sin embargo, el movimiento de protesta está siendo llevado a un callejón sin salida peligroso, como lo demuestran las protestas del fin de semana pasado, agitando la bandera estadounidense y aclamando al presidente estadounidense Trump una vez más. Los manifestantes no deben orientarse al ultraderechista Trump, sino a la clase trabajadora, en primer lugar, en China, sobre la base de una alternativa socialista.

(Publicado originalmente en inglés el 2 de diciembre de 2019)