Los trabajadores necesitan un programa socialista internacionalista contra el régimen autoritario y anticomunista de Rajapakse en Sri Lanka

por Partido Socialista por la Igualdad (Sri Lanka)
9 diciembre 2019

Desde que ganó las elecciones presidenciales del 16 de noviembre en Sri Lanka, Gotabhaya Rajapakse apresurado a concentrar poder gubernamental en sus manos. Intimidó al primer ministro derechista del Partido Nacional Unido (UNP, todas las siglas en inglés) para que renunciara, luego nombró a su hermano, el expresidente Mahinda Rajapakse, como jefe del Gobierno minoritario del partido Sri Lanka Podujana Peramuna (SLPP).

Ha mantenido a las fuerzas armadas en alerta y a principios de esta semana prorrogó el Parlamento durante un mes. A menos que pueda improvisar una mayoría mediante tratos y sobornos, Rajapakse tiene la intención de mantener el Parlamento cerrado, al menos la mayor parte del tiempo, hasta que obtenga el poder constitucional para disolverlo y convocar elecciones anticipadas para marzo. Su objetivo, como ha dicho francamente, es asegurar la mayoría parlamentaria de dos tercios necesaria para derogar una enmienda constitucional clave y otorgarse poderes autoritarios amplios.

Estos pasos antidemocráticos están dirigidos no solo contra los rivales de Rajapakse dentro de una élite esrilanquesa amargamente dividida y en crisis. Su blanco principal es la clase trabajadora.

Rajapakse es muy consciente de que la burguesía de Sri Lanka se encuentra encima de un barril social de pólvora, que además ha comenzado a explotar. Los últimos 18 meses han sido testigos de la ola de huelgas más importante desde 1980, cuando el Gobierno de UNP liderado por J.R. Jayewardene aplastó la huelga general que había estallado en contra de su giro hacia las políticas de "libre mercado" y "proinversores".

Durante la campaña electoral, los sindicatos lograron cerrar las huelgas. Pero antes de que la presidencia de Gotabhaya Rajapakse tuviera incluso 10 días, estallaron huelgas que involucraban a miles de trabajadores de las plantaciones contra los salarios de pobreza y el aumento de las cargas de trabajo.

Estas luchas iniciales apuntan a la furia que se ha desarrollado durante muchos años dentro de la clase trabajadora por el aumento de los precios, el desempleo y el subempleo masivo, la privatización y la ruina de los servicios públicos.

A pesar de las promesas electorales demagógicas de Rajapakase de aumentar el gasto social, él y su Gobierno del SLPP se verán impulsados por el descenso del crecimiento económico y las exportaciones, y por el aumento de la deuda corporativa y gubernamental a intensificar dramáticamente el asalto a la clase trabajadora y los trabajadores rurales. Los trabajadores ya se están rebelando contra la austeridad dictada por el Fondo Monetario Internacional. Sin embargo, Colombo le ha prometido al FMI que reducirá a la mitad el déficit fiscal de este año del 7 por ciento del PIB al 3,5 por ciento para 2020.

La creciente resistencia de la clase trabajadora es el elemento más importante en una crisis más amplia de gobierno burgués que ha llevado a todas las facciones de la burguesía, no menos al anterior Gobierno de "unidad nacional" bajo Sirisena-Wickremesinghe, a atacar cada vez más los derechos democráticos.

La élite política de Colombo también se ve afectada por la agudización rápida de las tensiones geopolíticas. Debido a que Sri Lanka cuenta con las rutas marítimas más importantes del océano Índico, el imperialismo estadounidense está decidido a transformarlo en un Estado de primera línea en su ofensiva militar-estratégica contra China, una ofensiva cuya lógica conduce a una guerra nuclear. Con ese fin, Washington ha intervenido repetidamente en la lucha de facciones dentro de la élite gobernante de Sri Lanka, especialmente ayudando a orquestar la expulsión de Mahinda Rajapakse en las elecciones presidenciales de enero de 2015.

El secretario de Estado de EE. UU., Mike Pompeo, ya notificó a Gotabhaya Rajapakse que Washington espera que Sri Lanka se le una para "fomentar una región libre y abierta del Indo-Pacífico", un eufemismo para la dominación imperialista de la región. Sin duda, esto incluye la firma oportuna y la activación del Acuerdo de Estado de Fuerzas (SOFA) pendiente entre EE. UU. y Sri Lanka, que según los informes abre la puerta al establecimiento de bases militares estadounidenses y proporcionará inmunidad legal a todo el personal estadounidense en la isla.

Además, no se ha resuelto ninguno de los problemas que dieron lugar a la guerra civil contra los tamiles, la cual duró 30 años.

Sirviendo como secretario de defensa bajo su hermano presidente, Gotabhaya Rajapakse presidió la masacre de decenas de miles de civiles tamiles con la que terminó la guerra civil en abril-mayo de 2009. Durante la campaña electoral presidencial, promovió descaradamente el supremacismo budista mientras se promocionaba como el principal defensor de los "héroes" del ejército implicados en atrocidades de guerra. En su discurso presidencial inaugural, Rajapakse les mostró a las minorías tamiles y musulmanas un puño velado. Afirmó que está a favor de la "reconciliación", aunque señaló que no había necesitado los votos de las minorías para ganar las elecciones.

Mientras tanto, la Alianza Nacional Tamil (TNA) y los otros partidos burgueses tamiles que surgieron de las cenizas de la organización separatista Tigres de Liberación del Eelam Tamil (LTTE) han tratado de encarrilar a las masas tamiles detrás de los rivales de Rajapakse dentro de la élite dominante cingalesa. Han estado entre los defensores más vociferantes de los lazos estrechos con el imperialismo estadounidense, con la esperanza de que Washington respalde sus llamamientos a un mayor "poder compartido", es decir, un mayor acceso al poder y a los privilegios.

Los medios corporativos afirman que los 6,9 millones de votos de Gotabhaya Rajapakse (52 por ciento) constituyen un "mandato masivo". Esto es una mentira, una mentira que se propaga para intimidar a la clase trabajadora y las masas oprimidas y legitimar el recurso del Gobierno a la represión estatal cuando se enfrenta a la oposición popular.

El voto por Gotabhaya Rajapakse fue en gran parte un voto de protesta por parte de los trabajadores y los pobres, especialmente en el sur rural, contra la Administración de derecha del presidente Maithripala Sirisena y el primer ministro Ranil Wickremesinghe. Su Gobierno fue ampliamente despreciado por su imposición de la austeridad del FMI y los ataques a los derechos democráticos.

Dicho esto, los resultados electorales ponen de manifiesto una aguda crisis de liderazgo y perspectiva de la clase trabajadora.

En medio de luchas sociales cada vez más frecuentes y explosivas, luchas que han unido a trabajadores y jóvenes cingaleses, tamiles y musulmanes y que evidencian el poder social de la clase trabajadora, la mayoría de los trabajadores se alinearon electoralmente detrás de uno u otro de los dos principales campos reaccionarios de la élite política.

El UNP es un partido inmerso en el comunalismo. Lanzó la guerra civil antitamil y la libró durante más de una década en el poder. Sin embargo, la mayoría de los votantes de las minorías votaron por Sajith Premadasa de la UNP, él hijo de un notorio expresidente chauvinista cingalés de Sri Lanka, con el argumento de que era el "mal menor".

La clase trabajadora y las masas oprimidas pronto entrarán en un conflicto directo con el Gobierno del SLPP liderado por Rajapakse.

Para prevalecer, deben liberarse del marco político capitalista comunal y de la política de "votos de protesta" y "males menores".

Ninguno de los problemas urgentes que enfrentan los trabajadores puede abordarse seriamente y mucho menos resolverse en el marco del capitalismo, un orden socioeconómico anticuado que subordina todas las necesidades sociales al enriquecimiento de una pequeña oligarquía capitalista y amenaza a la humanidad con una guerra mundial, a medida que las potencias grandes e imperialistas rivales se disputan los mercados, los recursos y las ventajas estratégicas.

La burguesía de Sri Lanka está sumida en una crisis y se ha visto claramente estremecida por el crecimiento de la oposición social. Pero retiene el control de la economía y un gran aparato represivo estatal, y puede contar con el apoyo de Nueva Delhi y Washington para defender su Gobierno. A menos que y hasta que la clase trabajadora no se constituya como una fuerza política independiente y reúna a los explotados y pobres de las zonas rurales detrás de ella en la lucha por el poder obrero, la burguesía del país podrá seguir adelante con su ofensiva de guerra de clases. Esto implicará maniobras políticas, represión estatal, la incitación del comunalismo y, algo no menos crucial, su uso de los sindicatos procapitalistas y varios partidos de "izquierda", desde el chauvinista cingalés Janatha Vimukthi Peramuna hasta el Nava Sama Samaja Party (NSSP) y Frontline Socialist Party (FSP), para desactivar la oposición social y atarla al marco estéril de la política capitalista electoral y de protesta.

El Partido Socialista por la Igualdad intervino en las elecciones presidenciales, colocando a Pani Wijesiriwardena como su candidato, precisamente para proporcionarle al incipiente movimiento de masas de la clase obrera el programa socialista internacionalista y el liderazgo político revolucionario que requiere para transformarse en una ofensiva política por un Gobierno de los trabajadores y campesinos y la transformación socialista de la sociedad.

De Mahinda a Gotabhaya Rajapakse: las lecciones del ascenso y la caída del Gobierno de Sirisena-Wickremesinghe

Una parte crucial de la preparación política de la clase obrera para el próximo choque con el Gobierno de Gotabhaya Rajapakse es examinar críticamente la experiencia de los últimos cinco años: qué fuerzas llevaron al poder al Gobierno de "unidad nacional" de Sirisena-Wickremesinghe; su registro en el cargo; y por qué Rajapakse y su SLPP pudieron explotar políticamente la ira de las masas por sus medidas de austeridad, así como por el aprovechamiento de Sri Lanka para el impulso de guerra contra China del imperialismo estadounidense.

Apenas unas semanas antes de las elecciones presidenciales de enero de 2015, Washington, trabajando en liga con su aliado cercano India y el expresidente del Partido de la Libertad de Sri Lanka (SLFP), Chandrika Bandaranaike, persuadió a Sirisena, un antiguo secuaz de Mahinda Rajapakse, a desertar del Gobierno y mantenerse como el candidato de "oposición común" contra su antiguo jefe.

Estados Unidos estaba decidido a deshacerse de Rajapakse porque lo consideraba demasiado cercano a China y, por lo tanto, un obstáculo para los planes de Washington de utilizar a Sri Lanka como un "portaaviones" en el océano Índico. El líder de la UNP y el posible candidato presidencial Ranil Wickremesinghe estaba ansioso por avanzar los intereses de Washington, pero se lo consideraba inelegible debido a sus estrechos vínculos con las grandes empresas y su historial de derecha. Esto condujo al acercamiento a Sirisena y a la puesta en marcha de eventos que finalmente explotarían el SLFP, que desde la década de 1950 había sido uno de los dos principales partidos de gobierno burgués en Sri Lanka.

La operación de cambio de régimen organizada apresuradamente y orquestada por los Estados Unidos tuvo éxito por dos razones.

Primero, el Gobierno de Mahinda Rajapakse estaba ampliamente desacreditado. Su promesa de un "dividendo de paz" al concluir la guerra civil había resultado ser un engaño cruel. En cambio, los trabajadores se enfrentaron a nuevos ataques contra sus niveles de vida y los derechos democráticos, mientras que el Gobierno mantuvo gastos militares masivos.

En segundo lugar, la TNA, numerosas ONG, muchos sindicatos y los partidos políticos pseudoizquierdistas se apresuraron a promover a Sirisena, durante años un partidario de Rajapakse, y a su nuevo aliado, el cliente estadounidense Wickremesinghe, como los líderes de un aumento democrático e incluso, como en el caso del líder de NSSP Wickremabahu Karunaratne, una "revolución democrática".

Algunos grupos pseudoizquierdistas como el NSSP apoyaron abiertamente la elección de Sirisena. Otros, como el Partido Socialista Unido (USP) y los Frontline Socialists, brindaron apoyo implícito al enfatizar la necesidad de derrotar el "Gobierno dictatorial" de Rajapakse y posteriormente elogiaron la apertura del "espacio democrático".

Tal como lo advirtió el Partido Socialista por la Igualdad (PSI o SEP en inglés), las promesas de "democracia", "reconciliación" con los tamiles y "buena gobernanza" del Gobierno de "unidad nacional" de Sirisena-Wickremesinghe demostraron ser igual de fraudulentas que el "dividendo de paz" de Rajapakse. Realineó radicalmente la política exterior de la isla a favor de Washington y Nueva Delhi, y vinculó estrechamente al ejército de Sri Lanka, particularmente a la Armada, con el Comando del Indo-Pacífico de Estados Unidos, la fuerza de primera línea del Pentágono contra China.

A cambio de un préstamo de rescate del FMI, implementó medidas de austeridad salvajes, aumentó los impuestos sobre los bienes esenciales y redujo aún más los programas de bienestar, salud y educación.

Mantuvo la ocupación militar del norte y el este, regiones predominantemente tamiles. Con la ayuda de los Estados Unidos y sus aliados, suprimió las investigaciones de crímenes de guerra que Washington había utilizado previamente como un mecanismo para presionar al Gobierno de Rajapkase para que disminuyera sus lazos con Beijing.

La creciente oposición popular al Gobierno encontró una expresión distorsionada en el crecimiento del nuevo vehículo político de los Rajapakse, el SLPP, en las elecciones de los concejos locales de febrero de 2018.

Poco después, comenzó una ola de huelgas que continuó y creció este año, involucrando a sectores cada vez más amplios de la clase trabajadora. En los últimos 18 meses, maestros, los trabajadores ferroviarios, sanitarios, trabajadores universitarios no académicos, electricistas, petroleros, postales, de las plantaciones y de algunas empresas de la Zonas Libres han organizado huelgas.

Al servicio del Estado capitalista y del sistema de ganancias, y a menudo liderados por simpatizantes del Gobierno, los sindicatos siempre han tratado de sofocar las huelgas, aislándolas y luego finalizándolas.

Los nacionalistas tamiles, el JVP y las organizaciones pseudoizquierdistas trabajaron para mantener a la clase trabajadora bajo la esclavitud política de la burguesía, oponiéndose a cualquier desafío político de la clase trabajadora al Gobierno de Sirisena-Wickremesinghe y, por lo tanto, permitiendo que los Rajapakse y su SLPP cínicamente se proyectaran como la única oposición.

El Frontline Socialist Party (Partido Socialista de Primera Línea), el United Socialist Party (Partido Socialista Unido) y el NSSP respondieron al golpe político anticonstitucional de octubre de 2018 de Sirisena, en el que eliminó a Wickremesinghe como primer ministro y lo reemplazó por Mahinda Rajapakse, apoyando la campaña falsa del UNP por la "democracia".

Solo el PSI luchó por la intervención independiente de la clase trabajadora en la crisis política, en oposición a las distintas facciones burguesas rivales, advirtiendo que ambas estaban recurriendo a medidas dictatoriales y exponiendo la intervención descarada de Washington en apoyo de Wickremesinghe (ver: Fight for a socialista solution to the political crisis in Sri Lanka").

Seis meses después, todos los aparentes partidos de oposición se doblegaron cuando el Gobierno y las agencias de inteligencia, a pesar de ser advertidos, permitieron que un grupo respaldado por el Estado Islámico realizara ataques con bombas el domingo de Pascua de 2019, matando a cientos de personas. Sirisena aprovechó el ataque para imponer regulaciones draconianas de emergencia, desplegar a los militares en todo el país y desatar una cruel campaña antimusulmana. La oposición, y esto incluye el JVP, el TNA y el FSP, USP y NSSP pseudoizquierdistas, todos apoyaron las Regulaciones de Emergencia, declararon la lucha contra el "extremismo" como una prioridad nacional y apoyaron que los sindicatos finalizaran inmediatamente todas las huelgas.

Al hacerlo, ayudaron a proporcionar una plataforma para que Gotabhaya Rajapakse usara los bombardeos de Pascua para intensificar su retórica militarista y comunal y denunciara al Gobierno por "debilitar" el aparato de inteligencia militar.

Como lo habían hecho en 2015, durante la campaña presidencial de 2019, los partidos tamiles nacionalistas y supuestamente "izquierdistas” intentaron acorralar a los trabajadores detrás de la UNP. Algunos lo hicieron explícitamente. Otros, como el FSP y el USP, lo hicieron de manera implícita al protestar contra el "fascismo de Rajapakse" mientras permanecían en silencio sobre el comunalismo de la UNP, el largo historial de ataques a los derechos democráticos y el papel de sátrapa para el imperialismo estadounidense.

Al suprimir políticamente a la clase trabajadora y vincularla con la UNP de derecha, los partidos nacionalistas tamiles y supuestamente "de izquierda" abrieron la puerta para que Rajapakse hiciera un llamamiento demagógico a la ira masiva por la austeridad del FMI. A través de sus aliados chovinistas y budistas cingaleses, incluso intentó explotar la oposición popular a las demandas de Washington de que Sri Lanka sirva como peón en las intrigas contra China.

Y mientras lo hacía, al mismo tiempo solicitó el apoyo de la burguesía y el aparato militar al presentarse como un hombre fuerte que ha demostrado que puede y tomará medidas despiadadas contra la clase trabajadora.

Al poner al descubierto sus intenciones, Gotabhaya Rajapakse declaró esta semana que está decidido a enmendar la Constitución de inmediato para otorgarle al presidente poderes autoritarios para proporcionar la "estabilidad" exigida por el capital extranjero. "Sin estabilidad, los inversores no vendrán", declaró.

El camino a seguir para la clase trabajadora

Cualquier ilusión de los trabajadores en el Gobierno de Rajapakse-SLPP se disipará rápidamente. La pregunta crítica, sin embargo, es cuál estrategia y programa guiarán las luchas de masas que se avecinan.

Para afirmar sus intereses de clase, la clase obrera debe adoptar una estrategia internacionalista socialista y construir nuevas organizaciones de lucha que la encarnen.

La creciente ola de huelgas en Sri Lanka es parte de un resurgimiento global de la clase trabajadora que ha visto huelgas masivas en la India y los Estados Unidos, el movimiento de los “chalecos amarillos” contra la desigualdad social en Francia y protestas masivas antigubernamentales en todo el mundo, desde Chile y Ecuador a Argelia y Líbano. En el capitalismo, la clase trabajadora se enfrenta a un enemigo global. Las corporaciones transnacionales recorren el mundo buscando el mayor rendimiento para los inversores, mientras que las principales potencias capitalistas organizan guerras comerciales, guerras de cambio de régimen y se rearman frenéticamente, tal como lo hicieron en la década de 1930.

Para derrotar al capital organizado globalmente, la clase trabajadora debe adoptar una estrategia global para unir y coordinar sus luchas a través de las fronteras nacionales y los continentes.

En respuesta a una clase obrera insurgente, la burguesía en cada país se está volcando hacia métodos autoritarios de gobierno y cultivando fuerzas nacionalistas y comunales de ultraderecha. Esto es tan cierto en los Estados Unidos, donde un multimillonario fascistizante ocupa la Casa Blanca; Alemania, donde el partido neofascista Alternativa para Alemania es la oposición oficial; India, donde la burguesía ha abrazado a Narendra Modi y su partido supremacista hindú Bharatiya Janatha; y Sri Lanka.

La defensa de los derechos democráticos requiere la movilización política independiente de la clase trabajadora y una lucha despiadada contra todos aquellos que, en nombre de la "defensa de la democracia", vinculan a la clase trabajadora con una u otra facción de la burguesía, como la UNP.

Un elemento central de la intervención del PSI en las elecciones presidenciales fue la lucha por avanzar la unidad objetiva de los trabajadores cingaleses, tamiles y musulmanes expresada en la ola de huelgas en marcha como una estrategia política consciente.

Los trabajadores deben rechazar el veneno del comunalismo y el nacionalismo. Durante décadas, el populismo cingalés ha sido el arma ideológica principal de la clase dominante, utilizada para unir a los trabajadores con sus enemigos de clase y dividir a la clase trabajadora. La perspectiva nacionalista tamil de la burguesía tamil condujo a las masas tamiles oprimidas a un callejón sin salida. Hostil a la clase trabajadora, el LTTE basó su estrategia en buscar el apoyo de la India y, posteriormente, del imperialismo estadounidense. En esto, el TNA solo sigue sus pasos.

Los derechos democráticos de las masas tamiles y musulmanas se garantizarán solo mediante el derrocamiento del Gobierno burgués y el establecimiento de la República Socialista de Sri Lanka y Eelam, como parte de una Unión de Repúblicas Socialistas del Sur de Asia y la lucha por el socialismo mundial.

El PSI basa su lucha en la estrategia de la Revolución Permanente, que animó a la victoriosa Revolución Rusa de 1917 y elaboró una estrategia revolucionaria global para la clase trabajadora. Un principio clave de la Revolución Permanente es que las tareas democráticas básicas en los países de desarrollo capitalista tardío solo pueden realizarse a través de una revolución socialista liderada por la clase trabajadora.

Un movimiento político independiente de la clase trabajadora proporcionará un programa para liberar a las masas explotadas rurales del dominio de las grandes empresas y, por lo tanto, socavará los falsos llamamientos de los populistas cingaleses y los nacionalistas tamiles.

La lucha contra la guerra es la vanguardia de la lucha por el socialismo. Los trabajadores y los jóvenes en Sri Lanka deben oponerse enérgicamente al impulso de Estados Unidos de aprovechar la isla para sus planes de guerra. Un movimiento liderado por la clase trabajadora contra la guerra debe construirse en todo el sur de Asia como parte de un movimiento global contra la guerra.

Los trabajadores y los jóvenes deben seguir el ejemplo de los trabajadores de la plantación de Abbotsleigh y crear comités de acción en sus lugares de trabajo y vecindarios, independientes de los sindicatos, para movilizar la oposición a los ataques de las grandes empresas y el Estado y unir las múltiples luchas de los trabajadores en una política ofensiva de la clase trabajadora.

Sobre todo, la clase trabajadora necesita un partido revolucionario que procure movilizar a la clase obrera mundial contra el capitalismo, la austeridad y la guerra y se base en las lecciones estratégicas de las luchas de clase revolucionarias del siglo XX. Ese partido es el Partido Socialista por la Igualdad y el Comité Internacional de la Cuarta Internacional, del cual el PSI es la sección de Sri Lanka.

(Publicado originalmente en inglés el 7 de diciembre de 2019)