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El juicio político comienza según Trump intensifica sus llamados fascistizantes

El juicio político en el Senado contra el presidente Donald Trump iniciará el jueves con una inauguración ceremonial de John Roberts como el juez que presidirá el proceso, seguido por el juramento de los 100 senadores. Pero, pese a todas las referencias a la historia y las formalidades oficiales, el juicio político contra Trump evita el extremo peligro a los derechos democráticos que presenta el carácter cada vez más autoritario de su Gobierno, con sus acciones criminales tanto en casa como en el exterior.

En verdad, el juicio político comienza solo dos semanas después de que Trump llevara a cabo un asesinato ilegal de Estado, matando al general Qasem Soleimani, una de las figuras más influyentes del Gobierno iraní en un ataque con drones el 3 de enero.

Trump pudo haber sido acusado de encabezar una conspiración criminal para subvertir la Constitución, buscando prolongar ilegalmente su tiempo en el poder, fomentando violencia contra sus oponentes políticos y enterrando la Carta de Derechos. Pero, en cambio, los demócratas han elegido someter a Trump a un juicio político por frenar la entrega de ayuda militar a Ucrania y atrasar un poco el horario de la prolongada operación de la CIA para expandir las operaciones militares contra los separatistas respaldados por Rusia en el este de Ucrania.

El presidente Donald Trump en una rueda de prensa con el presidente finés Sauli Niinisto en la Casa Blanca en Washington, octubre [Crédito: AP Photo/Carolyn Kaster]

Más allá de todas las caras serias de los diputados demócratas que presentaron ambos artículos del juicio político ante el Senado, la campaña del juicio político ha asumido el carácter de una farsa. Los demócratas no esperan que la mayoría republicana en el Senado realice algo más que un juicio superficial sobre los cargos. Esto será seguido por un rápido voto para declarar a Trump inocente y permitir que se proclame como alguien vindicado y posiblemente que fortalezca su posición política.

Mientras el Congreso avanza para simplemente cumplir el oficio, Trump está celebrando mítines donde utiliza demagogia fascistizante para crear un ambiente de turba. El martes por la noche, en vísperas del voto final de la Cámara de Representantes para presentar los artículos del juicio político al Senado, Trump celebró el asesinato de Soleimani en su diatriba en un mitin en Wisconsin. Como un gánster, envileció a Soleimani como “este hijo de puta”.

Luego se refirió a los demócratas en términos similares, describiéndolos como “dementes”, “locos” y “chiflados” y denunciándolos como “socialistas” y “traidores”. Esta diatriba sucedió el día después de que Trump retuiteara una fotografía adulterada mostrando a Pelosi y al líder demócrata del Senado, Chuck Schumer, en vestimenta musulmana y frente a una bandera iraní.

Ningún otro presidente ha utilizado jamás este tipo de lenguaje. Sus palabras son incitaciones abiertas a la violencia contra aquellos que considera sus enemigos; tienen consecuencias políticas.

El jueves, el FBI arrestó a tres supremacistas blancos, dos de ellos exsoldados, que estaban planeando un atentado armado en la capital estatal de Virginia, utilizando un mitin en defensa de los derechos de tener armas el próximo lunes —el Día de Martin Luther King— como una pantalla para sus acciones. El gobernador de Virginia, Ralph Northam declaró un estado de emergencia advirtiendo sobre otro Charlottesville, la turba neonazi de 2017 en que fue asesinada una protestante antinazi. Trump aclamó a los supremacistas blancos como “buena gente”.

El proceso de juicio político se está desarrollando en una atmósfera de amenazas y provocaciones violentas. Esta semana, Lev Parnas, un asociado de Rudy Giuliani, el abogado de Trump y un embajador inactivo, ha revelado los esfuerzos para espiar física y electrónicamente a Marie Yovanovitch, la entonces embajadora de EE. UU. ante Ucrania y que era considerada como un obstáculo para que Trump obtuviera municiones políticas del Gobierno ucraniano contra el candidato presidencial demócrata, Joe Biden.

La posición de los demócratas es completamente inútil. Incluso mientras continúa el proceso político, están colaborando estrechamente con la Casa Blanca en cuestiones clave de política económica y exterior. Tan solo horas antes de que iniciara el juicio en el Senado el jueves los senadores demócratas votaron en una mayoría abrumadora a favor del acuerdo comercial entre EE. UU., México y Canadá, promovido por Trump para intensificar su guerra económica contra China y Europa. La presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, le envió una invitación a Trump para que se presentara ante el Congreso y pronunciara su discurso del Estado de la Unión.

Los demócratas continúan avanzando la fantasía reaccionaria de que Trump es un agente del presidente ruso, Vladimir Putin, en vez de un reflejo del giro hacia el fascismo en importantes secciones de la aristocracia financiera estadounidense.

Afirman que actúan para proteger la “legitimidad” de las elecciones de 2020. Pero se está volviendo cada vez más claro que las elecciones se celebrarán en condiciones de amenazas de violencia contra los oponentes de Trump y no hay por qué asumir que Trump aceptará el resultado de la votación del 3 de noviembre en caso de perder. Durante su mitin en Wisconsin, repitió su amenaza de que buscará permanecer indefinidamente en el poder, sin importar la Constitución de EE. UU.

Es impactante que los demócratas nunca han explicado qué pretenden hacer si Trump es declarado inocente. Sus ataques contra los derechos democráticos continuarán y recibirá un empujón para intensificar su instigación de un movimiento fascistizante de masas.

No hay manera en que los intereses de las masas obreras se vean reflejados en el conflicto entre el fascistizante Trump y sus oponentes demócratas, quienes actúan como abogados políticos de la CIA. Para la gran mayoría de la población, el juicio político está completamente separado de los intereses políticos y sociales reales. Hay muchas razones para que los trabajadores se opongan a Trump, pero retrasar el programa de guerra de la CIA en el este de Ucrania, que podría desatar una confrontación con Rusia, no es una de ellas.

Es urgentemente necesario derrocar el Gobierno de Trump. Pero una lucha auténtica contra Trump requiere la movilización independiente de la clase obrera contra toda la estructura podrida del capitalismo estadounidense. Esto es lo que los demócratas están decididos a evitar. Quieren un cambio en varios aspectos de la política imperialista, principalmente en dirección a una confrontación más consistente con Rusia. Pero los demócratas y sus patrocinadores de Wall Street se oponen absolutamente a cualquier cambio de política, tanto dentro como fuera de EE. UU., que socave que poder de la clase gobernante y que afecte su riqueza.

El carácter criminal del Gobierno de Trump es un síntoma de la putrefacción del capitalismo estadounidense. Estados Unidos está afectado por los cánceres gemelos de la desigualdad social sin paragón y las décadas de agresiones militares en el exterior. La única cura es una lucha revolucionaria independiente de la clase obrera, basada en un programa socialista e internacionalista.

(Publicado originalmente en inglés el 17 de enero de 2020)

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