Notas desde Puerto Rico: terremotos e indiferencia gubernamental dejan un rastro de destrucción social

por Julio Patron y Kayla Costa
31 enero 2020

Reporteros del World Socialist Web Site visitaron reciente mente el territorio estadounidense de Puerto Rico frente a una serie de fuertes terremotos que sacudieron la isla a partir del 28 de diciembre. Las descripciones a primera mano son un relato de la vida diaria en la región sur de la isla, así como comentarios de trabajadores y jóvenes puertorriqueños sobre las crisis ecológicas, políticas y sociales que se desenvuelven en la isla. Se publicarán más entrevistas y otro material del viaje en los días.

La clase obrera en Puerto Rico ha estado viviendo en un estado de ansiedad desde el 28 de diciembre, cuando una serie de terremotos masivos comenzó a estremecer la isla, incluyendo un terremoto de 6,4 grados el martes 7 de enero —el más grande en Puerto Rico en más de 100 años— y uno de 5,9 grados el domingo 12 de enero, además de otra actividad sísmica y fuertes réplicas.

“Los sismos solo han seguido y seguido. No sabemos cuándo se detendrán”, comentó un residente de Yauco.

Un edificio histórico en la ciudad de Yauco destruido por el huracán María y los terremotos

Los terremotos se han concentrado en la parte sur de la isla, cerca de la segunda mayor ciudad de Ponce. Las ciudades impactadas directamente incluyen Yauco, Guayanilla, Guánica, Laja y muchas de las áreas colindantes.

Para la región afectada, las réplicas de los principales terremotos han sido una pesadilla desde la noche del primer terremoto. Las personas reportan que se han despertado tarde en la noche con el sacudir violento de sus camas, el suelo y las paredes —de tal manera que apenas podían caminar al frente sin ser derribados—.

“Me desperté en la mitad de la noche con todo sacudiéndose”, compartió Marisa, una trabajadora del sector público que vive con sus dos hijos. “Cada vez que intentaba salir de la cama, me volvía a caer. Me dio tanto miedo porque no sabía dónde estaban mis hijos o si podía llegar a ellos y protegerlos. No sabía si podía salir a tiempo si algo colapsaba”.

Un hogar destruido cerca de Guyanilla

Escuchamos docenas de otras historias de familiares intentando frenéticamente sacar a parientes de mayor edad y niños en medio de los terremotos fuera de las casas, donde tuvieron que esperar con temor de más temblores.

Aquellos en el área de impacto viven constantemente atemorizados. Los residentes reportan inmensa ansiedad, preguntándose repetidamente: ¿habrá otro terremoto? ¿dónde estaremos yo y mi familia? ¿cómo puedo llegar a un lugar seguro desde la tienda o el parque? ¿qué pasa si colapsa mi casa? ¿estarán a salvo mis hijos?

El temor e incertidumbre estaban presentes en las historias de todos. En la ciudad capital de San Juan, una conductora de Uber compartió cómo el principal terremoto del 6 de enero sacudió su hogar en la madrugada. Explicó que ahora se preocupa todas las noches de que haya otro y que le preocupan aún más las vidas de aquellos en el sur.

Cobijas en el sillón cerca de la puerta principal, donde parientes mayores han estado durmiendo en caso de que sea necesario un escape rápido

Un joven de Guánica dijo que los terremotos obligaron a evacuar toda su comunidad. Debido a los daños, sus patrones en una granja agrícola despidieron a todos. Al desaparecer su barrio y con la suspensión indefinida de su trabajo, no tiene idea que ampara el futuro.

“Mi hijo y su hija, junto con mis nietos han venido a quedarse aquí hasta tarde en la noche para estar juntos estas últimas semanas”, dijo Berta Gonzáles, la abuela de una familia que vive en una pequeña casa en las afueras de Yauco. Nos dijo que el temor dominaba sus pensamientos: el temor a más temblores, a que la casa colapse, a que puedan perder el acceso a agua, comida y otros bienes esenciales y a que su familia tenga dificultades y sufra.

La familia ha pasado días sin bañarse desde que iniciaron los terremotos por temor a tener que salir de la casa desnudos, posiblemente deslizándose o golpeándose, si hubiere un terremoto en ese momento. La abuela de la familia y el padre duermen en sofás cerca de la puerta principal para tener un escape rápido. “Los temblores pequeños no son un problema ahora”, explicó Berta, “pero cuando sucede uno en la noche, cuesta tanto dormirse. Tengo que tomar mis pastillas para dormir y cuento con que mi familia me despierte de ser necesario”.

Tiendas de acampar en un parqueo vacío en Yauco

Las familias han optado casi universalmente tener bolsas de emergencia listas cerca de la puerta.

Muchos familiares que usualmente viven en sus propios hogares han empacado sus cosas y se han ido al hogar del pariente con mayor probabilidad de aguantar un temblor. En muchos casos es una precaución, pero muchos se vieron obligados a evacuar estructuras comprometidas u hogares destruidos. El hijo de Berta, Ronaldo nos dijo, “Una señora mayor se acaba de mudar con su hijo a la par. Su casa fue destruida por los terremotos en el sur de Yauco”.

Mientras que la situación es bastante severa en Yauco, es incluso peor en Guánica. El pueblo fue el más golpeado por la actividad sísmica por su cercanía al epicentro de los terremotos de mayor magnitud. Los residentes de Yauco que visitaron recientemente el área o que conocían personas de ahí describieron escenas terribles de uno y otro edificio dañados, colapsados y evacuados.

Aproximadamente 8.000 personas tuvieron que buscar refugios en estadios grandes, coliseos, iglesias, campos abiertos y parqueos, en muchos casos improvisados.

Los caminos están en un estado decrépito en todas partes y las paredes de los edificios, como escuelas, oficinas gubernamentales, hogares y restaurantes, tienen grietas grandes. Muchos edificios antiguos, construidos antes de que se implementaran los códigos sísmicos en los años ochenta, están construidos de ladrillos y luego repellados con cemento. Estos edificios están en mayor riesgo de dañarse y caerse.

No obstante, uno de los aspectos más reveladores es que es difícil diferenciar la destrucción causada por el huracán María en 2017 con la de los terremotos recientes. En los escombros de las casas colapsadas, es común ver una lona azul que se estaba utilizando como un techo en los hogares severamente dañados durante el huracán de 2017.

Los trabajadores de toda la isla entienden en general que ni el Gobierno local ni el federal tiene la intención de proveer los recursos necesarios para la recuperación.

Como es tan común en la actualidad, casi toda la ayuda y el apoyo ha venido de otros trabajadores en el norte de la isla que sabían que no se haría nada por los atrapados en el sur. Cientos de trabajadores llegaron en multitudes con agua, comida, pañales, jabón y otras necesidades. Un camión tras otro llegó cada día, a pesar de los riesgos involucrados.

Las familias nos dijeron que habían recibido múltiples donaciones cada día de misiones de asistencia “espontáneas”, incluyendo empaques con sándwiches, frijoles, arroz, agua, jabón, cepillos de dientes, pañales, comida para bebe y productos de higiene femenina. Ninguna familia con la que hablamos había recibido ayuda d ellos programas oficiales del Gobierno ni de las organizaciones de asistencia. La única mención de FEMA provino de un hombre de 31 años que nos explicó que los representantes de FEMA llegaron a su casa para decirle que debía evacuar, pero no los volvió a ver.

Tres semanas después del primer terremoto, se volvió viral un video en redes sociales de un almacén de suministros de socorro sin utilizar del huracán María, confirmando lo que ya sabían los residentes. A pesar de respuesta de la gobernadora en funciones Wanda Vázquez de intentar culpar a otros oficiales, los trabajadores que han seguido estos eventos, y la mayoría lo ha hecho, entiende que todos los oficiales políticos están implicados por la evidencia.

Ahora, un mes después desde que golpeó el primer terremoto, los oficiales políticos de la isla ni siquiera han mostrado una pretensión de lanzar un programa de recuperación de plena escala.

El Partido Nuevo Progresista (PNP) del gobernador depuesto Ricky Roselló y de Vázquez, el Partido Popular Democrático (PPD) y la llamada “oposición” en el Partido Independentista Puertorriqueño no tienen ninguna base de apoyo popular en ninguna sección importante de la población. Se han mostrado incapaces de manejar el desastre y en parte porque son responsables de la crisis que se ha producido.

Las tensiones de clases están alcanzando un punto de inflexión en la isla. Las protestas de masas en julio que derrocaron al gobernador Rosselló y su sucesor, y los llamados ahora a que renuncie la gobernadora Vázquez, ponen de manifiesto la inmensa oposición entre los trabajadores de la isla.

(Artículo publicado originalmente en inglés el 30 de enero de 2020)